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domingo, 6 de septiembre de 2015

Mujeres no feministas

Me gusta convivir con amigas que parece que el feminismo no les aporta mucho por estar ya empoderadas. Es decir, que han aprovechado sus oportunidades al máximo, o se han creado oportunidades. Ellas son un ejemplo para mí.

Y sí, suscribo muchas de las posturas feministas.

domingo, 25 de agosto de 2013

Mujeres e historia, novela Cómo se pasa la vida

Las buenas historias deben entretener, pero también se agradece si aportan algo al entendimiento y a la comprensión del mundo, y una parte del mundo se llama Baja California.

Los libros de historia están llenos de fechas, guerras y lugares; hechos gloriosos algunos, o batallas, sangre de mártires y fundaciones. Esos libros tratan de explicar y registrar los hechos presuntamente más importantes. Pero ¿quién definió qué es lo más importante? ¿Puede ser digna de contar, más allá del entretenimiento, una historia de amor que sea la saga familiar que incluya amores desiguales, traicionados e impetuosos?

Cómo se pasa la vida es la más reciente obra de María Eugenia Bonifaz de Novelo, escritora de larga trayectoria y que aborda lo mismo la historia que el tema de las mujeres en la sociedad. Y estas dos líneas las podemos encontrar en la novela que se presentará este martes 27 de agosto del 2013 a las 19:00 horas en el Cearte de Ensenada, BC.

—En su novela hay elementos históricos principalmente relacionados con Baja California en el siglo XX, pero la mayor parte transcurre en ámbitos asociados a las relaciones amorosas y familiares. Pareciera que las mujeres de su novela buscan en el amor y la familia la realización personal. ¿Será la suya una novela de amor?

Efectivamente, es principalmente una novela de amor, desde los abuelos hasta Claudia y Marina. Amores sólidos, amores impetuosos, amores desiguales, traicionados, amores decepcionantes (Marina)...
Siento que la mujer busca su realización personal, en primer lugar, en el amor y la familia; ha sido así desde el principio por muchas razones: la preservación de la especie, el complemento emocional y afectivo que da la unión con el hombre, incluso, factores económicos influyen en muchos casos.
Ahora bien, existe sin duda una inclinación en ella para realizarse también en infinidad de maneras y hoy, por fortuna, lo está logrando ya que hasta mediados del siglo XX esto era una rareza, para nosotras las oportunidades estaban sumamente limitadas y hasta prohibidas. Gracias a Dios las mujeres se han educado, se atreven a abrir un negocio, a participar en la vida comunitaria, las cosas han cambiado.

 —Me llamó la atención que no deja fuera las desigualdades sociales representadas por la explotación de los mineros y la forma en que vivía la gente pudiente de la época. En ese aspecto ¿hubo pasajes o elementos que debió de dejar fuera por cuestión de espacio o cualquier otro motivo?

Las desigualdades que siempre existen en todo lugar y en toda época las expresé en personajes como Chorín, quien recogía los desechos de las leltrinas, en Chuy que vivía en una cueva, pero con dignidad, y en el cuento de Pedro el Minero.

—¿Cómo definiría la mirada de los personajes femeninos, especialmente la de Claudia, que es el eje de la historia?
Serena y penetrante.

—¿Qué eventos provocaron que fuera el poblado de Santa Rosalía el principal escenario? ¿Por qué la escogió?
Porque me pareció un lugar muy interesante dado su azaroso desarrollo, la diversidad de sus pobladores y las circunstancias galo-mexicanas que le dieron una personalidad tan especial.

—Podría hablar un poco de la protagonista, Claudia de Eguía Ulloa. ¿Nació aproximadamente en 1932? Pareciera que porta la esencia familiar y a la vez es su historiadora.

