En términos generales eso de recomendar un libro, una lectura, no funciona; sólo un uno por ciento leerá por esa recomendación, y me fui alto. Y nadie necesita recomendar nada.
Otra cosa es estar en contacto con esos lectores/buscadores de libros, esos curiosos.
martes, 7 de octubre de 2014
lunes, 6 de octubre de 2014
Todos somos emisores potenciales, no sólo los "Revolucionarios de iphone"
"Revolucionarios de iphone" hasta donde alcanzo a ver puede significar dos cosas.
Uno, creo que el más usado, en sentido despectivo, para referirse a aquellas personas que según la parte acusadora no entienden mayormente de cuestiones sociales y políticas, pero quieren dárselas de muy "comprometidos", adoptando más o menos una pose, todo esto desde la mesa de un Starbucks.
El otro sentido es hacer uso de las redes sociales, por ejemplo el Facebook, para reproducir u opinar sobre alguna cuestión social.
En ambos sentidos me parece a mí, viendo al emisor sabremos mucho el sentido de su mensaje. No creo que sea buena idea descalificar por igual a todos a quienes usan las redes para reproducir o pronunciarse sobre una cuestión social y política (incluso religiosa o sexual), creo que más bien que en esta plaza pública que son las redes sociales te permiten en todo caso confrontar por medio del diálogo, observar solamente o ya de plano borrar o bloquear a quien emite esos mensajes.
Qué bueno que haya variedad, qué bueno que podamos borrar o eliminar lo que nos cansa o nos fastidia. Sobre todo qué bueno que podamos seguir en contacto con las personas que tanto queremos y acceder además a bienes de consumo, algunos gozosos o vitales (videos, textos, noticias, peiticiones de ayuda o solidaridad).
Me gusta tener el control de lo que leo, me gusta cerrar el libro cuando me fastidia, me gusta decir a veces unas palabras cuando el cariño es tanto.
Uno, creo que el más usado, en sentido despectivo, para referirse a aquellas personas que según la parte acusadora no entienden mayormente de cuestiones sociales y políticas, pero quieren dárselas de muy "comprometidos", adoptando más o menos una pose, todo esto desde la mesa de un Starbucks.
El otro sentido es hacer uso de las redes sociales, por ejemplo el Facebook, para reproducir u opinar sobre alguna cuestión social.
En ambos sentidos me parece a mí, viendo al emisor sabremos mucho el sentido de su mensaje. No creo que sea buena idea descalificar por igual a todos a quienes usan las redes para reproducir o pronunciarse sobre una cuestión social y política (incluso religiosa o sexual), creo que más bien que en esta plaza pública que son las redes sociales te permiten en todo caso confrontar por medio del diálogo, observar solamente o ya de plano borrar o bloquear a quien emite esos mensajes.
Qué bueno que haya variedad, qué bueno que podamos borrar o eliminar lo que nos cansa o nos fastidia. Sobre todo qué bueno que podamos seguir en contacto con las personas que tanto queremos y acceder además a bienes de consumo, algunos gozosos o vitales (videos, textos, noticias, peiticiones de ayuda o solidaridad).
Me gusta tener el control de lo que leo, me gusta cerrar el libro cuando me fastidia, me gusta decir a veces unas palabras cuando el cariño es tanto.
sábado, 4 de octubre de 2014
Mi papá
Mi papá tiene una imaginación poética, algo parecido a un sexto sentido del que ahora habla con la voz quebrada y con una emoción que yo me niego a reconocer, no por insensible, sino porque cuando la emoción se sube a la cabeza, impide pensar con claridad.
La mañana del martes, hace cuatro días, un dolor en el pecho lo despertó en su cama a casi 2 mil kilómetros de la mía y sin nadie cerca en ese momento. Con ayuda de mis tíos llegó a una clínica de donde casi lo corren, no porque estuviera sano, sino por todo lo contrario: se estaba muriendo y no lo sabía; el dolor era un infarto que se acercaba reptando justo para anclarse en una arteria a la que ya sobaba con paciencia.
Menos de una hora después, de lado a lado de la ciudad, entró al hospital de Cardiología en donde ya lo esperaban los médicos para hacerle un cateterismo y arrancarlo de unas fauces que ya comenzaban a cerrarse.
Actuaron muy rápido.
Si la atención hubiera tardado tres horas más, hoy sábado esta página sería un obituario y yo estaría en Monterrey como un náufrago no por las lluvias, se entiende, sino literalmente partido. Si escribo esto es porque ya diluí las emociones y mi papá está fuera de peligro. Entre doctores pero fuera de peligro.
“El martes en la mañana, cuando me subí al coche, la muerte venía a un lado mío, pero alguien me venía cuidando, alguien que me quiere mucho me venía cuidando”, me dijo hace un par de días, por teléfono, a su celular.
Eso es tener un sexto sentido.
Ya luego me contó lo bien que lo trataron, lo bañaron, lo peinaron y lo curaron. Las enfermeras y las doctoras una maravilla. Le pregunté si no le preguntaron lo siguiente: “¿Va a pasar al privado o nomás viene por información?”. Nos reímos porque dice que le hicieron un tacto y cuidado.
Ahora me río. Pero pienso en su imaginación poética y cómo sería estar acompañado de la muerte por un rato.
Un rato que puede ser eterno.
