miércoles, 16 de julio de 2014

Creer y no creer

Tocaron hace rato. Eran dos chicas de los Testigos de Jehová. Una de ellas me pareció que ya la había visto. –Ay, se me olvidó su nombre, me dijo sonriendo y un poco apenada. Ella se llama Montserrat y debe tener como 22 años. La otra no la conocía pero se presentó como Lolita. Creo que fue un chequeo de rutina porque casi no hablé ni me soltaron demasiadas citas. 

Me gusta mucho el diseño de sus revistas, pero tengo varias cosas urgentes que leer por las siguientes tres semanas. Cuando cerré la puerta pensé que hay pocas personas que ponen en práctica sus creencias religiosas. Pero no ¿verdad? Quién sabe. Eso nadie lo sabe. Mis hijos acuden a la iglesia mormona y yo les digo que actúen en consecuencia. Nadie sabe hasta qué punto los demás se apegan a sus creencias. 

Hace poco supe de una persona, de quien le admiro hasta donde le conozco, su rectitud y honestidad en su chamba, que ayuda en una Casa Hogar para ancianos. Lo supe por casualidad, no porque esa persona lo haya mencionado. Aún no sé si esto de ayudar en una Casa Hogar tenga que ver con alguna práctica relgiosa, puede ser, creo que no hace falta. ¿Verdad que hay muchas razones para hacer algo por los demás? Sí, para qué tanta música si la letra no inspira. Con una ética basta, que es tanto como decir creo en un Dios. Es algo bien cabrón, sin duda. 

Mi caso es raro, no creo en un Dios pero tengo un par de ideas al respecto. No es por cansancio, rencor o indiferencia que puse en claro hace ya tiempo algunas ideas acerca de la fe. Y entiendo si es un tema que les da una hueva descomunal. Pero al menos para mí, me ayudó escribir que no creo en un Dios. Si aguantan, aquí abajo está la liga con este texto, y si no, muchas gracias por haber leído hasta aquí.

Mi artículo No creo en un Dios, Aquí



domingo, 13 de julio de 2014

Postales con Dulce

La primera vez que la traté de cerca fue cuando acudí de oyente al taller literario que ella coordinaba en la Casa de la Cultura, quizá alrededor del año 2003. Encontré un ambiente al mismo tiempo amistoso, de camaradería y con mucho compromiso con la crítica que se realizaba. No pude asistir más que a unas dos sesiones o tres.

La siguiente vez que coincidimos fue en febrero del 2009, en la presentación de un libro mío.
Si bien recuerdo, Oscar Efraín Herrera la invitó a ese evento en el que se presentaban dos títulos coeditados por su sello Diáfora, con la UANL; el otro presentador sería el maestro Giampiero Bucci para el libro de Renato Tinajero titulado Yorick.

Desgraciadamente no tengo gran registro de esa presentación, salvo algunas fotos. Y es que Dulce hizo una exposición oral, no leyó ningún texto. Entre la emoción, el gusto por mis invitados, los nervios, no recuerdo mucho más el comentario que unos amigos, completamente ajenos al ambiente literario, me hicieron: me dijeron la exposición de Dulce había sido tan clara y tan didáctica, que habían comprendido claramente de qué iba este asunto de la poesía y especialmente el sentido de mi librito. Eso me agradó, pues me di cuenta que Dulce, como buena maestra, tenía la habilidad de llevar de la mano por aspectos que para muchos pueden parecer muy abstractos.

Recientemente me encontré con un texto de la escritora Lorena Sanmillán que estuvo presente aquel en febrero del 2009 aquella en la Casa de la Cultura de Nuevo León:

“Ayer coincidí con Dulce María González en la presentación de los libros De Lunes a Diciembre, de Gerardo Ortega, y Yorick de Renato Tinajero.
Giampero Bucci pronunció un discurso de presentación conciso e íntimo. Maestro de Renato en la Facultad de Filosofía y Letras alabó el hacer de su alumno y manifestó lo grato que fue sorprenderse por el talento del poeta.
Cuando Dulce estuvo al micrófono reivindicó la escritura en los blogs. Habló del yo narrativo, el yo poético, el yo literario y el yo blogguer lo cual me pareció muy interesante. Esto lo enunció dentro de un marco de referencia clara a conocer el contenido del libro de Gerardo.
Ortega, en agradecimiento por el discurso de la escritora dijo que sobre todo le agradecía haber presentado el libro sin conocerlo. Los presentes que habíamos puesto atención a todo no pudimos más que desconcertarnos. Cuando comentamos el asunto, entre copas de vino y canapés, nació de mi garganta la frase que da origen a este post: Pero hay un blog, que todo lo ve.
Tiene razón Dulce, en lo cotidiano hay muchas cosas sorprendentes y de eso se nutren los blogs. Los blogs que todo lo ven y todo lo cuentan. En medio de los blogs que trascienden lo íntimo rozando la frontera de lo público hay que aprender a conservar la esencia en un extremo místico, pues antes había un Dios que todo lo veía. Ahora hay un blog que todo lo ve.


Luego de aquella presentación, Dulce y yo nos reunimos varias veces en el café. Su sencillez y cierta dulzura –acorde con su nombre– hacían más amenas las charlas. Ella me aconsejó en alguna ocasión sobre un proyecto editorial. En esas pláticas me sorprendió gratamente saberla lectora de filosofía. Saberla buena lectora, punto. No podía ser de otra manera, pero en ella se daba además el gusto por la plática sabrosa.
En los últimos días del 2013 le mandé un correo. Tenía días que no dejaba de pensar en ella. La saludé, me contestó amable y breve. Me deseó mucha vida en este año que comienza. Me deseo mucha vida pero ella la perdería meses después.

Ahora que lo pienso, la traté muy poco; pero me quedan sus algunas novelas, sus libros.

Adiós Dulce, gracias por todo.



lunes, 7 de julio de 2014

La casi tragedia en El Prat.

Pendejo es una palabra consistente, llena de calor, ejercita las quijadas y los músculos del cuello. Los mexicanos la usamos para ocasiones especiales y por demás emotivas. El sábado un avión de pasajeros, a punto de aterrizar, estuvo muy cerca de estrellarse contra otro que se cruzó en la pista en el aeropuerto de Barcelona, puerto aéreo mejor conocido con el bello nombre de El Prat. No estuve ahí, del hecho circulan videos, pero sí puedo asegurar que se debió a un error humano, precisamente de un humano que funge como Controlador de Tráfico Aéreo, especificamente del controlador de aterrizajes.
El piloto del avión que iba a  aterrizar, pudo abortar la operación a tiempo y relinchó el caballo, la ostia de tu la gran puta que te parió, debió haber dicho el piloto si hubiera sido español, pero como el avión era de una línea rusa, las palabras debieron sonar en toda la cabina. En ruso. En la torre de control, y hasta en el baño del avión. Al la Torre también se la debieron mentar en ruso, en catalán, en turco y en catalán.
Nadie resultó lastimado. No hubo tampoco daños, ni del avión de aerolínea rusa que se aproximaba, ni el argentino que se cruzó.

Mis respetos para el piloto que pudo evitar la tragedia en el último momento. Debió haber dejado el asiento inundado.

viernes, 27 de junio de 2014

Purificación Carpinteyro, ternurita

El pecado más grande de Purificación Carpinteyro no fue querer formar una empresa, gracias a las reformas legales que ella misma había impulsado (de manera premeditada o no para este objeto), sino que cometió el peor pecado que puede cometerse en el mundo de la política: la ingenuidad.

La pregunta no es qué tan grave es la acusación, o en su caso, el conflicto de intereses que presuntamente presenta en su doble papel de legisladora y de futura empresaria independiente.

La pregunta es quíén pidió su cabeza.


Tellezgate. En el 2009 se dio a conocer una grabación telefónica en la que Luis Téllez, subsecretario de Agricultura con Carlos Salinas de Gortari, y secretario de Comunicaciones y Transportes del 2006 al 2009 en el sexenuio de Calderón, afirmó que "Salinas se robó la mitad de la cuenta secreta", es decir, varios miles de millones de dólares. Aunque al final fue absuelta, Téllez denunció ante la PGG que Purificación Carpinteyro, en ese momento subsecretaria de Comunicaciones y Transportes, había sido responsable de filtar esas grabaciones.

