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viernes, 8 de abril de 2016

Patrocinios de las tarjetas de la Colección Postkarte

Hasta la fecha se han impreso más de 2 mil tarjetas, cada una con un poema o minicuento. La Colección Postkarte se ha soltado a navegar de mano en mano en las ciudades de Ensenada, BC; Tijuana, BC; Monterrey, NL y el Distrito Federal.

Algunos de los patrocinadores son los siguientes.

¿Desea usted, amable lector, que las tarjetas coleccionables Postkarte, una a una se publiquen en este espacio? Deje un comentario y con 10 respuestas afirmativas o negativos, subimos los la imagen con los textos.





viernes, 10 de julio de 2015

Cómo usar los ojos

Aunque ambas manifestaciones plantean la proyección de emociones a través de imágenes y sonidos, la poesía y el cine desde el punto de vista de sus herramientas están en lados opuestos.

Mientras el cine diseña emociones bastante digeridas que entran principalmente por a vista, la poesía tiene que crear todo solamente con palabras, sin contar que el cine prepara al espectador para que nada lo interrumpa durante dos horas,

Para mí el éxito de un buen poema radica en que pueda ser capaz de hacernos ser parte de una sala de cine y que se nos olvide el mundo. Tanto el cine como la poesía procuran sensibilizar, es decir, hacernos receptivos y receptores de sensaciones, ideas y emociones como si fueran generadas por nosotros mismos.

He estado leyendo el poemario Cómo usar los ojos, de Ana Margarita Ríos-Farjat, y en muchos poemas me he sentido conectado con lo que leo. Si tomamos en cuenta que el soporte de la poesía suele tener muchos andamios, huellas y demás distractores, creo que es un logro de la autora que te haga sentir involucrado y al mismo tiempo ser fiel a sí mismo, que es lo que yo noto en la variedad de temas: viajes, hijos, despedidas, casas de la infancia, el registro es amplio.

Ahora que se publicará uno de los poemas en Postkarte impreso, vuelvo a leer todo el libro y me doy cuenta, ahora hablando de la hechura, que fue tejido a conciencia. Sólo alguien que domina el ritmo y las imágenes puede darle el lujo de apostarle a diversas formas, algunas que parecen clásicas (no versificadas) y otras menos sonoras pero cargadas de imágenes, Vean cómo corren estos versos:

La vida me queda grande
como una camisa cuyas mangas ascienden a mi cuello
y giran en torno a él en una danza submarina
Mi habitación se llena del agua del tiempo
y es la camisa una sábana de peces tras el remolino de los días
y es también la red que los atrapa y los deshace en horas que no secan nunca

Si ven este libro y quieren recorrer con la mirada, nostalgias, tierras lejanas y música en las palabras, les recomiendo este libro.

Por lo pronto repito el texto más breve de todos y que me hizo reíar de sorpresa.

TIGRE

Una vez tuve un tigre
Lo recuerdo y aún tiemblo

Y no de miedo.

domingo, 24 de mayo de 2015

Comentario de Daniel Salinas Basave a mi librito de poemas

Con motivo de la aparición de Por qué no vuelves y me dejas en paz, Daniel Salinas Basave publicó lo siguiente:



Exilio a Sárdica y Yadivia
Hay poemas –o fragmentos de los mismos– cuyo destino es transformarse en eternos compañeros de viaje. De una forma u otra, creo que todos los lectores tenemos ocultos por ahí unos cuantos versos-tatuaje capaces de irrumpir en momentos y escenarios improbables.
La poesía se vuelve similar a una tonada pegadiza cuyo tarareo surge así, de repente y sin decir agua va, como un delfín que sale cada cierto tiempo a la superficie del Pacífico en la altamar de nuestra vida.
¿Cuándo y por qué la poesía se vuelve huésped de las profundidades del subconsciente? Mucho tiene que ver el momento de la vida en que es leída por vez primera. Si nos aficionamos a la obra de un poeta en la adolescencia o en la temprana juventud hay altas probabilidades de que una o varias estrofas se queden a vivir en nuestras alforjas. Hay quien navega por la vida armado con un verso de Neruda, de Vallejo, de Lorca, de Machado o de Miguel Hernández. Yo suelo vagar con versos de Gerardo Ortega con la misma obstinación con la que voy acumulando kilometraje de calle en unos tenis rojos. Nunca he sido un buen lector de poesía, ni poseo argumentos críticos para determinar las razones por las que un poema me parece bueno. Lo mismo me ocurre con los vinos. Hay catadores que me hablarán de esencias, aromas y añejamiento en barricas de roble. Yo solo sé que ciertos vinos se llevan bien con mi organismo. Así me sucede con los poemas.
Conocí la poesía de Gerardo Ortega en el verano de 1993 y desde entonces se quedó a vivir en la mochila de mis vagancias.
Quizá mi recuerdo más añejo de esos poemas sea escucharlos en boca de su autor una tarde de agosto en lo alto del Cerro del Obispado. Las décadas pueden acumularse en nuestra vida, pero para mí la imagen de la poesía orteguiana siempre será ese viejo refugio arzobispal regiomontano construido en el Siglo XVIII, en cuyo oratorio debe haber un Cristo suspendido que se estremece.
Desde esos ayeres, mis mañanas suelen arrastrar sábanas de nubes y hay espaldas extendiéndose sobre la noche en ciudades perdidas donde habitan tristezas que seducen y rosas empuñadas como espadas vencidas.
Acaso bajo el Obispado haya un túnel secreto capaz de llevarme a Yadivia. Los poemas pueden llegar a ser pertinaces y acosantes, aunque su esencia es traslúcida y nublada. A tal grado se impregnan en la vida diaria, que mi semana comienza en lunes y acaba en diciembre.
Y fue en un atardecer decembrino, con brisas envueltas en playas y reflejos regados en un vestido, que empecé a leer Por qué no vuelves y me dejas en paz, el poemario más reciente publicado por Ortega. No hablo de “nuevo libro” porque creo que lo de Ortega no son piezas mostrencas, sino la obra de una vida. Todas las letras que ha liberado, desde el Fantasma de 1991 a Hijos en 2014, forman parte de un mismo libro y creo que todos los poemas, aun los que no había leído, me dicen algo.
Leí Por qué no vuelves y me dejas en paz en una sola sentada, sin levantarme de mi silla, con un solo vaso de Jack Daniels y de pronto tuve la sensación de que llevo más de dos décadas leyendo ese libro.
Ahora lo saco pasear la plaza de mi Sárdica imaginaria (tal vez algún día me exilie a la antigua capital del reino búlgaro) para construir mi propio enero y concluir que desde hace veinte años estas letras vuelven para hacerme encontrar algo parecido a la paz.
danibasave@hotmail.com

martes, 12 de mayo de 2015

Amistad

Muy otra, esta ciudad es muy otra a la que una vez conocimos.
Estamos tan lejos ahora y nuestra historia de palabras se ha vuelto un libro antiguo,
como cartas en un cajón de mudanza, como sueño de una plaza en noche de julio.

Desde hace años cada uno escribió su libro aparte.
Si pudiéramos reunir algunas páginas, serían incomprensibles.
Inútil forzar a la memoria, que terminó su trabajo hace tiempo.

Ahora quedará alguna foto de unos adolescentes que éramos de sueños.
Quedará otra edad que se quedó dormida o definitivamente muerta.
Quizá quede un esbozo de amistad
de dos que hablan lenguas diferentes.

martes, 5 de mayo de 2015

Me gustaba Julieta

Me gustaba Julieta. No la voy a describir porque no soy escritor ni quiero hacer una novela, pero sobre todo porque la historia que voy a contar no tiene que ver con Julieta. Sino sólo con sus ojos.


Aclarado lo anterior, diré que Julieta y yo nos conocíamos de miradas. Al verla supe del acto brutal que es observar a alguien que te fascina y por quien, incluso, pagarías sólo por poder verla.


Cuando la conocí no sabía su nombre, así que le puse Julieta, provisionalmente, sólo por repetirme un nombre a la hora de ir a dormir, en ese momento en que la ciudad entera está bajo mis cobijas. Y para mi sorpresa resultó que en realidad se llamaba Julieta.


Diré también que la primera vez que cruzamos palabra salimos peleados. En ese tiempo trabajábamos en el mismo sitio, eso no lo he dicho, pero viene al caso porque nuestras miradas se cruzaban. Me gustaba pensar que a hurtadillas.


Un día chocamos, y accidentalmente la pisé. Ella dijo un Ay estúpido muy bajito, pero que le salió del alma, y yo le dije un Perdón fue sin querer. Entonces de su mirada salieron unos cuchillos que me quemaron el pecho, la cara y hasta el gusto de topármela. Está bien, no fue pelea. Pero nos distanciamos.