La mañana del martes, hace cuatro días, un dolor en el pecho lo despertó en su cama a casi 2 mil kilómetros de la mía y sin nadie cerca en ese momento. Con ayuda de mis tíos llegó a una clínica de donde casi lo corren, no porque estuviera sano, sino por todo lo contrario: se estaba muriendo y no lo sabía; el dolor era un infarto que se acercaba reptando justo para anclarse en una arteria a la que ya sobaba con paciencia.
Menos de una hora después, de lado a lado de la ciudad, entró al hospital de Cardiología en donde ya lo esperaban los médicos para hacerle un cateterismo y arrancarlo de unas fauces que ya comenzaban a cerrarse.
Actuaron muy rápido.
Si la atención hubiera tardado tres horas más, hoy sábado esta página sería un obituario y yo estaría en Monterrey como un náufrago no por las lluvias, se entiende, sino literalmente partido. Si escribo esto es porque ya diluí las emociones y mi papá está fuera de peligro. Entre doctores pero fuera de peligro.
“El martes en la mañana, cuando me subí al coche, la muerte venía a un lado mío, pero alguien me venía cuidando, alguien que me quiere mucho me venía cuidando”, me dijo hace un par de días, por teléfono, a su celular.
Eso es tener un sexto sentido.
Ya luego me contó lo bien que lo trataron, lo bañaron, lo peinaron y lo curaron. Las enfermeras y las doctoras una maravilla. Le pregunté si no le preguntaron lo siguiente: “¿Va a pasar al privado o nomás viene por información?”. Nos reímos porque dice que le hicieron un tacto y cuidado.
Ahora me río. Pero pienso en su imaginación poética y cómo sería estar acompañado de la muerte por un rato.
Un rato que puede ser eterno.
Osorio frente al IPN
Miguel Angel Osorio Chong, secretario de Gobernación, dio la cara, dio un paso al frente, resolvió... Se sacó una estrellita en la frente, y eso, dentro de un gabinete federal como el que encabeza Enrique Peña Nieto, es muchísimo decir.
jueves, 2 de octubre de 2014
Rúmbale con tus pinches palabras
A veces las busco, a veces me llegan, a veces se me atraviesan sin mirar en una plática. Son las palabras nuevas para mí que no hacen sino ponerme a pensar en las nuevas generaciones y su necesidad de expresarse. También me hacen pensar en que cada región tiene su propio vocabulario, un idioma que forma parte de la manera en que se comportan.
Hay unas palabras nuevas que me parecen tan mamonas que no las pienso usar nunca, otras no sabría darles ese uso nuevo para mí ("está bien volado"). También se da el caso de que ya tengo una expresión muy mía para decir lo mismo ("te la bañas" en lugar del enclenque "te pasas" o "te pasas de lanza", que será muy lanza pero sin nada de fuerza, o la otra expresión "estuvo bien rebane" en lugar de la súper versátil palabra "cura", muy usada por los naturales de la región.
De los anglicismos mejor no digo mucho, sólo me pregunto: ¿es absolutamente ineludible la influencia como para decir "aseguranza" en lugar de seguro, o nuestra instrucción escolar, aquella por la que pasamos 12 ó15 años de nuestras vidas es un fracaso que da vergūenza?
Hay palabras que a veces uso porque son de otra época y porque me gusta recordar a mi abuelita cuando iba al tendajo, por eso yo también a veces salgo al tendajo por unas cosas para la casa.
Me gustan también las nuevas palabras que tienen fuerza y sonido, junto con ese relieve, esa plasticidad de lo que expresan ("cochar" -coshar-, por ejemplo). A veces las busco, a veces me llegan solas, a veces me las comparten, pero siempre las miro por detrás y por delante por si un día las ocupo, perdón, las necesito.
Hay unas palabras nuevas que me parecen tan mamonas que no las pienso usar nunca, otras no sabría darles ese uso nuevo para mí ("está bien volado"). También se da el caso de que ya tengo una expresión muy mía para decir lo mismo ("te la bañas" en lugar del enclenque "te pasas" o "te pasas de lanza", que será muy lanza pero sin nada de fuerza, o la otra expresión "estuvo bien rebane" en lugar de la súper versátil palabra "cura", muy usada por los naturales de la región.
De los anglicismos mejor no digo mucho, sólo me pregunto: ¿es absolutamente ineludible la influencia como para decir "aseguranza" en lugar de seguro, o nuestra instrucción escolar, aquella por la que pasamos 12 ó15 años de nuestras vidas es un fracaso que da vergūenza?
Hay palabras que a veces uso porque son de otra época y porque me gusta recordar a mi abuelita cuando iba al tendajo, por eso yo también a veces salgo al tendajo por unas cosas para la casa.
Me gustan también las nuevas palabras que tienen fuerza y sonido, junto con ese relieve, esa plasticidad de lo que expresan ("cochar" -coshar-, por ejemplo). A veces las busco, a veces me llegan solas, a veces me las comparten, pero siempre las miro por detrás y por delante por si un día las ocupo, perdón, las necesito.
miércoles, 1 de octubre de 2014
¡Prohibido dar de comer a los humanos!
Los escritores suelen tener una mirada aguda sobre la realidad, acostumbran analizan el entorno o recrearlo parcialmente y reelaborarlo con su imaginación.
Constantemente, en especial los narradores, proponen en su texto una serie de hechos para ser reproducidos por el lector, en un proceso comunicativo que sólo se completa, se activa y se actualiza al momento de la recepción, es decir, de la lectura.
