sábado, 6 de septiembre de 2014

Pregunta ética (y tramposa)

Pregunta ética: ¿Pondrías a discusión el disfrute que te provoca tu restaurante favorito, si te dieras cuenta que ese establecimiento tiene serios problemas legales, por ejemplo ante Hacienda?

viernes, 5 de septiembre de 2014

Moraleja

Si te gustan las conductas autodestructivas, asegúrate de ser una celebridad para que la prensa use términos apropiados. 

"Accidente cardiovascular" es una expresión aceptable.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Obituarios intempestivos: Una resistencia moral y vital

Un escritor existencialista, Premio Nobel de Literatura que muere en un accidente de automóvil; una periodista rusa que es asesinada presuntamente por el régimen del presidente Putin, y un cantautor argentino que cae ante la equivocación de la metralla.
En los tres casos una muerte violenta y a destiempo; una muerte inoportuna como lo son casi todas. En eso se parecen. Pero esto es superficial. ¿Qué otro aspecto tienen en común?
La noción de resistencia. Una idea que queda insinuada apenas bajo las estampas de los personajes, gente de carne y hueso que profesan una profunda y concienzuda rebeldía. Sin embargo, en este libro no se hace un recuento de sus aportaciones literarias o artísticas, sino que se hace un homenaje a su solvencia moral a partir de rasgos biográficos. Hay mucho de resistencia en el ser ético.
En Obituario intempestivos no se encontrará la cita erudita de Albert Camus sobre el existencialismo, ni un resumen de las motivaciones históricas de la periodista Anna Politkóvkaya, ni un recuento discográfico de Facundo Cabral.
En cambio los tres tienen una profunda conciencia del peso de las palabras y del pensamiento, pues ejercen un oficio que impacta en la conciencia pública. En el caso de Camus, el lector coteje con el presente las palabras del argelino dedicadas a su profesor de primaria, Louis Germani, y que dijera en la ceremonia de Estocolmo al ser galardonado:

“Cada generación, sin duda, se cree destinada a rehacer el mundo. La mía lo sabe, sin embargo, que no lo rehará. Pero su tarea quizá sea aún más grande. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida, en la que se mezclan las revoluciones frustradas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas; cuando poderes mediocres pueden destruirlo todo, pero ya no saben convencer; cuando la inteligencia se ha rebajado hasta convertirse en criada del odio y la opresión, esta generación ha tenido, en sí misma y alrededor de sí misma, que restaurar, a partir de sus negaciones, un poco de lo que hace digno el vivir y el morir.”
**
Óbito es una palabra “culta” para referirse al fallecimiento de alguien; el obituario sería algo así como una lista de defunciones y en un sentido un poco más amplio, un resumen de la vida y obra de un personaje célebre.
Reunir en un mismo libro a Albert Camus, Anna Politkovskaya y a Facundo Cabral queda plenamente justificado porque en los tres encontramos un espíritu ético que lucha contra la opresión, la injusticia y la ignorancia. Artistas los tres de algún modo en cuanto que proponen una ruptura a seguir viendo el mundo de la misma manera.
A pesar de que en el libro se habla desde la admiración por estos personajes que de alguna manera mantuvieron una resistencia moral y existencial ante las ideas comúnmente aceptadas, dicha admiración queda en un segundo plano.
La lectura corre, ofrece datos concretos, y en cada sección se crea una atmósfera asociada al mundo y la respiración de cada uno de los protagonistas. Lo ideológico está presente, claro, pero no domina y no intenta adoctrinar, tampoco es estridente sino que es apenas una luz tenue al fondo de la sala.
Reconozco que mi acercamiento a este libro tenía la carga de conocer los artículos que Rael Salvador publica en El Vigía. MI experiencia de Obituarios intempestivos, sin embargo, fue nueva en cuanto que asistí a un homenaje personal del también editor hacia los personajes. Es notorio que esa admiración no es ciega, sino que señala, sólo señala, un camino.
Una de las mayor virtudes de este volumen es que no es necesario conocer vida, obra y milagros de los tres protagonistas para adentrarse en su mundo, familia y aspectos cotidianos. Rael Salvador los pone fuera del escenario de su escritura o del teatro y los saluda. (Literalmente en el caso de Facundo Cabral, tuvo oportunidad de convivir con él en varias ocasiones).
Otro aspecto que se agradece en Obituarios intempestivos es que no es necesario conocer TODA la obra, por ejemplo de Albert Camus para hincarle el diente al libro. Más bien me parece que el título es un trabajo alterno a la obra, que puede ser desde un comentario biográfico hasta una llamada para que el lector se acerque al trabajo de los tres autores en cuestión.
Con un excelente trabajo de portada de Ana Salgado y una cuidadosa edición de Manuel Quintero, bajo el concepto editorial de Herandy Rojas, aparece del segundo título de la colección Palabra que ostenta el respaldo editorial de El Vigía y del XXI Ayuntamiento de Ensenada.