Nuestras miradas no se cruzaron por las siguientes dos semanas. Pero cuando mi mano se posó cerca de la suya en la puerta de vidrio, la olí, y nos miramos. No solamente nos miramos, sino además nos sonreímos.


Los ojos de Julieta sonríen. Es no lo he dicho, pero viene al caso porque son los ojos los que sobresalen por encima de la computadora desde su lugar. Y cuando sonríe, son sus ojos los que sonríen.


Su rutina es la siguiente: llega entre las 8:06 y las 8:11 de la mañana. Cruza hasta el baño en donde se tarda entre cinco y seis minutos. De regreso, mientras se arrellana en su silla, pasa la vista hacia en donde estoy yo. Esto sucede entre las 8:17 y 8:20


Entre las 10 y las 11 se levanta otra vez al baño y yo sostengo la respiración mientras siento cómo se me eriza el vello de la espalda. Esa es la parte más intensa del día. No lo he dicho, pero viene al caso porque sus ojos voltean como al descuido. Y a mí se me contrae el pecho.


A la hora de la comida cada quien se va por su lado, esto viene al caso porque yo procuro regresar antes para verla entrar. A veces tengo la suerte de encontrármela en la puerta de vidrio. Y olerla. No olerla olerla. Sino nada más olerla. Eso también me perturba.


Nos miramos unas cuatro o cinco veces por día. A las 6 en punto ella apaga la computadora, se levanta al baño con todo y bolsa, luego cruza hacia la puerta.


Sé que no la veré sino hasta el día siguiente.


Los ojos de Julieta le dan sentido a ciertas cosas.
Eso no lo he dicho, pero viene al caso.


Siento.


Mi mujer

Cuando mi mujer se hizo trotamundos, desapareció y por tres años no supe de ella. Ni un correo.


Cuando mi mujer se hizo zapatista, se largó a la selva y tardó meses en regresar.


Cuando mi mujer se hizo pintora, no salía de casa y no quería ser interrumpida ni para comer.


Cuando mi mujer se hizo feminista, sólo veía películas con sus amigas y organizaba manifestaciones en la calle Morelos. Ella leía mucho y yo fui el prototipo de machista. También tardó meses en regresar.


Cuando mi mujer se hizo terapeuta, empezó a actuar como si mi contrincante, y permanecía callada, me contestaba con otra pregunta, luego también se fue por meses de la casa.


Cuando mi mujer se hizo traductora, aprendí a esperar en otro idioma. Algún abrazo y un beso con palabras que nunca entendí.


Cuando mi mujer se hizo repostera, le indignaba mi analfabetismo gastronómico. Yo me zampaba los pasteles en silencio frente a la tele y ella se largó, sola, por meses, a la cocina.


Cuando mi mujer estuvo en el siquiátrico, sólo podía tener diálogos del tipo Palabras elefantes camiones hasta dónde, por qué no así pero más quedo, que me sujeto a la alfombra y tú parado. También fueron varios meses.


Cuando mi mujer se hizo “guerrera del arcoiris”, la casa se llenó de panfletos y uno que otr@ amig@ sediento de emociones.


Siempre me verán barriendo la calle.


Hablando solo.






Fotografía

Tu rostro parece que es cierto.
Sí.


¿Son ciertos también tus ojos
que no encuentran el camino
porque ellos son el camino?


¿Son frescas mis letras
porque te hacen el retrato del día,
o porque retratan mi corazón que te mira?


¿Cómo puede uno verse hacia dentro
si los perros del amanecer
están tan contentos hoy?


Cuando la risa es de dos,
¿es la misma risa?


Ahora que duermes,
deberías responderme

























jueves, 23 de abril de 2015

Tu brazo roza el mío

Tu brazo roza el mío
en este vaivén urbano
  
  No sé tu edad ni tu nombre
  absolutamente nada de ti
  pero el azar nos tiene rozándonos los codos

Solo sé que tus pechos me sonrieron
y tus ojos apenas me observaron
  
  No me atrevería a voltear
  por no romper el encanto anónimo
  de una belleza que imagino

Sé que no me ofrecerías chocolates
por mucho una sonrisa

  Tu pantalón es rojo
  eso sí lo sé porque lo estoy viendo
  lo demás lo adivino
  del instante fotográfico
  en que te dije compermiso

Cuando te hayas bajado
no te volveré a ver

  Los encuentros efímeros
  producen mundos efímeros
  y en este ruta 110
  el Mundo es tu codo
  rozando el mío

jueves, 2 de abril de 2015

1. P

Creo en esto, por eso lo hago.