Esa fue una llamada de atención. Pero al parecer no supo interpretarla, no entendió la señal o, lo que a mí me parece, fue muy ingenua. Sus reconocimienrtos internacionales como mujer de negocios, su Maestría en Harvard y su amplia experiencia en empresas de telecomunicaciones no le enseñaron que no se debe meter con quien no se debe meter. Sí lo hace, realmente estará sola. Sola. Y en la política nadie va solo.

Tras el descalabro, esta talentosa mujer reconoce la falla. Publica en Reforma este viernes 27 de junio:
Pero lo que más me mortifica es el enojo que siento conmigo misma por descuidarme cuando nadaba con tiburones.

La afrenta la iba a pagar. Era cuestión de tiempo.

lunes, 23 de junio de 2014

La experiencia amorosa en los varones


Las preguntas son:

¿En qué situaciones se siente amado un varón?

¿Hay diferencia en la manera en que se siente amado, en relación a como lo hace una mujer?

Finalmente, en la vida emocional de los varones, ¿qué prioridad tiene sentirse amados? ¿o bastará con sentirse admirados/deseados?¿qué lugar ocupa el recibir amor?

jueves, 19 de junio de 2014

Carta abierta a la señora FIFA

Señora FIFA, le quiero decir lo siguiente: 

La homofobia en México es un asunto interno, algo privado que todos los mexicanos ejercemos puntualmente en nuestro país, pero si piensa que gritarle "puto" al portero a la hora del saque esuna expresión de homofobia, permítame decirle que se equivoca profundamente. Gritar "puto" es un desahogo, un grito de batalla, una piedra verbal al contrario, un estar unidos en esta guerra, es poder decir una palabra "prohibida" en completa libertad y anonimato. Créanos que nos gusta mucho hacerlo. Y si a usted le da comezón en el fundillo, me alegra muchísimo, porque el próximo lunes lo vamos a gritar dos veces más fuerte, tanto que los locutores tendrán que cubrir su micrófono, o hacerse pendejos para que no se escuche tan clarito. Los mexicanos somos así, ¿usted creía que nos iba a dar por limpiar el estadio al final del partido como los japoneses? No, mamita, no nos endedudamos con 60 mil bolas para ser sus barrenderos.

viernes, 13 de junio de 2014

Un Hyundai amarillo


Para Armando Berrones

Hoy en la mañana un hombre tocó la puerta de mi Facebook buscando que lo agregara. Ni su foto ni su nombre me dijo nada y cuando le pregunté de dónde nos conocíamos su respuesta me intrigó: “Trabajamos juntos en el periódico el Valle hace unos años”. Yo no recuerdo haber trabajado ahí, tampoco su cara ni nada de lo que me decía. Lo despedí amablemente pero esa sensación de haber cruzado un túnel del tiempo me desconcertó. Pasé varias horas tratando de recordar cómo hizo agua una laguna de ese tamaño en mi memoria, y en ese hoyo me quedé cavilando, como cuando uno observa centímetro a centímetro un agujero hecho por una bomba en la pared.

*

Descubrí hace unos días un videojuego de carreras de coches que me recuerda los primeros que habitaron el planeta y que la prehistoria tecnológica describe como Atari 2600. Yo mismo acompañé a mis primos a comprarlo al Peny Riel un día de noviembre de 1984. Cuando crezca, me dije, casi me prometí, me compraré uno. No lo hice (no lo he hecho aún), pero cuando encontré una aplicación muy parecida no dudé en bajarla. En uno de los circuitos hay una curva que serpentea de bajada y siempre que paso por ahí me rompo la crisma en un derrape que no puedo evitar. Ya sé que soy un pendejo por no frenar, pero me gusta el rechinar de llantas y sentir cómo se enoja el motor de mi Hyundai amarillo, como si fuera una fiera rasguñando el suelo con medio cuerpo colgando del precipicio. Vuelvo a pasar, y me vuelvo a embarrar chingadamadre.

Anoche soñé esa curva, pero que era la bajada de Bulevar Acapulco. Ahí me daba contra las casas.