domingo, 31 de agosto de 2014

Burocracia de los boletines

Una parte de mi pan me lo gano de leer boletines. En general me gusta mucho mi trabajo, pero la parte de los boletines no tiene desperdicio. Se trata de textos escritos desde instituciones con más o menos loas al funcionario que parte plaza en aquella oficina y ligeramente informativos. Quienes le ponen nombre a un programa gubernamental y quienes elaboran los boletines ¿en serio creen que tendrán lectores ávidos de esa redacción hecha bajo un esquema soporífero?¿estarán obligados, como yo a leerlos, a redactar lo que se hace en la dependencia en cuestión? Pero ¿así de esa manera? Aún me sigo preguntando si después de leer el siguiente nombre de programa institucional, un lector que no esté drogado ni ebrio deseará seguir al siguiente párrafo.

Programa de Investigación, Saneamento y Planificación del Desarrollo Sustentable y Observacion de las Aguas del Río Caracolillo a su Paso por la Entidad y puntos aledaños a la Cuenca de San Pablo.

Librofest: de cómo nació esta fiesta del libro

ENSENADA. - Aunque se dice que los jóvenes prácticamente no leen, un centenar de estudiantes están trabajando para desafiar esa premisa. Este año piensan llenar un espacio de 120 metros cuadrados con libros usados para intercambiar durante el Librofest.


Para mayor agilidad han ideado una especie de vales llamados libropesos que a partir desde ahora y durante todo el evento cualquier interesado recibirá a cambio de los libros que done. Cada visitante podrá obtener algún título cuyo precio no será mayor a 50 libropesos. También aceptarán dinero en efectivo, pero el espíritu del evento es el intercambio, no el lucro.

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El Librofest que anualmente organizan los muchachos de Pluma Joven en Ensenada es producto de una fuerte iniciativa que suma voluntades, toca puertas y gestiona ante decenas de personas físicas y morales apoyos en forma de patrocinios. Pero también es producto de algunas casualidades.
Para la cuarta edición este 2014 que comienza el 18 de septiembre, se esperan unas 30 mil visitas y una cantidad similar de libros intercambiados. En la democracia radical de este evento sin fines de lucro (“Libros de todos, libros para todos”, es el lema) han trabajado más 120 muchachos, la mayoría promediando los 18 años, y todos sin recibir un pago por su trabajo (alguien tiene que detener eso).


