miércoles, 17 de abril de 2013

"La belleza femenina"

Nuestra cultura, que exalta el consumo y que refuerza ciertas visiones tradicionales por cómodas y rentables, refuerza también las diferencias en roles, lo cual clasifica mejor al mercado. Para que esta clasificación sea más visible, nuestra cultura, que yo llamo patriarcal, subraya lo que es propio de hombres y lo que es propio de mujeres.

En el caso de ellas, subrayar su ser mujer desde la parte más visible implica un arma de doble filo, encierra jugar con fuego.

¿Por qué? Porque por una parte implica que las mujeres, antes que personas son mujeres, es decir son personas con cuerpo de mujer.Esta corporeidad se presta para dos fines que me parecen que opuestos.

Una, la de la visión femenina, que si lo pusiéramos en primera persona y en pocas frases, diría algo así como: "Mi cuerpo es lo más mío que tengo, es algo íntimo y yo soy o quiero ser dueña de él tanto como pueda. Tienen que respetarme, empezando por mí cuerpo, al que yo visto como mejor me agrada porque me gusta verme y me gusta agradarme; encuentro placer en ello".

Por la otra parte, la otra visión, la patrircal, muy mercadotécnica, dice que una persona del sexo femenino antes que todo es mujer, y como tal se le clasifica de acuerdo a su ser para otro, en relación con el otro y en función con el lugar que ocupa no en el espacio público, sino en el privado: ¿quién es ella? ¿es hija de familia?¿está casada?¿vive aparte?¿por qué?¿divorciada?¿con novio?¿madre sola?, y se le clasifica también de acuerdo a su "disponibilidad". Comúnmente se cosifica a las mujeres (lo hacen ellas y lo hacen ellos y lo hace el mercado y la cultura en general) como fuente de goce, de disfrute o de provecho, a la mujer se le goza y se le admira, o a veces se le admira para ver si después se puede gozar. Se reconoce su belleza que, quizá para ella misma es en parte orgullo y en parte poder, pero en todo caso es principalmente ser para el otro, vivir a través del otro y estar a expensas del otro.

Exaltar el ser mujer en su parte burda y más visible antes que el ser persona es un riesgo que pocos vemos, quizá porque es más placentero hacerse de la vista gorda. Esa es la trampa de la "belleza femenina".


lunes, 15 de abril de 2013

Sus amigas


Ahora que estábamos chupando muy a gusto y que recordaba a mucha gente que hace tiempo no veo, me acordé de un bato que conocí hace muchos años, era un tipo algo extraño, entre simpático, interesante, pero que también era un desmadre bien hecho.

De la cosas que más recuerdo de él es que andaba por todos lados y platicaba con mucha gente, tanto de la escuela, maestros, gente que se encontraba en la calle, conocía a todo mundo. Yo que siempre he sido un poquitín sociable, pues varias veces nos pusimos a platicar.

Y me cayó muy bien, no sólo porque te hacía sentir en confianza, sino porque le gustaban muchas cosas y de todas podía hablar con mucha naturalidad.

Este tipo tenía la cualidad, después observé bien, que sabía escuchar. Esto es una cosa que no es muy común, y creo que es relevante para lo que enseguida voy a contar.

Otra cosa que vi en él es que era muy amable, por ejemplo de la gente que acababa de conocer recordaba su nombre, como si la conociera desde hacía mucho. En cuanto a sus gustos bohemios, el tipo no era particularmente afecto al alcohol ni al tabaco, ni le gustaban ningún tipo de drogas.

Lo suyo eran las mujeres.

Si a alguien podría parecerle que el cuate este era un desmadre, pues sí, pero curiosamente también era muy buen alumno y le encantaba la lectura y el cine.

Un día pasó algo que se me quedó muy grabado. Sucedió en una de esas reuniones en las que llega un chingo de banda, raza de la escuela y amigos de otras carreras que ni siquiera se conocían, había hasta chavos de otras ciudades. Un pinche fiestón bien cabrón donde la mayoría no eran amigos, pero sí muchos conocidos, al menos de vista. Calculo que fácil había más de cincuenta personas.

Estábamos tres sentados cuando la plática se acabó por unos instantes. El güey me dice, no sé si a mí o pensaba en simplemente al aire, pues ya andaba un poco pedo:

"—Míralas. Y ellas tan amigas".

Por la forma en la que lo conocía, de inmediato supe que se refería a dos de sus ex que se habían vuelto amigas y que andaban seguramente platicando muy animadas por ahí. Supongo, no sé, que quizá no lo sabían entre ellas, quién sabe, porque en muchos de sus casos no era precisamente un noviazgo lo que había.

Enseguida reaccioné. Y se me ocurrió algo. Aprovechando la ocasión, le pregunté en una clave que no tuvo dificultad para entender:

"—¿Y cuántas hay?"

El güey por poco arroja el buche de cerveza en una arcada que parecía de sorpresa o de risa. No voy a olvidar nunca su cara. Me miró fugazmente con un brillo que me atravesó, pero también que me hizo sentir cómplice de algo. Fue muy raro ese momento.

Respiró y soltó una risa como si le estuviera levantando un infundio que le hiciera gracia de tan absurdo. Luego se quedó mirando a nada, con cara de recordar alguna hazaña realizada hacía cincuenta años. El güey miró a varias partes como buscando un mesero. Luego se compuso y le dio otro trago a su cerveza.