Ramiro Padilla, en su reciente libro Cuentos de la Zoociedad, ha elegido el relato para contarnos unas historias en apariencia inocentes, pero que tienen la virtud de poderse leer de varias maneras. Y por lo tanto no son tan inocentes.
La fábula es una composición literaria breve en la que los personajes son animales o cosas que casi siempre presentan características humanas como hablar.
Dice Helena Beristáin que “se trata de un género didáctico mediante el cual suele hacerse crítica de las costumbres y de los vicios locales o nacionales, pero también de las características universales de la naturaleza humana en general”.
Las 12 historias que componen este libro están protagonizados por animales. Serían fábulas si en ellos aparecieran solamente animales, y serían otro género, el llamado apólogo, si en ellos sólo hubiera seres humanos, pero el tipo de narración es un híbrido entre ambos, aunque de todas formas, como en las fábulas y apólogos, estos relatos conservan una mirada crítica acerca de una sociedad o comunidad en su conjunto.
No acaban con una moraleja, como suelen terminar las fábulas, pero sí vemos que en la mirada de Ramiro Padilla hay una mirada dura, inquisitiva, barnizada además con el humor negro que nos tiene acostumbrado en otros de sus libros.
En mi opinión, la parte medular, el leit motiv de estas historias son los animales desnudando a los humanos. Esto se realiza de dos maneras.En primer lugar, estos seres supuestamente “inferiores” despojan a las personas del glamour que da un pretendida racionalidad, una presumible civilización, y los pone tal cual son, es decir, víctimas de las bajas pasiones, como la venganza y la envidia.
De una segunda manera, y me parece a mí que de forma más amplia, los animales adoptan actitudes humanas. Este recurso que en literatura de llama prosopopeya, permite al lector observar algo familiar, algo ya conocido en un afán de venganza, en un sentido de justicia o en un deseo de libertad, así sea expresado a través de un canario, un perro o un caballo.
En mi opinión, la virtud principal del libro de Ramiro es cuestionarnos de una manera amena el conflicto de las pasiones humanas. Si un conflicto humano necesariamente es un conflicto ético, entonces podemos ver reflejadas en estas historias algo cotidiano en que pensar, pero también una lectura entretenida al estilo de las mejores fábulas clásicas.
Los invito para que conozcan este libro y confirmen en Ramiro a un escritor orgullosamente ensenadense, que lo mismo escribe ensayo, cuento, novela, artículos.
Conozcan pues este zoológico donde nos asomaremos, y donde sólo falta un letrero que diga: “Prohibido darle de comer a los humanos”.
(Presentación del libro Cuentos de la Zoociedad, de Ramiro Padilla, leído el sábado 20 de septiembre en el marco del Librofest 2014 en Ensenada, B. C.)
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Cuentos de la Zoociedad,
Ramiro Padilla
martes, 30 de septiembre de 2014
Los nihilistas
Si las posturas nihilistas, esas que niegan que haya principios supremos, sentidos últimos y dogmas ante los que haya que inclinarse, no tuviera su dosis de reflexión, entonces no serian más que meros berrinches adolescentes. Los pocos que veo que siguen esa línea me parecen (desde siempre), gente que le da cierta importancia al mundo de las ideas, gente reflexiva digamos.
El nihilismo suele ser muy irreverente, burlón, irónico, (claro, hay unos que están de acuerdo con esto pero son súper callados). Me agrada ese tipo de gente "inconforme", pero más me agradan los inconformes bien informados y, sobre todo, coherentes.
El nihilismo suele ser muy irreverente, burlón, irónico, (claro, hay unos que están de acuerdo con esto pero son súper callados). Me agrada ese tipo de gente "inconforme", pero más me agradan los inconformes bien informados y, sobre todo, coherentes.
jueves, 25 de septiembre de 2014
Lectura en internet contra lectura en papel
En favor de la lectura en papel tengo todos los argumentos menos uno, y tiene que ver con el acceso que da la tecnología.
En diferentes momentos y desde hace más de 11 años me he desempeñado dentro de la edición, ya sea como labor redituada en periódicos y revistas, o por amor al arte en ediciones independientes propias, por lo que he conocido el costo monetario que implica que una publicación salga a la calle.
Nada comparable al papel, pero es a veces duro darse cuenta de que por medio de internet uno puede llegar a un público más amplio y de forma casi gratuita.
El ejemplo más cercano lo tengo con este blog. En el mes de agosto de este 2014 tuvo 4 mil 997 visitas, tres antes de las cinco mil. Actualmente tiene entre 120 a 140 visitas al día. Claro que muchos deben ser robots o lecturas por accidente; de todas maneras, con la mitad de esos lectores efectivos bien podría vivir una publicación en papel, cosa que no sucede.
Si quien esto escribe es un autor prácticamente desconocido, es lógico que los autores más leídos tengan varios miles de lectores en internet, por no hablar sólo de su muro de Facebook.
En conclusión, me parece que la lectura en internet debería servir como "anzuelo" para que el posible lector vaya a buscar más sobre un tema a partir de lo que vio en la red (entrevistas, libros electrónicos, artículos, blogues).
En diferentes momentos y desde hace más de 11 años me he desempeñado dentro de la edición, ya sea como labor redituada en periódicos y revistas, o por amor al arte en ediciones independientes propias, por lo que he conocido el costo monetario que implica que una publicación salga a la calle.