*
El periódico El Valle estaba por Garza Sada, recuerdo la fachada y el letrero. Nada más. Pasé muchas veces por ahí porque más adelante, donde Bulevard Acapulco viene a descansar al semáforo, hay una plaza pequeña, con una placa y un avión a escala dedicado al Escuadrón 201. Ese pequeño parque tiene ocho bancas, pero sólo tres miran a la avenida sin dificultad. De las tres nada más a una la cubre parcialmente un árbol cuando llueve (cuando la lluvia es muy ligera). A los autos que los detiene la luz roja (que siempre son los que más prisa llevan) deben esperar 50 largos segundos mientras quien conduce pule la pintura de sus labios, se mira el cabello aún húmedo o regaña a los niños que brincan en el asiento de atrás.

*

La noche cuando pasó lo que pasó no existe, no existió, es mentira, no me pasó ni estuve nunca ahí, no fue en esa calle que parece el circuito de Catalunya ni tenía a la vista un carro gris parecido a mi Hyundai.

*
Sé que este historia está llena de absurdos, o de imaginaciones mías, de invenciones, como seguramente les estoy inventando lo del Penny Riel y lo del Atari, o lo de la persona que me halló por Facebook y es a quien dedico esta historia.

*

Las apariciones que siguieron de ese coche gris sí fueron ciertas, era como si el fabricante hubiera hecho solamente uno y yo me lo encontrara siempre. Las apariciones eran ciertas, pero no tenían que ver conmigo, nomás me seguía y me recordaba lo que les digo, algo que no sucedió. Estoy seguro que no trabajé en El Valle por varias semanas como me dijeron, ni modo que hubiera aceptado sólo por su cercanía con el Bulevard, yo no estuve ahí, ni  fui editor en ese periódico como me aseguran. ¿Es que no me creen que estuve sentado en una banca?




domingo, 8 de junio de 2014

Tratos comerciales

Si todos los prestadores de un servicio o vendedores de un bien, ofrecieran su trabajo con alta calidad y tuvieran y dieran muy buen trato a la gente con la que se relacionan, no tendría sentido pagar por publicidad. En cambio, un trato mediocre, descuidado, engrandece los posibles defectos del producto o servicio. En lo particular, me siento más cómodo con un proveedor que me trata bien, que me escucha, porque sé que en cualquier momento puedo hacerle observaciones sobre la parte del trabajo que no me gusta. La mayor antipublicidad es la arrogancia.

sábado, 7 de junio de 2014

La sangre erguida


De qué eres dueña
sino de mi sangre erguida
que te señala con un trozo
de mi carne

No me dejes afuera
con lo que es tuyo

Cierra los ojos
y tómalo
reconócelo
que ha pasado mucho tiempo
fuera de ti

sábado, 24 de mayo de 2014

Las librerías

Las librerías son importantes y necesarias, son el medio más popular –no el único y puede que de momento sea el mejor– y se deben cuidar y promover, pero hay un un par de aspectos de la industria editorial que poco se señala. 

1) En número redondos, del precio al público de un libro, la librería se lleva el 50 por ciento, la editorial el 40 y el autor el 10 por ciento, o a veces un poco menos. 


2) Otro punto: le editorial le paga al autor digamos que 10 por ciento, pero ojo, sobre el número de ejemplares que DICE que se vendieron. Estoy hablando de las editoriales comerciales, no de las gubernamentales o subsidiadas. 

Atención, no estoy diciendo que a las editoriales mexicanas les vaya muy bien y que no afronten vientos fiscales y un mercado voraz que las esté asfixiando, no, sólo digo que el autor se lleva un peso de cada 10 que el lector paga, y los otros 9 representan el precio de la marca y del estante.
Pero existe otro modelo.
Una editorial y un autor acuerdan repartir sus ganancias. La editorial imprime en digital bajo demanda, promociona en redes sociales, organiza algunas lecturas; y le informa al autor de sus ventas. Además acuerda pagarle no el 10, sino el 40 por ciento del precio al público ¿No estará el autor más contento?
Alguien me puede rebatir que ese modelo no funciona, que habrá que ver. Pues sí, claro. Es un comienzo. Lo que puedo afirmar es lo que me consta, y lo que me consta es que un autor prácticamente desconocido como el que esto escribe, ha vendido 130 libros en poco más de un mes (cero pesos de inversión de publicidad), con la ayuda de las redes sociales y amigos que le acompañan. Aquí cabe la duda: quién puede decir si se trata de un modelo incipiente pero exitoso, o se trata de las amistades tan generosas que le tienen la mano a este su charro negro.
Pero por si acaso, muchas gracias. A seguir fortaleciendo las librerías, y el que desee comprarme un libro de 120 pesos (sin intermediarios), se los agradezco un montón.