Yo lo seguía y esperaba.

Se echó para delante, bajó la cabeza como si fuera por efecto del alcohol y se agarró las manos, luego se enderezó. Dijo:

"—Quince."

"Hijo de tu chingada madre", murmuré.

Una hora despúes llegaron otras cinco conocidas y claro, ya no quise preguntarle. No bailó en toda la noche. Platicaba eventualmente, pero me di cuenta que los otros, amigos y amigas, eran los que pasaban y se sentaban con él un rato. No sé por qué, pero a partir de ese momento lo vi un poco como el anfritrión.

***

Ahora que estoy contando todo esto, ahora que finalmente se decidieron a aparecerme cinco o seis canas, ahora que he visto, que he convivido con gente más extraña todavía, ahora que platico anécdotas de otros, pero que quizá no debería contarlas, me digo a mí mismo que daría seis meses de mi vida a cambio de la discreción de muerte de muchas más mujeres de las que no me puedo imaginar. Los secretos de ellas son un misterio que sólo Dios podría escuchar cuando estuviera cansado.

No como este cabrón que me estaba revelando algo que yo no tenía por qué saber.

Quince en un mismo sitio son un chingo. Y reconozco que por un tiempo estuve haciendo mi quiniela, de las que al menos a cinco nunca las quitaba.

Al año siguiente de aquella fiesta el bato se fue a estudiar una maestría a Morelia. Esto debió haber sido en el 95 o 96; sin embargo, cuando he tratado de recordárselo a algún amigo o amiga de la época, nadie, absolutamente nadie se acuerda de él. Ni por el nombre, ni por el apodo, mucho menos de la fiesta, quizá la única reunión en la que él vio, al mismo tiempo, a quince mujeres con las que en algún momento había compartido la cama.

El muy hijo de la chingada.

¡Mesero chingadamadrelasotras!

viernes, 12 de abril de 2013

El Negro se confiesa

Mi artículo empieza así: "No voy a justificarme, aunque sé que los que han vivido de escribir para otros, aunque fuese por breve tiempo, tendrán sus propias razones, algunas válidas. Tampoco es algo de lo que me sienta especialmente orgulloso.

"Era estudiante de séptimo semestre de Letras Españolas, una carrera que ya no existe. Tenía dos años de casado y un bebé de cuatro meses. No es justificación, es sólo de contexto.

"Buscando chamba encontré que necesitaban a alguien que supiera de redacción. Me presenté y firmé un contrato en donde decía que cedía mis derechos por el trabajo que entregara. El contrato era bastante específico."

(El resto, con la información que tengo hasta el momento, se publicará en una revista impresa de circulación nacional en México).

sábado, 6 de abril de 2013

La música 2 —Celso Piña—

El baile iba a durar de quinta a séptima hora, en los salones de tercero. Ese día nos dejaron ir sin uniforme. Se decía que algunos de los Comanches iban a estar afuera, esperando al Pina afuera de la escuela. Yo miraba el salón en donde era el baile, desde la ventana. El Pedro, La Gaviota, los de tercero pues. Bailaban "La cumbia de la Paz".

Celso Piña, en 1984 era y el Ronda Bogotá. Celso Piña y el Ronda Bogotá, no y su Ronda Bogotá. "La cumbia de la paz" causaba furor. Las camisas floreadas, con el cuello huango hacia atrás, los Convers. Se bailaba distinto a 10 años después.

A mí me gustaba Cristina, pero Cristina no bailaba, y yo menos. En 3 "B" había unos bafles en cajones negros enormes que se oían hasta la esquina. El prefecto, circunspecto, vigilaba, se esforzaba por mantener la cara de policía, pero más de una vez lo observé sonriendo, bromeando.

Al Pina lo vi con dos hijos y su chava. Los Comanches de las Industrias se casaron, o terminaron en la cárcel, o muertos. A las 12:30 apagaron el baile. Cuando se acabó apagó el sonido —Cristina y yo nunca cruzamos palabra—, me hice creer que aprendí a bailar colombiano, pero eso yo sé que no es verdad (a veces logro apantallar a algún amigo incauto).

En esa idea falsa crecí desde entonces, y a veces iba al Inter a engañarme, a eso iba realmente. Celso Piña terminó hace más de 25 años, con "La cumbia la paz", con "La piragüa", con "Gitana" que no volvió a tocar.

Este Celso es otro, toca en el Zócalo, sale en la tele, viaja mucho, hace bailar "Macondo" a García Márquez en el museo Marco, toca en cenas con Fernando Botero en el Palacio de Gobierno, la gente lo compra y me da gusto, de veras que me da gusto, pero a aquel Celso es el que me gusta escuchar.

La gente que hoy sabe de música, que dice saber de música, dice: esto es ochentero, esto es de los noventa, esto es "bien setentas" ¿Saben que quisiera decirles? Me gustaría decirles: "Sabes qué, chinga tu madre", la música de cada quien está prendida como una sanguijuela que no te quieres quitar porque gozas, y deja marca, porque una cosa es bailar "encima" de la música de fondo que te ponen en la boda, en la reunión social, en el cierre de un evento, y otra, muy distinta, es bailar la música "desde adentro" de la música, como El Pedro, como La gaviota, incluso como El Pina.

