lunes, 9 de marzo de 2015

Mitos y claves de la masculinidad

Este texto que copio abajo me sirvió a mí y espero que le sirva a otros:

Extracto del libro "Ser hombre: Mitos y claves de la masculinidad"


Ser Hombre: Mitos y Claves de la Masculinidad es el libro que llevó al éxito a Sam Keen, uno de los adalides de la nueva masculinidad. Sí, sí: también “lo masculino” es importante en este nuevo camino que debemos emprender como seres humanos completos.
Según Sam Keen, profesor de Teología en Harvard y doctor en filosofía de la religión en Princeton, el proceso por el cual un ser masculino alcanzaría la plena realización pasa por dos pasos insoslayables: por un lado, el abandono de los antiguos estereotipos que castran y limitan al hombre, a la par que perjudican a sus compañeras las mujeres, y posteriormente hacerse la siguiente pregunta: “¿qué significa para mí ser hombre?”.
Y esta pregunta podría llevar muy lejos dentro del mundo interior de cada uno. Un viaje liberador en grado sumo, por cuanto la tarea de reconstrucción tomaría prácticamente la totalidad del ser humano en conjunto: no hay prejuicios más arraigados que aquellos concernientes a la identidad de género.
En el texto que os presento hoy, Keen hace una magistral explicación de cómo nos afectan las diferentes figuras arquetípicas que conforman LA MUJER, con mayúsculas, (prostituta, ama de casa, bruja, diosa…), y cómo debemos superar la fascinación y la influencia que tienen en nosotros para ser capaces de ver a las mujeres como seres humanos. Nada menos. Con sus características propias, pero no ya como seres arquetípicos.
Cuántas veces un hombre busca en su pareja a una madre, a una amiga… pero no a otro ser humano.
Os dejo con el extracto del libro “Ser hombre: mitos y claves de la masculinidad”: no tiene desperdicio…
Hacía poco que me había divorciado después de 17 años de matrimonio, mis hijos vivían a seiscientos kilómetros de distancia y estaba locamente enamorado de una hermosa joven. Ella se estaba distanciando de mí rápidamente y yo sentía la presencia de otro hombre que la rondaba.
No había un solo momento en el que no estuviera tramando la forma de reconquistarla, de lograr que me amara. Soñaba despierto que era irresistible, alegre y potente, que la apoyaba, la estimulaba, que me complacía su crecimiento y que me dedicaba generosamente a satisfacer sus necesidades y deseos. En la vida real ella no contestaba mis llamadas y nuestras noches juntos eran raras y terribles.
A fin de protegerme de su pérdida inminente, ya me había procurado otra amante que llenara mis horas vacías y mis noches solitarias, la dulce lujuria que curara la herida de un matrimonio y un amor fracasados. Mi vida se descosía como un traje viejo.
Cierto día fui a ver a un amigo y le conté mi situación. Yo estaba hecho polvo y entonces él me dio el consejo más importante que he recibido sobre qué significa ser hombre. Dijo:
“Hay dos preguntas que un hombre debe hacerse para crecer.
La primera pregunta es: ¿Cuál es mi camino y hacia dónde voy?
La segunda pregunta es: ¿Quién vendrá conmigo en este viaje?
Si alteras el orden de las preguntas te verás en graves problemas y no crecerás como hombre.”
Fue entonces cuando comencé a darme cuenta de la abrumadora influencia que LA MUJER tenía sobre mi vida y la de todos los hombres.
No estoy hablando de las mujeres reales de carne y hueso, sino de LA MUJER, esa que está conformada por las figuras femeninas arquetípicas que viven en nuestro inconsciente. ELLA, esa que activa en nosotros emociones que nos sorprenden y dirige muchos de nuestros actos sin que nos demos cuenta.
(A partir de ahora cuando me refiera a LA MUJER como diosa, bruja, arquetipo o fantasma de mi interior, lo haré en mayúsculas. Y cuando me refiera a la mujer mortal de carne y hueso lo haré en minúsculas).
Aparentemente yo era un hombre exitoso. Había acabado una carrera universitaria siendo muy joven y, a mis 35 años, llevaba una vigorosa vida de profesor y escritor. Como la mayoría de los hombres entregaba la mayor parte de mi energía y de mi atención al trabajo.
Pero mi segundo nombre era “Hombre devorado por LA MUJER”. Todo el tiempo, mientras avanzaba en mi profesión, estuve comprometido en una ansiosa e interminable lucha por encontrar a la “mujer adecuada”, por lograr que mi relación “funcionase”, por crear un buen matrimonio.
También me preocupaba el sexo ¿Soy lo suficientemente bueno? ¿Habrá llegado ella al orgasmo? ¿Por qué no soy potente todo el tiempo? ¿Qué hago con mi deseo por otras mujeres? Cuanto más complicado era mi matrimonio, más me empeñaba en arreglarlo. Trabajé obsesivamente en la comunicación con mi pareja, el sexo y todo lo demás durante mucho tiempo.
El divorcio, finalmente, rompió el modelo simbiótico padre-madre de mi primer matrimonio. Con muchas ilusiones de libertad y éxtasis comencé a “explorar mi sexualidad” y a buscar nuevamente a la “mujer adecuada”. Como mi obsesión por LA MUJER crecía, se me ocurrió que si conocía mis aspectos femeninos no dependería tanto de las mujeres para obtener motivación, placer y ayuda.
Durante muchos años de introspección y trabajo personal me pregunté constantemente “¿Soy lo suficientemente receptivo, entregado, intuitivo, sensual, flexible, “femenino”? ¿Soy lo suficientemente activo, decidido, racional, agresivo, “masculino”?”. Pero todos mis esfuerzos parecían arrojarme aún más profundamente en brazos de LA MUJER.