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Un día de los primeros meses del 2011 en el vestíbulo del Cearte, se acercó un grupo de cinco o seis jóvenes de no más de 17 años a la mesa en que me encontraba, ofreciendo boletos a cinco pesos para una rifa entre amigos. El premio principal era un volumen engargolado con los trabajos literarios que era la propia producción de los integrantes. La iniciativa me sorprendió, no por el premio, sino por la inocencia con la que se proponían difundir sus trabajos y por la fe que tenían en lo que hacían.
Desgraciadamente no me gané el premio principal de aquella rifa, pero tuve oportunidad de seguirlos leyendo. En ese club de amigos inicial que funcionó como escuela informal se han fogueado varias decenas de jóvenes de Ensenada.
A veces hago un recuento de lo que han crecido: Ya no rifan su obra en un volumen engargolado: ahora publican sus propios libros. Ya no son sólo un club de amigos entusiastas que piden apoyos de compas y familiares y que incluso botean en los cruceros: ahora son una asociación civil que ofrece recibos deducibles de impuestos. Ya no hacen rifas de cinco pesos el boleto, ahora arman de manera independiente, por citar este solo ejemplo, un evento cultural como el Librofest cuyo sola organización requiere más de 235 mil pesos (alguien tiene que detener eso).


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“Siguen siendo un grupo organizado y con gran entusiasmo, han concretado eventos de singular importancia como el llamado Elige y el Encuentro Literario Generacional”, señala el poeta Lauro Acevedo.
“En síntesis, mi opinión no cambia –subraya el también promotor cultural–, son un fenómeno, una rara excepción que ojalá permanezca en las siguientes generaciones”. — ¿Has visto algo parecido en Ensenada?, se le pregunta. “—No –responde–, nunca había existido un líder como Cristian [Vázquez, director de Pluma Joven], pues es el motor de todo esto; esos líderes se dan cada gran cantidad de tiempo”, establece.

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Para la edición 2012, ya con la idea de hacer un festival de promoción de libros de mayor alcance, Cristian Vázquez le solicitó a la diseñadora Carmen García elaborar la imagen del evento. El nombre propuesto era Festival el joven y el libro, pero a ella le pareció demasiado largo, por lo que propuso Librofest, nombre que fue aceptado por los jóvenes a partir de aquella edición.  

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En febrero de aquel mismo año Pluma Joven estaba formado en promedio por muchachos donde una parte aún –como lo es ahora– eran menores de edad. En esa época se reunían en el salón Forjadores y durante una de aquellas sesiones se propusieron hacer un intercambio interno de libros. En esa primera ocasión varios de los integrantes sustrajeron, como quien dice atracaron su propia casas despojándolas de algunos ejemplares que pusieron sobre la mesa. Y se repartieron el botín, mejor dicho, se lo intercambiaron. La regla era que dejaran dos y se llevaran uno. Funcionó.
A la siguiente sesión quisieron hacer lo mismo, pero esta vez el resultado fue nulo, es más: nadie asistió.  
Los causantes de avivar el fuego del entusiasmo en el grupo –ellos se suelen llamar “mesa directiva”– fueron Ilse McCarthy, Uriel Luviano, Max Zamarripa y Cristian Vázquez González.
Este último director general y encargado de organizar los esfuerzos, animar, escuchar excusas, y delegar parte de las responsabilidades de los equipos de trabajo, aunque él repite una y otra vez que las decisiones importantes se toman de manera colegiada, en conjunto.

Pero en aquel febrero del 2012 no eran tantos. Nadie acudió a la siguiente sesión para el intercambio de libros. Quizá las cosas habrían tomado otra ruta de no ser por una de las casualidades: Andrés Osuna, un amigo de Uriel Luviano, sabiendo de la convocatoria que se había hecho en redes sociales, envío una cargamento de más de 2 mil libros que les cayó de sorpresa. Se sacaron el tigre de la rifa. “Me acuerdo porque nos llegó de sorpresa –recuerda Cristian Vázquez aquel día–; llega una Van con un montón de cajas de libros. No hallábamos en dónde guardarlas, ahí empezó nuestra relación con el Injuvens porque no teníamos en dónde guardar tantos libros”.

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El riesgo de manejar de pronto muchas verduras, es que luego no se pase por alto alguna especie más o menos conocida. La tía abuela de Andrés Osuna, el muchacho de 20 años estudiante de Medicina en la UABC aquí en Ensenada que hizo la donación, se llamaba María del Pilar Elú Callado, y dejó, al morir en septiembre del 2006, una biblioteca de más de 2 mil volúmenes.