Quienes bailan colombiano en la pista del Inter, han bailado esto, lo puedo apostar, más de la mitad de su vida, o desde morros.

Me gusta engañarme, pero no, no sé bailar colombiano. Los que sabían ya no están aquí para enseñarme.

miércoles, 20 de marzo de 2013

La música 1

Dos músicos, uno canta, el otro toca la guitarra. Sus miradas se encuentran. Sonríen. Y sonríen más con la mirada que con la boca. La música los une íntimamente, y nada importa más en el mundo que estar unidos, interpretando.

lunes, 18 de marzo de 2013

Diario íntimo de un esposo 2

A diferencia de nosotros, su esposa siempre requerirá sentirse amada. No es nada difícil de entender o de aceptar, lo que es a veces complicado de entender todo lo que eso incluye, porque el combo a llenar tiene piezas pequeñas y grandes. Si lo ponemos en una gráfica de pirámide, en la punta estará sentirse amadas, enseguida, ser respetadas y apreciadas en sus ideas y opiniones, por no mencionar que en toda su persona (eso incluye los comentarios acerca de su apariencia). Más abajo en la pirámide está la seguridad, tanto en el aspecto físico o material, como en el emocional, incluyendo que el marido no va a andarle metiendo mano ni a la primera ni a la centésima nalga que se le ponga enfrente. La seguridad incluye en el sentido tradicional que él se comprometa primero en el noviazgo, y más adelante en la petición de matrimonio. Y en parejas menos tradicionales, que el prospecto dé señales inequívocas de saber lo que quiere, y que lo que quiera sea ella. La frase comodín de "no le pongamos nombre a esto" queda descartada.

Si todo esto es demasiado, entonces también será demasiado recibir atención, sexo y comida en el mismo lugar.


domingo, 17 de marzo de 2013

Inocentes

Nunca había conocido a una persona que hubiese nacido producto de una violación. Hoy conocí a una, es una pequeña de unos nueve años. La señora que la cuida, que en realidad es su abuela que hace las veces de madre, y yo hemos hablado quizá una decena de veces. Somos unos cordiales conocidos que nos saludamos con cierto aprecio. En algún momento ella me ha apoyado en situaciones en las que he requerido algún apoyo y hoy salió al caso el tema.

A su hija de entonces 14 años la violó un tipo de 28 que, según me contó, estuvo detenido muy poco, pero que el juicio amañando le dio la libertad. Luego vinieron las amenazas de muerte y finalmente, cuando la hija tenía 20 años en el 2008, falleció en un accidente automovilístico con causas no del todo claras.

Abracé a la señora y tuve el impulso de abrazar también a la hija, pero me contuve porque no quería que pareciera un acto condescendiente, un gesto que pudiera tomarse como un ay, pobrecita niña.

Ahora, cuando la señora me vuelva a preguntar por mis hijos, quienes han recibido sus cariñosas atenciones, pensaré en su hija muerta y en la pequeña de nueve años, una inocente en todo el sentido de la palabra.

viernes, 8 de marzo de 2013

Que vivan las mujeres



Desde hace muchos años he sentido una profunda curiosidad por la manera en que las mujeres crecen, se relacionan y en general ven el mundo. Son tan complejas, pero tan indispensables que se les califica, etiqueta, enaltece, y se les trata primero como mujeres que como seres humanos, es decir, con frecuencia como nuestra cultura nos dicta—conforme a su estado civil y aspecto físico—, antes que como a seres iguales y distintos y sobre todo, como a seres autónomos y con capacidad plena para decidir sobre sí mismas.

Sobre estos temas me he encontrado con puntos de vista que se pueden englobar en dos grandes bloques, quienes piensan que ser mujer se nace, y los que piensan que ser mujer se hace, se construye.

Quienes se identifican con la primera idea enfatizan más bien en que existe una naturaleza femenina de donde se desprende un rol que cumplen, o deben cumplir en la sociedad. Este rol estaría ligado a la maternidad, la familia y en general al ámbito de lo privado, y por ello, su “naturaleza femenina” y ningún otro factor les señalará que uno de sus papeles es velar por el bienestar de su entorno, incluso antes que velar por sí mismas.

Quienes nos inclinamos más por la segunda idea, pensamos que las mujeres comparten desde temprano un diálogo con la naturaleza, y que dentro de la sociedad la mujer se va construyendo hasta que, finalmente, y por desgracia se pone al servicio de lo que se espera de ella. Claro, en muchos casos con plena libertad, pero casualmente, eligen libremente ser para los otros y no salirse de las expectativas que se tienen de ellas.

Bien, no estoy afirmando que deban ir contra la corriente y rebelarse ante todo lo establecido, no. Señalo que es muy común que se enfermen por perder contacto con su psique más íntima, la que les da fuerza y vigor.

Clarissa Pinkola Estés, doctora en Psicología Etnoclínica, le llama "Mujer Salvaje", pues dice que esas dos palabras accionan el llamar a la puerta de la profunda psique femenina. “Cualquiera que sea la cultura que haya influido en una mujer, ésta comprende intuitivamente las palabras ‘mujer’ y ‘salvaje’”. 

