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lunes, 18 de enero de 2016

Daniel el viajero

El mar es uno de sus compañeros.

El viernes 18 de agosto de 1978 un niño de cuatro años viaja con su familia en un Dodge Dart blanco 
de la ciudad de Monterrey hacia un lugar que no olvidaría jamás. El niño se acerca a la ventana, observa con asombro luminoso lo que no alcanza a comprender, pero que convertido en imagen motivará algunas de las decisiones importantes de su vida.

Daniel, cuando era pequeñito.

Aquel primer día de vacaciones, desde el puente de Puerto Isabel, frente a la Isla del Padre en las costas de Texas, un pequeñito de nombre Guillermo Daniel Salinas Basave vio el mar por primera vez y para siempre.


La idea de viajar dio señales de fuerza con la hormona adolescente de sus 14 años, cuando junto a un amigo de la secundaria hizo un recorrido del tamaño de su inquietud: De Monterrey a Chiapas, cruzando por Veracruz y Tabasco. Una libertad llena de aventura, y otra vez de imágenes nuevas, de euforia, de libertad.


El virus de viajar estaba implantado.


*
Daniel y yo el sábado 14 de agosto de 1993 en una primera lectura pública.
De 1993 a 1994 Daniel y yo asistimos al mismo taller literario en el Monterrey natal. Lo conocí a una edad en la que la vida de adulto era una película que aún no se filmaba, pues el guión se apuntaba a lápiz en una libreta que a veces olvidábamos.
Aquel taller tenía como labor emblema preparar lecturas dramatizadas y presentarlas en un teatro. Rubio y de pelo largo, vestido de negro y a veces descalzo, él recitaba de memoria poemas deicidas, apocalípticos, irreverentes. Provocaba reacciones encontradas pero siempre afectuosas. La mayoría de los asistentes eran familiares y amigos cercanos.

*
A inicios de los noventa, para el joven Daniel el territorio de sus viajes eran las calles de Monterrey, de punta a punta. Sus aficiones siempre han sido el metal y en ese entonces los toquines en Factores Mutuos, o los que se armaban en El Clan, un antro de Monterrey, o los de algún rave en el Deambulatorio, donde explotaban los sonidos industriales dentro de la apagada Fundidora, y a donde alguna vez lo acompañé.
La juventud y la mesura nunca han sido grandes amigas, por ello nadie presagiaba al padre modelo y al esposo de Carolina con quien está casado desde el siglo pasado. Lo que sí parecía un anticipo eran sus lecturas infantiles y el santuario de la biblioteca de su abuelo, augurio de los cientos de libros que amueblarían su cabeza.

Octubre de 1996. 
El vuelo es Boston–Reijkavik–Londres. Primer brinco al charco. Daniel el viajero se gradúa con un bautizo sobre el Atlántico. Tiene 22 años.
Visité siete países con mención honorífica a Islandia, Escocia y norte de España. Volví a Euruapan en 1999, el primero de muchos viajes con Carolina. El viaje por República Checa y Austria en 2004 fue punto y aparte. Fui a Italia en 2001; los tres viajes a Sudamérica y el de China en 2009.

*
Bajacaliforniano por adopción, la vida lo hizo periodista, las lecturas lo volvieron escritor, y la curiosidad le regaló ser viajero, un viajero que busca perderse.
Qué clase de viajero eres, le pregunto, ahora con media película filmada. Soy mochilero y caminador, porque viaje sin caminata no es viaje. Uno de los máximos placeres que tiene la vida humana es caminar por vez primera una ciudad y caminarla sin rumbo ni guía, buscando intencionalmente perderte.
Es evidente que no prefiere las rutas establecidas. ¿Qué evitas?, le pregunto.
Evito lo descaradamente turístico. Evito lo hecho a priori para el turista. Tomar un tour con guía bilingüe es una aberración.

El sábado 8 de mayo de 1999 Daniel y Carolina se establecieron en Playas de Tijuana, en una casa a 20 metros del mar. Hasta esta tarde han pasado 20 años, 8 meses y 20 días desde aquel hallazgo profundo de un niño rubiecito de cuatro años en Puerto Isabel, pero su impresión está intacta.

