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domingo, 26 de julio de 2015

Cómo consigo tarjetas Postkarte


Hay varias maneras de obtener las tarjetas Postkarte, al menos hasta el momento de hoy.

Pedirlas al correo electrónico yadivia@hotmail.com y dar una pequeña cooperación para el envío. Puede ser desde 25 pesos para enviar una colección de las ocho que se han publicado hasta el día de hoy, por correo postal registrado, o bien pedidos de 100, 200 y 300 pesos, para paquetes de 32, 64 o 144 tarjetas respectivamente.

Hay más información sobre los autores publicados hasta el momento en la página de Facebook de Postkarte

En las próximas semanas habrá algunos puntos de distribución gratuita en las ciudades de Monterrey, México, D. F, Tijuana y Guadalajara.

También se buscan patrocinadores que quieran empujar el proyecto. El costo es de 3 pesos por tarjeta y se coloca el logo en cada una, sin compra mínima. Está tarjetas se entregan al patrocinador, quien decide de qué forma las distribuye o si una parte las entrega a Postkarte para sus propios canales de distribución.

El público natural son jóvenes de secundaria y preparatoria, por ello se distribuirán en librerías, papelerías y centros de entretenimiento de jóvenes, además de espacios culturales.

viernes, 10 de julio de 2015

Cómo usar los ojos

Aunque ambas manifestaciones plantean la proyección de emociones a través de imágenes y sonidos, la poesía y el cine desde el punto de vista de sus herramientas están en lados opuestos.

Mientras el cine diseña emociones bastante digeridas que entran principalmente por a vista, la poesía tiene que crear todo solamente con palabras, sin contar que el cine prepara al espectador para que nada lo interrumpa durante dos horas,

Para mí el éxito de un buen poema radica en que pueda ser capaz de hacernos ser parte de una sala de cine y que se nos olvide el mundo. Tanto el cine como la poesía procuran sensibilizar, es decir, hacernos receptivos y receptores de sensaciones, ideas y emociones como si fueran generadas por nosotros mismos.

He estado leyendo el poemario Cómo usar los ojos, de Ana Margarita Ríos-Farjat, y en muchos poemas me he sentido conectado con lo que leo. Si tomamos en cuenta que el soporte de la poesía suele tener muchos andamios, huellas y demás distractores, creo que es un logro de la autora que te haga sentir involucrado y al mismo tiempo ser fiel a sí mismo, que es lo que yo noto en la variedad de temas: viajes, hijos, despedidas, casas de la infancia, el registro es amplio.

Ahora que se publicará uno de los poemas en Postkarte impreso, vuelvo a leer todo el libro y me doy cuenta, ahora hablando de la hechura, que fue tejido a conciencia. Sólo alguien que domina el ritmo y las imágenes puede darle el lujo de apostarle a diversas formas, algunas que parecen clásicas (no versificadas) y otras menos sonoras pero cargadas de imágenes, Vean cómo corren estos versos:

La vida me queda grande
como una camisa cuyas mangas ascienden a mi cuello
y giran en torno a él en una danza submarina
Mi habitación se llena del agua del tiempo
y es la camisa una sábana de peces tras el remolino de los días
y es también la red que los atrapa y los deshace en horas que no secan nunca

Si ven este libro y quieren recorrer con la mirada, nostalgias, tierras lejanas y música en las palabras, les recomiendo este libro.

Por lo pronto repito el texto más breve de todos y que me hizo reíar de sorpresa.