Cuando se pierde contacto con esta parte de la psique aparecen algunos trastornos que según la autora de Mujeres que corren con los lobos, se reflejan en síntomas que conducen a comportamientos, pensamientos y emociones que ella describe con un lenguaje también femenino: “Sentirse extremadamente seca, fatigada, frágil, deprimida, confusa, amordazada, apática hasta el extremo. Sentirse asustada, lisiada o débil, temor a reaccionar con agresividad cuando ya no queda más qué hacer, perder la energía en presencia de proyectos creativos”. 

Pero, al parecer, estos síntomas que me parecen mucho más comunes de lo que todos nos imaginamos, tienen que ver con lo que consideramos importante hablar y lo que no. Los “grandes temas” son los inventos, descubrimientos, investigaciones, decisiones políticas, reformas y leyes, pero no los de índole doméstica —que al final de cuentas, habrá quién lo haga—. Esos no son “tema”, sino que son el paréntesis entre dos mujeres en la reunión.

“El modo de pensar predominante hace que, en nuestra manera de ver y entender el mundo y la vida, la historia y la cultura sólo deban conocerse desde fuera del hogar, es decir, en la vida pública y en los grandes momentos”, señala Sara Sefcovich en el libro ¿Son mejores las mujeres?

Atender el aspecto doméstico y privado a la par que el público, y muy especialmente dejar de objetalizar a las mujeres es algo que cualquier persona de cualquier género puede hacer, porque la idea de que ellas deben ocupar un segundo plano es susceptible de enraizarse en cualquiera, independientemente de su género.
Y entonces sí, que vivan las mujeres.

martes, 5 de marzo de 2013

Soy mujer, soy invencible...

Nos regalaron unos boletos para el teatro el domingo pasado para ver Soy mujer, son invencible... ¡y estoy exhausta!
La obra tocó un tema que de entrada me interesa, que es la diferencia de géneros y sus roles tradicionales, y cómo se confrontan dentro de la pareja.
Una mujer casada, que trabaja y que tiene un hijo debe elegir o hacer cosas casi imposibles para mantener el   equilibrio... si es que lo logra.
Laura Flores encarna a Sofía, una profesional que trabaja en el ámbito de la producción televisiva y que tiene una jefa, Carla, algo histérica y exigente caracterizada por Eugenia Cauduro. Con el ascenso de Sofía, Claudio, actuado por René Casados va demandando atención, no sin sacar su parte machista pura y dura.
La obra estuvo entretenida, aprecié que "actualizaron" la obra en más de cuatro momentos, al mencionar lugares de la localidad al referirse a puntos geográficos, y también que mencionaron a Elba Esther, tema del momento, resaltando algunas de sus cualidades negativas.
De René Casados no me gustó que en momentos parecía sobreactuado, haciendo entonaciones estilo Pepe el Toro, pero la capacidad para improvisar y lo que llaman tablas, se le nota bastante.
Eugenia Cauduro parecía la de menos experiencia, pero creo que logró salvar el personaje. Hubo un momento de tensión triste en ella, y me parece que le falto transmitir esa emoción con más eficacia. Creo que ayudó bien a que los personajes de Sofía y Claudio se desarrollaran.
Y a Laura Flores la vi desenvuelta, dueña del escenario. Creo que no es la veterana, la gran figura del teatro, pues también la obra era una comedia ligera, pero creo que fue la que logró convencer más, atraparnos y seguirla hasta el final.

La obra es de Gaby Vargas, la adaptación es de Mauricio Pichardo y la dirección de Abril Mayett. La obra se presentó el pasado domingo 3 de marzo en el Museo del Vino, un lugar de una arquitectura terránea y luminosa. (La siguiente foto la mandaron de la oficina de LF, se agradece).


domingo, 24 de febrero de 2013

Diario íntimo de un esposo

Observe las obsesiones de su mujer respecto a la casa, y respételas, no las critique, y si puede colaborar mucho mejor. Escuche sin juzgar (no abra la boca y diga "tus obsesiones...") todo lo que tiene que decir ella al respecto, recuerde que la mitad de las veces no es personal, y la otra mitad le dirá sus verdades, pero esto tampoco es personal. Si para usted es un sitio de descanso y relajación, para ella es una extensión de su cuerpo, así que sea considerado.

Que vivan las mujeres


Desde hace muchos años he sentido una profunda curiosidad por la manera en que las mujeres crecen, se relacionan y en general ven el mundo. Son tan complejas, pero tan indispensables que se les califica, etiqueta, enaltece, y se les trata primero como mujeres que como seres humanos, es decir, con frecuencia como nuestra cultura nos dicta
—conforme a su estado civil y aspecto físico— antes que como a seres iguales y distintos y sobre todo, como a seres autónomos y con capacidad plena para decidir sobre sí mismas.

Sobre estos temas me he encontrado con puntos de vista que se pueden englobar en dos grandes bloques, quienes piensan que ser mujer se nace, y los que piensan que ser mujer se hace, se construye.

Quienes se identifican con la primera idea enfatizan más bien en que existe una naturaleza femenina de donde se desprende un rol que cumplen, o deben cumplir en la sociedad. Este rol estaría ligado a la maternidad, la familia y en general al ámbito de lo privado, y por ello, su “naturaleza femenina” y ningún otro factor les señalará que uno de sus papeles es velar por el bienestar de su entorno, incluso antes que velar por sí misma.

