Carmen:
A veces uno se desencanta del amor y le da por tomar parejas intempestivas, de esas que duran lo mismo que el entusiasmo por un grupo nuevo, un best seller, una película.
Pero otras veces uno cree que el amor es algo más duradero, que el próximo año la pareja aún estará ahí con menos entusiasmo y más amor, y que en el fondo, en el fondo, eso de vivir en pareja no tiene nada de enfermo.
A veces en el amor (esa mezcla de negociaciones, dudas, memorias y sueños) uno se expande. Y cree que el otro es la extensión de uno, y viceversa. Pero no. Porque al paso de un mismo puente, a uno le duele un brazo cuando a otro le aqueja un pie; a uno le da calor lo que a otro le da sonrisa.
Y resulta que las parejas intempestivas que duran lo mismo que el entusiasmo por un grupo nuevo no son para quedarse, al menos no cuando ya se ha acabado la música y lo que uno quiere es leer o platicar. O salir a caminar para ver si la tarde es igual a la que uno se imaginaba.
Esos sobresaltos del amor, no del todo mortales, pagan bien a quien se espera, bajo la condición de que no extienden garantía ni admiten intereses.
Sólo el amor puede engañar a la geometría euclidiana, que jura que "dados dos puntos se puede trazar una y sólo una recta que los une". Y también, sólo el amor puede comprobar que mil 732 kilómetros pueden ser del tamaño de un gesto pequeño. Digamos de la comisura de tu boca cuando sonríes. (diciembre del 2009).