EL VÍNCULO INCONSCIENTE DEL HOMBRE CON LA MUJER
La realidad es que los hombres no tenemos conciencia del poder que LA MUJER ARQUETÍPICA tiene sobre nosotros. Y como no nos damos cuenta de las cadenas que nos atan a ELLA, estas cadenas son aún más fuertes.
Los hombres permanecemos desconectados de nuestra experiencia masculina y de nuestros sentimientos profundos porque nos pasamos la vida negando, defendiéndonos, tratando de controlar y reaccionando ante el poder que LA MUJER tiene sobre nosotros.
Sólo aprenderemos a conocer los misterios propios de la masculinidad separándonos del mundo de LA MUJER. Pero antes de esa separación debemos darnos cuenta de las formas en que LA MUJER ARQUETÍPICA nos atrapa, incorpora, define y devora; porque si no estaremos siempre proyectándola y seremos controlados por aspectos que nos pertenecen aunque nos neguemos a verlos.
Los hombres frecuentemente ignoramos hasta qué punto nuestras vidas giran alrededor de la relación que mantenemos con LA MUJER ARQUETÍPICA.
Estamos hechizados por ELLA. LA MUJER es el misterioso fundamento de nuestra existencia. ELLA es el auditorio delante del cual se representa el drama de nuestra vida. ELLA es el juez que nos declara culpable o inocente. ELLA es el Paraíso del que nos expulsaron y que nuestros cuerpos añoran. ELLA es la Diosa que garantiza nuestra salvación y, también, la MADRE CASTRADORA que nos la niega. ELLA tiene sobre nosotros un poder mitológico que nos aterra y fascina al mismo tiempo.
Los hombres nos creemos muy independientes, pero la realidad es que somos muy vulnerables al poder que LA MUJER ARQUETÍPICA tiene sobre nosotros. Por eso comprometemos tanta energía y malgastamos tanto poder tratando de controlar, evitar, conquistar o degradar a las mujeres con las que nos relacionamos.
Cuando un hombre se permite sentir la gran influencia que LA MUJER ARQUETIPICA tiene en su vida, es más fuerte que cuando se cree autosuficiente y libre. Sin embargo, es imprescindible saber que esta vulnerabilidad no es un síntoma de neurosis ni de anormalidad, sino que es un hecho que forma parte del ser masculino en evolución.
Hemos nacido de LA MUJER y nos ha costado mucho trabajo llegar a ser el ser individual que somos. La lucha por conseguir una identidad propia nos lleva la mitad de la vida (como mínimo), por eso es normal que temamos que ELLA (el gran océano arquetípico de lo femenino que nos dio la vida y nos nutrió cuando éramos bebés) nos inunde y nos trague como el mar que devora una isla.
Aprender a diferenciar con claridad entre LA MUJER y las mujeres humanas es el trofeo que se gana al final del viaje heroico del hombre, jamás al principio ni en la mitad del recorrido. Y para que un hombre pueda hacerse consciente de la naturaleza de su virilidad debe saber que LO ESENCIAL DEL MIEDO QUE SENTIMOS ANTE LA MUJER NO TIENE UNA EXPLICACIÓN LÓGICA porque LA MUJER es una figura escurridiza que no está fuera sino que es parte de nosotros; pero vive en nuestro inconsciente y JAMÁS sale de allí para permitirnos verla frente a frente.
Para poder aprender a respetar y amar lo femenino una de las tareas fundamentales de la masculinidad es investigar los sentimientos inconscientes que nos produce esa MUJER ARQUETÍPICA, porque sólo así podremos disolver el miedo irracional que ELLA nos provoca.
Podemos pensar en el viaje del hombre hacia la individuación como el proceso que nos permitirá cambiar a LA MUJER por la mujer. Esto nos ayudará a ver a las mujeres humanas no como arquetipos, sino como seres individuales, cada una con sus propias y particulares características. La mayor parte de nuestros problemas no los tenemos con la mujer que está en nuestra cama o en nuestra sala, sino con LA MUJER que vive en nuestro inconsciente.
Para que podamos aprender a amar a las mujeres y a relacionarnos realmente con ellas debemos exorcizar todos los aspectos que surgen de la MUJER ARQUETÍPICA: diosa, prostituta, virgen, ángel, castradora, madre, bruja, teta llena de leche, madre-tierra. Mientras nuestra casa esté habitada por estos fantasmas permaneceremos exiliados del verdadero misterio y poder de la masculinidad y nunca podremos vivir armoniosamente con una mujer real.
No podemos estar cómodos en la intimidad con las mujeres porque nunca nos hemos sentido cómodos lejos de ellas. La mayor parte de los hombres modernos no ha conocido el placer de la soledad y la independencia sostenidas en el tiempo. Nos hemos hecho las preguntas en el orden equivocado. Antes de preguntarnos “¿Cuál es mi camino y hacia donde voy?” nos hemos preguntado si ella vendrá con nosotros o adonde querrá ella ir. Así, hemos sujetado nuestras almas a su aprobación quedando paralizados y gestando hacia ellas un gran resentimiento por esta dependencia.
Para transformarse en hombre, primero hay que “convertirse en hijo pródigo, marchar del hogar y trabajar solo en un país lejano”. Este es, ineludiblemente, el paso previo que el hombre debe realizar para llegar a reconciliarse con las mujeres. Para poder amar a una mujer real, debemos antes dejar atrás a la MUJER ARQUETÍPICA y completar SIN ELLA nuestro proceso de individuación.
Y en este punto llegamos a la encrucijada del camino que separa a aquellos que eligen permanecer inconscientes de las fuentes de su identidad de hombres, de los que optan por iniciar su peregrinaje al interior de la masculinidad lúcida.
Para los que elijan el camino del peregrino el primer paso será olvidar por un tiempo sus problemas de relación con las mujeres y concentrarse en analizar la primera pregunta:
“¿Cuál es mi camino y hacia donde voy?”
Sólo después de que sepamos a ciencia cierta la respuesta y hayamos emprendido nuestro camino podremos plantearnos la segunda pregunta:
“¿Quién vendrá conmigo en este viaje?”
La urgencia que los hombres tenemos por el sexo, la intimidad y la pareja y por poner en orden nuestras relaciones con las mujeres es precisamente la causa de la ansiedad que nos fuerza a establecer relaciones en las que traicionamos nuestra masculinidad.
Como un buen cuento de misterio, el viaje hacia la masculinidad íntegra está lleno de sorpresas que sólo podrán experimentar quienes decidan avanzar poco a poco. Os invito a acompañarme en este viaje.