Sí, nació precisamente en 1932 y en ella confluyen las corrientes de un abuelo español: imaginativo, y una abuela mulegina, no menos recia; así como los maternos: osados y, aunque ausentes, siempre en contacto. Sus padres, más serenos, le brindan la estabilidad necesaria para formar su carácter. Hereda la afición por escribir de un abuelo, la fortaleza de las abuelas y la visión de la historia que tenía el abuelo materno quien legó los libros que su madre llevó consigo a Santa Rosalía y de contenido histórico. Recordará usted cómo le iba describiendo los pasos de los primeros exploradores a su recién desposada cuando hicieron su luna de miel por el Pacífico.

—¿Qué espera de un lector de esta novela?¿qué le gustaría provocar en él?
Que conozca un poco más de la saga californiana, desde los misioneros, colonos militares y civiles de excepcional reciedumbre que a través del tiempo lograron sobrevivir en condiciones muy adversas, y que esto provoque admiración que provenga del conocimiento. Y como lo expresé en la dedicatoria, que valoremos más la labor de los mineros. Como todo trabajo de ficción, espero que también entretenga, a menos por un rato, al que lo tenga en sus manos.

—¿Qué es el amor para Marina?¿le tiene miedo y se hace la valiente?¿de dónde proviene cierta "amargura"?
Un anhelo insatisfecho. No, no tiene miedo, ella es valiente. Desgraciadamente no tuvo suerte, como tantas en la vida real. Al no encontrarlo, es natural que surja la amargura.


yadivia@hotmail.com

lunes, 8 de noviembre de 2010

Soñó, creyó y ahora es la única paraguaya que pilota un airbus

Para Letizia, la vida es una escalera infinita, tan inmensa como el cielo que recorre con sus 3 a 4 vuelos semanales. Dueña de una energía única, muestra cómo la perseverancia hace que los sueños se cumplan.

Por Patricia Figueredo / Última hora.com
pfigueredo@uhora.com.py

Letizia quiso ser astronauta, y su hermano sutilmente le recordó que no había nacido en los Estados Unidos. Después tuvo ganas de ser agente de la FBI, lo que tampoco prosperó.

Incluso tuvo deseos de ser miembro de la CIA, dice. Pero ahora esos son solo recuerdos, porque visitar un aeropuerto y ver despegar un avión fue suficiente para que a los 7 años sepa que volar sería su verdadera pasión.

Al principio pensó en ser azafata, porque no sabía que alguna fuera piloto de aeronave. Hoy, Letizia Ruiz, con 35 años de edad, es la primera paraguaya piloto con licencia comercial y habilitación IFL (vuelo por instrumento) que comanda aeronaves Airbus 319–320–321 de TAM líneas aéreas.

"Le dije a Alfredo, mi hermano: voy a ser azafata porque vi que eran hermosas, y él me dijo: ′No, vas a ser piloto′. Y allí dude... Pero, si solo eran hombres, dije, y él insistió con que sea piloto, y añadió: ′ Vas a ser la primera, Letty′", recuerda.

Así empezó el vuelo de su vida. En el año 1993 comenzó su carrera de piloto con la licencia de aviación civil, nivel que muchas otras ya lo habían alcanzado, pues es el primer escalón dentro de esta profesión.

A escondidas de toda su familia fue a las Fuerzas Armadas para entrar en la aviación militar, pero nunca la recibieron. Sin embargo, su sueño seguía intacto. Tal es así que en el 95 formó parte de la empresa aérea Lapsa como azafata y en el 96, con osadía, pidió ser piloto, donde fue aceptada.

De ese modo siguió estudiando y pudo pagar las horas necesarias de vuelo para finalmente alcanzar la licencia comercial en 1998 y romper paradigmas, convirtiéndose en pionera dentro de un rubro netamente masculino. A Letizia no le fue fácil. El estrés del perfeccionismo, ese plus de no equivocarse, además de estar en la mira en un país que aún conserva raíces de machismo, pesaron.

Ella sostiene que jamás menospreciaría al Paraguay, y reconoce que aprendió a sobrevivir y a fortalecerse de cada tropezón experimentado durante su carrera. "Mi filosofía de vida es la siguiente: del sufrimiento me fortalezco y de lo bello me edifico", dice.