(Mi correo: yadivia@hotmail.com)

domingo, 18 de mayo de 2014

Tampón


Pequeño usurpador de los jardines
que mueres cada día en el intento
efímera misiva del contento
mensaje curador del sufrimiento

Un albo centinela de ojo tierno
un mártir silencioso que yo espero
al tiempo me resigno con esmero
no tardes demasiado te lo ruego

domingo, 11 de mayo de 2014

Fue más o menos así...

Es de esas letras del cancionero ochentero que tienen un narrador tan presente como el de la canción "La maldita primavera", que interpreta Yuri. 

Desde el inicio, a pesar de la aparente inseguridad, narra los hechos con todo detalle, al punto que raya en lo morboso: "Fue más o menos así: vino blanco noche viejas canciones..."

lunes, 5 de mayo de 2014

Seis puntos sobre la fe

Con todos estos temas de la canonización del papa Juan Pablo Segundo y de Juan XXIII, de la película de Obediencia perfecta, de Luis Urquiza, y esos debates que me parecen estériles, pocas veces tengo muy claras:

1) El hecho de que haya dejado de ser católico por allá de mis 20 años, no implica que haya dejado de reflexionar en asuntos de la fe, las iglesias y el papel de algunos religiosos célebres.

2) Muy difícilmente una persona va a abandonar o a sumarse a un credo religioso por motivos puramente "racionales". Por ende no hay argumento válido en sí mismo que puede convencer a nadie de ello.

3) La fe religiosa de cada quien, cuando es arraigada, es algo que está tejida en las fibras más sensibles de un ser humano. Tocarla es equivalente a lastimar, y si no me gusta que me lastimen, no debo tocarla a la ligera.

4) El hecho de que un cura católico haya intentado propasarse conmigo, no significa que todos los curas estén cortados por la misma tijera, pero sí me parece fundamentado que esto me haya hecho sensible a los posibles abusos por parte de adultos que están en un posición privilegiada.

5) La coherencia es un valor alto para mí, pero sólo aplicado a mí. Creo que mi filiación a cualquier creo me obligaría a profundizar y comprometerme en el conocimiento de lo que digo practicar o seguir. De lo contrario estaría "estando a medias".

6) Creo que la fe no es para todos, por el hecho de que no en todos tiene el mismo efecto. En unos los hace mejores personas. Lamentable que una persona tenga una relación enferma, se la viva lamentando, quejándose, pero no tome una decisión. Es enfermo no decidir cuando algo en nuestra relación anda muy mal.



Yo te amo matemáticamente

Yo te amo matemáticamente
con un amor tan trigonometrical
que ya sea prácticamente o teóricamente
todo mi sistema decimal


Yo te amo con mi tangente mirada
y con el cuadrado del aire que respiro
y si mis ecuaciones algebraicas no son errónea
en el infinitesimal cielo yo te miro


Yo te amo a mi máxima potencia
y estás en un profundo lugar geométrico dentro de mi alma
a tu par de ojos hago referencia
por que me hacen número real y me dan la calma

Yo te amo a una velocidad acelerada
como la existente al caer un objeto
por favor siéntate a mi lado y formemos
un trinomio cuadrado perfecto


Y si graficase cuánto te amo
utilizando mis funciones
el plano utilizado
se llenará de corazones
no teniendo más raíces
que mi amor sin dimensiones


Yo te amo con cualquier ecuación
ya que me es fácil al cuadrado elevarte
si me divides pasas multiplicada
ya que me es difícil despejarte


