La gente cree que se baila con el cuerpo, y eso es una verdad a medias. Así como el oleaje puede originarse bajo la superficie del mar, así la voluntad de bailar aparece en el cerebro y dentro del pecho, no en los movimientos pretendidamente exactos y acordes con la música.
El cuerpo ejecuta esa intención, y lo puede hacer bien o mal, pero cuando esa intención es superficial, se nota; es una ejecución fría, calculada, sin alma.