UNA PASIÓN
No le basta con subir al avión, darle potencia y volar. No. Aún habiendo hecho un montón de cosas durante el día y con el cansancio a cuestas, al abrocharse el último botón del uniforme, una adrenalina intensa le inunda y todo cambia a su alrededor.

"El ambiente ya tiene otro color, el aire tiene otro olor... Chemoporimba cuando empiezo a hablar de eso", asegura, mientras deja ver cómo se le eriza la piel. Controlar el combustible, las condiciones climáticas, la seguridad y otros detalles son las actividades que con sumo cuidado realiza en cada vuelo, como si fuera la primera vez.

"Tenés una responsabilidad tan grande, tan divina. Cuando le estás dando potencia a esos motores y salís de la tierra ahí comienza todo, hay la responsabilidad de llegar a destino", señala Letizia, quien tiene un brillo distinto en los ojos cuando de aviones se trata la conversación.

Asegura que en la aviación es difícil querer describir todo con palabras. El amor, el aprecio y el respeto que le tiene a la profesión son inmensos. "Es como querer darle forma al aire, es imposible. Esto es muy grande", sostiene.

Letizia aún quiere seguir conquistando los aires con más vuelos. Ella sabe que los límites se los pone cada uno y precisamente no tiene la intención de parar. En categoría de pilotaje llegó a lo máximo. Ahora le queda volar aviones cada vez más "grandototes", como dice su pequeña hija Valerie.

ESPOSA, MAMÁ, AMIGA, VETERINARIA...
"Mi marido normalmente me dice que cuando voy a volar estoy descansando, pero cuando no estoy volando estoy trabajando", comenta, mientras ríe explosivamente.

Letizia, como toda mamá que desempeña funciones fuera de la casa, es una mujer multifacética e hiperactiva. Ella lo reconoce. "Cuando aterrizo ya me saco el uniforme y me transformo en veterinaria, doctora, pediatra, jardinera, arquitecta, lo que sea. Para dar soluciones a todo y en todo y en un solo día. Nacimos con ese don, gracias a Dios", dice.

Tiene dos hijos, Alexander Matías y Valerie. Está casada con Alberto Blanco.

sábado, 10 de abril de 2010

Mujeres que miran a mujeres

Pues bien, estoy a punto de convencerme de que al menos tres cuartas partes de este blog es leído por mujeres. Y también resulta que siempre me ha dado curiosidad la manera en que ellas se ven a sí mismas y ven el mundo.

Hace poco, a raíz de los artículos aquí publicados (por ejemplo los de "Hablemos mal/bien de las mujeres") hice una pequeña encuesta pidiendo la opnión sobre quiénes serían las mujeres más relevantes, dignas de admiración. Esta pregunta era sólo para ellas.

Amablemente, la mayoría me contestaron compartiendo su punto de vista. Entre las respuestas hubo variedad y respuestas interesantes. Aquí van algunas:


"Sandra Russo (argentina) no tiene ningún título pero es escritora, periodista, conductora de TV y feminista. Actualmente trabaja en radio, televisión y en el periódico, por lo cual ya no puede dedicarse a su blog y a sus talleres presenciales. La “conocí” hace cuatro años vía web y fue uno de los nombres que vinieron a mi mente cuando me preguntaron sobre mujeres importantes, inteligentes y contemporáneas, mujeres comprometidas, cuya mirada me interpela."

LMga, Paola Gericke, creativa y escritora.


"Sanjuana Martínez: la voz de la integridad. Sanjuana ha hecho del periodismo su estandarte. Detrás de la duda está la posibilidad de cambio, de información veraz. Ella tiene dudas, cuestionamientos, y los conduce a quienes van dirigidos. No se anda con rodeos. Enfrenta las cosas, investiga y comparte sus hallazgos. Señala aquellas cosas que le parecen injustas o sospechosas. Su búsqueda de la verdad se refleja en su trabajo incansable. Es una de las mujeres en las que se puede confiar, pues posee una integridad intachable y una estatura moral que pocas veces se encuentra. Es además un ejemplo de tenacidad y profesionalismo."