Quienes nos inclinamos más por la segunda idea, pensamos que las mujeres comparten desde temprano un diálogo con la naturaleza, y que dentro de la sociedad la mujer se va construyendo hasta que, finalmente, se pone al servicio de lo que se espera de ella. Claro, en muchos casos con plena libertad, pero casualmente, eligen libremente ser para los otros y no salirse de las expectativas que se tienen de ellas.

Bien, no estoy afirmando que deban ir contra la corriente y rebelarse ante todo lo establecido, no. Señalo que es muy común que se enfermen por perder contacto con su psique más íntima, la que les da fuerza y vigor.

Clarissa Pinkola Estés, doctora en Psicología Etnoclínica, le llama Mujer Salvaje, pues dice que esas dos palabras accionan el llamar a la puerta de la profunda psique femenina. “Cualquiera que sea la cultura que haya influido en una mujer, ésta comprende intuitivamente las palabras ‘mujer’ y ‘salvaje’”.

Cuando se pierde contacto con esta parte de la psique aparecen algunos trastornos que según la autora de Mujeres que corren con los lobos, se reflejan en síntomas que conducen a comportamientos, pensamientos y emociones que ella describe con un lenguaje también femenino: “Sentirse extremadamente seca, fatigada, frágil, deprimida, confusa, amordazada, apática hasta el extremo. Sentirse asustada, lisiada o débil, temor a reaccionar con agresividad cuando ya no queda más qué hacer, perder la energía en presencia de proyectos creativos”.

Pero, al parecer, estos síntomas que me parecen mucho más comunes de lo que todos nos imaginamos, tienen que ver con lo que consideramos importante hablar y lo que no. Los “grandes temas” son los inventos, descubrimientos, investigaciones, decisiones políticas, reformas y leyes, pero no los de índole doméstica —que al final de cuentas, habrá quién lo haga—. Esos no son “tema”, sino que son el paréntesis entre dos mujeres en la reunión.

“El modo de pensar predominante hace que, en nuestra manera de ver y entender el mundo y la vida, la historia y la cultura sólo deban conocerse desde fuera del hogar, es decir, en la vida pública y en los grandes momentos”, señala Sara Sefcovich en el libro ¿Son mejores las mujeres?

Atender el aspecto doméstico y privado a la par que el público, y muy especialmente dejar de objetalizar a las mujeres es algo que cualquier persona de cualquier género puede hacer, porque la idea de que ellas deben ocupar un segundo plano es susceptible de enraizarse en cualquiera, independientemente de su género. Y entonces sí, que vivan las mujeres.

domingo, 27 de enero de 2013

Scouts disidentes y risueños.



Para Jorge Luis Luna López [el Yorch]

Según la visión de mi mujer, quien no perteneció nunca a ningún grupo, un scout que pasó años en el Movimiento necesariamente será alguien con sensibilidad ambiental, optimista y ligero de equipaje. Ella encuentra ese perfil y quién soy yo para desmentirla. Sin embargo, dentro de la formación scout hay variantes. La más conocida es la apegada a la tradición, que sigue a pie juntillas los principios y valores del Movimiento y, muy importante, no se pregunta nada que no pueda venir en los manuales.

Otra de las formas de concebir el escultismo tiene que ver sí, con los principios, con la Ley Scout, pero también con la crítica que analiza, separa y aclara; con la curiosidad por conocer qué cosa es el escultismo y en general con el discernimiento y el goce.

Esta es la forma en que lo entendieron, por ejemplo, los scouts disidentes Manuel Felguérez, que se convirtió en artista plástico, y Jorge Ibargüengoitia, que se volvió un "ironista antihistórico". Amigos ambos, asistentes al Jamboree francés del 47 —los dos entonces de 19 años— le deben mucho al escultismo, aunque en su momento tuvieron varios desencuentros con la Asociación.

Este sentido crítico y humorístico es con el que escribe Arturo Reyes en este blog. Agradezco a Alejandro González, de Milenio, haber aceptado hace cinco años la propuesta de este nuevo espacio para un periodista y escritor scout de muchos años, a quien quiero y admiro, y quien ha sido un muy serio, y a veces incómodo, investigador sobre el escultismo.

Por esa razón, Arturo Reyes desde este blog es un tanque de oxígeno de scouts y exscouts  para opinar, debatir y enterarse, de una manera bastante democrática, de lo que está pasando en el Movimiento.
Creo que al final nos logramos en la tarea de llegar a remar tu propia canoa, al modo en que lo prescribe la Asociación de Scouts de México, y en algunos casos, a pesar de ella.

Mi cuate el Yorch y yo, que a los 13 años leímos Escultismo para muchachos, el libro de Baden Pomo —como le decíamos en privado—nos logramos, tenemos una familia, hijos, un trabajo que nos gusta, y en buena medida los scouts nos moldearon.