Desde hace muchos años husmeo en libros, revistas, blogues y muros de Facebook, y de vez en cuando hallo textos que me parece valen la pena. Me gustan esos poemas breves, redondos, o relatos de gente conocida o desconocida. Me gustaría poder difundir todo esto porque pienso, supongo, que eso justo le gustará a alguien más, a alguien que al igual que yo, percibirá ese algo que tiene el texto y que nos deja una pequeña marquita en la mente, una sensación, una impresión, un aguijón, un guiño. Una punzada.

Me he dedicado a la promoción cultural desde hace muchos años. He estado en cantinas ofreciendo "suscripciones" para un proyecto que de momento sólo yo conozco. He estado en cruceros ofreciendo mi publicación a cambio de un cooperación voluntaria, he trabajado en instancias de gobierno como editor de guías culturales de alcance regional, también he sido editor de Cultura en periódicos, he ido por mi cuenta a la papelera como quien va al mercado a comprar la mejor fruta, he escuchado lo que el impresor puede y no puede hacer desde su cama plana del offset, he publicado a autores que no valen la pena, he cometido errores importantes que he pagado, he publicado a autores premiados, no he perdido contacto con los autores/amigos y con los autores/colegas y con los autores/periodistas, he tomado algunos cursos, casi todos enviado por el lugar en donde trabajo.
Me gusta este mundo y si estuviera preso en una penitenciaria sin más pertenencia que la ropa que traigo puesta seguro me encargaría de publicar la gaceta con las historias de vida de mis compañeros. Lo mismo si viviera en París, en Barcelona, en Berlín o en San Cristóbal, estaría cerca de este mundo, y pienso que en este mundo de publicaciones moriré.

Creo en esto, por eso lo hago.

Aquí comienza una historia, y adivino que será larga.
Intentaré irla comtando para que no se me olvide cómo empezó todo (Aquí está hablando el optimista que vive en mí y que se resiste a morir).


domingo, 15 de febrero de 2015

Palabras para que las usen otros

Me gusta el que soy cuando escribo. Mejor dicho, cuando lo que escribo me deja más o menos satisfecho, que no es siempre.

Curiosamente, creo que los proyectos que me gustan a mí, me gustan más a mí que a cualquiera, en cambio lo que menos me gusta escribir, puede recibir críticas muy buenas.

Seré más preciso. En esta semana me sucedieron dos cosas muy poco probables.

Primero me pidieron que elaborara un discurso para una institución. Me lo pidió la persona que lo pensaba leer, dentro de una ceremonia. Dejó el mensaje con su secretaria de que me andaba buscando, y cuando casualmente caí por esa oficina (ofreciendo mi libro), ella me dijo que su jefe me buscaba. Lo que me llamó la atención fue la naturalidad con la que el solicitante dio por sentado que yo podría escribir ese texto con las características que buscaba (y que me detalló). No acostumbro publicar en el periódico en el que trabajo.

El otro episodio fue más relajado. Me encontré con un conocido que tenía meses sin ver. Como es de los que, además de hablar le gusta escuchar con atención, nuestra charla banquetera duró más de lo debido.

Del asunto del trabajo pasamos al del 14 de febrero (por la mercadotecnia) y al de mi libro (también le vendí un libro mío). Le sugerí que le escribiera una tarjeta a la muchacha con la que salía y con la que según pude notar, las cosas no avanzaban como al le gustarían. Me salió de algún lado proponerle que le escribiera un acróstico (sí, como en la secundaria). Le expliqué en qué consistía. Claro, yo se lo haría.

Por cuestión de trabajo y del taller que doy los sábados, olvidé lo del acróstico. Me marcó el sábado a mediodía y no me dio tiempo de escribir y de imprimir. Me interceptó en un crucero camino a mi casa. Le dije que aún tenía que imprimir el texto. Ahí fue cuando el pedido tuvo un giro:

     —¿Te dije que su nombre empieza con "b" y no con "v"?, –me preguntó.
     —No, –ahí me di cuenta de que podía ganar un poco de tiempo– en ese caso tendría que cambiarlo para que cuadre, contesté.

