viernes, 8 de abril de 2016
Patrocinios de las tarjetas de la Colección Postkarte
Algunos de los patrocinadores son los siguientes.
¿Desea usted, amable lector, que las tarjetas coleccionables Postkarte, una a una se publiquen en este espacio? Deje un comentario y con 10 respuestas afirmativas o negativos, subimos los la imagen con los textos.
viernes, 10 de julio de 2015
Cómo usar los ojos
Mientras el cine diseña emociones bastante digeridas que entran principalmente por a vista, la poesía tiene que crear todo solamente con palabras, sin contar que el cine prepara al espectador para que nada lo interrumpa durante dos horas,
Para mí el éxito de un buen poema radica en que pueda ser capaz de hacernos ser parte de una sala de cine y que se nos olvide el mundo. Tanto el cine como la poesía procuran sensibilizar, es decir, hacernos receptivos y receptores de sensaciones, ideas y emociones como si fueran generadas por nosotros mismos.
He estado leyendo el poemario Cómo usar los ojos, de Ana Margarita Ríos-Farjat, y en muchos poemas me he sentido conectado con lo que leo. Si tomamos en cuenta que el soporte de la poesía suele tener muchos andamios, huellas y demás distractores, creo que es un logro de la autora que te haga sentir involucrado y al mismo tiempo ser fiel a sí mismo, que es lo que yo noto en la variedad de temas: viajes, hijos, despedidas, casas de la infancia, el registro es amplio.
Ahora que se publicará uno de los poemas en Postkarte impreso, vuelvo a leer todo el libro y me doy cuenta, ahora hablando de la hechura, que fue tejido a conciencia. Sólo alguien que domina el ritmo y las imágenes puede darle el lujo de apostarle a diversas formas, algunas que parecen clásicas (no versificadas) y otras menos sonoras pero cargadas de imágenes, Vean cómo corren estos versos:
La vida me queda grande
como una camisa cuyas mangas ascienden a mi cuello
y giran en torno a él en una danza submarina
Mi habitación se llena del agua del tiempo
y es la camisa una sábana de peces tras el remolino de los días
y es también la red que los atrapa y los deshace en horas que no secan nunca
Si ven este libro y quieren recorrer con la mirada, nostalgias, tierras lejanas y música en las palabras, les recomiendo este libro.
Por lo pronto repito el texto más breve de todos y que me hizo reíar de sorpresa.
TIGRE
Una vez tuve un tigre
Lo recuerdo y aún tiemblo
Y no de miedo.
domingo, 24 de mayo de 2015
Comentario de Daniel Salinas Basave a mi librito de poemas
La poesía se vuelve similar a una tonada pegadiza cuyo tarareo surge así, de repente y sin decir agua va, como un delfín que sale cada cierto tiempo a la superficie del Pacífico en la altamar de nuestra vida.
¿Cuándo y por qué la poesía se vuelve huésped de las profundidades del subconsciente? Mucho tiene que ver el momento de la vida en que es leída por vez primera. Si nos aficionamos a la obra de un poeta en la adolescencia o en la temprana juventud hay altas probabilidades de que una o varias estrofas se queden a vivir en nuestras alforjas. Hay quien navega por la vida armado con un verso de Neruda, de Vallejo, de Lorca, de Machado o de Miguel Hernández. Yo suelo vagar con versos de Gerardo Ortega con la misma obstinación con la que voy acumulando kilometraje de calle en unos tenis rojos. Nunca he sido un buen lector de poesía, ni poseo argumentos críticos para determinar las razones por las que un poema me parece bueno. Lo mismo me ocurre con los vinos. Hay catadores que me hablarán de esencias, aromas y añejamiento en barricas de roble. Yo solo sé que ciertos vinos se llevan bien con mi organismo. Así me sucede con los poemas.
Conocí la poesía de Gerardo Ortega en el verano de 1993 y desde entonces se quedó a vivir en la mochila de mis vagancias.
Quizá mi recuerdo más añejo de esos poemas sea escucharlos en boca de su autor una tarde de agosto en lo alto del Cerro del Obispado. Las décadas pueden acumularse en nuestra vida, pero para mí la imagen de la poesía orteguiana siempre será ese viejo refugio arzobispal regiomontano construido en el Siglo XVIII, en cuyo oratorio debe haber un Cristo suspendido que se estremece.
Desde esos ayeres, mis mañanas suelen arrastrar sábanas de nubes y hay espaldas extendiéndose sobre la noche en ciudades perdidas donde habitan tristezas que seducen y rosas empuñadas como espadas vencidas.
Acaso bajo el Obispado haya un túnel secreto capaz de llevarme a Yadivia. Los poemas pueden llegar a ser pertinaces y acosantes, aunque su esencia es traslúcida y nublada. A tal grado se impregnan en la vida diaria, que mi semana comienza en lunes y acaba en diciembre.
Y fue en un atardecer decembrino, con brisas envueltas en playas y reflejos regados en un vestido, que empecé a leer Por qué no vuelves y me dejas en paz, el poemario más reciente publicado por Ortega. No hablo de “nuevo libro” porque creo que lo de Ortega no son piezas mostrencas, sino la obra de una vida. Todas las letras que ha liberado, desde el Fantasma de 1991 a Hijos en 2014, forman parte de un mismo libro y creo que todos los poemas, aun los que no había leído, me dicen algo.