La memoria selectiva

La memoria es selectiva. Y como tengo la mala costumbre de pensar en aquellas cosas que mujeres y varones hacemos distinto, creo que hay un punto en que nuestra memoria la empleamos diferente. Puedo estar equivocado en estas generalizaciones, pero finalmente convengamos que son simples tendencias de género.

Por lo anterior, sospecho que mientras los varones tenemos una inclinación mayor para grabar aquello relacionado con el ámbito púbico, como lo pueden ser hechos históricos, acontecimientos deportivos o sucesos políticos, en las mujeres puede quedar más presente lo relacionado con el mundo afectivo, aquellas relaciones familiares o sentimentales, dentro de un contexto no lineal, sino conectado por un cablerío de asociaciones todas ellas afectivas.

Cuándo comenzaste a trabajar, le pregunté una vez a mi mamá. Su respuesta fue: "Pues mira, todavía no me casaba; todavía no conocía a tu papá, pero ya había terminado la prepa...a tu papá lo conocí un poco después".

Pero de fechas, nada.

Lo mismo con muchas amigas, para quienes su biografía está marcada por las fechas de matrimonio, nacimiento de los hijos, fallecimiento de los padres... para ello sí hay fechas precisas.

Creo que esas mismas mujeres (no todas, claro) ve con total sinsentido lo que un par de amigos son capaces de recordar: Uno de ellos, unos 10 años mayor que yo, sabe de memoria los años y países de todos los mundiales de futbol, empezando por el de Uruguay en 1930, así como los campeonatos, goles y estadísticas que incluso a mí, que no soy partidario del balompié, me puede emocionar.

Otro amigo es un profundo conocedor de la historia de México, con pelos y señales, fechas y nombres, su memoria y precisión son increíbles. Incluso da conferencias al respecto.

Tengo otro amigo, intenso lector como el amante de la historia de México, que recuerda autores, directores, años... toda una enciclopedia. Abundan los varones en estos asuntos...

Y ¿qué saco yo de todo esto?

Nada.

¿Nada?

Sí, nada, excepto

poder decir que ayer 8 de marzo cumplí dos años en mi actual trabajo y que un 8 de marzo, pero del 2003, que además cayó en sábado, asistí a una bonita boda en Pie de la Cuesta, territorio de Acapulco Guerrero, a la orilla de la playa. Espero que aquellos dos sigan felices (juntos o separados) y espero que mi trabajo siga siendo satisfactorio como ha sido en los últimos dos años.

Esta es mi memoria para lo laboral, pero al que no le guste, tengo otra.


domingo, 8 de marzo de 2015

Mujeres, poder y discurso

Evidentemente algo mucho más complejo sucede que una simple cuestión de cantidades en asuntos de poder, abuso y discriminación por género. Mi hipótesis es que la mayoría de las personas normalizamos la desigualdad y la discriminación, la mayoría lo hacemos independientemente de nuestro género. De lo contrario, ¿cómo se explicaría que las mujeres sigan siendo la "minoría" más grande en una población en donde existen 100 mujeres por cada 95 varones. Evidentemente algo más complejo sucede que una simple cuestión de cantidades. 
Algo que tiene que ver con la internalización del poder desde el discurso.

Dos tipos de mujeres frente a la desigualdad por género

En torno a las ideas feministas y de los derechos de las mujeres he escuchado muchísimas versiones, algunas contradictorias, por eso hoy que es 8 de marzo, escribo esto más bien para tenerlo claro yo.

Las opiniones en torno al tema las puedo acomodar en uno de los dos grupos.

El primer grupo, que llamaré nada más por comodidad, más militante, dice que la equidad que por justicia le corresponde a las mujeres, se realiza con trabajo, con lucha, con compromiso, con acciones. En mayor o menor medida, las mujeres sufren abusos por el solo hecho de ser mujeres, y ante esto hay que luchar, ser solidarios y solidarias. Más o menos ese es el discurso de una conciencia por los derechos de las mujeres.

El segundo grupo, al que llamaré individualista o empoderado (no en mal plan), dice que si bien habrá abusos, no simpatiza con el hecho de darle consieraciones especiales de ningún tipo a las personas por el solo hecho de ser mujeres. Dice también que cuando las mujeres se reúnen bajo el mote de, digamos, mujeres pintoras, o mujeres obreras, se están reconociendo implícitamente como vulnerables y que es necesario unirse para enfrentarse al poder opresor. Afirman que el talento no tiene género y muy pocas veces se han sentido realmente discriminadas. Más bien han salido adelante gracias a su talento, su esfuerzo, su constancia... más o menos como el de cualquier persona que se esfuerza lo suficiente.