Pero el hecho es que no tenía nada. Cuando me abordó llevaba un papel y una pluma anotando algunas palabras y llevaba un par de líneas (muy ñoñas, ñoñísímas).

Llegamos a un café internet, escribí lo primero que se me vino a la mente, lo imprimí y fui y se lo leí, en la ventana de su coche (se había quedado fumando).

     —Estás cabrón, me dijo, y sonrió.

Me pagó el libro, se llevó también el acróstico, nos dimos un apretón y se fue.

Sí me gusta el que soy cuando escribo, pero esto, lo que se dice escribir, escribir, no es. Si acaso serán palabras para que las usen otros. ¿Será lo mismo con la poesía?
No sé.
Algo me dice que no es lo mismo.



domingo, 20 de julio de 2014

La poesía, una experiencia significativa


Presentación de la antología Poesía de América Latina para el mundo, compilada por Roberto Arizmendi


Es sabido que más allá de la vida material, los humanos tenemos una vida simbólica muy compleja en la que ponemos sentido. Y esta necesidad de sentido es algo necesario para la sobrevivencia, como bien concluyó Víctor Frankl.
De tal modo que los humanos elaboramos una intrincada red de significados, símbolos y valoraciones que nos salvan del caos, nos prometen una convivencia más civil y nos otorgan ciertos satisfactores que hacen de nuestra existencia algo que mira hacia lo que se conoce como plenitud, aunque bien sabemos que se aleja varios pasos de nosotros en la medida que avanzamos, como lo expresó Benedetti en uno de sus poemas.
Y en este caminar la vida se compone de experiencias, y como son tantas —decenas de estímulos al día— solamente las que nos son significativas tienen cabida en la bitácora de nuestra vida, y acaso algunas moldeen, nos enriquezcan y nos marquen.
Salvadas nuestras necesidades básicas, nos damos a la tarea de hablar del entorno, de recrear nuestras vivencias, de expresar nuestros anhelos y reinventar el mundo, lo cual nos da la posibilidad de remover el entendimiento y proponer constantemente lo que entendemos por bondad, verdad o belleza, conceptos supremos pero siempre tamizados por el aire de la cultura que respiramos.
Entre las actividades más altamente simbólicas para la vida en sociedad, como lo han dicho algunos pensadores, están la ciencia, la religión, la filosofía y el arte, que además de condicionar la forma de entender nuestros conceptos de verdad, bondad y belleza, determinan el resto de los valores con los que palpita una sociedad. A la economía, eje de primera importancia en el mundo occidental, la incluyo dentro del campo de la filosofía porque implica ya un forma de entender al ser humano.
La ciencia nos ofrece explicaciones, la religión también, aunque por otros medios. La filosofía nos pone enfrente preguntas, problemas y se solaza en esa exploración.
El arte, en cambio, toma prestados algunos tornillos de estos tres campos, pero celoso de su independencia trata de situarse en un sitio bastante aparte. El arte explora métodos de conocimiento y no es rígido como la ciencia. Hace preguntas como la filosofía, pero le preocupa mucho las formas, los vehículos, que también son parte de su naturaleza.
El arte también suele creer que hay un más allá inasible, algo más profundo que se puede, y yo agregaría, que se necesita desentrañar o al tratar de nombrar. El arte suele referirse a asuntos como si de temas sagrados se tratara, aunque rara vez lo son.
En términos generales, el arte nos permite apreciar una experiencia significativa, que puede ser un cuestionamiento, una idea, una perspectiva, nos permite acercarnos y presenciar tratando de involucrarnos, y al mismo tiempo dejándonos a salvo para seguir con nuestra vida cotidiana.
Aquí voy a dar un brinco y espero no cometer eso que llaman petición de principio con mi aseveración. Considero que en el ámbito del arte, la poesía es aquella que, tomando algunos manteles los salones de la filosofía, la ciencia y la religión, trata encapsular experiencias significativas para hacerlas revivir a través del entendimiento, el goce, los sentidos.
En esto toma lo que necesita de otras artes, que alguna vez la cargaron de chiquita, como su tía la música, su madrina la arquitectura, su bisabuela la retórica o su prima la pintura.
II
La antología que el día de hoy nos reúne es una recopilación de obras artísticas. Esta reunión de 49 voces forma a su vez otra obra no pensada así originalmente, sino planeada por su compilador Roberto Arizmendi.
En ella hay poemas de autores de 19 países de América Latina, entre los que abundan hay nueve mexicanos y siete argentinos.
Una experiencia significativa es por ejemplo que en la vida hayamos visto y tratando en persona con unas 8 mil, o 30 mil o 80 mil personas, pero sólo un puñado pequeño, uno realmente muy pequeño están en nuestro catálogo (excepto Roberto Arizmendi, que como él tiene muchos y muy buenos amigos, pues evidentemente su catálogo de personas significativas es considerablemente más amplio).
Decía que de las muchas personas que hemos conocido, sólo algunas se quedan permanentemente o por largos periodos.
El argentino Horacio Salas nos habla, sin mencionarlo por su nombre, de la herencia de un padre físicamente ausente, pero visitante ocasional del yo lírico quien en él poema “Génetica” desentraña un poco ese vínculo.
Otra experiencia es el tierno amor que Gloria Gabuardi siente por su patria, Nicaragua, en su poema “Confesión de amor”.
En poesía, es común que no sea preponderante el objeto del que se habla, sino el significado que hay detrás, el sentido y lo que es capaz de contagiar en esa atmósfera que se crea. En el poema “El árbol” el boliviano Eduardo Mitre comienza:

Hoy derribaron el árbol
que nos acompañó tantos años
Sin más venda que una nube
La herida azul del espacio
Palabra a palabra
hoja por hoja
vuelvo a plantarlo en el huerto de la memoria (…)

En otro tipo de experiencia, en uno de los poemas más limpios, certeros y profundos de este volumen, el mexicano Eduardo Langange menciona refiere el límite y alcance que suele tener la poesía. Su poema “El Oficio”, como al pan, pan, y al vino, vino, habla de ese pozo oscuro que es la carencia del ser humano, o si e quiere ver así la permanente construcción. (ver como administra su material)

Tengo una mesa.
Puedo escribir tengo una mesa
Tengo una silla.
Puedo escribir tengo una silla.
Aún más:
Tengo papel y tinta.
Puedo escribir sobre el papel y con la tinta.

Pero la poesía me dice
que ella no está en lo que ya tengo.
La poesía me dice
que está en lo que me falta

Experiencia significativa es también lo que comparte Roberto Arizmendi en los poemas que se incluyen en este volumen. En sus textos, sobre la apariencia de la vida cotidiana, el acto de compartir aparece como el mantel sobre el que se pone la alegría, la música, la amistad, el amor y a veces también el dolor.
Es un poeta del detalle y de la ternura, también sus poemas reflejan que la vida es fluida, diáfana, no se detiene, y que nosotros la bailamos al son que nos toque, pero siempre asumida de la mejor manera posible.
Todo esto se puede ver desde sus poemas “Cotidianidades” y en “No me quites mi tristeza”.
Dejé al último deliberadamente a Waldo Leyva, para decir que la sensualidad de sus poemas viene no de la superficie, sino del fondo de la respiración. Este elemento y el tema del tiempo son elementos desde donde construye, definitivamente el tiempo.

Me da mucho gusto compartir la palabra con ustedes, con Roberto y con Waldo, e invitarlos que conozcan estas experiencias significativas que se componen a través del arte de la palabra y que están dirigidas a decirle al mundo lo que los poetas de nuestra Latinoamérica les preocupa o los anima.

Gracias a que es una edición bilingüe, este libro tendrá unas fronteras más pequeñas, aunque de todos modos, por el sólo hecho de tratarse de poesía, este libro está destinado a instalarse sin fronteras muy cerca de otra experiencia significativa. Muchas gracias.


Poesía de América Latina para el mundo.
Roberto Arizmendi, (Compilador). Poesía.
Ed. Universidad Juárez Autónoma de Tabasco / Ediciones Fósforo.
México, 2013, 300 pp,









lunes, 24 de febrero de 2014

Vuelve

Está por salir mi nuevo libro.
Haré lo posible por concretar varias presentaciones en la ciudad de Monterrey, NL, todas ellas durante la primera semana de abril del 2014.
 En Ensenada, BC, hasta el momento hay una fecha pactada: es el lunes 17 de marzo a las 20:00 horas en La Covacha Foro Galería.
Hay otras ciudades aún por confirmar.



lunes, 2 de mayo de 2011

Urbanarios




Esta es la publicación en la que he estado metido en los últimos seis meses. Reúne textos de autores, la mayoría de Monterrey, pero también unos cuantos que viven en el DF, en Tijuana y Guadalajara, entre otras ciudades.