Leí Por qué no vuelves y me dejas en paz en una sola sentada, sin levantarme de mi silla, con un solo vaso de Jack Daniels y de pronto tuve la sensación de que llevo más de dos décadas leyendo ese libro.
Ahora lo saco pasear la plaza de mi Sárdica imaginaria (tal vez algún día me exilie a la antigua capital del reino búlgaro) para construir mi propio enero y concluir que desde hace veinte años estas letras vuelven para hacerme encontrar algo parecido a la paz.
danibasave@hotmail.com
martes, 12 de mayo de 2015
Amistad
martes, 5 de mayo de 2015
Me gustaba Julieta
Mi mujer
Fotografía
jueves, 23 de abril de 2015
Tu brazo roza el mío
jueves, 2 de abril de 2015
1. P
Desde hace muchos años husmeo en libros, revistas, blogues y muros de Facebook, y de vez en cuando hallo textos que me parece valen la pena. Me gustan esos poemas breves, redondos, o relatos de gente conocida o desconocida. Me gustaría poder difundir todo esto porque pienso, supongo, que eso justo le gustará a alguien más, a alguien que al igual que yo, percibirá ese algo que tiene el texto y que nos deja una pequeña marquita en la mente, una sensación, una impresión, un aguijón, un guiño. Una punzada.
Me he dedicado a la promoción cultural desde hace muchos años. He estado en cantinas ofreciendo "suscripciones" para un proyecto que de momento sólo yo conozco. He estado en cruceros ofreciendo mi publicación a cambio de un cooperación voluntaria, he trabajado en instancias de gobierno como editor de guías culturales de alcance regional, también he sido editor de Cultura en periódicos, he ido por mi cuenta a la papelera como quien va al mercado a comprar la mejor fruta, he escuchado lo que el impresor puede y no puede hacer desde su cama plana del offset, he publicado a autores que no valen la pena, he cometido errores importantes que he pagado, he publicado a autores premiados, no he perdido contacto con los autores/amigos y con los autores/colegas y con los autores/periodistas, he tomado algunos cursos, casi todos enviado por el lugar en donde trabajo.
Me gusta este mundo y si estuviera preso en una penitenciaria sin más pertenencia que la ropa que traigo puesta seguro me encargaría de publicar la gaceta con las historias de vida de mis compañeros. Lo mismo si viviera en París, en Barcelona, en Berlín o en San Cristóbal, estaría cerca de este mundo, y pienso que en este mundo de publicaciones moriré.
Creo en esto, por eso lo hago.
Aquí comienza una historia, y adivino que será larga.
Intentaré irla comtando para que no se me olvide cómo empezó todo (Aquí está hablando el optimista que vive en mí y que se resiste a morir).
domingo, 15 de febrero de 2015
Palabras para que las usen otros
Curiosamente, creo que los proyectos que me gustan a mí, me gustan más a mí que a cualquiera, en cambio lo que menos me gusta escribir, puede recibir críticas muy buenas.
Seré más preciso. En esta semana me sucedieron dos cosas muy poco probables.
Primero me pidieron que elaborara un discurso para una institución. Me lo pidió la persona que lo pensaba leer, dentro de una ceremonia. Dejó el mensaje con su secretaria de que me andaba buscando, y cuando casualmente caí por esa oficina (ofreciendo mi libro), ella me dijo que su jefe me buscaba. Lo que me llamó la atención fue la naturalidad con la que el solicitante dio por sentado que yo podría escribir ese texto con las características que buscaba (y que me detalló). No acostumbro publicar en el periódico en el que trabajo.
El otro episodio fue más relajado. Me encontré con un conocido que tenía meses sin ver. Como es de los que, además de hablar le gusta escuchar con atención, nuestra charla banquetera duró más de lo debido.
Del asunto del trabajo pasamos al del 14 de febrero (por la mercadotecnia) y al de mi libro (también le vendí un libro mío). Le sugerí que le escribiera una tarjeta a la muchacha con la que salía y con la que según pude notar, las cosas no avanzaban como al le gustarían. Me salió de algún lado proponerle que le escribiera un acróstico (sí, como en la secundaria). Le expliqué en qué consistía. Claro, yo se lo haría.
Por cuestión de trabajo y del taller que doy los sábados, olvidé lo del acróstico. Me marcó el sábado a mediodía y no me dio tiempo de escribir y de imprimir. Me interceptó en un crucero camino a mi casa. Le dije que aún tenía que imprimir el texto. Ahí fue cuando el pedido tuvo un giro:
—¿Te dije que su nombre empieza con "b" y no con "v"?, –me preguntó.
—No, –ahí me di cuenta de que podía ganar un poco de tiempo– en ese caso tendría que cambiarlo para que cuadre, contesté.
Pero el hecho es que no tenía nada. Cuando me abordó llevaba un papel y una pluma anotando algunas palabras y llevaba un par de líneas (muy ñoñas, ñoñísímas).