TIGRE

Una vez tuve un tigre
Lo recuerdo y aún tiemblo

Y no de miedo.

sábado, 6 de junio de 2015

Postkarte recibe y lee

Aunque en Postkarte leemos por puro gusto y publicamos lo que más nos apasiona, es una casa abierta a recibir textos de autoras y autores que andan por ahí con textos seguramente de lo más valiosos, y por desgracia aún inéditos. Envíen sus trabajos.
.

domingo, 24 de mayo de 2015

Comentario de Daniel Salinas Basave a mi librito de poemas

Con motivo de la aparición de Por qué no vuelves y me dejas en paz, Daniel Salinas Basave publicó lo siguiente:



Exilio a Sárdica y Yadivia
Hay poemas –o fragmentos de los mismos– cuyo destino es transformarse en eternos compañeros de viaje. De una forma u otra, creo que todos los lectores tenemos ocultos por ahí unos cuantos versos-tatuaje capaces de irrumpir en momentos y escenarios improbables.
La poesía se vuelve similar a una tonada pegadiza cuyo tarareo surge así, de repente y sin decir agua va, como un delfín que sale cada cierto tiempo a la superficie del Pacífico en la altamar de nuestra vida.
¿Cuándo y por qué la poesía se vuelve huésped de las profundidades del subconsciente? Mucho tiene que ver el momento de la vida en que es leída por vez primera. Si nos aficionamos a la obra de un poeta en la adolescencia o en la temprana juventud hay altas probabilidades de que una o varias estrofas se queden a vivir en nuestras alforjas. Hay quien navega por la vida armado con un verso de Neruda, de Vallejo, de Lorca, de Machado o de Miguel Hernández. Yo suelo vagar con versos de Gerardo Ortega con la misma obstinación con la que voy acumulando kilometraje de calle en unos tenis rojos. Nunca he sido un buen lector de poesía, ni poseo argumentos críticos para determinar las razones por las que un poema me parece bueno. Lo mismo me ocurre con los vinos. Hay catadores que me hablarán de esencias, aromas y añejamiento en barricas de roble. Yo solo sé que ciertos vinos se llevan bien con mi organismo. Así me sucede con los poemas.
Conocí la poesía de Gerardo Ortega en el verano de 1993 y desde entonces se quedó a vivir en la mochila de mis vagancias.
Quizá mi recuerdo más añejo de esos poemas sea escucharlos en boca de su autor una tarde de agosto en lo alto del Cerro del Obispado. Las décadas pueden acumularse en nuestra vida, pero para mí la imagen de la poesía orteguiana siempre será ese viejo refugio arzobispal regiomontano construido en el Siglo XVIII, en cuyo oratorio debe haber un Cristo suspendido que se estremece.
Desde esos ayeres, mis mañanas suelen arrastrar sábanas de nubes y hay espaldas extendiéndose sobre la noche en ciudades perdidas donde habitan tristezas que seducen y rosas empuñadas como espadas vencidas.
Acaso bajo el Obispado haya un túnel secreto capaz de llevarme a Yadivia. Los poemas pueden llegar a ser pertinaces y acosantes, aunque su esencia es traslúcida y nublada. A tal grado se impregnan en la vida diaria, que mi semana comienza en lunes y acaba en diciembre.
Y fue en un atardecer decembrino, con brisas envueltas en playas y reflejos regados en un vestido, que empecé a leer Por qué no vuelves y me dejas en paz, el poemario más reciente publicado por Ortega. No hablo de “nuevo libro” porque creo que lo de Ortega no son piezas mostrencas, sino la obra de una vida. Todas las letras que ha liberado, desde el Fantasma de 1991 a Hijos en 2014, forman parte de un mismo libro y creo que todos los poemas, aun los que no había leído, me dicen algo.
Leí Por qué no vuelves y me dejas en paz en una sola sentada, sin levantarme de mi silla, con un solo vaso de Jack Daniels y de pronto tuve la sensación de que llevo más de dos décadas leyendo ese libro.
Ahora lo saco pasear la plaza de mi Sárdica imaginaria (tal vez algún día me exilie a la antigua capital del reino búlgaro) para construir mi propio enero y concluir que desde hace veinte años estas letras vuelven para hacerme encontrar algo parecido a la paz.
danibasave@hotmail.com

jueves, 23 de abril de 2015

Tu brazo roza el mío

Tu brazo roza el mío
en este vaivén urbano
  
  No sé tu edad ni tu nombre
  absolutamente nada de ti
  pero el azar nos tiene rozándonos los codos