Cada mes esta hoja literaria tamaño cuatro cartas doblada, reúne bajo un mismo tema poemas y relatos breves.


Enero el desamor, febrero la ciudad, marzo las mujeres, abril los niños, mayo el futbol, junio de hombres.

¿Alguna sugerencia para el mes de julio?

Si desean anunciar su asociación, comercio, depósito, museo, hotel o agencia de viajes, pueden escribir a redaccion@urbanario.com

martes, 25 de enero de 2011

Patria

Aprenderé su inglés gravemente
cuando mi español no me baste

martes, 14 de diciembre de 2010

Hace un mes Urbanario era un sueño

"El proceso de creación literaria es quizá la parte más personal y privada de la producción en el ámbito de las letras", así empezaba (todo propio yo) un documento que escribí, a manera de proyecto general, el 13 de noviembre pasado. El texto tenía como encabezado "Proyecto de gaceta", y era mi "plan" para crear una publicación que difundiera "poemas y prosa breve de calidad de escritores noveles o con poca experiencia en el ámbito editorial".

Hoy hace un mes con un día se me metió el demonio con ese asunto de hacer una publicación. Y como hay que hacer en los casos en que nos asaltan ideas que suenan a grandiosas, pero que fácilmente pueden ser un fantasma febril de sábado en la noche, lo consulté con mi mujer.

Menos de dos horas después ella me respondió, no con unas palabras de apoyo, sino con una propuesta de diseño: no serían cuatro páginas tamaño carta, sino desplegable a cuatro con un espacio más amplio para lucir visualmente. La cosa iba muy en serio.

Buena parte de esa noche del sábado 13 me la pasé ideando un esquema de comercialización y distribución. Debo confesar que las ideas de Hernán Casciari me dieron un buen norte (como muchas ideas de experiencias propias y ajenas que he ido levantando por el camino).

El domingo 14 estaba la idea más aterrizada. Carmen elaboró los talonarios, le dio forma al diseño, se encargó de la página, y yo comencé a conseguir autores. En la tarde, como si fuera la cuestión fundamental, ella me pregunta: ¿Oye, pero cómo se va a llamar? "No lo sé, mi amor, eso luego lo vemos", le respondí. Y ella: "Pero es que necesitamos saber para sacar el dominio". Entonces hizo varias propuestas, entre ellas la que finalmente se quedó. Sinceramente yo pensaba más en cómo obtener la lana, pues hasta fecha de lanzamiento tenía. Y lo dije con tanta seguridad que hasta yo mismo me la creí: sería el miércoles 1 de diciembre, es decir, en un plazo de 17 días.

El lunes 30 de noviembre por la tarde, la imprenta entregó los ejemplares. No mil, como habíamos quedado, sino mil 430, pues quise dejar un pequeño "excedente" que a la larga nos benefició. Hasta el momento de la presentación se habían vendido 778 ejemplares.

Todavía nos dio tiempo para organizar, durante los días previos, una presentación del primer número, con transmisión por internet incluida. Elia Martínez-Rodarte fue la flamante presentadora ese mismo miércoles 1 y también leyeron parte de su trabajo Alfonso Álvarez, Claudia Solano y Luis Mario Baeza.

No sé a dónde vaya a parar esta empresa, pero ya tenemos tres puntos de venta, uno de ellos en la librería Gandhi, y se han vendido 141 ejemplares ¡¡¡del no. 2!!! que, huelga decirlo, aún le falta mucho por salir (calculo que vea la luz a más tardar el miércoles 4 de enero).

No sé en qué termine esto, o en qué se vaya a convertir Urbanario más adelante, pero tengo claro que ha sido posible gracias a más de 30 personas que han puesto lana, textos, manos, voluntad, muchas cosas, todas valiosas. Y tengo claro, también, que de no ser por el apoyo de Carmen no se habrían vendido hasta el día de hoy mil 231 ejemplares cuando hace un mes esto parecía una locura. Sí, creo que ahora hay una base en donde hace 31 días no había ni siquiera una linda chingada.