Lorena Sanmillán (LSM), escritora.


"Lo único que me viene a la memoria y por la saturación de estos días es Mercedes Sosa (derechos de los indígenas, arte y política)".

Raquel Esquivel. Cantante y poeta.



"(Para mí unas de las mejores son) Denise Dresser y Carmen Aristegui. Por su inteligencia, por su profesionalismo, por su entrega y por ser las más chingonas en su área."

Carmen García Núñez, fotógrafa y diseñadora.


Estas fueron algunas de las respuestas. Otra más, la de la Mariana Pérez-Duarte, poeta y al igual que Raquel Esquivel y Carmen García Núñez, madre, fue un poco más allá al compartir algunas de sus experiencias al lado de mujeres significativas en su vida, así como en relación con los diferentes cambios del entorno geográfico que ha experimentado:

"No pierda de vista que las mujeres (cualquier mujer en cualquier casa en cualquier esquina de nuestro país, ciudad, mundo) y me refiero sobre todo a las madres de familia, hacen un trabajo monumental a nivel personal, familiar, social, cultural, sanitario que permanece en la sombra, que no está reconocido ni por sus beneficiarios más directos. Sería interesante que le echara un ojo (si no lo ha hecho ya) a Una Habitación propia, de Virginia Woolf, es un ensayo muy cortito, irónico, inteligentísimo, sobre las mujeres y su papel en la sociedad, el arte, la cultura y la ciencia. Y es muy muy actual".

Y continuando con la labor de las mujeres, Mariana agrega:

"Lo triste es que primero pensé en mujeres importantes para mí aquí España (no en México), concretamente en una que hace una "labor de hormiga" trabajando con mujeres y familias...mi matrona, Mercedes Serrano, que también coordina grupos de trabajo. Entonces en un momento vi mi propia trayectoria: de vocación social, trabajo comunitario, pandillas, centros culturales, programas a nivel nacional a mamá, trabajo espiritual, pareja, proyecto de persona. En los últimos 8 años he pasado de pensar que tengo un deber de transformar la sociedad a la convicción de que lo único que puedo hacer para cambiar el mundo es cambiarme a mí misma, mi forma de ser, de pensar, de parir, de criar, de amar...radical ¿no?

Así que he perdido de vista al conjunto de la sociedad y por supuesto he perdido de vista a Monterrey y a México. Cuando quise "volver" al contexto local y nacional primero estuve tentada a decir "mi tía Yvonne" porque es una mujer admirable, que ha criado a 7 hijos y que es una mujer ejemplar, comprometida, que ha trabajado para su comunidad en el plano social, familiar, espiritual. Luego me di cuenta de que la pregunta requería pensar en alguien con más "repercusión" ¿tal vez Thelma Meras, o Vero Martínez, trabajadoras comunitarias amigas mías? Quizá mujeres "importantes" como Minerva Margarita Villarreal, Carmen Alardín, Diamantina González, Alicia Olivares, Alejandra Rangel, Mari Zebadúa. Pero a lo mejor te referías a alguien más famoso como Rigoberta Menchú. La verdad es que también pensé en muchos hombres dignos de admiración...pero para ese momento ya estaba totalmente descentrada.

Así que volví a mí: aquí y ahora, algunas mujeres que considero muy importantes para la sociedad en general son las que han escrito sobre mujeres, sobre la salud física y emocional y sobre una "nueva" forma de relacionarse consigo misma, de cuidarse, de parir, de criar, de crear, de ser pareja: Christiane Northrup (ginecóloga holística, ha fundado centros de salud integral para mujeres), Sheila Kitzinger (matrona promotora de parto respetuoso), Aletha Solther (directora del centro de Paternidad Consciente en Estados Unidos, da conferencias y talleres sobre este tema a nivel mundial), Laura Gutman (argentina, psicoterapeuta junguiana promotora de una forma de criar más apegada a las necesidades emocionales básicas de los seres humanos). Todas han escrito libros, fundado centros de trabajo y viajado con sus ideas por el mundo".