Esta es mi opinión: Creo que ambas posturas tienen razón por el hecho de que en los dos casos han vivido de manera distinta su ser mujer. Creo que tenemos mucho que escuchar, reflexionar y aprender de las historias de abuso y desigualdad, para ver en qué momentos y de qué modos nosotros mismos ejercemos un poder con tintes de abuso.
El segundo grupo nos enseña que todos podemos salir adelante en nuestros propósitos a pesar de que pertenezcamos a un grupo al que la mayoría conbsidera como un grupo en desventaja.

lunes, 2 de marzo de 2015

Para mí, bailar...

Bailar no es para mí el seguimiento mecánico y calculado de un ritmo o de una melodía.

La gente cree que se baila con el cuerpo, y eso es una verdad a medias. Así como el oleaje puede originarse bajo la superficie del mar, así la voluntad de bailar aparece en el cerebro y dentro del pecho, no en los movimientos pretendidamente exactos y acordes con la música.

El cuerpo ejecuta esa intención, y lo puede hacer bien o mal, pero cuando esa intención es superficial, se nota; es una ejecución fría, calculada, sin alma.

domingo, 1 de marzo de 2015

Ojalá le dé vergüenza a este señor

El periódico El Universal publicó hoy domingo una nota firmada por la redacción en la que se narra cómo el alcalde del municipio de San Blas, Hilario Ramírez Villanueva, levantó el vestido a una jovencita con quien bailaba en ese momento en pareja.
Este hecho se da sobre el escenario, ante decenas o cientos de asistentes, quienes lo toman como una broma. La muchacha sigue bailando y Ramírez Villanueva vuelve a levantarle el vestido dejando ver la ropa interior de ella ante la mirada de todos los asistentes.
Me parece lamentable y vergonzoso lo que hizo este señor. Y todos los mensajes que envía son para dar pena.
Por ejemplo: ¿ostentar un puesto de poder le permite jugar esas "bromas"?¿Los niños varones que estaban viendo les quedó claro que un varón no puede abusar de una mujer en ningún nivel ni en ni ningún ámbito?¿las mujeres que presenciaron el hecho también lo minimizaron y se rieron?¿tendrá algún castigo o sanción este sujeto por lo que hizo?
Como dato adicional, este señor fue el mismo que durante su primera administración como presidente municipal por el PAN, reconoció que "sí robó, pero poquito" (nota).

Creo que varones y mujeres no debemos fomentar esto, empezando por que no debemos normalizarlo.


miércoles, 25 de febrero de 2015

Celso Piña y Los Ángeles Azules


Este texto nace de mi incomodidad de que una persona que conozco haya comparado la música de Los Ángeles Azules con Celso Piña.

Cierto es que a quien le gusta uno u otro, o ninguno, no va a cambiar en nada su filiación, pues los gustos no están en la cabeza, sino en los prejuicios del corazón, en la respiración de la piel o en el vacío de los recuerdos agradables que no florecieron.

Celso y otros grupos populares comenzaron a escucharse en Monterrey en la década de los ochenta, su raíz creció con los discos de Lizandro Meza, Aniceto Molina, Los Coraleros del Majaual, entre varios otros, que se escuchaba en las calles de Monterrey desde las décadas de los cincuenta y sesenta.

Muchos de los paseos, cumbias, puyas y vallenatos le cantan al dolor, a la tristeza y a la melancolía, otros hablan de amores tristes, o de fiestas. Los barrios de la Independencia y más tarde otras colonias de obreros, de trabajadores de bajos recursos económicos y sectores marginados fueron campos fértiles para que se adoptaran no sólo estos ritmos, sino también una forma de bailar muy peculiar.

Ahora bien, creo que cualquier grupo que vende discos y se populariza, en alguna medida se convierte en un producto comercial. Pasó con la forma en que cambió el sonido de El Gran Silencio después de aparecer en MTV en el 96. Celso hizo duetos. Pero su raíz de mantiene.

Veo a Los Ángeles Azules acompañados de la Sinfónica y, aunque provengan de Iztapalapa y sean barrio, algo me dice que son más un producto que una tradición, más un grupo para vender que representantes de una historia musical de una zona conurbada.

Cuando Celso se vista de un traje dorado, acepte tocar una lista de canciones en un concierto y deje de componer, ese día pensaré que me están vendiendo algo prefabricado. Y con eso no voy.


lunes, 23 de febrero de 2015

Ellas

Sé que el ego me ha mordido muchas veces, que mis logros han sido efímeros y que he practicado los vicios más populares de un varón de mi tiempo.
También sé que es vulgar y falto de respeto, incluso podría sonar involuntariamente arrogante poner en un mismo cajón a todo un mismo género, pues no hay dos personas iguales.
Con ese riesgo, diré que no concibo mi camino de aprendizaje, de cuestionamiento personal, sin las mujeres, amigas o parejas que me han acompañado cercanamente en los últimos veintitantos años.
Además del vínculo con mis hijos, mi trayecto vital está ligado a un mundo femenino, encarnado en una mujer única que piensa, siente y comparte sus palabras conmigo, que escucha y late de una forma que nunca entiendo, pero que percibo como una de las cosas más vivificantes que existen en este planeta.
Así ha sido hasta ahora.
Y hoy incluso eso me estoy cuestionando.

domingo, 22 de febrero de 2015

El porno, ese "engaño"


Hace unas semanas comenzó a circular un video en las redes sociales en donde con imágenes de frutas que metaforizan el guion, se intenta desmitificar y desenmascarar las falacias que encierran las películas pornográficas.