Agradecimientos muy especiales:

Héctor Leal, José Luis Martínez Canizález, Margarito Cuéllar, Adrián Ruiz, Ángela Ortega Navarro, Odvidio Reyna, María Belmonte, Ángela Ortega Ortega, Luciano Campos Garza, Elia Martínez-Rodarte, Julio César González, Andrés Mendoza, Rebeca Gómez Andrés, Armando Alanís Pulido, Ricardo Ovalle, Aarón Aguirre, Jaime Villarreal, David Saúl Coronado, Gerardo Ortega Magaña, Carlos Guzmán, Antonio Ortega Magaña, José Luis Berlanga. Y claro, los 10 autores que conforman este número: Alfonso Álvarez, Claudia Solano, Eduardo González, Iván Rubio, Montserrat Esquivel, Jehú Josué Coronado López, La Maga, Luis Mario Baeza, Ricardo Ovalle García y Romualdo Gallegos. Y especialmente a mi Carmen: ella me inspira y me anima para hacer esto posible.


lunes, 25 de octubre de 2010

martes, 25 de mayo de 2010

lunes, 5 de abril de 2010

Palabra derrotada

Siempre quise
que aquella sin nombre
cayera en mis letras, atrapada.

Quizá una línea sujetó a alguna
a medias, mas mis ímpetus cambiaron:
No fui perverso hasta el final.

Hoy, a deshoras, se asoman,
y la que cuyo nombre llevo
ve a este hombre que vuelve.

Pero no a sus letras.
Las palabras, derrotadas
quizá no han servido bien para el amor.

jueves, 11 de febrero de 2010

Los adioses del forastero*


Si no es el que más admiro, creo que sí es el poeta cuya obra sigo con más cálido apego.
Se trata de Marco Antonio Campos, a quien conocí en persona cuando yo cargaba a todas partes mi únicos tres poemas que le mostré doblados en cuatro en el café Francia, en Aguascalientes, si no me equivoco fue el sábado 2 de octubre de 1993. (Lo volví a ver el jueves 26 de febrero del 2009, en Minería, y por la tarde nos echamos, con otros cuates entre ellos mi querido Margarito, unas cervezas y hasta me llamó poeta, con camaradería, chingao, quizá fue la chela, jejeje).
Con el tiempo me di cuenta que me unía algo más que ese recuerdo. La tristeza, la nostalgia, la melancolía, la inasibilidad del amor son constantes en mis textos, igual que existen en su obra.
Y una de esas constantes en los poemas de Campos es la mujer, especialmente las que, como en un tiempo me pasó a mí, nos dejan de lado por quién sabe qué razones.

"Las mujeres que más recordamos", cuenta Campos en una entrevista, "son las que nos abandonan y nos lastiman y los poemas salen casi naturalmente en esos momentos. No recomiendo de ninguna manera el desamor para escribir poesía, pero tal vez tiene más complejidades psíquicas y posibilidades poéticas que el amor en plenitud. No sé cuántas veces al día pensamos en las mujeres y cuántas veces deseamos a mujeres que vemos durante un día."

Debido a que los desencuentros amorosos en mi vida son cosa del pasado, ahora tengo poco de esa veta para escribir. Ahora, si quiero seguir en el oficio, debo también, como antes lo hacía pero menos, trabajar otros temas, ser capaz incluso de escribir de alguna manera sobre lo que mi querido poeta llama "amor en plenitud".

De todos modos creo que mantengo un tono de nostalgia dentro de la alegría. Una nostalgia, quizá, un poco al estilo de Campos, con la salvedad de que él es un maestro.

Aquí va algo mío que pongo a consideración del respetable:

Ensenada-Tijuana

Había tanta agua amontonada a mis pies que no pude escribir ni media hora. Vi en los periódicos algo sobre la última letra y en mí encontré una "n" de noche o de nube, de nave quizá, mas eso no haría noticiero, tal vez una pared con versos de otros y pases de abordar.

Pero al tiempo que regreso por el barandal de una playa que desliza la ruta de los turistas y enamorados, al tiempo que me arrellano en un asiento improbable junto a la ventana, pienso en lo que me permanece al partir, en eso que no era necesario buscarlo hasta acá porque ya lo llevo antes de ahora sin importar que sea lunes por la mañana y hasta el cielo.

El murmullo toma curvas y a mi izquierda el mar rezuma la arena. Puedo ver por la ventana apenas cerrar los ojos, toda la ciudad que dejo a atrás y la ventana en la que dormí en un segundo piso sobre la calle llovida y fría.





*El título corresponde a un libro de MAC.

martes, 24 de noviembre de 2009