Hasta aquí las aportaciones de algunas mujeres, todas en los 30 años, algunas madres, pero sobre todo chavas que se han ganado mi admiración a lo largo de mucho tiempo.




lunes, 29 de marzo de 2010

Hablemos bien de las mujeres

Empezamos hablando mal de las mujeres, del oropel que envuelve una frivolidad radiante y voluptosa, de esa niebla que no deja ver el fondo y sí pone en evidencia el predominio de la imagen sobre algo más hondo y mucho menos sujeto a las leyes del tiempo y la gravedad.

Empezamos hablando mal de ellas, y vino Ángela, una dichosa amante de las matemáticas, a decirnos que le importa más realizarse como persona de ciencia que preocuparse por la cantidad y el modelo de sus zapatos.

Y es que hay algo en las mujeres que nos incumbe a todos, porque todas tienen algo que nos hace crecer. Si más Estados, por ejemplo, estuvieran gobernados por mujeres comprometidas, con toda seguridad disminuirían las guerras, pues sólo una madre podría entender el significado de ir a matar al hijo de otra madre. Ahora bien, en un pleito legal, una mujer se pondría del lado de sus hijos, incluso por encima de ella misma, a diferencia de un hombre, que ante todo enarbolaría la bandera de la "ley", o de la "razón", aunque fuera injusta.

Es cierto que hay muchos hombres que luchan por la justicia por plena convicción, pero también es cierto que esos mismos hombres muchas veces no tienen ni una vaga idea de las necesidades emocionales y afectivas de sus propios hijos, porque a veces ni los conocen.

Sí, hay algo del alma femenina que nos incumbe a todos. Los invito a que asistan a escuchar lo que algunas mujeres tiene que decir sobre su género, especialmente de sus congéneres más destacadas, en voz de ellas mismas.

domingo, 14 de marzo de 2010

Hablemos mal de las mujeres

Quienes me conocen saben que al género femenino lo tengo en un lugar especial. Admiro su potencial y una perspectiva única y compleja que tienen de ver muchas de las cosas que pasan a su alrededor. Desde hace años, y por simple gusto, trato de conocer, leer, preguntar acerca del ser mujeres, esos seres misteriosos y a veces incomprensibles, pero casi siempre interesantes.

No quiero exponer ahora lo que opino sobre los asuntos de género, sólo diré que me considero feminista en el sentido de que las mujeres bien se les debería respetar más y reconocer mejor sus derechos. No estoy de acuerdo con el feminismo militante, ese que defiende a toda costa cualquier cosa por el solo hecho de provenir de una mujer; me parece que eso es igual de sexista (y por lo tanto indeseable) como decir que todo lo que hace un hombre está bien sólo porque proviene de un varón.

Pues bien. Valoro mucho el potencial que tienen muchas mujeres en tanto que personas. Es decir, para mí primero son personas y después son personas en su versión mujer, con todas las diferencias que nos distinguen de los varones.

Entonces estoy en contra del sexismo, ese que dice que las mujeres deber ser así y los hombres deben ser asá. Pero también estoy consciente que esos roles sociales cumplen una función, mas no por eso deben estar exentos de reflexión, de crítica, de revisión.

Y así como considero que nuestra cultura y nuestra falta de herramientas nos pide, nos exige a los varones cosas tan deplorables como aceptar ser depredadores de los otros a quienes consideramos como más débiles, así también creo que hay una serie de factores en nuestra cultura que les impide a las mujeres desarrollar todo su potencial.

Y de ahí saco yo que muchas mujeres bailan al son que les toquen, aceptan que pasen por encima de ellas porque creen que eso es lo más normal. Algunas otras entran al juego, aceptan las reglas, y aprenden a mentir, chantajear, controlar por medio de sus herramientas, algunas de ellas consisten en saber bien cómo funcionamos los hombres, ser conscientes de qué pata cojeamos y utilizar eso a su favor.