Nada comparable al papel, pero es a veces duro darse cuenta de que por medio de internet uno puede llegar a un público más amplio y de forma casi gratuita.
El ejemplo más cercano lo tengo con este blog. En el mes de agosto de este 2014 tuvo 4 mil 997 visitas, tres antes de las cinco mil. Actualmente tiene entre 120 a 140 visitas al día. Claro que muchos deben ser robots o lecturas por accidente; de todas maneras, con la mitad de esos lectores efectivos bien podría vivir una publicación en papel, cosa que no sucede.
Si quien esto escribe es un autor prácticamente desconocido, es lógico que los autores más leídos tengan varios miles de lectores en internet, por no hablar sólo de su muro de Facebook.
En conclusión, me parece que la lectura en internet debería servir como "anzuelo" para que el posible lector vaya a buscar más sobre un tema a partir de lo que vio en la red (entrevistas, libros electrónicos, artículos, blogues).
miércoles, 24 de septiembre de 2014
Los calcetines
I
Cuando un calcetín se
pierde, siempre hará falta.
Cuando un calcetín se
me pierde, su par lo guardo en un bolsa de Soriana y la meto en un
cajón. A veces aparecen, sobre todo cuando no se les busca. Tengo en
esa bolsa más de 15 ó 20 piezas solas de colores y texturas
diversas. Cada uno de ellos me remite a una época o un hecho o una
persona o simplemente la ocasión en que los elegí. Los calcetines
sin par están en el purgatorio: no me resigno a desecharlos, ni
tampoco les doy un lugar que no les corresponde: la asimetría nos
incomodaría a los tres.
El par que conservo
duerme el sueño de los justos; el extraviado, está donde se merece.
II
Termino de lavar y
comienzo a colgar un bote lleno de calcetines. No me gusta colgar
cada par bajo la misma horquilla, así que voy extendiendo cada
calcetín por separado hasta ir formando una larga línea. Al llegar
a un extremo del tendedero se me cae una horquilla de la mano. Al
agacharme a recogerla, mi frente pega cómo un martillo contra la
esquina del lavadero. Y caigo hacia atrás chingadamadre, el cielo da
vueltas y en ese momento los calcetines se agitan y salen volando
libres, hey, esperen.
III
Una recámara. Unas
velas.
Una cena especialmente
preparada por mí.
La nota no es el
alcohol que mi cuerpo no acostumbra,
el vino blanco y muy
dulce, sino que esta es LA noche.
(Ella es como ese vino
blanco que recorre mi cuerpo).
Mi camisa.
su falda
mi pantalón
sus besos
mis zapatos
su lengua.
erizados.
Sus botas lentas:
una,
mucho después,
la otra.
Mi dedo gordo sobresale
de la punta del calcetín.
y todo se derrumba.
Enciendo un cigarro.
martes, 23 de septiembre de 2014
La princesa de Guadalquivir
Para mis hermanos del Clan de Rovers scouts del grupo 14.
En
un país lejano vivía una princesa muy hermosa. Era tan bella que la
gente que la llegó a ver decía que era más hermosa que la misma
reina. Esta princesa vivía encerrada en la torre más alta del
castillo donde sólo había un espejo y miles de libros. Permanecía
ahí un poco por voluntad propia y un poco forzada por sus dos
hermanas menores, que si bien no eran tan bellas como ella, sí
mostraban, ellas sí, mucho interés en su propio futuro.
La
princesa tenía, como no se puede cansar de repetir, una belleza que
incluso superaba a la de su madre en sus mejores años. Pero tenía
otra característica que no se podía tampoco pasar por alto: era
sorda de nacimiento. Por ello, sus hermanas la habían relegado de la
vida social del castillo; por eso y porque siendo la mayor, era la
sucesora natural al trono… cuando llegara el momento de casarse.
El
señor rey había muerto hacía tres años en una batalla defendiendo
el reino, el cual no se deshizo gracias a que gobernaba en conjunto
con un Consejo de Caballeros, formado por 12 hombres virtuosos y
valientes. Estos caballeros tomaban decisiones en conjunto y
discutían, sin jerarquías ni dobleces, los destinos del reino. Ante
una diferencia grave debatían hasta convencer, y si convencer no se
podía, debatían en presencia de la reina, que otorgaba el voto de
calidad a quien tuviera, según su intuición, la posición más
sabia para el reino. Y su palabra era ley.
Un
día la reina citó a los doce caballeros para decirles que su edad
avanzada no le permitiría vivir durante mucho tiempo más, por lo
que consideraba necesario elegir una nueva reina y un nuevo rey para
el trono. Les dijo también que ella ya tenía una opinión al
respecto, pero que quería escucharlos a ellos; por eso les dio tres
días para que pensaran en ese paso tan importante para todos.
Los
caballeros se reunieron en cuatro grupos de tres caballeros durante
dos días, y al tercer día, desde las seis de la mañana hasta las
tres de la tarde, se juntaron los doce para discutir la decisión.
Luego tomaron un descanso para comer, y a las cuatro entraron al
salón donde la reina y doscientos invitados los esperaban.