Solo sé que tus pechos me sonrieron
y tus ojos apenas me observaron
  
  No me atrevería a voltear
  por no romper el encanto anónimo
  de una belleza que imagino

Sé que no me ofrecerías chocolates
por mucho una sonrisa

  Tu pantalón es rojo
  eso sí lo sé porque lo estoy viendo
  lo demás lo adivino
  del instante fotográfico
  en que te dije compermiso

Cuando te hayas bajado
no te volveré a ver

  Los encuentros efímeros
  producen mundos efímeros
  y en este ruta 110
  el Mundo es tu codo
  rozando el mío

lunes, 24 de febrero de 2014

Vuelve

Está por salir mi nuevo libro.
Haré lo posible por concretar varias presentaciones en la ciudad de Monterrey, NL, todas ellas durante la primera semana de abril del 2014.
 En Ensenada, BC, hasta el momento hay una fecha pactada: es el lunes 17 de marzo a las 20:00 horas en La Covacha Foro Galería.
Hay otras ciudades aún por confirmar.



jueves, 25 de julio de 2013

Arqueología literaria

Ya había estado en talleres literarios, algunos en la Facultad a cargo de Miguel Covarrubias, Agustín García Gil, de oyente, otro con Genaro Saúl Reyes más adelante, pero en donde me "formé" fue en el Taller de Creación Literaria del Universidad Regiomontana, ahí conocí a Gabo Josue Gabriel de Montemayor), a Gerardo García de la Garza, a Daniel Salinas Basave, a Sergio Quiñones. 
Una de las características de este taller era escribir y preparar lecturas públicas, lecturas escénicas con mucho de "performance". Lo coordinaba Mara Gutiérrez. Ahí aprendí mis poemas de memoria para "declamarlos" ante amigos, familiares y compañeros (comencé a percatarme del poder de seducción que tenían los poemas, pero esa es otra historia).
Algo que ejercité, inconscientemente, fue el oído, para elaborar versos medianos o largos, ya no cortos, pues éstos, ante el público, no tenían la misma "fuerza escénica". Buscaba que los versos tuvieran "cadencia", sí, que no acabaran pronto en el aliento, pero que además tuvieran más ritmo ("...quemo las naves con el último eco de un adiós profundo..."). Un hecho impotante, además de mi paso por el Taller de la UR entre el 92 y diciembre del 94, fue haber conocido a Fabián Muñoz. 

Debió ser en los primeros días de octubre del 92, en Aguascalientes. Fabián me invito al café Francia. Llegamos y me presentó a un poeta, y decir poeta era decir alguien con varios libros publicados. Nos sentamos con Marco Antonio Campos. Fabián le mostró su plaquette (Esperando abril, recién salido unos meses antes) y después, siguiendo su costumbre, abrió la boca. Le dijo que yo escribía. No me hice del rogar: en la bolsa trasera del pantalón traía, doblados en cuatro, mis tres únicos poemas (o que yo considera como tales, pues hasta a máquina estaban). Marco Antonio los leyó con atención, me hizo sugerencias y encima, me regaló un par de libros suyos dedicados. Ese hecho me marcó. Alguien me trataba como si fuera yo poeta, ni los pocos premios literarios que obtuve en la universidad me hicieron sentir tan singular. Después entré a Letras, pero ya venía mal desde antes.

lunes, 2 de mayo de 2011

Urbanarios




Esta es la publicación en la que he estado metido en los últimos seis meses. Reúne textos de autores, la mayoría de Monterrey, pero también unos cuantos que viven en el DF, en Tijuana y Guadalajara, entre otras ciudades.


Cada mes esta hoja literaria tamaño cuatro cartas doblada, reúne bajo un mismo tema poemas y relatos breves.


Enero el desamor, febrero la ciudad, marzo las mujeres, abril los niños, mayo el futbol, junio de hombres.