Por eso creo que es importante la crítica, no en contra de una persona en particular, sino en este caso, de modelos que yo llamo mediatizados, es decir, esos mandatos que nos dicta la cultura a través de los medios, los lugares comunes, el proceder machista y discriminador en contra del otro (en la cultura machista, la profunda otredad es la mujer y el homosexual).

Ya entrando en materia, una de las cosas que más critico de las mujeres es su propia objetalización, su ascenso al mercado de cuerpos (en contraposición con ideas, habilidades, sentimientos, emociones), en donde una de las primeras cosas que aprenden a hacer es someterse a la implacable dictadura de la mirada, empezando por la propia.

Este es el motivo por el que las mujeres, diseñadoras natas, se transvisten, mutan constantemente su apariencia, inciden sobre su cuerpo y lo manipulan tratando cada día de conferirle una armonía distinta cada día de la semana.

Seguramente el tema es más profundo de lo que lo expongo aquí, pues se sabe que toda mujer se conecta de modo particular con sus estados de ánimo, su vibración interior y el diálogo que tiene en ese momento consigo misma. Y eso se refleja en su modo de presentarse ante el espejo de su mirada. Eso prueba de que son seres complejos, pues.

Ayer estaba platicando con una mujer de 38 años a quien conozco desde hace 15. Tomábamos café mientras leíamos cada quien una revista en silencio. De pronto ella levanta la vista y me dice: “Descubrí que soy transexual”. La declaración no me extraña, lo que me extraña es la claridad y lo tardío del comentario.

"¿Cómo es eso?" Le pregunto. Sospecho que hay cosas interesantes detrás de ello. Hay ideas que me parecen interesantes independientemente de quién vengan, quiero decir, independientemente de su inteligencia emocional. En este caso, conozco lo suficiente a esta mujer como para saber que me dirá algo a lo que le ha dado tres vueltas antes de soltarlo.

“Sí”, prosigue, “siento que soy un hombre en un cuerpo de mujer, es decir, en muchas cosas me identifico más con el ser hombre, aunque claro, siento y pienso como mujer, es más, me gustan los hombres, a las mujeres las desprecio”.

“¿Por qué las desprecias?”, le pregunto con curiosidad. “Pues porque les enseñan a ser
vulnerables para obtener lo que quieren, y compran muy barato lo que les venden”.

“¿Pero no consideras que un puñado de mujeres, destacadas, autónomas, independientes, libres, no cumplen con este patrón?”

“Ajá, sí, son mujeres que se distinguen por dos cosas. En primer lugar se formaron en su mayoría en un ambiente de hombres, ya sea por medio del papá o bien por medios de los hermanos mayores; y en segundo lugar se les trató y educó como personas, no como taradas. Por eso yo desprecio a las mujeres que quieren tener cien pares de zapatos, por esa forma en que fueron educadas, como si fueran objetos”.

Estoy de acuerdo con estas opiniones. Además considero que es algo contradictorio que gran parte de las mujeres se habitúen a transvestirse, a objetalizarse, a entrar al mercado de cuerpos de sus propias imágenes erotizadas, y después se quejen de que no se les toma en cuenta por lo que sienten, por lo que piensan, por lo que hacen, en una palabra por lo que son, y que es algo que está mucho más allá de las simples apariencias que tan esmeradamente retocan.

Por último pienso que una persona para que se realice como tal, necesita sencillamente educación y libertad. Lo diré de un lado: una mujer para que se realice necesita de educación y plena libertad. Desgraciadamente el catálogo en donde priva la imagen, la pretendida eterna juventud y el deseo de prestigio es bastante amplio.

***

Dilo más fuerte
Ahora un breve compendio de declaraciones que mueven a la reflexión:

"—Señorita Antioquía: ¿usted cree que la mujer es el complemento del hombre?"
—Yo creo que el hombre se complementa al hombre, hombre con hombre y también mujer con hombre del mismo modo en el sentido contrario. Estamos para darnos cariño, para darnos amor, ¿y la mujer es el complemento del hombre?... En un sentido muy bello, porque le da amooor, también le da el cariño, el mundo está evolucionando y cada vez le damos más amor a los hombres, que en el caso colombiano alguna vez fueron machistas". Verónica Velasquez, señorita Antoquía 2008.