Le
dijeron que deseaban que de entre ellos saliera el próximo rey, ya
que ninguno había tomado a mujer por esposa, y además, le dijeron,
todos estaban dispuestos a morir por su reino. La reina les contestó
que no se trataba ahora de morir, que ya había padecido suficiente
con la muerte de su esposo, y que pensaba que tendría que ser
alguien no sólo valiente, sino también sano para que pudiera
gobernar el reino por muchos años.
Los
caballeros le dijeron entonces que propondrían de entre ellos a tres
posibles sucesores, pero que el que saliera elegido, si les era
permitido, tomaría por esposa y reina a una de sus hijas. La reina
no aprobó le propuesta, pero tampoco la rechazó. Más bien les dijo
que propusieran y luego ya se vería.
Los
caballeros durante los 12 días siguientes compitieron en diversas
disciplinas, desde lucha cuerpo a cuerpo, hasta torneos de ajedrez,
pasando por una batalla en el campo de la oratoria y amplios
conocimientos sobre agricultura y astronomía.
Los
tres caballeros con la puntuación más alta recibieron honores
públicos así como una cota de malla bordada en oro: uno de ellos
sería el próximo rey.
Entonces
la reina mandó llamar a sus dos hijas, porque a la mayor no la
contaba pues estaba encerrada, mitad por voluntad propia, mitad por
la envidia de sus hermanas, aunque la razón oficial fuera su
sordera.
Entre
la hija menor y uno de los 12 caballeros hubo algunas miradas, no
unas miradas que se dan entre dos desconocidos, sino entre dos
personas que ocultan un secreto. La hija menor se mordía el labio y
apretaba nerviosamente los puños.
Cuando
los 12 propusieron a los tres caballeros, la reina ya había elegido
a uno de ellos. Y fue a éste a quien llamó al frente y le preguntó
que a cuál de sus dos hijas deseaba por esposa.
—A la más hermosa
de cuantas mujeres han visto mis ojos, señora mía; a la mujer que
defendería con mi vida su honor y el reino si fuera necesario ahora
mismo; a la mujer por la que mi corazón sueña: a la princesa de la
torre, señora mía— contestó con voz firme el caballero.
En
ese momento la hija menor se desvaneció y la hija de en medio dio un
grito que no se supo si fue de terror o de ira. En toda la sala hubo
murmullos que resonaron como si vinieran de muy lejos.
La
reina al escucharlo, hizo un movimiento alzando muy ligeramente el
rostro, pero sin despegar la mirada del osado caballero, un gesto que
parecía retar la insolencia del hombre crecido que se plantaba ante
ella, ¿o era quizá un gesto de satisfacción?
La
reina aún sin mirar ni siquiera a sus hijas, le preguntó al
caballero:
—¿Y… si yo te
dijera que ella no es la elegida por mí?
—Entonces
obedecería, reina mía…
La
sala se inundó de nuevo de murmullos. La reina movía la cabeza
lentamente en un signo de aprobación.
—…Pero
recuerde, señora —irrumpió el caballero imponiendo un silencio
repentino— que un reino conducido con amor puede más que cien mil
guerreros.
La
reina mandó traer al día siguiente a su hija mayor, y también al
caballero elegido. Los tres ante una mesa en el locutorio decidían
el destino del reino entero. La reina le comunicó a su hija por
medio de señales que el hombre frente a ella era la persona adecuada
para casarse. A la hija se le ensombreció el rostro y su mirada se
hizo triste como un pozo sin fondo. Pidió una pluma y escribió:
—Haré lo que tú me
pidas, madre, pero no estoy preparada para casarme.
El
caballero, al leer el mensaje, se quedó inmóvil como una piedra.
Hizo el ademán de hablar, pero recordó que la princesa no lo
escucharía. Un escalofrío de tristeza le partió la espalda y se le
atoró en la garganta. Había sentido menos tristeza cuando su madre
murió de viruela.
El
caballero se puso de pie y le dijo a la reina:
—Señora mía, reina
de nuestro amado reino: una lanza se puede doblar en el fuego, una
muralla se puede escalar o derribar, pero un corazón como el de la
princesa no es de hierro ni de roca. Cuando ella esté preparada yo
estaré ahí.
Y
el guerrero salió. Antes miró a la princesa con dulzura pero
intensamente, y puso en sus manos la cota de malla que se había
ganado. Se fue con la serenidad de quien está a un paso de una
muerte digna.
El
caballero pasó 39 días con sus noches frente a la torre de la
princesa, quien lo veía con cautela de niña desde su ventana. Los
aldeanos le llevaban comida al guerrero como si fuera un pedigüeño
de los que aún quedaban algunos. En el día 40 cayó en fiebre y
unos vecinos lo retiraron del lugar para lavarlo y tratar de sanarlo.
Pero por la noche el caballero desapareció de su cama y al amanecer
fueron a encontrarlo en el mismo lugar de donde lo habían retirado.
Pero
no se recuperaba. Al contrario, la fiebre lo ponía a imaginar cosas
que podrían haber pasado. En su delirio reía con los ojos cerrados
y reía hasta que se quedaba verdaderamente dormido. Tres días más
tarde, unos niños encontraron vacío el hueco donde permanecía,
entonces uno de ellos dio un salto apuntando hacía la torre y vieron
cómo el hombre trepaba sin más ayuda que sus manos temblorosas y
sus pies entumidos.
Se
dio la voz de alarma y el caballero fue ayudado a bajar entre peleas
imaginarias y palabras que la princesa no habría entendido.