Se puede afirmar que desde entonces, Daniel viaja con el mar todos los días.






martes, 1 de diciembre de 2015

"Bronco, la nueva independencia"

Lo sé, lo sé, el ego, esa bestia semidomesticada, a veces un poco salvaje. 


Con esta van dos veces que el Daniel me menciona en un libro suyo. El primero fue "Réquiem por Gutemberg" y el segundo es "Bronco, la nueva independencia". Uno intenta guardar la compostura, pero estos regalos no lo dejan, chingao. 

Pero se agradece mucho.

Aún no lo termino.







martes, 14 de julio de 2015

Es Daniel Salinas primer finalista en premio nacional. "Subcampeonato que sabe a triunfo".


 “La mañana lluviosa de abril en que Salomón Saja asesinó de cuatro balazos al Gato Barba, tú estabas celebrando tu cumpleaños número catorce recién expulsado de la secundaria y ni en tu peor pesadilla intuías que ibas a dedicarte al periodismo. De la muerte del Gato Barba no te enteraste ese día ni al día siguiente ni supiste del asunto hasta muchos años después, cuando ya chapoteabas en fangos reporteriles y aún tenías fe en el oficio. Aquel 21 de abril de 1988 creías tener otras preocupaciones que nada tenían que ver con un periodista fronterizo acribillado por los escoltas de un junior prepotente”, así comienza la novela “Vientos de Santa Ana”, obra con la que Daniel Salinas Basave obtuvo el segundo lugar del Premio Mauricio Achar / Literatura Random House, con un jurado integrado por Julián Herbert, Cristina Rivera Garza, Emiliano Monge y Jorge Lebedev, informó el autor el día de ayer.

El primer lugar lo obtuvo la escritora de 19 años Xilolen Arroyo con Historia de un campeón latino en Estados Unidos. La narradora obtiene 250 mil pesos por el premio.


Para Salinas Basave, por su parte, se trata del cuarto reconocimiento que obtiene en los nueve meses recientes, y el primero en la categoría de novela.
En entrevista se le cuestiona sobre su obra: ¿Cuál es la semilla de esta novela?
—Lo que significa ser reportero de tropa y la imposibilidad de hacer justicia aunque demuestres la verdad.

¿Es una historia sobre la labor del periodista?
—Es una historia sobre lo que significa patear la calle como reportero, lo que significa la trinchera urbana y también la ruta de salmón en donde a menudo tu primer enemigo es el medio donde trabajas o tú mismo y tus ambiciones.

El colaborador del suplemento "Palabra" del periódico El Vigía mencionó que la novela está contada desde la segunda persona por un personaje de nombre Guillermo Demian Lozano y desde una primera persona por una joven reportera de nombre Ámber Aravena.

El jurado del premio estuvo integrado por Julián Herbert, Cristina Rivera Garza, Emiliano Monge y Jorge Lebedev y participaron 392 novelas de todo el país. 
Es el cuarto premio que obtiene Salinas Basave en menos de un año y el primero en novela.





martes, 16 de junio de 2015

Obtiene Daniel Salinas Premio Nacional de Literatura

Gerardo Ortega/El VIGÍA
Ensenada, B.C.

El escritor bajacaliforniano y colaborador de El Vigía, Daniel Salinas Basave, obtuvo el premio nacional Gilberto Owen de Literatura 2015, en la categoría de cuento, publicó ayer lunes 15 de junio la página del Instituto Sinaloense de Cultura.El ensayista y parte del equipo de columnistas del suplemento "Palabra" de este diario ganó con el libro Días de whisky malo, un volumen de seis cuentos.Este reconocimiento es el tercero que Salinas Basave ha recibido en los últimos ocho meses; recientemente ganó el premio Malcolm Lowry de ensayo literario 2014 por su libro Cartografías de Nostromo. Relatos de espías, embajadores y embusteros, y en noviembre pasado recibió el Premio Regional de Cuento Ciudad de La Paz 2014. El premio Gilberto Owen está dotado de 120 mil pesos y diploma, y su entrega será dada a conocer oportunamente tanto a los interesados como al público en general.El jurado estuvo formado por Eduardo Antonio Parra, Liliana Blum y Carla Faesler.El concurso es convocado por el Gobierno del Estado de Sinaloa, a través del Instituto Sinaloense de Cultura, con el apoyo de la Dirección General de Vinculación Cultural del Conaculta y del Instituto Nacional de Bellas Artes, y está dirigido a escritores mexicanos radicados en nuestro país, en Estados Unidos y Canadá.Se trata de uno de los premios literarios con más prestigio en el país, para honrar la vida y obra de uno de los más grandes escritores que ha dado Sinaloa, como lo es Gilberto Owen, nativo del municipio de Rosario.