Le contaré a mi mujer que sí, que el Movimiento nos marca, que al final en algunos se nota el sello de la casa, pero quizá le aclare que nunca destaqué en nada que no fuera en semáforo, y que aún guardo con mucho cariño mi primera promesa, hecha en el Grupo 6 de Monterrey, en un lejano verano de 1984.

jueves, 24 de enero de 2013

El Síndrome de Aurelio

Voy a contar, no a explicar, en qué consiste lo que yo llamo el Síndrome de Aurelio, y que los psicólogos y sociólogos seguramente lo tienen bien identificado —con otro nombre, claro está—, pero que para mí y para mis adentros, le he puesto Síndrome de Aurelio. Las personas muy sensibles a quienes los ambientes de cantina les suelen resultar repugnantes, sírvanse abstenerse de seguir leyendo.// Aurelio es un mesero que muchos en la concurrencia aquí presente conoce porque tiene 25 años laborando en un conocido Bar. 

En cierta ocasión, uno de los asistentes se levantó a medias de su mesa, desde el rincón opuesto del bar, le grito a nuestro mesero con todas sus fuerzas: "¡Aurelio! ¡Vas y chingas a tu madre!". Aurelio miró de reojo, pero no mostró mayor signo de molestia. "¡Aurelio! ¡Vas y chingas a toda tu madre!", volvió a repetir el mismo señor voz en cuello. El episodio se repitió tres veces en lapsos de 20 minutos. Llegó un momento en que otro de los asistentes, ya francamente molestó, se dirigió con Aurelio y le dijo: "Oiga amigo, qué güey tan molesto ¿verdad? Si necesita ayuda nomás diga. Ya van varias veces y la verdad ya me está cansando". Aurelio, acercándose al buen amigo e inclinándose un poco hacia él, le dice en tono de confidencia: "Es que ese señor me da 10 pesos por cada vez que me mienta la madre, y mire, ya llevo 80 pesos; no, mire, mejor no diga nada, muchas gracias". Tantán.

sábado, 19 de enero de 2013

Hysteria, comentarios a la película


Acabo de ver la película Hysteria, dirigida por Tania Wexler, y estos son mis comentarios.

Me gustó y la disfruté mucho. Aclaro desde dónde hablo: pienso que abundan las ideas sobre una sexualidad asociada al pecado, lo correcto, la moral, la decencia. Para mí, la sexualidad se puede tratar en la mesa, es un tema ante el que se puede más bien informar y aprender, más que reprender, decretar o infundir miedo. Opino que las creencias religiosas organizadas en torno a las iglesias, no deben legislar sobre algo privado y personal como lo es la actividad sexual, mucho menos a través de la coerción, el miedo y la culpa. Eso de manejar conciencias, en algunos campos es algo delicado. Quien piense lo opuesto, creo que probablemente no le divertirá mucho la película.

Situada en la época victoriana, la cinta teje dos historias en torno al protagonista, un joven médico inexperto. Una historia que sale y entra del agua es la invención del consolador por parte del médico, Joseph Mortimer Granville, la otra es la relación que tiene primero con la hija de su patrón, y después con la hermana de ésta.

El futuro suegro atiende en su consultorio a mujeres que sufren de “histeria”. Su tratamiento consiste en acostarlas en una camilla modelo ginecología, y darles un masaje hasta que conseguían un orgasmo, que no llamaban orgasmo, sino “ataque”.

El médico Granville llega a trabajar con el reconocido doctor que gana un montón de lana resolviéndoles problemas de salud a sus pacientes. En ese año de 1880, Segismundo Freud cumplía 24 años, aún no hacía las formulaciones que habrían de cambiar la sexualidad para siempre, y seguramente ni siquiera se había masturbado una sola vez en su vida, por esa razón el padecimiento llamado histeria merecía un tratamiento que hoy tendría una connotación muy diferente.

Aparece en escena la otra hija del reconocido doctor, lo opuesto a la hermana: es espontánea, no se somete a la autoridad de su padre, se dedica a dirigir una casa con personas necesitadas, lucha por apoyar a los más necesitados y no le importa el qué dirán. Además, piensa que la mujer debe decidir sobre su propio cuerpo y tener una pareja, si llegara a hacerlo, en relación de igualdad con el marido. Todo lo opuesto a la sociedad de su tiempo. Este personaje me encantó porque representa la libertad, el feminismo (sin mencionarse una sola vez), la valentía al realizar actos de justicia para con los más necesitados a costa de la propia seguridad, la integridad. Además, la muchacha está radiante.

Lo extraño es que es una comedia romántica, con un formato bastante ligero para las ideas que maneja.

Como me reí mucho, como se me salieron las lágrimas con un rollo con el personaje que actúa Maggie Gyllenhaal, por el manejo del placer en las mujeres y de su sexualidad, la película parece que fue hecha para gustarme a mí, para divertirme a mí. Está lejos de ser la gran cinta, pero tuvo los ingredientes que más me gustan: romance, crítica social, humor y la sexualidad, mejor dicho, el placer sexual, presentado de una forma ajena, y por lo tanto, “nueva” a nuestra cultura.

martes, 15 de enero de 2013

Me ningunean el español


Y la culpa la tienen los medios de comunicación y los publicistas. ¿Cómo está eso de que llamen equipo a un avión, a un teléfono, a una computadora? ¿por qué dicen en línea para referirse a realizar algo a través de internet?¿les dará más categoría o qué? Inches...