Fue
puesto bajo custodia en una celda y atendido de sus fiebres físicas.
Al día siguiente el caballero abrió los ojos con una iluminación
que venía de lo alto para sanar sus otros dolores: era la más
hermosa princesa que sus ojos hubieran visto, que en persona, quería
saber por sí misma el destino de este caballero, que tenía ya dos
meses de hacerle sombra a los perros de la vía.
La
princesa le escribió en un papel que sí estaba dispuesta a casarse
con él, pero que no estaba preparada aún.
Y
el caballero la esperó.
domingo, 21 de septiembre de 2014
Recomendaciones para crear ideas propias
Las ideas propias no significa que sean nuevas del todo, en realidad lo nuevo es cómo se combina lo que ya existe.
Estas son mis recomendaciones:
1. Leer
Recomiendo antes que todo, leer, leer mucho, pues eso oxigena la imaginación y mantiene el cerebro en activo, primer paso para crear ideas.
2. Conocerse a uno mismo
para saber en qué circunstancias se es más creativo. Hay quien escribe de pie, otros tenemos que dar un paseo caminando o en bicicleta y darnos cuenta que se nos ocurrieron unas cuantas cosillas. Otros más no funcionan si no es después de un buen baño, otros su fuerte es en las mañanas temprano, otros mejor de noche y madrugada. En lo dicho: hay que conocerse bien para propiciar esos momentos.
3. Ideas fijas frente a ideas móviles,
o bien, los principios preconcebidos frente a los principios que tienen por válidos otros y de algún modo nos son extraños. El de la gastronomía y el del futbol me son campos algo ajenos en mi vida cotidiana, sin embargo, frecuentemente hablo de los ingredientes que tiene que mezclar un buen editor, o que éste se parece al director técnico de un equipo de futbol.
4. Aprovechar nuestras aficiones.
Me gusta lo relacionado con los aviones, aunque mi chamba es ser editor y eventualmente redactor. Hace poco supe que el papá de una amiga tiene una avioneta con la que se dedica a dar servicios de fumigación. Me enteré, también, que desde hace unos años, debido a su experiencia, él mismo le da mantenimiento a la nave. A sus 68 años, anualmente tiene que renovar su permiso para volar. ¿Qué pasará cuando, por su edad, no le renueven su licencia?¿se atreverá a volar, aunque fuera de vez en cuando, sin permiso?¿ha tenido accidentes que pongan en riesgo su vida?¿por qué le gusta volar, o es que no encontró otro oficio mejor? Estas preguntas que pertenecen al ámbito de mis aficiones, se pueden abordar con las herramientas que tengo del lado de mi profesión. Esto lleva al quinto y último punto.
5. Aprender a hacer preguntas.
Preguntar, al igual que mentir, es un arte, se requiere preparación, necesidad y astucia. Hay quien nace con esas cualidades, pero estoy convencido que se pueden desarrollar. ¿Se puede fabricar una casa hecha con partes de avión?¿Existirá una persona en el mundo a la que nadie la haya hecho preguntas, nunca?¿En qué caso las reglas pueden contradecir a los principios?¿En qué piensan o cómo viven los que están preparados para morir —suponiendo que se puede llegar a estar preparado para morir—?¿Qué consejo es el más importante para darles a mis hijos? —bueno, los tres principales, tampoco hay que ponerse muy exigentes—¿Por qué lo público se considera más importante que lo privado?¿Considero más importante la lealtad que la honestidad?¿O la solidaridad más importante que la justicia? La lista puede seguir.
Pero el objetivo es crear ideas nuevas. En resumen pienso que, al igual que los elementos químicos que son un número finito, las reacciones químicas entre ellos y los objetos que es posible fabricar con ellos no se han agotado. Las necesidades cambian, las nuevas profesiones aparecen, algunas leyes permanecen inmutables, la avaricia y egoísmo sigue su marcha destructora, y muchos intereses abyectos provocan una reacción generosa y leal. Pero las ideas no se acaban, sólo hay que hacer reaccionar los ingredientes en el contexto adecuado.
Estas son mis recomendaciones:
1. Leer
Recomiendo antes que todo, leer, leer mucho, pues eso oxigena la imaginación y mantiene el cerebro en activo, primer paso para crear ideas.
2. Conocerse a uno mismo
para saber en qué circunstancias se es más creativo. Hay quien escribe de pie, otros tenemos que dar un paseo caminando o en bicicleta y darnos cuenta que se nos ocurrieron unas cuantas cosillas. Otros más no funcionan si no es después de un buen baño, otros su fuerte es en las mañanas temprano, otros mejor de noche y madrugada. En lo dicho: hay que conocerse bien para propiciar esos momentos.
3. Ideas fijas frente a ideas móviles,
o bien, los principios preconcebidos frente a los principios que tienen por válidos otros y de algún modo nos son extraños. El de la gastronomía y el del futbol me son campos algo ajenos en mi vida cotidiana, sin embargo, frecuentemente hablo de los ingredientes que tiene que mezclar un buen editor, o que éste se parece al director técnico de un equipo de futbol.