¿Alguna sugerencia para el mes de julio?

Si desean anunciar su asociación, comercio, depósito, museo, hotel o agencia de viajes, pueden escribir a redaccion@urbanario.com

jueves, 13 de enero de 2011

Anoche, presentación de Urbanario de enero









Presentación de Urbanario de enero con la participación musical de Turnera difussa, además la lectura del actor Sergio Quiñones leyendo textos de Ana Ma. Gutiérrez, de Margarito Cuéllar y propios, una intervención telefónica de Diego Enrique Osorno y Jorge Ramón Sainz, en el café Kúndul. Presentador: Gerardo Ortega.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Aviso a los lectores

Orsai
Pues nos decidimos por la sopa Esperanza: hicimos el pedido extendido de Orsai, del cual tres ejemplares están separados, no pagados (:Montse, Alfonso y Carmen; pero hasta ahora nadie ha quedado mal).

Si alguien más desea un ejemplar, favor de arrojar una señal luminosa a yadivia@hotmail.com.


Urbanario
El no. 1 ya casi se agotó: de los mil 430 ejemplares que nacieron de una maravillosa y veterana Heldelberg a cuatro cartas, quedarán menos de 200.
Los precios se mantendrán sólo por este no. 1: 20 ejemplares por 100 pesos; 35 ejemplares por 150 pesos, y 50 ejemplares por 200 pesos. Hay que escribir rápido porque ya se acaban.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Voy a dar este taller en la Gandhi Monterrey, el próximo lunes

Cómo hacer objetos con palabras: poesía en práctica

Ese mecanismo lingüístico que es el poema es capaz de reflejar una experiencia común a muchos seres humanos. La práctica de la poesía puede surgir no tanto de lo que llaman inspiración, sino del conocimiento y uso de ciertos recursos (figuras retóricas, tipos de versos, recursos de estilo).

Taller a nivel principiante dirigido a jóvenes y adultos que desean adquirir herramientas para escribir poemas y prosa breve.

Lunes de octubre del 2010, de 7:00 a 8:45 pm.

Cafetería de la librería Gandhi. Hidalgo y Martín de Zavala, Monterrey, NL.

Imparte: Gerardo Ortega, poeta y narrador.

Costo: 450.00 pesos, incluye material (libro La seducción de las palabras, de Álex Grijelmo, y apuntes del taller).

Información: 50.30.22.41, yadivia@hotmail.com.

martes, 25 de mayo de 2010

Bulevar

"Hay más patrullas que lectores en el metro"



Por Roberto Guillén. Tomado de http://www.15diario.com/

Es muy cierto lo que dice Gerardo Ortega: Hay más cargadores que libros. Hay más patrullas que lectores en el metro. Hay más bibliotecas que se están cerrando de las que están abiertas.

Son palabras valientes que pude escuchar en el evento Más poesía, menos balas, donde participaron escritores como Mario Anteo, Guillermo Berrones, Renexio y Gerson Gómez. Por parte de las mujeres que escriben me tocó ver a Ximena Peredo, Lorena Sanmillán, Lucía Yepez, Carmen Alanís e Inanna de la Garza .

La música corrió a cargo de Valdivia Esparadrapo, quien le puso ritmo a los poemas de Arnulfo Vigil, Margarito Cuellar y José Eugenio Sánchez.
Cada quien se plantó en la Explanada de los Héroes para brindarnos, ya sea una lectura de su propia obra, o de algún otro autor o autora. Y fue así como logramos ir un poco más allá de los días de futbol. En una ciudad donde ya ni los aficionados a la lucha libre pueden estar a gusto, es tonificante escuchar en los labios de Carmen Alanís :

Porque la paz se construye cada día
Yo vengo a leerles
Y a ofrecer mi corazón.