Fue matemática e impartió cátedra de la UNAM; su hermana María del Carmen estuvo casada con Luis Leñero, hermano del escritor Vicente Leñero. Por este motivo en aquella biblioteca que fue a parar a manos del grupo Pluma Joven había algunos ejemplares (siete según Cristian, dos o tres según Andrés) dedicados por el autor de Los Albañiles. Osuna se comunicó días después porque quería rescatarlos, pero los muchachos de Pluma Joven no sabían bien a qué se refería. “Para nosotros era, ‘mira qué buena onda’, la señora tenía un familiar que escribía. Ahora nos da pena reconocerlo, pero ninguno de nosotros sabía quién era Vicente Leñero”, confiesa Cristian Vázquez.

* 

Esta edición del Librofest sería la más grande hasta el momento, señala Vázquez González, quien tampoco pasa por alto que en las semanas previas siguen abiertos a más patrocinadores. El éxito depende de ellos, menciona, y especialmente depende de las personas que lleven sus propios libros para intercambiar. Para cualquier duda, deja un número para que los interesados puedan tener más información: (646) 137-78-17.


TABLA
Evento: Librofest
Lugar: Plaza Cívica de la Patria
Fecha: del 18 al 21 de septiembre
Hora: 8:00 a 21:00 horas
Entrada: libre
Facebook: Libro Fest
Contacto para espacios: (646) 137-78-17.

sábado, 30 de agosto de 2014

Las dueñas de su cuerpo

El cuerpo de las mujeres no les pertenece, pertenece a la Cultura.

viernes, 29 de agosto de 2014

El pastel de chocolate

¿Y si ese exquisito pastel de chocolate que muchas ansían y se prohíben, no es más que la sublimación de un deseo sexual que no pueden expresar en términos explícitos?

Los hombres no tenemos pastel de chocolate. Los hombres tenemos, directamente (bendito Dios), el sexo.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Verónica (parte 1)


Conozco a un chica en el DF a quien llamaré Verónica casada con un artista. Él se dedica a producir y ella lleva las cuentas, incluyendo las cuentas del teléfono, las cuentas de Facebook –en donde él tiene un perfil– y de correo electrónico de él. Platicando un día con ella sobre esto de ver los correos de su marido, me comentó que los correos de las amistades únicas de él no los lee porque no le interesan –los conozco a todos, dice, algunos han venido a la casa, y la mayoría son gente ególatra, aburrida o ambas cosas– el resto de los mensajes son invitaciones a congresos y de instancias de Cultura de los estados.
Conozco a ese artista y además de que aprecio mucho su trabajo, siempre me ha dado la impresión de que vive en la luna.

martes, 26 de agosto de 2014

Julio: gracias...totales



Alrededor de la obra de Julio Cortázar han crecido muchas flores y enredaderas. 
No me considero cortazariólogo y ni siquiera he leído toda su obra completa, sin embargo noto que al argentino lo han hecho, y tal vez él mismo lo propició, una estrella de rock de la literatura. Algo así como el Ceratti que no está muerto del todo y al que se le sigue extrañando para que aparezca con su andar garboso y todo lo que de su persona se ha difundido. 

La obra de Cortázar es ideal para citarse y pasar por "culto", porque su nombre es lo suficientemente conocido fuera del mundillo de los lectores duros; cuenta con prestigio intelectual, tiene la dosis juguetona y humorística para hacerlo muy digerible y además tiene toda el aura de un escritor engimático y ensimismado, sin llegar a pasar por sangrón.
En mi juventud me impuse la lectura de Rayuela y por momentos me costó continuarla. Me parecía a veces confusa y revuelta. Como era casi lógico, aprenderse de memoria el capítulo 7 era un deber y también un juego. Luego descubrí, a ensayo y error, que ese capítulo tenía poderes hipnóticos para momentos cíclope, para parafrasear al mismo Cortázar. 