Yo te amo en las cuatro operaciones
te sumo te resto y te divido
veo tus ojos en mis pizarrones
las equis del recuerdo y del olvido

domingo, 4 de mayo de 2014

Búsquedas y encuentros

Al leer los 13 cuentos que componen el libro Búsquedas y encuentros, de Roselia Bonifaz Montes, uno puede adentrarse en distintas atmósferas. Desde la de angustia hasta la compasión, pasando por el amor y la ternura.
En algunos de los cuentos la fatalidad está presente, no como algo tangible, inmediato, sino como una posibilidad que amenaza. Es el caso de la primera de las historias, en donde el diputado pasa por un duro trance nunca especificado, mas preso de la angustia toma una decisión definitiva.
En la primera mitad del libro, es decir, en los primeros siete textos, se respiran situaciones ligadas al misterio, a una incógnita, como la angustia en el inicial, “La Burla”, pasando por el logrado suspense del segundo, “Condenado”, hasta llegar a una anécdota, a la vez “real” y asociada a lo fantasioso.
A partir del octavo cuento, “Encuentro”, se diluye esa angustiosa nube onírica de las historias y predomina más el tono realista, incluso dentro de un entorno urbano, pero en donde suele aparecer algún rasgo de misterio, como el caso de la misma historia “Encuentro”, donde la protagonista se encuentra casualmente con un hombre, que trabaja como agente de tránsito, que había sido sirviente en su casa de infancia.
En “Los tiempos de Dios”, el sacerdote jesuita Salvador Petri narra a la concurrencia asombrosos hechos vividos en su juventud y que definieron en buena medida su futuro. En esta historia aparece un poco más evidente ese ingrediente de reflexiones sencillas y profundas, dichas como al descuido, entreveradas con el hilo de la trama, como cuando el padre Petri dice en algún momento: “Las palabras tienen uso sólo para lo concebible”.
Ya en el cuento “Mariquita” asistimos a la crónica de un amor no consumado, al parecer parte de la historia de Ensenada, pero trabajada desde la literatura. Al igual que la historia de La Bikina, Mariquita se vuelve emblemática, punto de referencia de la belleza de su época con una historia que al parecer pocos conocen.
El cuento “No quieras con desgana”, en un homenaje a Mario Benedetti, muestra un retrato sucinto y emotivo de la invasión nazi a Checoslovaquia, en voz de una anciana Edith, que vivió en familia parte del trágico fin de muchos judíos. Pero la historia tiene otro argumento. La protagonista y su amiga Laura están de viaje por Europa, cuando esta última decide quedarse, abandonar esposo e hijo y no regresar a México sin mayores explicaciones que un par de cartas.
La narradora se niega, pero en el camino a bordo de un tren conocen a Edith, con quien Laura siente una profunda afinidad: “Ella y Edith se completaban las frases y entendían el sentido mudo de una mirada o un ademán”.
La historia Edith ocupa un lugar aparte no sólo en este cuento, sino en todo el libro

*
Este libro de cuentos vale la pena, entre varias cosas, por el manejo de distintos tonos que guardan unidad, por el manejo de las atmósferas, desde fantásticas hasta policiacas, en donde el misterio se va desentrañando, entretejidas en ocasiones con un monólogo interno del protagonista.
También, en ocasiones, la historia se acerca a lo fantástico, pero no con un sentido ornamental, sino para poner en evidencia que tantito más allá del mundo hay otra realidad, que nos observa y a veces nos sonríe.
La combinación de agilidad y profundidad en cuentos de pocas páginas denotan un trabajo depurado y pulido para contar solamente lo esencial, pero sin dejar fuera los rasgos más distintivos de cada personaje.
La autora sabe que el arranque de cada historia es vital para atrapar al lector. Con cada inicio plantea no sólo las incógnitas, sino también el tono de todo el relato:
 “El diputado sabe lo que debe hacer. Lo sabe con certidumbre, hace apenas algunas horas pero lo intuye desde hace mucho tiempo atrás”. (La Burla)
O también:
«Todo ha salido bien, no podía ser de otra manera. El hombre de cabello gris y piel color ceniza cierra los ojos, recuesta la cabeza sobre la almohada y abraza el periódico. Después lo extiende y despacio, letra por letra, vuelve a leer el encabezado: “Dos mujeres se matan por un hombre”». (El Castigo)
Mario Vargas Llosa afirma que dos elementos son fundamentales en toda narración, el tiempo y el punto de vista.
En cuanto el tiempo, Bonifaz lo maneja de una manera eficaz, porque lo pone al servicio de la historia, como es el caso de en “El Castigo”. Y sobre el punto de vista, suena tan natural y con un lenguaje bien trabajado, que es notoria la buena elección.
Un libro para disfrutarse despacio, y reflexionar, sin proponérnoslo, sobre la relación que hemos tenido con nuestros semejantes a través del tiempo.
*