La SEP en México se gastó dos millones de pesos en nuestra educación básica intentando que aprendiéramos a razonar en castellano. Parece que se desperdició la mitad. Ahora me doy de santos si me encuentro a alguien interesado en pensar, en cualquier idioma, aunque sea en inglés o en rumano, pero interesado en pensar, en razonar, en razonar acerca de lo que sea, pero en razonar al fin y al cabo.

Si las ideas plasmadas en cualquier lengua, se distorsionan al deformar ese idioma, qué labor de pensamiento estamos haciendo cuando escribimos Tq, Xfa, tmb, salu2.

Mesero, las otras, por favor, (chingadamadre).

lunes, 14 de enero de 2013

"Tune up" en pareja


El siguiente texto lo escribí para una columna del periódico impreso. El anglicismo es intencional:

Cada vez que cambiamos de año hacemos una lista con propósitos nuevos, el 50 por ciento de los cuales, si bien nos va, no los cumpliremos. Este periodo de cierta euforia, esta viada de entusiasmo, nos lleva, entre otras cosas, a hacer un tune up a varios sectores de nuestra vida.

Algunas mujeres programarán análisis médicos para atender o descartar algún posible problema de salud; los estudiantes verán la recta final del año escolar con miras a pasar a otro nivel de estudios; algunos otros pensarán en perspectivas de mejora en el ámbito laboral, pero a todos nos pasará por la cabeza lo que podemos mejorar en el año que comienza.

Tradicionalmente, a las mujeres se les ha dejado, y ellas mismas han asumido como parte de su “naturaleza”, el cuidado y mantenimiento de los vínculos emocionales. Trabajen o no fuera de casa asumen muy en serio el ser en función para los otros. 

En la actualidad, dos de cada 10 hogares en México tienen a una mujer como jefa de familia. También cada vez más varones se involucran en aspectos puramente domésticos y no se conforman con ser sólo proveedores.

Sin embargo, la familia, en cualquiera de sus múltiples presentaciones, sigue siendo el núcleo de la sociedad, y lo que sucede al interior del hogar repercute en el comportamiento de los individuos en lo público.

Cuando la familia tiene al frente a dos personas adultas, y esas dos personas tienen problemas de convivencia, podemos decir que la sociedad tiene dos células con dificultades para estar en contacto en el organismo.

Ahora que está comenzando un nuevo año, ahora que tenemos el entusiasmo por recargar ánimos, pensar en dietas y reprogramar nuestra economía, es un buen momento para darle mantenimiento a esos vínculos domésticos que nos hacen ser parte de una sociedad sana.

Sostengo que escuchar ilumina al oyente y modifica el ánimo del hablante. Si podemos pensar en función de pocos y sencillos acuerdos, pero dispuestos a respetarlos, podemos hacer el cambio de aceite dentro del motor de nuestra relación, y hacerla que dure más tiempo en buen estado.

Intentemos, como un ejercicio, escuchar sin interrumpir y sin hacer ninguna clase de juicios (ni muecas, ni caras, ni fuchis), pensando en qué es lo que el otro nos quiere decir. Negociemos lo que se pueda discutir con más facilidad, y respetemos la libertad del otro para decirle no a lo que desee.

De igual modo que en casa no podremos hacer todas las reparaciones a nuestro auto, por simples que parezcan, de igual forma me parece una forma bastante inteligente acudir ambos ante quien pueda tener las herramientas necesarias para el debido arreglo. Alguien con la confianza de ambos. Vale la pena incluir este sector de la vida en los propósitos.


domingo, 13 de enero de 2013

Hoja de vida

Tengo 40 años. Ernesto Inti cumplió 15 en febrero; Andrés Daniel 11 el 31 de mayo. El domingo fuimos a los toros y luego a cenar. Inti no sabe si medicina o filosofía. Al Danielo le gusta una de 1º de secundaria pero no se atreve a hablarle. Yo debería fumar menos. Creo que ya es tiempo de que les hable de Patricia.

Tengo 19 años siete meses y 28 días. Ayer domingo 7 de junio de 1991 a la 1 de la tarde hice el amor por primera vez. Hacía un calor de la chingada pero nos valió madre. No se podría decir que yo la seduje. No me importa. La amo y quiero irme a vivir con ella. Pensé que me saldría una marcota en la frente o algo así como un letrero que dijera “este güey ya cogió”, pero nada.

Tengo 38 años. Me acaban de dar las llaves de nuestra nueva casa. Nos iremos la última semana de agosto. A Andrés le cuesta un poco separarse de sus amigos de la cuadra. Al Inti le gusta la idea de tener un cuarto más grande. Acabo de conocer a alguien. El sólo nombre me causa inquietud: Patricia.

Tengo tres años. Yo quería una niña y mis papás me trajeron una. Ya quiero que se siente para poderle yo darle de comer con la cuchara. La niña está bien bonita; la niña duerme todo el día. La niña ayer me sonrió. Mi mamá dice que no puede comer paletas de dulce. A lo mejor le gustan nada más las paletas de hielo, que son más ricas.