Entre otros no muchos más libros que he leído de él, el que más he gozado ha sido Historias de cronopios y de famas, muy lejos de la ingeniería literaria de Rayuela, una novela que puede servir para 500 cosas, pero que tal vez ya de tantos lectores que dicen encontra-/conocer-describir diferentes significados de esta obra ya no me termina de seducir. A tanto furor ha llegado que sé de varias personas que teniéndola bien clara, se apropian del sobre nombre de Maga. Tal vez si fuera una sola persona me sería indiferente. Rayuela es un lugar común. (Está bien que te lo tomes sin ninguna prisa, Omar Gutiérrez).
En cambio Historias es divertido; a mi juicio expresa guiños sin pretensiones, critica al mundo pero lo hace bailando y sonriendo. La primera parte es el autor divirtiéndose con el lenguaje, ensayando con algunos recortes cotidianos. Ese es el Corázar que más me gusta. 

Pienso, finalmente, que hacen bien, que hacemos bien quienes nos acercamos a un autor por mero gusto, pues solamente desde el disfrute se puede empezar a valorar a un autor y más tarde integrarlo a nosotros como acompañante, no para que hable por nosotros, sino para que nos explique en ocasiones lo que (nos) está pasando.

domingo, 24 de agosto de 2014

El negro se confiesa




Dentro del argot editorial, Negro es la persona que escribe por encargo y cuyo nombre no aparece en los créditos. Ha sido un oficio muy antiguo y en décadas recientes se incluye en este “gremio” a guionistas y “asesores” quienes ponen en papel las palabras que otro asumirá como propias.



No voy a justificarme, aunque sé que los que han vivido de escribir para otros, incluso por breve tiempo, tendrán sus propias razones, algunas válidas. Tampoco es algo de lo que me sienta especialmente orgulloso.

Ojalá que mi testimonio alerte contra el fraude curricular, y prevalezca siempre la honestidad al realizar cualquier trabajo académico, aunque como dice Gabriel Zaid,
“Nada garantiza que las precauciones funcionen, porque las credenciales pueden ser falsas. Peor aún: el proceso de avalar acaba distorsionando muchas cosas. La educación debería concentrarse en la educación, pero tiende a volverse un negocio credencialero. Los premios dejan de ser una fiesta que celebra lo mejor para convertirse en capital curricular”

Era estudiante de séptimo semestre de Letras Españolas, una carrera que ya no existe. Tenía dos años de casado y un bebé de cuatro meses. No es justificación, es sólo de contexto.

Buscando chamba encontré que necesitaban a alguien que supiera de redacción. Me presenté y firmé un contrato en donde decía que cedía mis derechos por el trabajo que entregara. El contrato era bastante específico.

El acuerdo incluía redactar 40 cuartillas en un turno de ocho horas, a 2.60 pesos por cuartilla, es decir, 104 pesos diarios. En mis condiciones, ganar 3 mil 120 pesos mensuales era poco, pero hacerlo por escribir tenía un significado especial –habla el aspirante a escritor–, y para ser sincero, en parte de ahí comimos los tres por varios meses.

El pequeño detalle, y fue algo en lo que pensé durante varios días y noche, era que el negocio para el que trabajaba se dedicaba a elaborar trabajos académicos sobre pedido, ensayos, tesis, reportes de lectura, cualquier tipo de trabajo escrito y para entregar.

Eso me dio bronca por días, no muchos, mas el hecho de ser apto para un trabajo así esponjaba mi vanidad. Toda esta idea de vivir de lo que escribes, etcétera, fue mucho tiempo antes de que un amigo me compartiera el término “escritores venales”, aquellos a los que se les paga por escribir. Entiendo que el término no es en mal plan, pero a mí me sigue sonando a acusación.

El negocio se dedicaba a elaborar trabajos académicos sobre pedido
Meses más tarde, cuando el dueño del negocio fue mencionado en un reportaje de investigación en la televisión local, escuché por primera vez la expresión “fraude académico”. Pero eso vino después.