Y aunque a veces repelamos de la resolana furibunda, me gustó escuchar en voz de Lorena Sanmillán el Alfonsino sol de Monterrey. Así empezó Lorena su intervención: yo quiero que mi ciudad esté contenta y que se destierre toda la tristeza por la que ha estado pasando. Para después terminar con una expresión del poeta Luis Javier Alvarado: Quítale la música a un documental de guerra. Quítasela.

Lucía Yépez abrió un poema de Benedetti para recordarnos que
La verdad es una patria
Patria es humanidad

Por su parte el cronista Gerson Gómez puso el dedo en la llaga de la ruinosa educación que hoy tiene al gobierno federal contra las cuerdas (Carlos Fuentes dixit).

Quisiera terminar este artículo con una expresión del profe (Guillermo) Berrones.

Ay del cruel

indiferente

que mata con el hierro

Y digo quisiera porque tampoco podía faltar el viento esperanzador de Ximena Peredo.

***

Queremos agradecer a Carmen García Núñez quien diseñó el pendón del evento, a Miguel Ángel Rico por su valioso apoyo operativo, así como a Ignacio Zapata que nos echó la mano con parte del sonido. El evento fue coordinado y dirigido por Carmen Carrillo. (NdelaR)

lunes, 5 de abril de 2010

Palabra derrotada

Siempre quise
que aquella sin nombre
cayera en mis letras, atrapada.

Quizá una línea sujetó a alguna
a medias, mas mis ímpetus cambiaron:
No fui perverso hasta el final.

Hoy, a deshoras, se asoman,
y la que cuyo nombre llevo
ve a este hombre que vuelve.

Pero no a sus letras.
Las palabras, derrotadas
quizá no han servido bien para el amor.

domingo, 21 de marzo de 2010

Dejemos el amor para después

Empecé a escribir como la mayoría de los que empezaron a escribir muy jóvenes, por una mujer, o para conseguir novia, o para tener algo que le pudiera llamar la atención a una mujer.

Cuando entré a la prepa no había tenido ninguna novia, pero bueno, no llevaba un registro de eso. Al poco tiempo me fui acercando a la compañera de junto, una chava que me interesó, morena, pelo rizado, muy seria y aplicada. Se llamaba Mirthala. Y la imagen que guardo de ella es del día que llevaba falda de mezclilla, blusa color acua de manga corta y las pestañas pintadas de no sé qué color. A las pocas semana le dije: ¿Quieres ser mi novia? Y un sábado de septiembre me dijo que sí por teléfono. Duramos unos 15 días de novios, luego la cambiaron de grupo al de enseguida porque había habido un error en las listas. Me quedé un poco triste. Lo más que pasó fue que le di un sopresivo beso en la mejilla camino a su casa.

Como Mirthala se había ido al salón de enseguida, me acerqué a su mejor amiga. Ella se conmovió de que la hubieran cambiado de salón y pues me acompañó un poco en el trance. Y nos hicimos muy amigos. De Mirthala ya ni hablábamos. Ahora éramos ella y yo. De hecho con Mirthala creo que ni nos conocimos bien pues no platicábamos ni salimos. Luego me debió haber cortado, supongo. Pero no me acuerdo. El caso es que la amiga y yo nos hicimos terriblemente inseparables. Ella le gustaba leer y también se aplicaba en la escuela. Su nombre es Sofía.

Meses después le dije que estaba enamorado de ella y me dejó de hablar. Vinieron las vacaciones y al siguiente semestre me dejó de hablar. Luego pasó otro semestre y tampoco me habló. Para el último semestre me levantó el castigo y me volvió a dirigir la palabra, a condición de que el tema aquel quedara en el olvido. Pero en esos dos semestres empecé a escribir. En ese tiempo sabía menos que ahora de lo que era la poesía, pero para mí la poesía tenía que ser rimada, así que le escribía "poesías" que no eran otra cosa que cartitas pero todas rimadas, y por eso, porque eran rimadas, se escuchaban bien. Recuerdo que una de esas cartas, de unas 10 o 15 estrofas, terminaba diciendo:


Si aceptases mi amistad
perdonando lo que he sido
no dudes que estaré
infinitamente agradecido

El asunto es que no me conformaba con escribir esto, sino que además lo publicaba en el periódico mural de la escuela, de tal modo que todo el mundo se enteró que yo me traía algo con la tal Sofía. Al salir yo me fui a Ingeniería y ella se esperó un semestre y luego entró a Filosofía y Letras. Un día ella me invitó de oyente y empecé a ir a la facultad por unos tres años. Bueno, pero esa es otra historia. Sofía fue mi mejor amiga por muchos muchos años, y mis primeros poemas y cuentos fueron para ella, para el amor puro y sublimado que le profesaba. Nada de deseo ni de ningún acercamiento, era una especie de amor platónico. En ella está la génesis de aquella ciudad llamada Yadivia, que no es sino la historia de esa amistad ofrecida en una enorme metáfora de idealización. Una historia vocacional.

Pero desde esos lejanos días yo me proponía ser "escritor". Debería tener 16 ó 17 años. Y de mujeres, nada. Bueno, sí, alguna, una, que cuando me cortó me juré, como cualquier drama de adolescente despechado en toda forma, que se arrepentiría. Muchos años después me la volví a encontrar y me dijo algo muy bonito. Pero esa es otra historia.

Decía que estaba convencido que alguna gracia debía yo de tener, pues no era el mejor goleador, ni el más guapo, ni el más inteligente. Las chavas siempre se fijaban en otros. Tristemente se fijaban en los más patanes.

Creo que me pasó algo similiar que a un escritor muy conocido que cuando estaba en tercer año de primaria la maestra preguntó al grupo que qué querían ser de grandes. El escritor, bueno, el niño, dijo que él quería ser presidente. La maestra casi se burló de él diciéndole que no podía ser presidente porque su familia era protestante. El niño yo creo que que se quedó un poco traumado al escuchar algo así como que no tenía la capacidad. Pues cuando creció, si bien no se hizo presidente, sí desarrolló una inteligencia bien cabrona para critcar al presidente jaja, al poder, a los funcionarios, a toda la clase política. La maestra lo sobajó bien cabrón y el alumno sacó la casta: se hizo inteligente. O al menos lo que socialmente se conoce como inteligente, capacidad de crítica, buena memoria y, muy especialmente, lector de un chingo, pero un chingo de libros.

Bueno, pues si yo recibí alguna vez el mensaje de no ser digno de atención para ninguna mujer, pues me fui al lado opuesto, y desarrollé la capacidad de llamar la atención por medio de lo que escribía. Más de una vez un poema mío fue el detonante, la excusa, la servilleta, el roce. No era un seductor: me involucraba, lo que terminaba de resultar convincente.

Pero dejemos el amor para después: cada vez esto de escribir lo siento más difícil.

Al paso de los años esto de escribir fue adquiriendo otra tónica. Antes escribía más, ahora le pienso, le doy vueltas; es fácil que no me guste del todo lo que hago porque a veces siento que me puedo estar engañando yéndome por la fácil. Creo que me exigo un poco más, o más bien es más difícil que me dé gusto.

Para mí escribir ya no tiene que ver con la opinión de alguna mujer. Tampoco con si ando deprimido o triste. Hoy tiene que ver más con trabajar un sentimiento, una sensación, una imagen, un concepto, y darle la forma en que me gustaría que se leyera. Es algo así como intentar poner sobre la mesa un platillo calentado a 54 grados centígrados, pero sin termómetro a la mano, sólo calculando, quitando o poniendo el calor adecuado, como intuyendo cada palabra, pero teniendo muy claro el resultado final.

Pero es cierto, esa sensación o esa imagen o esa idea ya está dentro de uno. Ya la traigo, pero ahora trato de darle forma, escribir en el pentagrama de la hoja en blanco, el ritmo, la velocidad, la textura, la atmósfera que será interpretada por otra persona. En una palabra, hacer que lea (entiéndase piense y sienta) lo que yo quiero que lea y al ritmo que deseo.