Sasha Grey, actriz porno retirada,
nacida en marzo de 1988.
El trabajo dice, por ejemplo que el tamaño del pene es de 16 centímetros en promedio y no de 23, que el tiempo de excitación dura 12 minutos y que un hombre puede eyacular en tres minutos, y no en 25 ó 30 como pretenden hacernos creer las películas porno.

Me parece que todo lo que dice ese video desenmascarador tiene sentido y muy probablemente sea cierto. Mi punto no es que diga mentiras. Mi punto es la premisa de la que parte:

Las películas porno son un engaño.

Una aclaración. Este tipo de películas, por su propia naturaleza no tienen una intención documentalista, ni de informar ni de presentar una sexualidad basada en lo que practica el promedio de la población. El objetivo de las películas pornográficas es excitar. Excitar y ofrecer un catálogo de fantasías y modalidades que el espectador no necesariamente va a experimentar en la vida real. O mejor dicho, las va a realizar en su imaginación.

Este efecto es muy parecido al de cualquier película en donde la historia nos hace experimentar la emoción de los personajes de la pantalla. Tenemos que agradecerle a nuestro cerebro que no distinga la realidad de la ficción.

En el caso del porno, el contenido como es sabido versa exclusivamente sobre actividades abiertamente sexuales, y ese sector del comportamiento humano está fuertemente sancionado por las instituciones que ejercen el control por medio del poder, como bien explicó el filósofo Michael Foucault.

A donde voy es que la postura adoptada frente al cine porno (al menos en México) está regida por los valores morales de cada grupo social y por lo que cada individuo se permita.

El gusto por la pornografía, o su rechazo, no nacen de la racionalidad, sino de la forma en que controlamos, reprimimos o enfocamos bajo ciertas condiciones nuestros impulsos sexuales. Y ahí no entran argumentos racionales, por lo que dudo mucho que alguien cambie su postura ante la pornografía por el solo hecho de que se nos desvele que se trata solamente de actores. Sería ingenuo pensarlo así.





martes, 17 de febrero de 2015

Ponle pasión a lo que haces

La frase "hacer las cosas con pasión" o "ponerle pasión a lo que haces", dichas en serio, me parecen un detrito motivacional, una frase hecha que lo menos que merece es la mofa matutina. La actitud que manifiestan estas expresiones es al menos ingenua. Ya me quiero imaginar a esas personas que gozan de lo que hacen y viven de ello, diciendo: "¡Hoy le voy a poner pasión a todo lo que haga!".

lunes, 16 de febrero de 2015

La falla humana fundamental

Hace pocos días estuve en la playa, y es un lugar común citar lo que por antonomasia es inmenso. Es decir, citar la inmensidad del mar. Valga esa vista para tocar algo que de vez en cuando me hace detenerme. Eso que llaman creencias son algo que no se pude ver pero que da muchas veces sentido a la existencia.

Abro mi cartera y muestro dos credenciales: la de agnóstico y la de escéptico. Hace mucho leí en unos textos sobre el Análisis del Discurso que se debe hacer eso para que el lector sepa, de antemano y con honestidad, desde qué punto de vista se habla.

Pues bien.

Estoy en la playa,
ustedes me observan, hay un viento muy fresco, luego miran el horizonte que se pierde. El fondo del mar no se puede ver. Busco en Wikipedia y encuentro que la zona más profunda del Océano Pacífico se llama Abismo Challenger, y que ronda los 11 mil metros por debajo de la superficie del mar.

Supongamos que dentro de los muchos seres que habitan esas profundidades hay uno muy poderoso, nadie lo ha visto pero se cree que tiene propiedades con las que puede incidir en el destino de la gente.

No importa si ese ser existe, lo que importa es lo que cada persona puede hacer en función de esa creencia. Incluso hay algunos, me incluyo, que ni siquiera piensan a diario en la posibilidad de que un ser con esas características, exista. Si existe, qué padre. Pero es difícil asegurar que exista un ser en un lugar insondable.

Posiblemente exista un ser todopoderoso, posiblemente no. En ambos casos, la mente humana no lo podría demostrar, y no tendría ningún sentido intentarlo, diría yo. ¿Como para qué? Eso no cambiaría nada.

Excepto por nuestra necesidad de creer.

Como dijo alguien: La necesidad de creer sería la falla humana fundamental.


domingo, 15 de febrero de 2015

Palabras para que las usen otros

Me gusta el que soy cuando escribo. Mejor dicho, cuando lo que escribo me deja más o menos satisfecho, que no es siempre.

Curiosamente, creo que los proyectos que me gustan a mí, me gustan más a mí que a cualquiera, en cambio lo que menos me gusta escribir, puede recibir críticas muy buenas.

Seré más preciso. En esta semana me sucedieron dos cosas muy poco probables.

Primero me pidieron que elaborara un discurso para una institución. Me lo pidió la persona que lo pensaba leer, dentro de una ceremonia. Dejó el mensaje con su secretaria de que me andaba buscando, y cuando casualmente caí por esa oficina (ofreciendo mi libro), ella me dijo que su jefe me buscaba. Lo que me llamó la atención fue la naturalidad con la que el solicitante dio por sentado que yo podría escribir ese texto con las características que buscaba (y que me detalló). No acostumbro publicar en el periódico en el que trabajo.

El otro episodio fue más relajado. Me encontré con un conocido que tenía meses sin ver. Como es de los que, además de hablar le gusta escuchar con atención, nuestra charla banquetera duró más de lo debido.