Llegamos a un café internet, escribí lo primero que se me vino a la mente, lo imprimí y fui y se lo leí, en la ventana de su coche (se había quedado fumando).
—Estás cabrón, me dijo, y sonrió.
Me pagó el libro, se llevó también el acróstico, nos dimos un apretón y se fue.
Sí me gusta el que soy cuando escribo, pero esto, lo que se dice escribir, escribir, no es. Si acaso serán palabras para que las usen otros. ¿Será lo mismo con la poesía?
No sé.
Algo me dice que no es lo mismo.
domingo, 20 de julio de 2014
La poesía, una experiencia significativa
lunes, 24 de febrero de 2014
Vuelve
Haré lo posible por concretar varias presentaciones en la ciudad de Monterrey, NL, todas ellas durante la primera semana de abril del 2014.
En Ensenada, BC, hasta el momento hay una fecha pactada: es el lunes 17 de marzo a las 20:00 horas en La Covacha Foro Galería.
Hay otras ciudades aún por confirmar.
lunes, 2 de mayo de 2011
Urbanarios

¿Alguna sugerencia para el mes de julio?
Si desean anunciar su asociación, comercio, depósito, museo, hotel o agencia de viajes, pueden escribir a redaccion@urbanario.com
martes, 25 de enero de 2011
Patria
martes, 14 de diciembre de 2010
Hace un mes Urbanario era un sueño
Agradecimientos muy especiales:
Héctor Leal, José Luis Martínez Canizález, Margarito Cuéllar, Adrián Ruiz, Ángela Ortega Navarro, Odvidio Reyna, María Belmonte, Ángela Ortega Ortega, Luciano Campos Garza, Elia Martínez-Rodarte, Julio César González, Andrés Mendoza, Rebeca Gómez Andrés, Armando Alanís Pulido, Ricardo Ovalle, Aarón Aguirre, Jaime Villarreal, David Saúl Coronado, Gerardo Ortega Magaña, Carlos Guzmán, Antonio Ortega Magaña, José Luis Berlanga. Y claro, los 10 autores que conforman este número: Alfonso Álvarez, Claudia Solano, Eduardo González, Iván Rubio, Montserrat Esquivel, Jehú Josué Coronado López, La Maga, Luis Mario Baeza, Ricardo Ovalle García y Romualdo Gallegos. Y especialmente a mi Carmen: ella me inspira y me anima para hacer esto posible.
lunes, 25 de octubre de 2010
martes, 25 de mayo de 2010
lunes, 5 de abril de 2010
Palabra derrotada
que aquella sin nombre
cayera en mis letras, atrapada.
Quizá una línea sujetó a alguna
a medias, mas mis ímpetus cambiaron:
No fui perverso hasta el final.
Hoy, a deshoras, se asoman,
y la que cuyo nombre llevo
ve a este hombre que vuelve.
Pero no a sus letras.
Las palabras, derrotadas
quizá no han servido bien para el amor.
jueves, 11 de febrero de 2010
Los adioses del forastero*

Y una de esas constantes en los poemas de Campos es la mujer, especialmente las que, como en un tiempo me pasó a mí, nos dejan de lado por quién sabe qué razones.
"Las mujeres que más recordamos", cuenta Campos en una entrevista, "son las que nos abandonan y nos lastiman y los poemas salen casi naturalmente en esos momentos. No recomiendo de ninguna manera el desamor para escribir poesía, pero tal vez tiene más complejidades psíquicas y posibilidades poéticas que el amor en plenitud. No sé cuántas veces al día pensamos en las mujeres y cuántas veces deseamos a mujeres que vemos durante un día."
Debido a que los desencuentros amorosos en mi vida son cosa del pasado, ahora tengo poco de esa veta para escribir. Ahora, si quiero seguir en el oficio, debo también, como antes lo hacía pero menos, trabajar otros temas, ser capaz incluso de escribir de alguna manera sobre lo que mi querido poeta llama "amor en plenitud".
De todos modos creo que mantengo un tono de nostalgia dentro de la alegría. Una nostalgia, quizá, un poco al estilo de Campos, con la salvedad de que él es un maestro.
Aquí va algo mío que pongo a consideración del respetable:
Ensenada-Tijuana
Había tanta agua amontonada a mis pies que no pude escribir ni media hora. Vi en los periódicos algo sobre la última letra y en mí encontré una "n" de noche o de nube, de nave quizá, mas eso no haría noticiero, tal vez una pared con versos de otros y pases de abordar.
Pero al tiempo que regreso por el barandal de una playa que desliza la ruta de los turistas y enamorados, al tiempo que me arrellano en un asiento improbable junto a la ventana, pienso en lo que me permanece al partir, en eso que no era necesario buscarlo hasta acá porque ya lo llevo antes de ahora sin importar que sea lunes por la mañana y hasta el cielo.
El murmullo toma curvas y a mi izquierda el mar rezuma la arena. Puedo ver por la ventana apenas cerrar los ojos, toda la ciudad que dejo a atrás y la ventana en la que dormí en un segundo piso sobre la calle llovida y fría.
*El título corresponde a un libro de MAC.