Tengo 25 años y cuatro meses. Hoy cargué por primera vez a Ernesto Inti, mi primer hijo. Pesó 3 kilos. Creo que peso menos que él pues las piernas me tiemblan. Nomamesestoybiencagadonopuedeserqueesoseamíonomamesquépinchepedocayahoraquéhaceunonomamesesincreíble¿locargoconlasdosaunquemequepaenuna?
Tengo 12 años. El sábado pasado me compraron mi primera bicicleta, era 15 de octubre. Mi papá la compró en oferta en Julio Cepeda. Creo que fue el día más feliz de mi vida. Me duelen las nalgas; creo que no me he bajado de la bici en dos días. Ayer me fui hasta Churubusco yo solo, pero nadie lo sabe. Qué padre que nadie sepa.

Tengo 22 años. Ayer troné álgebra. Me gustan las matemáticas, pero me gustan más los talleres literarios en Filosofía, y sobre todo las clases de Genaro. Hace tres años me declaré agnóstico (qué curioso: el tiempo de venir de oyente). Quiero ser escritor un día. Ah, me acaban de publicar un poema en el periódico ¡y en domingo!

Tengo 56 años. Cada vez paso más tiempo solo. Tengo sólo seis libros publicados. Por supuesto que no vivo de ellos. Pero estoy satisfecho, especialmente con mi última novela. Despertó buenas críticas. Andrés Daniel y Patricia son los primeros en leerlas. El Ernesto Inti dice que se queda con mi segundo libro, que el resto son jaladas. Es demoledor, pero sincero.

jueves, 3 de enero de 2013

Los coherentes

En mis épocas de ferviente católico —ya se cumplieron los 20 años de aquello— tuve el gusto de conocer y aprender de algunas personas coherentes, es decir, que vivían y actuaban conforme a su creencia religiosa. Luego descubrí que había otras personas también muy coherentes que no profesaban ninguna religión —o quizá secretamente— pero que tenían un profundo compromiso de respeto con las personas que amaban, incluso con las personas que no necesariamente amaban, pero que trataban con absoluta consideración. 

También encontré personas muy coherentes con sus ideales políticos o sociales. La coherencia es algo difícil de encontrar, que alguien viva como piensa —cuando piensa en que hay forma preferibles de vivir a otras— implica valentía, compromiso y sí, me parece que también amor.

En conclusión, es más importante ser coherente y respetar a los demás en su persona, independientemente de lo que piensan —pero por respeto y amor a uno mismo, saber alejarse de muchísimas otras, sean quien fueren—. La vida se va muy rápido, y lo que queda son recuerdos. Esperamos que buenos recuerdos. Feliz vida a todo el personal que hoy es viernes y es diciembre. Ojalá que el sexenio terminara con este año. Saludo para todos.

martes, 1 de enero de 2013

Dos negocios rentables

Dado el rumbo, el crecimiento y sus consecuencias que está teniendo la ciudad de Monterrey, preveo que en los próximos años los dos negocios que podrían florecer son los siguientes: 

1) Escucha. Se trata de un servicio de escucha por hora, en los que con total discreción las personas se desahoguen en privado, sin la intención de recibir terapia sicológica, ni consejos ni sermones. Tal vez una opinión pedida pero hasta ahí. Es ir a tirar basura cuando sea necesario. Me he dado cuenta que hay cosas que no se pueden contar a familia, y los amigos en persona (de nuevo las distancias) quedarían lejos para las pocas cosas que se quieran echar fuera. Las personas confesarían alguno que otro pecadillo y fin de la historia. 

2) Descanso por horas. Se trata de un servicio de dormitorio por horas en ciertos rumbos de la ciudad. Se podrá expender café y refrescos. No sería un motel de los que van las parejas, sería para descanso individual de entre 30 minutos a 3 horas, esto evitaría regresar manejando, evitar el tránsito de la ciudad, ahorrar tiempo... y descansar en terreno neutral y seguro.

domingo, 25 de noviembre de 2012

La camisa

Don Ricardo tenía 70 años de edad y 35 de trabajar en la fábrica. Como se había hecho amigo del ahora único dueño fundador, y por mantenerse activo, ni él se había querido jubilar ni el patrón lo había querido mandar a su casa.

Un día don Ricardo, siempre amable con todo mundo, se encuentra con Roberto Plaza durante la Posada. Roberto es un contador de 38 años que recién acaba de llegar a la empresa. Usa una camioneta de vidrios polarizados en donde caben ocho personas y unos lentes oscuros que sólo se quita en la oficina y en el interior de su casa.


Don Ricardo le hace un comentario amable a Plaza sobre su camisa, un diseño de moda en colores vivos con un estampado de una hoz y un martillo.

—¿En dónde la compró?, pregunta don Ricardo.
—No es por presumir, pero la compré en Nueva York.

Don Ricardo sólo conoce su pueblo y la ciudad en donde vive desde hace 40 años, nada más. Plaza sonríe satisfecho como un vendedor de seguros que acaba de hacer su mejor oferta, con los pagos soñados. Inútil que agregue que su camisa es Versace.

—Es una lástima que los muchachos de hoy en día no sepan todas esas cosas que han pasado, ¿verdad?— dice don Ricardo, quien llama "estudiado" a todo aquel que terminó una carrera y por lo tanto conoce de historia.

Plaza sonríe. Asiente. Trata de ser amable, aunque lo que realmente es irse a sentar a una mesa, entre una recepcionista y una directora de área donde localizó un lugar aún vacío.

—Hay tanta gente —continúa don Ricardo—, que no sabe lo que significa la hoz y el martillo.