Del asunto del trabajo pasamos al del 14 de febrero (por la mercadotecnia) y al de mi libro (también le vendí un libro mío). Le sugerí que le escribiera una tarjeta a la muchacha con la que salía y con la que según pude notar, las cosas no avanzaban como al le gustarían. Me salió de algún lado proponerle que le escribiera un acróstico (sí, como en la secundaria). Le expliqué en qué consistía. Claro, yo se lo haría.

Por cuestión de trabajo y del taller que doy los sábados, olvidé lo del acróstico. Me marcó el sábado a mediodía y no me dio tiempo de escribir y de imprimir. Me interceptó en un crucero camino a mi casa. Le dije que aún tenía que imprimir el texto. Ahí fue cuando el pedido tuvo un giro:

     —¿Te dije que su nombre empieza con "b" y no con "v"?, –me preguntó.
     —No, –ahí me di cuenta de que podía ganar un poco de tiempo– en ese caso tendría que cambiarlo para que cuadre, contesté.

Pero el hecho es que no tenía nada. Cuando me abordó llevaba un papel y una pluma anotando algunas palabras y llevaba un par de líneas (muy ñoñas, ñoñísímas).

Llegamos a un café internet, escribí lo primero que se me vino a la mente, lo imprimí y fui y se lo leí, en la ventana de su coche (se había quedado fumando).

     —Estás cabrón, me dijo, y sonrió.

Me pagó el libro, se llevó también el acróstico, nos dimos un apretón y se fue.

Sí me gusta el que soy cuando escribo, pero esto, lo que se dice escribir, escribir, no es. Si acaso serán palabras para que las usen otros. ¿Será lo mismo con la poesía?
No sé.
Algo me dice que no es lo mismo.



viernes, 13 de febrero de 2015

Amor de un día no es amor

No nos conformamos con querer el amor. Ya que vemos que lo podemos tener, lo queremos tener para toda nuestra vida.

jueves, 12 de febrero de 2015

Violencia, poder y belleza

Violentar implica uso (abuso) del poder. 
Se puede hacer uso del poder sin violentar. 
El discurso es la forma más característica. 
La belleza es otra muy eficaz.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Y usted ¿cómo acomoda sus libros?

Cada vez que entro a casa de alguna persona a quien le gusta leer, le echo un vistazo a sus libros y al modo en que están acomodados. Hay algunos que parecen francamente en desorden, otros lucen muy bien, en libreros bonitos, gruesos y de madera cuidada.
Los lectores con más años han tenido que liberar espacio, otros apilan los que les van llegando, por ahí como al azar, incluso tienen algún ejemplar en el baño, en el buró o en algunos otros sitios.
Ahora me pregunto ¿qué orden siguen para acomodar los libros?¿por tamaño, por editorial, por color, por tema? Para saber es bueno preguntar. Le pregunté a dos amigos y yo mismo tengo mi propio método.
De hecho la idea original para escribir este texto es que por un momento llegué a pensar que mi método era sencillo, lógico y, según yo, didáctico.
Contaré lo que me contestaron dos amigos y al final explicaré mi forma de acomodar mi libros.

Ramiro Padilla Atondo
Mi cuate Ramiro acomoda sus libros primero por género: ensayo, novela, cuento. Por escribir principalmente ensayo coloca los libros que necesita consultar.
"En mi caso porque escribo ensayo necesito los libros a la mano", explica, "razones prácticas para la escritura."
Divide también sus lecturas entre obligatorias y recreativas.
Entre las recreativas cita a una buena novela, y entre las obligatorias están los libros de filosofía, o un ensayo de lectura complicada.
Calcula tener unos 500 libros y en términos generales, su acomodo es para consulta y para esparcimientos, tomando como base el género.

Daniel Salinas Basave
Con una biblioteca de más de 2 mil ejemplares, Daniel acomoda sus libros primero por editorial y enseguida, cuando el caso así lo amerita, por tema:

"Armonía y color. Por ejemplo, las dos editoriales de las que poseo más ejemplares que son Anagrama y TusQuets ocupan todo un librero. Anagrama es crema y TusQuets negro. Luego están los compactos Anagrama que son muy coloridos (rojo, azul, verde) Tengo un librero para historia y filosofía y otra sección de mitología e historia medieval. Los viejitos del Fondo de Cultura [Económica] también los tengo juntos. Igual los de Sexto Piso que es mi nuevo vicio. Igual tengo un apartado para ejemplares mastodonte (Bernal Díaz del Castillo, Clavijero, libros de derecho)."


Dice que en general no le importa en qué orden estén los autores, pero aclara que los libros de un solo escritor los conserva juntos.

"Hay autores de los que tengo muchos libros. Borges por ejemplo, tengo unos 18 libros (el autor más repetido en mi biblioteca). De Auster y Piglia tengo muchísimos también. De Pitol tengo bastantesen Historia hay mil y un editoriales entonces los junto por tema, Independencia, Revolucionarios etcLos del FCE tienen un mismo formato y los tengo juntos. Igual libros muy chiquitos de bolsillo los junto por espacio."



Mi biblioteca es una biblioteca palimpsesto (hay libros atrás de libros) y no está tan ordenada como quisiera, pero es casi imposible que se me pierda un libro. Ya no puede crecer más y el hacinamiento y amontonamiento se notan, pero no dejo de sumar nuevos títulos (hoy mismo justamente sumé tres)


           — ¿Por qué dices que es casi imposible que se te pierda un libro, le pregunto?