Editorial: Acento Editores (Guadalajara, Jal.) www.acentoeditores.com
Foto de la autora: Vanessa Moreno Borrego.



lunes, 21 de abril de 2014

sábado, 19 de abril de 2014

Desencuentro con García Márquez

No era el mejor trabajo, pero tampoco el peor. En todo caso no había motivo para que me despidieran, tampoco para que yo me deprimiera, y sin embargo, antes de que termine este viernes, ya soy un desempleado. Los quiero mucho a todos.
En el café miro tras el cristal, la maleta a mis pies, veo a la gente, garabateo algunas líneas en una servilleta y me hago la apuesta de que, si no me encuentro con algún conocido antes del tercer café, entonces llamaré a Ana y le diré ¿Te gustaría ser mi novia?
Al segundo café miro pasar a un hombre con cara conocida. Quizá es mi imaginación pero es idéntico a Gabriel García Márquez, el escritor. La servilleta dice Ana por todos lados, entonces pido el tercer café y tomo el teléfono celular. Suena una vez, dos veces. Me sudan las manos. Trago saliva. Me aclaro la garganta. Hola, Ana ¿te gustaría ser mi novia?, me preparo mentalmente a contestar. No mejor, Qué tal Ana ¿cómo estás? No, tampoco: lo desecho por demasiado estudiado. Está mejor: estaba tomándome un café y pensaba que quizá tú… Suena por tercera vez. Qué tal reinita, si tú siempre me has gustado. No, demasiado vulgar. En eso cuelgo.
Para mi sorpresa veo a García Márquez que entra el café. Se queda un momento allá, a unos pasos de la entrada. Pienso que busca a alguien con la mirada. Es idéntico al Gabo, pienso. Hasta en el maldito bigote se parece. Trae un saco café y unos lentes que le quedan un poco grandes.
Ana no me contesta, no veo a nadie conocido, la mesera se dio cuenta que no pienso consumir nada más y mira con desdén: lo único que me queda es salir en retirada.
¿Es usted Miguel Fartúa?, escucho. Al girar la cabeza miro a García Márquez a tres metros de mí.
Debo estar seguro. Ahora cualquier escritor se viste como García Márquez, aunque quizás él no sea escritor, sino dramaturgo. O ni escritor o dramaturgo, sino simplemente alguien que me ha confundido con otro Miguel Fartúa que no sea yo, sino otro que se llame igual.
¿Perdón? Digo estirando el cuello. Rara vez olvido un rostro; puedo pasarme semanas tratando de ubicar alguno, pero siempre lo consigo. Y a este lo vi en la portada de un libro suyo que alguien dejó olvidado hará cosa de tres o cuatro meses en el trabajo, quiero decir, en mi extrabajo. Además, es el escritor favorito de Ana.
García Márquez voltea para los lados. Luego se acerca un paso y me dice más con el rostro que con la voz:
— Que si es usted Miguel Fartúa, el botones del Hotel Monterrey, el que queda de aquí a dos cuadras.
Ahora sí noto un acento definitivamente extranjero. Nomás eso faltaba: que después de ser despedido algún cliente todavía me busque para reclamarme.
— No señor, le contesto, soy mesero de un bar. Para luego corregirme en voz baja: “era”.
— Perdone usted, me dice, y se retira. No puedo resistir la tentación. Apenas da dos pasos, lo llamo:
— Disculpe. Él se detiene. Su figura parece la de un abuelo a quien le gusta bromear.
— ¿Sí?
— ¿Es usted Gabriel García Márquez, el que escribe?
Levanta las cejas, en gesto que parece más de sorpresa que de molestia. Y dice en tono divertido:
-Hombre, pero acá las preguntas las hago yo. Y al decir esto pienso que está a punto de soltar la risotada.
— ¿Cómo se llama usted?, revira. Yo me pongo nervioso.
— Aurelio.
— ¿Aurelio qué?
— Aurelio Martínez.
— Mire señor Martínez, busco a un tal Miguel Fartúa, que es el botones del hotel en el que me hospedo, me dijo la recamarera que lo podía encontrar aquí.
 ¿Y podría saber para qué lo busca? digo, si no es indiscreción.
García Márquez se acerca un poco hacia mí y lo invito a sentarse. Él titubea y finalmente se sienta. Me parece que de cansancio. Estaba a punto de responderme cuando aparece una muchacha muy joven que le pide un autógrafo. Y detrás de ella otra que al parecer venía con la primera. Cuando nos dejan solos el escritor saca un sobre amarillo de entre su saco. Me sudan las manos y me muerdo la uña del dedo meñique. Dos señoras mayores lo han reconocido y se acercan; una de ellas por poco se cae encima de él al querer abrazarlo. Las dos señoras y García Márquez se ríen: si esto hubiera pasado hace 25 años se lo habrían comido a besos. Comienzo a incomodarme; me dan ganas de levantarme y salir corriendo. Varias mesas murmuran y algunos voltean hacia acá. Más bien la mayoría. Se aproximan tres muchachos juntos de diferentes edades, y detrás un señor calvo con un chaleco a cuadros.
— Le sonará raro, dice con la mirada en mi taza de café, pero quise recordar mis tiempos. El botones del hotel se llevó mi maleta así que salí a buscarlo. Como si fuera a escribir una nota para el periódico, haga de cuenta. Y me muestra las uñas al terminar la frase. Me fijé que dijo “se llevó”, y no “me robó”.
Uno de los tres muchachos le pide un autógrafo y detrás de ellos el calvo del chaleco. Ya se habían juntado además otras tres señoras, un señor que traía un maletín y una mesera que decía compermiso, compermiso, mientras alargaba un trozo de papel para que se lo firmara. Ocho en total. Siento que me falta el aire. García Márquez saca el reverso de una foto que dice “Empleado del mes”. Al voltearla me doy cuenta que es una foto mía.
— Don Miguel: tiene usted cojones, pero usted me regresa mis libros ahora mismo.