Daniel Salinas Basave nació en Monterrey, NL, en 1974. Radica en Tijuana desde 1999.

domingo, 24 de mayo de 2015

Comentario de Daniel Salinas Basave a mi librito de poemas

Con motivo de la aparición de Por qué no vuelves y me dejas en paz, Daniel Salinas Basave publicó lo siguiente:



Exilio a Sárdica y Yadivia
Hay poemas –o fragmentos de los mismos– cuyo destino es transformarse en eternos compañeros de viaje. De una forma u otra, creo que todos los lectores tenemos ocultos por ahí unos cuantos versos-tatuaje capaces de irrumpir en momentos y escenarios improbables.
La poesía se vuelve similar a una tonada pegadiza cuyo tarareo surge así, de repente y sin decir agua va, como un delfín que sale cada cierto tiempo a la superficie del Pacífico en la altamar de nuestra vida.
¿Cuándo y por qué la poesía se vuelve huésped de las profundidades del subconsciente? Mucho tiene que ver el momento de la vida en que es leída por vez primera. Si nos aficionamos a la obra de un poeta en la adolescencia o en la temprana juventud hay altas probabilidades de que una o varias estrofas se queden a vivir en nuestras alforjas. Hay quien navega por la vida armado con un verso de Neruda, de Vallejo, de Lorca, de Machado o de Miguel Hernández. Yo suelo vagar con versos de Gerardo Ortega con la misma obstinación con la que voy acumulando kilometraje de calle en unos tenis rojos. Nunca he sido un buen lector de poesía, ni poseo argumentos críticos para determinar las razones por las que un poema me parece bueno. Lo mismo me ocurre con los vinos. Hay catadores que me hablarán de esencias, aromas y añejamiento en barricas de roble. Yo solo sé que ciertos vinos se llevan bien con mi organismo. Así me sucede con los poemas.
Conocí la poesía de Gerardo Ortega en el verano de 1993 y desde entonces se quedó a vivir en la mochila de mis vagancias.
Quizá mi recuerdo más añejo de esos poemas sea escucharlos en boca de su autor una tarde de agosto en lo alto del Cerro del Obispado. Las décadas pueden acumularse en nuestra vida, pero para mí la imagen de la poesía orteguiana siempre será ese viejo refugio arzobispal regiomontano construido en el Siglo XVIII, en cuyo oratorio debe haber un Cristo suspendido que se estremece.
Desde esos ayeres, mis mañanas suelen arrastrar sábanas de nubes y hay espaldas extendiéndose sobre la noche en ciudades perdidas donde habitan tristezas que seducen y rosas empuñadas como espadas vencidas.
Acaso bajo el Obispado haya un túnel secreto capaz de llevarme a Yadivia. Los poemas pueden llegar a ser pertinaces y acosantes, aunque su esencia es traslúcida y nublada. A tal grado se impregnan en la vida diaria, que mi semana comienza en lunes y acaba en diciembre.
Y fue en un atardecer decembrino, con brisas envueltas en playas y reflejos regados en un vestido, que empecé a leer Por qué no vuelves y me dejas en paz, el poemario más reciente publicado por Ortega. No hablo de “nuevo libro” porque creo que lo de Ortega no son piezas mostrencas, sino la obra de una vida. Todas las letras que ha liberado, desde el Fantasma de 1991 a Hijos en 2014, forman parte de un mismo libro y creo que todos los poemas, aun los que no había leído, me dicen algo.
Leí Por qué no vuelves y me dejas en paz en una sola sentada, sin levantarme de mi silla, con un solo vaso de Jack Daniels y de pronto tuve la sensación de que llevo más de dos décadas leyendo ese libro.
Ahora lo saco pasear la plaza de mi Sárdica imaginaria (tal vez algún día me exilie a la antigua capital del reino búlgaro) para construir mi propio enero y concluir que desde hace veinte años estas letras vuelven para hacerme encontrar algo parecido a la paz.
danibasave@hotmail.com