            Sé exactamente en el lugar que se encuentran, me contesta; tengo libros en el carro, en la                     mesa de noche, en la mesa donde trabajo, antes, cuando tuve oficina, pues almacenaba varias               decenas en el trabajo

Daniel tiene claro qué sitio ocupan los libros en su vida:
"Es mi gasto hedonista, mi gasto egoísta. A veces pasan años sin que me compre unos zapatos o una camisa. Nunca en mi vida he comprado un reloj, nunca he comprado una corbata, nunca he gastado un peso jugando en un casino, pero no pasa una semana de mi vida sin que compre por lo menos un libro."


Parte 1.

Tu cuerpo flota. Mi historia con los aviones

"Tu cuerpo flota", dice un verso del Fabián. Esa imagen no es ninguna novedad porque me consta; he visto flotar cuerpos. Con una precisión: siempre de forma horizontal. Incluso me he soñado avanzando por el aire, levitando; es una sensación perturbadora y emocionante.
Ícaro y Dédalo hicieron lo propio y al parecer no les fue tan bien. Para mí lo novedoso no es que un cuerpo flote, sino que un objeto se mantenga en el aire. Creo que la humanidad entera ha tenido esos sueños y sólo algunos sujetos fuera de serie, enfebrecidos, delirantes, pero a la vez muy lúcidos, han imaginado cómo se podría llevar a los hechos. Ahí está Leonardo Da Vinci, a finales del siglo 15, con ese armatoste que parece un tornillo, no voló pero lo imagino. Está también el aparatejo conocido como passarloa a principios del siglo 18, y más recientemente un par de locos enfermos, Orville y Wilbur que dijeron como Menudo, ¡vamos a volar! en diciembre de 1903.
Todo fue empezar. En un abrir y cerrar de ojos llegó el avión. Carlos Pérez Maldonado consigna que el primer vuelo en Monterrey fue realizado el 19 de febrero de 1911 por René Barrier, Roland Garros y René Simon, es decir, poco más de siete años después de que los hermanitos Wright volaran unos metros con su modelo impulsado con una cajita de chicles.
En ese mismo año, 1911, pero el 30 de noviembre, Francisco I. Madero fue el primer presidente mexicano en volar en avión, y parece que le emocionó la idea porque mandó comprar cinco "para empezar".

De niño, mi papá me llevaba al aeropuerto Mariano Escobedo a ver aterrizar los aviones. Algunas veces desde la cafetería, otras desde la malla ciclónica. La primera vez que vi un avión de cerca, es decir, en tierra, me quedé impresionado. Aún me sigue sorprendiendo que un aparato, digamos el más grande, el Airbus 380, se eleve sobre el suelo, sostenga 560 toneladas en el aire, transporte a 850 personas a una distancia de 15 mil kilómetros. Da Vinci babeaba. O se volvia a morir el cabrón.

Volar es una de las más grandes maravillas que pudo lograr un ser humano. Consiste en sueños, imaginación e ingeniería. Mi sueño es seguir volando, "seguir acumulando millas" (así dice la puta propaganda que me revienta), yo digo kilómetros o, mejor dicho, horas de vuelo.

Hoy hace 17 años volé por primera vez (Aeromexico, Mty.Mx, 1.15 hrs.) y pienso seguir haciéndolo. Aún son pocos mis 46 aterrizajes, en 10 aeropuertos distintos, por 8 aerolíneas y 113 horas de vuelo. Pero mi cuerpo,
lo he comprobado,
flota.

martes, 10 de febrero de 2015

Taller literario

Desde hace varias semanas volví a dar talleres de poesía a distancia, por medio del Skype.

Las sesiones están encaminadas a resolver dudas de personas que se están soltando en esto de la escritura. Algunos escriben narrativa, otros piensan en poema, y otros no saben, sólo tiene la inquietud de escribir.

Uno de los puntos más intangibles pero más valiosos del proceso en estas sesiones es ser escuchado, ser escuchado y que se observe con cuidado y seriedad el trabajo de quien está escribiendo. No es común que el coordinador se dé el tiempo de escuchar (a veces son más de 10 los participantes, y el tiempo, cuando mucho, es de dos horas, a veces es de 50 minutos).

Escuchar a la persona que está tratando de darle forma a algo, y escuchar el trabajo que está realizando es básico para poder ayudar. Sin escuchar e intentar comprender, el ponente está conferenciando.

He asistido a talleres literarios desde 1990, en alguno duré tres años, en otros cuatro meses, otros más, como requisito de la escuela, por un semestre. Los coordinadores eran a veces maestros (docentes), en otros casos, docentes y poetas, a veces docentes y críticos literarios, algunos escritores, poetas, en fin.

Qué NO es un taller literario para mí:

No es un lugar en donde el coordinador se la pasa hablando de sí, o de sus múltiples conocimientos y el resto escucha en silencio.
No es un lugar en donde se enseñe teoría literaria (aunque sea necesario abordar el empleo y funcionamiento de las figuras retóricas).
No es una clase de redacción (aunque de paso sí se señalen los errores ortográficos).
No es un lugar de alabanza mutua entre los talleristas o el coordinador.
No es un sitio en donde el coordinador intenta que escriban como le gusta a él, con los temas que le gustan a él y sin las palabras que no le gustan a él.


Qué SÍ es:

Es un espacio de experimentación.
Es un lugar de trabajo (así como son espacios de trabajo las carpinterías).
Es un lugar de ensayar la propia expresión (como son espoacios para ensayar la expresión las clases de canto).
Es un lugar de crítica. No es que se censure el me gusta o no me gusta, pero es mucho más útil para todos los miembros el "sí por qué" y el "no, por qué".