Qué dirá Ana cuando le cuente.

viernes, 18 de abril de 2014

Postales con García Márquez


Tengo 10 años. Mi mamá platica con una amiga de la familia que había ido de visita a la casa. Por la conversación que escucho en partes, deduzco que hablan de una familia que está pasando por ciertos problemas. Algunas partes suenan raro y en ambas, mi mamá y su amiga, buscan una explicación. Descubro que hablan de un libro de título extraño: Cien años de soledad.
*
Estoy de oyente en la facultad. Es el primer día del semestre. El maestro pregunta por autores favoritos. De los siete, cuatro contestan que Gabriel García Márquez, dos que Julio Cortázar y uno que Carlos Cuauhtémoc Cárdenas (sic).
*
Durante varios años la ceremonia era parecida: La Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano entregaba su premio en el Museo de Arte Contemporáneo, Marco, en Monterrey, dirigido por Nina Zambrano, hermana de Lorenzo Zambrano, uno de los principales promotores del premio desde la empresa Cemex que él maneja. Al final del acto, aparecía el cantante Celso Piña interpretando La cumbia sampuesana y la consabida pieza Macondo, para alegría del Nobel y de los presentes. Un día Celso no se presentó al evento para desconcierto de algunos asistentes. Rubén Mujica, representante en ese tiempo de Celso, se lamentaba conmigo del desaire: "Yo que le di todo el apoyo, ahora me hace esto. ¿Te parece justo, Gerardo?". Al día siguiente, los periódicos mostraban al mismo Gabo alegre de siempre.
*
El crítico peruano Julio Ortega, buen conocedor de la obra de García Márquez, además de su amigo, relataba que al subir a un avión solía contar la cantidad de personas que leían un libro del Gabo. "Un día conté a 14", señala.
*
Esta historia comienza con un jovenzuelo que  conoce a una chica involucrada en la lectura más que en cualquier cosa en la vida. Autodidacta ella, podía leer más rápido y recordar tres o cuatro veces más que él, que en ese tiempo era un estudiante de la carrera de Letras. Cuando Juvenal Urbino se cae de la escalera tratando de ir tras su loro en El amor en los tiempos del cólera, la pareja ya está comprometida. Tendrán dos hijos varones y los libros de García Márquez rodando por la casa.