lunes, 13 de octubre de 2014

Daniel Salinas Basave gana el premio Malcolm Lowry de ensayo literario 2014


El escritor tijuanense Daniel Salinas Basave ganó el premio Malcolm Lowry de ensayo literario 2014 por su libro Cartografías de Nostromo. Relatos de espías, embajadores y embusteros.
“Por su trascendencia e historia es el premio más grande e importante que he ganado en mi vida, eso no puedo negarlo. Cada reconocimiento es importante, pero este marca un salto”, afirma Salinas Basave sobre el reconocimiento.
Para llegar a elaborar este libro, el originario de Monterrey confiesa su pasión por la historia. “Me apasiona el Siglo XIX mexicano, pero en especial la primera década de vida independiente. Creo que el periodo embrionario acaba con el suicidio ritual de Manuel Mier y Terán frente a la tumba de Iturbide”.

Poinsett y la infamia
Reconoce que una influencia fundamental para su obra premiada fue el libro Poinsett, historia de una gran intriga, de José Fuentes Mares.
“[Joel Roberts] Poinsett (1779-1851) es un personajazo, afirma el escritor, infamia en estado puro, un sembrador de discordia; el Nostradamus del Estado fallido y un amante de las flores mexicanas
“El 17 de octubre de 1984 conocí a José Fuentes Mares en casa de mi abuelo. Fueron muy amigos. La historia me apasiona desde la infancia, pero entonces ni era sencillo encontrar libros que contradijeran el catecismo oficialista como lo hizo siempre Fuentes Mares.”
El premio de ensayo literario Malcolm Lowry, es un reconocimiento que anualmente y desde 1986 convoca el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) para “estimular el ensayo literario, centrándose en la investigación de la obra de cualquier narrador, ensayista, cronista, poeta o estudioso extranjero, de cualquier época, cuyo tema se refiera a México”.

La poinsettia
Salinas Basave ahonda en el periodo que le apasiona, los primeros años del México independiente y sobre aquel libro que, desde los ojos de un extranjero, observan a un país que acaba de salir de la sala de parto.

"El país era un embrión descomunal, sin conciencia sobre su rol en la geopolítica mundial. El libro trata sobre las primeras miradas extranjeras que hubo sobre el México independiente, una suerte de reinvención de la cosmovisión del país a través de ojos anglosajones. Incluye algunas historias previas, como la del alucinado reverendo Thomas Gage, el primer inglés que escribió sobre México en el Siglo XVII. Un pequeño escarceo sobre la historia de lo que pudo haber sido si Lord Byron en vez de ir a pelear por Grecia hubiera venido a México. Byron caminaba las mismas calles y frecuentaba los mismos sitios que el Padre Mier y Xavier Mina en la primavera de 1816. Mina salió de Inglaterra rumbo a México y Byron a su autoexilio con dos semanas de diferencia
"Henry George Ward el primer embajador inglés de la historia, tuvo una hija mexicana a la que llamó Guadalupe. Emily Ward fue la primera pintora extranjera en retratar paisajes de México. Ward acabó siendo gobernador en Ceilán, mientras Poinsett sembró mil y un intrigas pero también clasificó flores e inmortalizó su nombre en la poinsettia".