"No es la contaminación lo que está dañando nuestro ambiente. Son las impurezas en nuestro aire y en nuestra agua lo que lo están haciendo". Pamela Anderson, febrero del 2000.

"Esa rastrera sinvergüenza merece ser muerta a patadas por un asno, ¡y yo soy justo la indicada para hacerlo!" Claudia Schiffer. Actriz y modelo, refiriéndose a Naomi Campbell, 1998.

"El fumar mata, y si te mueres, has perdido una parte importante de tu vida". Brooke Shields, entrevistada para una campaña estadounidense antitabaco, 1998.

"—Si usted pudiera vivir para siempre, ¿lo haría y por qué?"
"—Yo no viviría para siempre porque no deberíamos vivir para siempre, porque si se supusiera que deberíamos vivir para siempre, entonces viviríamos para siempre, pero como no podemos vivir para siempre, que es lo cual, yo no viviría para siempre". Miss Alabama en el Concurso Miss América 1994.

"Siempre que veo la tele y veo a esos pobres niños hambrientos en todo el mundo, no puedo evitar llorar. Quiero decir: me encantaría ser así de flaquita, pero no con todas esas moscas y muerte y esas cosas". Mariah Carey, cantante, 1998.

"Es maravilloso estar aquí, en el maravilloso estado de Chicago". Jennifer López, 2000.

"No he cometido ningún delito, lo que hice fue no cumplir con la ley". Jennifer López, al ser detenida junto con Puff Daddy en el 2000.

"—Si hubiese un holocausto nuclear ¿qué pareja elegiría usted en todo el mundo (hombre y mujer) para preservar y multiplicar la especie humana?"
"—Al Papa y a la Madre Teresa de Calcuta". Carolina Zúñiga, candidata a Miss Chile 2000.

"—¿Qué clase de música te gusta?".
"—A mí me gusta la música de CD". Natalia Paris, entrevistada como modelo para la revista Time.

"—¿A qué lugar le gustaría viajar y por qué?".
"—A Roma, porque es la tierra en donde nació nuestro Señor Jesucristo". Marilu Bonchini, candidata a Miss Argentina 1999.

"Yo nunca he fumado marihuana porque eso da celulitis". Valeria Mazza, modelo.

"—¿A qué personaje le gustaría conocer?"
"—Definitivamente me gustaría conocer a la princesa Lady Di, afortunadamente ya se murió". Alexia Zambrano, candidata a Miss Colombia, 2002.

"—¿Usted cree que todas las bonitas son brutas?".
"—No, también hay feas que son brutas". Paris Hilton, heredera de una cadena hotelera.

"Me da tristeza ver a tantos niños y ancianos afectados por el surimi". Ninel Conde.

lunes, 1 de febrero de 2010

La primera piloto mexicana

Texto de Sara Pantoja para El Universal de hoy lunes 1 de febrero del 2010.
Cada que suben a una aeronave, en su mente piensan: “Abuelita, pilotea tú, ahí vamos”. Hijas y nietos de Emma Catalina Encinas Aguayo confían en que, incluso desde el más allá, la primera mujer mexicana que recibió una licencia de piloto aviador, guíe sus vuelos.

En el Mes de la Aviación Nacional y a 20 años de su fallecimiento, que coinciden con el centenario de la Revolución Mexicana, sus hijas Patricia y Catalina recuerdan su infancia.

Nacida el 24 de octubre de 1909, era muy pequeña cuando junto con su familia tuvo que salir huyendo de las tropas del general Francisco Villa. El movimiento revolucionario arrasó con las propiedades de su familia en Mineral de Dolores, Chihuahua, su tierra natal.