4. Aprovechar nuestras aficiones.
Me gusta lo relacionado con los aviones, aunque mi chamba es ser editor y eventualmente redactor. Hace poco supe que el papá de una amiga tiene una avioneta con la que se dedica a dar servicios de fumigación. Me enteré, también, que desde hace unos años, debido a su experiencia, él mismo le da mantenimiento a la nave. A sus 68 años, anualmente tiene que renovar su permiso para volar. ¿Qué pasará cuando, por su edad, no le renueven su licencia?¿se atreverá a volar, aunque fuera de vez en cuando, sin permiso?¿ha tenido accidentes que pongan en riesgo su vida?¿por qué le gusta volar, o es que no encontró otro oficio mejor? Estas preguntas que pertenecen al ámbito de mis aficiones, se pueden abordar con las herramientas que tengo del lado de mi profesión. Esto lleva al quinto y último punto.
5. Aprender a hacer preguntas.
Preguntar, al igual que mentir, es un arte, se requiere preparación, necesidad y astucia. Hay quien nace con esas cualidades, pero estoy convencido que se pueden desarrollar. ¿Se puede fabricar una casa hecha con partes de avión?¿Existirá una persona en el mundo a la que nadie la haya hecho preguntas, nunca?¿En qué caso las reglas pueden contradecir a los principios?¿En qué piensan o cómo viven los que están preparados para morir —suponiendo que se puede llegar a estar preparado para morir—?¿Qué consejo es el más importante para darles a mis hijos? —bueno, los tres principales, tampoco hay que ponerse muy exigentes—¿Por qué lo público se considera más importante que lo privado?¿Considero más importante la lealtad que la honestidad?¿O la solidaridad más importante que la justicia? La lista puede seguir.
Pero el objetivo es crear ideas nuevas. En resumen pienso que, al igual que los elementos químicos que son un número finito, las reacciones químicas entre ellos y los objetos que es posible fabricar con ellos no se han agotado. Las necesidades cambian, las nuevas profesiones aparecen, algunas leyes permanecen inmutables, la avaricia y egoísmo sigue su marcha destructora, y muchos intereses abyectos provocan una reacción generosa y leal. Pero las ideas no se acaban, sólo hay que hacer reaccionar los ingredientes en el contexto adecuado.
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sábado, 20 de septiembre de 2014
Palabras de más, palabras de menos
Cuando escucho a una mujer que con sus palabras, más que con sus hechos, enaltece su poderío, su independencia, su autonomía y que en palabras más palabras menos dice ser bien cabrona, yo me pongo a pensar en aquellos momentos en que sus palabras serán una bella música, silenciosa, tal vez violenta, en la que las ideas sobre sí misma sean lo que menos importe.
jueves, 18 de septiembre de 2014
Vanidad de vanidades
Vanidad de vanidades, todo es vanidad. No me refiero a la revista Vanidades, sino a que me alegró el día que me incluyeran en un catálogo donde están los autores dizque formalitos para eso de la escribida.
Aunque todo eso es vanidad, no deja de alegrarle a uno el día.
lunes, 15 de septiembre de 2014
Una cosas es una cosa y otra cosa es otra cosa
Hace muchos años me quedó claro que habilidades, destrezas, talento e, incluso, la inteligencia, no tienen por qué ir de la mano con la salud mental de una persona. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Es más, es algo que tengo muy presente en mi vida cotidiana.
Lo que celebramos el 15 de septiembre, Día del Grito
Seguramente las festividades tan mexicanas de la noche del Grito tendrán algo de bueno, más allá de ser pretexto para escuchar música alusiva, reunirse en torno a una ceremonia y beber alcohol.
Celebrar México debería ser la parte final de una reflexión optimista. Y si nos ponemos a pensar un poco, creo que hay pocas razones para celebrar.
Para gritar, sí, mucho, de impotencia, de tristeza. México se está partiendo en pedazos, es un país con bajísimo nivel de conciencia, de memoria y formación, no pienso que haya nada para celebrar.
Frivolizar una fecha es una manera de no pensarla realmente, el resto es un pretexto tricolor del que algunos cuantos harán negocio, muy buen negocio.
Celebrar México debería ser la parte final de una reflexión optimista. Y si nos ponemos a pensar un poco, creo que hay pocas razones para celebrar.
Para gritar, sí, mucho, de impotencia, de tristeza. México se está partiendo en pedazos, es un país con bajísimo nivel de conciencia, de memoria y formación, no pienso que haya nada para celebrar.
Frivolizar una fecha es una manera de no pensarla realmente, el resto es un pretexto tricolor del que algunos cuantos harán negocio, muy buen negocio.
domingo, 14 de septiembre de 2014
Internalizar a la Institución
Según yo, eliminar el artículo es síntoma de internalizar la Institución. Sabemos que hay motivos prácticos para usar una metonimia, mas me refiero a tratar a una entidad no como objeto, o lugar, sino como "persona". Ejemplos: "Cicese dijo que", " En lugar de "El Cicese dijo tal cosa" (en sentido estricto las institucionos no hablan, pero señalo la tendendia a eliminar artículos). Otro ejemplo: " Hay que regresar este documento a Municipio para proseguir con el trámite", o bien este otro: "Si Presidencia lo autoriza, lo haremos". Este hábito abunda en los comunicados oficiales, pero una cosa son los comunicados y otra, que la gente que trabaja en ella asuma ese habla. A mi parecer, internalizan la Institución.
jueves, 11 de septiembre de 2014
"Muerto el perro se acabó la rabia"

Es es la frase atribuida a don Eugenio Garza Sada, prócer de la educación y el empresariado en Monterrey, al enterarse de la muerte del presidente chileno, democráticamente electo, Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973.