El trabajo

Cuando un cliente llegaba, se le preguntaba de qué escuela o universidad venía, qué tipo de trabajo necesitaba y, muy importante, para cuándo requería el trabajo. Si se trataba de reportes de lectura, cinco, uno para cada miembro del equipo y todos distintos, y lo necesitaba para dentro de dos días, entonces se comenzaba a trabajar de inmediato.
Se llenaba una forma con datos preestablecidos, nombre, especificaciones, tiempo de entrega, etcétera. Eso sí, nunca se entregaba el trabajo si no estaba pagado.

Sé que era un encargo a veces penoso para quien lo ordenaba, porque implicaba que no quería o no podía hacerse cargo de la metodología, de investigar (aún no se usaba el internet, y el correo electrónico era una curiosidad de algunos cuantos), porque no tenía el tiempo.

Me tocó ver pasar a alumnos normalistas (muchos de ellos foráneos, con su mirada en el escalafón magisterial), pero también a estudiantes de otras licenciaturas, de universidades públicas y privadas, profesores que estudiaban una maestría los sábados, maestros universitarios, todos ellos podían pagar.

Como nunca fui lo que se dice muy veloz con el teclado, me preguntaba cómo habría de redactar finalmente 40 cuartillas diarias, que eran las que me pedían. Calculé el tiempo para tomar nota y ya no se diga leer.

El misterio me fue revelado: Tendría que leer otros trabajos, documentos, tesis, libros de pedagogía, etcétera y casi de manera simultánea, ir grabando en un minigrabadora la redacción lo más fielmente posible a como se esperaba el trabajo final, incluyendo cambio de párrafo, notas al pie, nombres de capítulo, todo expresado con palabras.

Otra persona, veloz mecanógrafa, redactaría el documento final.

Siendo sincero, nunca alcancé las 40 cuartillas diarias, y siempre me las pagaron completas. Y si una vez creí que aquello era dificilísimo de lograr, me bastaba ver al  propietario del negocio, capaz de producir 60 cuartillas en un turno, nomás deteniéndose para cambiar de minicassette.

Con este método una tesis de licenciatura podía estar lista en dos días, o tres días máximo, a un precio aproximado de 7 mil 500 pesos, dependiendo del cliente y de la escuela. Yo no ganaba eso en dos meses. Claro, que era muy raro un cliente así, la mayoría de los tesistas encargaban el trabajo de a un capítulo por mes, o cada tres semanas, y así como se la iban aprobando y haciéndole correcciones, así iban pagando. Abonos chiquitos.

Si algo tenía de sobresaliente el patrón y dueño de la empresa era su habilidad para negociar y para ganar dinero, y su capacidad para enfocarse y producir cuartilla tras cuartilla.

En la oficina había una pieza para una biblioteca con unos dos mil títulos. Ahí estaban Vigotsky, Piaget, caballos de batalla, también Freud, enciclopedias, antologías y textos de historia. Educación, Psicología, Pedagogía, Metodología. El objetivo no era el conocimiento, sino ser eficientes y productivos.

Cuando un nuevo trabajo comenzaba había que trazar las medidas de la cancha, los límites del terreno con capítulos, temas, marco conceptual, etcétera. Leer a vuelapájaro párrafos, sosteniendo con la otra mano la grabadora. Los cuatro periodos del desarrollo cognitivo según Piaget son, dos puntos, sensoriomotor, coma, preoperacional, coma, operaciones concretas, coma, y operaciones formales, punto y aparte.

Los párrafos brotaban en dictado solitario en aquella maquila de redacción académica. Todo era redacción nueva, no se podría decir que había plagio.

¿Cómo que plagio?

El razonamiento del negocio era sencillo. Cualquiera podría pararse en una esquina ofreciendo un producto, un libro, un juego de hojas, una tesis encuadernada, y lo que hiciera cada persona con el objeto comprado —y ningún objeto de estos aparecía en el Código Penal— era asunto de cada quien. Así que bajo esta lógica, el fraude académico lo cometía quien presentaba un trabajo ajeno ante la escuela, no quien lo elaboraba.