Su padre era de Sonora y su madre, de Chihuahua. De pequeña la mandaron a estudiar a Estados Unidos, donde terminó la high school.

Como un juego de la vida, un día entre sus amigas se asignaron al azar la ocupación que que tendrían de grandes. “¡Tú vas a ser aviadora!” le dijeron.

Sus primeros contactos con los pájaros mecánicos fueron a través de una amiga cuyo novio era hermano del coronel Roberto Fierro, quien para entonces era un as en la aviación mexicana y creador de la primer escuela de aviación que operó en la República mexicana.

Cuando comunicó sus deseos de estudio a su padre, éste se negó, pero su madre le dio sus ahorros para que aprendiera el arte de volar. Luego ella misma se los pagó con lo que ganaba como profesora de inglés de los pilotos, y de hacer traducciones para una revista de aviación. Uno de sus instructores fue el capitán Ricardo González Figueroa.

Vuelos rectos, nivelados, “ochos”, “latigazos” y “picadas” eran las suertes que aprendió a hacer en el aire.

El día en que hizo su examen a la base de Balbuena, el 20 de noviembre de 1932, mucha gente acudió, “pero era para ver cómo se estrellaba una mujer piloto”. Su avión Tormenta era un Spartan biplano con monomotor de 85 caballos de fuerza, llamado así por el ruido que hacía cuando arrancaba, según decía.

El vuelo fue un éxito y ella salió en hombros hasta el Zócalo capitalino. Una semana después obtuvo la licencia número 54, que la convirtió en la primera mujer mexicana en recibir ese documento oficial y la segunda en toda América Latina.

Fue amiga por correspondencia de Amelia Earhart, piloto aviador muy reconocida en Estados Unidos, que murió cuando su avión desapareció al tratar de cruzar el norte del océano Atlántico.

Sus años de vuelo terminaron cuando decidió seguir a su esposo médico a Las Choapas, en el estado de Veracruz, a atender a pequeñas comunidades.

“Todo pasa por algo, tú ten paciencia”, era una de sus frases más comunes. Ella decía que era una mujer que nació antes de su tiempo.

Conocedora de los idiomas

Multirreconocida a nivel latinoamericano, en los vuelos comerciales que abordaba era común que los pilotos la invitaran a la cabina en pleno vuelo.

Políglota, intérprete oficial y traductora por años de la familia Echeverría, cada año le asignaban la traducción de los informes presidenciales. Fue también perito traductora en distintas dependencias y oficinas de gobierno.

En uno de los tantos momentos de la historia, le tocó traducir la noticia de la muerte del presidente estadounidense John F. Kennedy, a quien conoció una semana antes. En una semana que viajó a Brasil, aprendió a hablar portugués.

Sus nietos la recuerdan como una mujer que “todo el tiempo estaba sentada frente a la máquina de escribir. Una mujer sumamente trabajadora”. Además, tocaba el piano como maestra y tuvo su propia escuela de ballet.

Luego de haber viajado por todo el mundo y haber librado dos paros cardiacos, un derrame cerebral le limitó el habla a decir sólo “gracias”.

Uno de los anhelos más grandes de Emma antes de morir era ver su busto en la Galería de los Próceres de la Aviación Mundial, en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM).

Sus hijas cuentan que las autoridades de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) de entonces les dijeron que eso lo harían sólo hasta después de que Emma Catalina muriera. Las damas de la Mesa Redonda Panamericana —de la que fue muchos años presidenta— hicieron una colecta y pagaron para hacerlo. Emma sólo alcanzó a ver el molde del busto, pues murió 15 de noviembre de 1990. Dos años después se le rindió un homenaje y finalmente se develó la escultura en el recinto del AICM.

A dos décadas de su muerte, aún queda un pendiente, según sus hijas: que las autoridades del GDF le pongan su nombre a una de las calles de la colonia Aviación, en Venustiano Carranza.


Fotos tomadas del libro Grandes vuelos en la aviación mexicana, de Manuel Ruiz Romero, México, Grupo editorial Aviación, 1986, p. 156 y 158.