 Qué PUEDE llegar a ser:

Un grupo literario con un probable impacto en la escena literaria local o nacional.
Una mafia de creadores que juzgan a otros grupos.
Un grupúsculo que se empeña a toda costa en obtenter todas las becas o apoyos oficiales.
Un club de amigos que compartirán el resto de su vida una misma pasión.
Un grupo artístico que organice lecturas, presentaciones y que combine o invite a creadores de otras disciplinas para elaborar trabajo en conjunto.
Un grupo que firme manifiestos o comunicados en el ámbito cultural y social.
Un grupo que cree una revista, una editoria o un sitio de internet para la difusión de la literatura.
Un grupo de personas que en un determinado tiempo comience a obtener premios literarios y que sigan reuniéndose.

Volviendo al punto de de ser escuchado, me satisface la labor de orientador, de en varios sentidos ser invisible entre el creador y su obra. En otros casos tratar de sentir y comprender el sentido de sus palabras y lo que hay debajo, ayudarle a levantar la alfombra y mostrarle que debajo del piso de su sala hay un túnel muy antiguo, y que por ese túnel se llega a algo íntimo (a veces duro, a veces dormido) que aún no tiene nombre, pero es algo que tiene que ver con su mundo de vida, con su forma de sentir y con una inquietud personal que quiere tomar forma. Que quiere tomar alguna forma.

Seguiré dando estos talleres por Skype o bien en persona (en la ciudad en la que vivo). Si a alguien le interesa, puede dejarme dicho por medio de un correo electrónico a la dirección yadivia@hormail.com

Acerca de que los 10 de febrero sean martes

No todos los días 10 de febrero caen en martes. De hecho a veces pasan cinco, a veces pasan seis años, sin que sea 10 de febrero y a la vez martes. La vez anterior a hoy fue en el año 2009, y antes, en el 2004, y una antes, en 1998. Muy bien, coincidencia de probabilidades que se da aproximadamente 16 veces en un siglo. Pero de todas esas coincidencias, esta última, la del martes 10 en 1998 es la más importante para mí. 

Seguramente estarán recordando que ese día cumple 100 años de nacido el dramaturgo alemán Bertolt Brecht (que por cierto nació en jueves, y no en martes). Pues no es por ahí. Hoy, hace tres martes 10 hacia atrás, el de 1998, a las 12:08 del día, nació mi hijo Ernesto Inti. 

Con la edad no le ha gustado el Inti (a mí me encanta), y se ha quedado sólo con el Ernesto, o en "Neto", como lo llaman sus amigos. En un año más será mayor de edad y podrá elegir otras tantas cosas, pero el nombre sí se lo elegimos nosotros. Su madre y yo. Ella quería Andrés Manuel, pero a mí el nombre de Manuel no es de mis favoritos, así que fueron meses de discusión en una asamblea de dos en pleno, interminable como asamblea zapatista, donde al final nos quedamos con la memoria de esos dos muchachos (Ernesto e Inti) que no se rindieron y que además fueron hermanos, no se rindieron, uno en La Higuera y otro en La Paz.

Inti, signfifica además Sol, en quechua. Hoy renace de nuevo el sol, hoy hace 17 años empecé a ser papá, hoy hace 17 años mi vida cambió para siempre. Hoy también es martes 10 de febrero.

domingo, 8 de febrero de 2015

Mujeres: un grupo minoritario



Premisa 1. México está lejos de ser un país equitativo en cuanto a género.
Premisa 2. Dentro de los grupos vulnerables tales como personas de la tercera edad, niños, personas con discapacidad, se encuentran el grupo de mujeres.
Premisa 3. El discurso de estos grupos incluyendo el de las mujeres, es en el que a) son víctimas, b) requieren el pleno reconocimiento de sus derechos, y c) Son minoría.
Premisa 4. En México existen, en número redondos, 100 mujeres por cada 95 varones, equivalente a 2.5 millones más personas del sexo femenino que del masculino.

Conclusión: La inequidad contra las mujeres no se debe a que sean minoría, sino a que todos, independientemente del género, hemos internalizado, aceptado y normalizado que no es injusto que ellas, en muchas ocasiones, vivan en desventaja y nadie haga nada. Ni mujeres ni hombres.

Comentario: Hace falta revisar por qué en algunos sectores la idea de exigir o luchar por los derechos de las mujeres es rechazada, innecesaria o absurda. Independientemente del género, pues me parece que es una cuestión cultural.

martes, 3 de febrero de 2015

Dueños de nuestos actos

Somos dueños de nuestros actos, y dueños a medias, corregiría el licenciado Freud Natanson con voz grave.

Ser dueños a medias de nuestros actos es poco, pero es lo que nuestra voluntad, –muy limitada, matizaría el profesor austriaco que pocas veces lo limitaron de chiquito– puede.

Decir que sí, decir que no, guardar silencio, hacer esa llamada, mandar aquel correo, cumplir nuestros compromisos, decidir aceptar a tal persona, alejarse de aquella otra. Actos todos ellos voluntarios.

Pocas cosas tan grandiosas, tan importantes como nuestra libertad. Y como todo asunto pesonal e íntimo, a veces incomprensible hasta para los más cercanos.

No sé si sólo nuestros actos nos definan, lo que tengo claro es que éstos, nuestros actos, son los que se quedan por ahí, seguro en las páginas de otros. No nuestras ideas, no nuestros credos, no nuestras opiniones y pensamientos, ésos se van –¿A quién le importan?

Creo que solamente siendo dueños de nuestros actos se puede lidiar en igualdad de condiciones contra ese adversario, contra ese oponente, a veces enemigo que es uno mismo.
No hay otro más.