jueves, 11 de noviembre de 2010

Daniel contra los mitos


Fiel a su vocación iconoclasta de bajar ídolos de sus altares y demoler monumentos de bronce, Daniel Salinas Basave presentará su libro Mitos del Bicentenario, en Ensenada e impartirá la conferencia “Fábulas y Mitos de la Revolución Mexicana. Los ídolos rotos del movimiento armado 1910”. La idea es poner un poco de piel humana, sangre, sudor y corazón en el cuerpo de las deidades de la historia oficial. Aquí se hablará con brutal honestidad, claro y de frente, con una versión contrastante a la narrada por el catecismo político.
La cita es en la Teleaula del Cearte Ensenada, el viernes 19 de noviembre a las 18:00 horas. Entrada libre.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Daniel Salinas, poeta y periodista

Mi querido Daniel Salinas, además de estar con un ojo en el gato y otro en la llegada de su primer hijo, se dio el tiempo para escribir en su blog Eterno retorno (http://cunadeporqueria.blogspot.com/) un fragmento de la historia de nuestra amistad, y de paso anuncia, en un estilo que le agradezco, mi próxima lectura en escena:

Natural born poet en la "Cenicienta del Pacífico"
La Nostalgia abandona la penumbra y se sube a una nube ensenadense.

Hace ya algunos años, muchísimos en realidad, a principios de la década de los 90, alguien me sugirió que diera forma a algunos vómitos furiosos materializados en letras; viscerales escupitajos que en algún momento alguien se atrevió a llamar poemas y, lo que es peor, yo me atreví a publicar.
El decir que tenía 18 años de edad no es justificante. Aquello era una monstruosidad que a nadie se le desea. Siguiendo el consejo de pulir e intentar, en la medida de lo imposible, dar estructura a esos exabruptos, fue que ingresé al Taller Literario de la Universidad Regiomontana donde conocí a sui generis personajes, empezando por su coordinadora, Mara Gutiérrez, poetisa, cantante e iluminada mujer, habitada por espíritus arameos capaces de hacerla sorprender y sorprenderse con las más fascinantes improvisaciones. Nunca volví a ver a Mara, como nunca volví a ver a la inmensa mayoría de los integrantes de aquel grupo que integré entre 1993 y 1994.
Con el único que mantuve y he mantenido desde entonces una amistad que atravesó las barreras del tiempo y de la edad, es con Gerardo Ortega, un auténtico Natural born poet, tal vez el único de su especie que conozco.
Hay gente que en algún momento de su vida le da por hacerle a la poesía. Ortega en cambio nació con ella. La poesía es su auténtico tatuaje púrpura, su sábana de nubes arrastrada por una mañana eterna, la paloma cuya historia no fue breve. Un poema búlgaro que fue mucho más lejos de Sofía. De Sardica a Yadivia y de Monterrey a Ensenada hay infinitos valles y un amor (el orteguiano amor, que tratándose de él, es cosa seria) La vida de Ortega es un poema, para señas más específicas un poema de amor.
Mientras yo liberaba demonios y dagas sangrantes, él ponía púrpuras tatuajes en corazones rotos. Su Daimon es el duendecillo ese al que llaman amor, el mismo que por azares del destino, lo ha transformado en un visitante habitual de tierras bajacalifornianas. Toda su poesía apunta hoy en día a Ensenada.
Yo le he dicho que se nacionalice ceniciento, que tramite su carta de ciudadanía ensenadense, que Monterrey estuvo bien para crecer, pero hoy en día esa ciudad apesta a mierda y está podrida. Sospecho que algún día me hará caso.
Por lo pronto, si su poesía apunta a Ensenada, justo es que venga a leerla, o más bien dicho a recitarla de memoria, a la orilla del Pacífico.
La cita es el próximo sábado y yo no podré estar ahí. El oráculo vaticina que esa noche de sábado estaré cambiando un pañal, o estaré montando guardia en la maternidad o acaso, en el más improbable de los casos, mirando el reloj para ver a qué horas se le ocurre venir al mundo a este Señor Conejito tan fascinado con el juego del pastor mentiroso.
Yo no podré estar ahí, pero si algún improbable lector anda por rumbos cenicientos esa noche, de verdad le recomiendo que se de una vuelta por La Alcoba.