Y sobre lo otro, con escribirle a una mujer, ahí están todos los poemas que me ha inspirado mi amada Nube, mi Carmen, mi mujer, que algún día voy a recopilar.

Por expresar ese lado del corazón, sigo sin batallar, bendito sea Dios.

martes, 24 de noviembre de 2009

lunes, 23 de noviembre de 2009

Daniel Salinas, poeta y periodista

Mi querido Daniel Salinas, además de estar con un ojo en el gato y otro en la llegada de su primer hijo, se dio el tiempo para escribir en su blog Eterno retorno (http://cunadeporqueria.blogspot.com/) un fragmento de la historia de nuestra amistad, y de paso anuncia, en un estilo que le agradezco, mi próxima lectura en escena:

Natural born poet en la "Cenicienta del Pacífico"
La Nostalgia abandona la penumbra y se sube a una nube ensenadense.

Hace ya algunos años, muchísimos en realidad, a principios de la década de los 90, alguien me sugirió que diera forma a algunos vómitos furiosos materializados en letras; viscerales escupitajos que en algún momento alguien se atrevió a llamar poemas y, lo que es peor, yo me atreví a publicar.
El decir que tenía 18 años de edad no es justificante. Aquello era una monstruosidad que a nadie se le desea. Siguiendo el consejo de pulir e intentar, en la medida de lo imposible, dar estructura a esos exabruptos, fue que ingresé al Taller Literario de la Universidad Regiomontana donde conocí a sui generis personajes, empezando por su coordinadora, Mara Gutiérrez, poetisa, cantante e iluminada mujer, habitada por espíritus arameos capaces de hacerla sorprender y sorprenderse con las más fascinantes improvisaciones. Nunca volví a ver a Mara, como nunca volví a ver a la inmensa mayoría de los integrantes de aquel grupo que integré entre 1993 y 1994.
Con el único que mantuve y he mantenido desde entonces una amistad que atravesó las barreras del tiempo y de la edad, es con Gerardo Ortega, un auténtico Natural born poet, tal vez el único de su especie que conozco.
Hay gente que en algún momento de su vida le da por hacerle a la poesía. Ortega en cambio nació con ella. La poesía es su auténtico tatuaje púrpura, su sábana de nubes arrastrada por una mañana eterna, la paloma cuya historia no fue breve. Un poema búlgaro que fue mucho más lejos de Sofía. De Sardica a Yadivia y de Monterrey a Ensenada hay infinitos valles y un amor (el orteguiano amor, que tratándose de él, es cosa seria) La vida de Ortega es un poema, para señas más específicas un poema de amor.
Mientras yo liberaba demonios y dagas sangrantes, él ponía púrpuras tatuajes en corazones rotos. Su Daimon es el duendecillo ese al que llaman amor, el mismo que por azares del destino, lo ha transformado en un visitante habitual de tierras bajacalifornianas. Toda su poesía apunta hoy en día a Ensenada.
Yo le he dicho que se nacionalice ceniciento, que tramite su carta de ciudadanía ensenadense, que Monterrey estuvo bien para crecer, pero hoy en día esa ciudad apesta a mierda y está podrida. Sospecho que algún día me hará caso.
Por lo pronto, si su poesía apunta a Ensenada, justo es que venga a leerla, o más bien dicho a recitarla de memoria, a la orilla del Pacífico.
La cita es el próximo sábado y yo no podré estar ahí. El oráculo vaticina que esa noche de sábado estaré cambiando un pañal, o estaré montando guardia en la maternidad o acaso, en el más improbable de los casos, mirando el reloj para ver a qué horas se le ocurre venir al mundo a este Señor Conejito tan fascinado con el juego del pastor mentiroso.
Yo no podré estar ahí, pero si algún improbable lector anda por rumbos cenicientos esa noche, de verdad le recomiendo que se de una vuelta por La Alcoba.