Eran tiempos de fuerte agitación política no sólo en México, sino en toda Latinoamérica. Según testimonios recabados en Monterrey en días recientes, Garza Sada junto a otros empresarios regiomontanos, apoyaron económicamente al general Augusto Pinochet con miles de dólares en aquel golpe de Estado para derrocar a Allende.
Sea como fuere, y sin relación aparente entre un hecho y otro, don Eugenio Garza Sada, el fundador del Tecnológico de Monterrey, murió en un intento de secuestro en la ciudad de Monterrey, en el cruce de las calles Villagrán y Luis Quintanar.
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martes, 9 de septiembre de 2014
Pido un aplauso para el amor (El síndrome de Aurelio)
![]() |
| Janay Palmer está molesta por el trato que ha recibido su marido luego de haberla golpeado. |
Rice fue sancionado con dos partidos por agredir a su entonces prometida en febrero de este año. SIn embargo, en un video difundido de la agresión dentro de un elevador, el jugador le da unos manazos en la cara a la novia y de un puñetazo la deja inconsciente, luego la arrastra hacia afuera.
Pero Palmer está dispuesta contra todo, a demostrar cuál es el amor verdadero (menos mal). La esposa, publicó, según DPA, en su cuenta de Instagram:
"Si sus intenciones son hacernos daño, avergonzarnos, hacer que nos sintamos solos y alejarnos de la felicidad, han tenido éxito en muchos niveles". Hasta aquí las palabras de Janay Plamer, a quien nadie le va enseñar la teoría y práctica del amor apache.
Aquí me pongo de pie, y canto con ella: "Pido un aplauso para el amor que a mí ha llegado..."
SI quieres que te cuente cuál es el Síndrome de Aurelio, da un clic aquí
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El conocimiento no tiene dueño
Como si el conocimiento y el acceso a la "cultura" fuera asunto de algunos elegidos, de algunas mentes selectas tocadas por un talento innato.
A veces no me libro de personas que piensan así, que no entienden que la gente simplemente hace las cosas que le gustan y que le satisfacen, o en las que cree y punto. No hay nada de selecto en disfrutar la música que nos gusta, la comida para nosotros más sabrosa o el vino, no hay nada de selecto en gozar de ciertos autores o de practicar con placer cualquier deporte o de sentir entender una rama del saber por mero gusto.
Sentirse de una casta elegida es casi tener la convicción de que hay que mostrarle a otros el camino "correcto". La frase del día: "El conocimiento no tiene dueño".
Todo esto me da vueltas a partir de la lectura del libro Genealogía de la soberbia intelectual, de Enrique Serna.
A veces no me libro de personas que piensan así, que no entienden que la gente simplemente hace las cosas que le gustan y que le satisfacen, o en las que cree y punto. No hay nada de selecto en disfrutar la música que nos gusta, la comida para nosotros más sabrosa o el vino, no hay nada de selecto en gozar de ciertos autores o de practicar con placer cualquier deporte o de sentir entender una rama del saber por mero gusto.
Sentirse de una casta elegida es casi tener la convicción de que hay que mostrarle a otros el camino "correcto". La frase del día: "El conocimiento no tiene dueño".
Todo esto me da vueltas a partir de la lectura del libro Genealogía de la soberbia intelectual, de Enrique Serna.
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domingo, 7 de septiembre de 2014
Mujeres y proyecto familia
Algunos cuantos de nosotros
los hombres lejanamente sospechamos que hay algo de indebido en
calificar a las mujeres por su aspecto físico; a otros nos sale del
alma y nada nos detiene. Lo que pasa es que no hemos aprendido a
dejar ese aspecto en un segundo plano del todo, especialmente en una
cultura que reafirma la parte visible de la mujer en función de su
aspecto estético, de su juventud. Esto, en términos muy básicos,
corresponde al atavismo de tener acceso a una mujer joven, sana y muy
atractiva con el fin de procrear.
No, no hemos aprendido a ver
del todo esos otros aspectos; especialmente de aquellas mujeres cuya
tarjeta de presentación es un escote pronunciado, sus provocativas
nalgas o su expresión de sensualidad.
Lo sabemos todos: cada mujer
sabe exactamente sabe cuáles son sus puntos fuertes y débiles,
incluso sabe cómo disimular al máximo estos últimos.
He visto cómo, creo que se
trata de otro atavismo, que en cuanto son madres su atención deja de
centrarse en sí y se convierten en la Virgen María dentro de una
pintura del Nacimiento de Jesús. Es decir, en una pieza dentro del
entorno familiar del cual ellas son el elemento nutricio. La
sensualidad queda de lado, al menos mientras llegan a mitad de la
cuarentena.
El "proyecto familia"
es un circuito integrado incluido en el software cultural femenino,
pero que en las últimas décadas muchos de nosotros los hombres
hemos ido desarrollando, orillados o a regañadientes.
La masculinidad está en
crisis y aún no tenemos repuesta porque nos toca decidir, hacernos
cargo, situación que no viven las personas que ya saben
lo-que-tienen-que-hacer, no porque lo hayan decidido de manera plenamente consiente, sino porque es el rol que se espera de ellas.
El proyecto familia es quizá el más claro. Aún y cuando es sea uno que se deja de lado, pues se está dejando de lado igualmente algo que se tiene claro.
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