Decía que fraude académico lo escuché después por televisión.

Ya había dejado de trabajar en el negocio de las tesis, y ahora era redactor de noticias en una televisora. Un compañero que hacía reportajes de investigación encontró un anuncio sobre “asesorías” que le pareció extraño. Me la mostró. La dirección era la misma en donde yo había trabajado. “Investiga por tu cuenta si quieres”, le dije. Y claro que lo hizo. Era demasiado serio y lo suficientemente independiente como para no hacer un trabajo bien hecho.

Fue y grabó de manera oculta por medio de una compañera que se hizo pasar por clienta. Ella hizo todas las preguntas, fingiendo no saber nada, pero también fingiendo que le urgía que la “asesoraran” para terminar su tesis. Escuché la grabación en la redacción del noticiero. Mi compañero periodista había obtenido información, pruebas. Las preguntas, y sobre todo las respuestas, estaban en la grabación. Quedó registrado incluso hasta el “pendeja”, que le dedicó él cuando la “clienta” había cruzado ya la puerta.

El reportero buscó luego la versión del dueño, quien era el que atendía. Le pidió su versión diciendo que estaba haciendo un trabajo en donde se le mencionaba, pero el otro se negó a hablar. “Hazle como quieras”, le contestó, pero la versión ya la tenía.

Un lunes, el mejor día para sacar los reportajes fuertes porque se tiene toda la semana para darle vuelo, se transmitió la investigación. La noticia cayó tan fuerte que incluso al rector de la universidad se le pidió su versión y salió a responder, dijo que se investigaría cualquier fraude académico. La televisora de la competencia también se subió y buscó a especialistas. Algunos medios estaban escandalizados.

La nota entró en un callejón sin salida porque se manejó como plagio, y nadie estaba plagiando nada. El tema era el fraude, lo cual difícilmente se podía comprobar.

El dueño del negocio me dejó un recado en casa de mis padres, en la creencia fundada de que yo “le había mandado un reportero”. Pero una cosa era que fuera un explotador y otra que uno lo quisiera perjudicar. Mi expatrón, quien siempre estaba inscrito y cursando algún curso, diplomado o maestría, dejó de ir a los lugares en donde tomaba clases.
Con el tiempo me quedé en el terreno de la redacción y de los medios impresos. Él ahora tiene un doctorado, creó una universidad, y sigue en el negocio de la academia.


*Este negro fue redactor de noticias y en los últimos 10 años, editor de publicaciones. Su correo es yadivia@hotmail.com

jueves, 14 de agosto de 2014

Don Heberto Peterson Legrand, por la dignidad de la persona

Escritor, periodista, exprofesor de la Universidad Xochicalco y comunicador de un mensaje que pone en la dignidad de la persona uno de sus máximos valores, el excronista de la cuidad de Ensenada habla sobre este puerto y su identidad a través del tiempo.

También aborda la mezcla de sangre que se da en la Cenicienta del Pacífico y comparte con nuestros lectores cuál es el libro que como autor lo ha dejado más satisfecho.

—¿Qué aspectos le alegran que no se hayan perdido en este puerto de Ensenada?
El que la ciudadanía sigue teniendo avidez por los eventos culturales y además el que sea un puerto donde hay mucho talento artístico y cultural en muy diversas ramas. El que siga siendo un puerto que ofrece comida de excelente calidad y el que la cultura del vino y la buena cerveza también se han ido convirtiendo en un icono que la distingue.

—¿Qué aspectos de la ciudad lamenta que se hayan perdido en este puerto en las últimas décadas?
La falta de una adecuada planeación para un crecimiento ordenado de la ciudad; la falta de conciencia creciente en un gran sector de la ciudadanía para contribuir en la limpieza de la ciudad; la falta de una buena urbanización de calidad y arreglo de banquetas; la falta de previsión para poder contar con estacionamientos conforme la ciudad vaya creciendo; el poco interés de un inmenso número de locales comerciales para arreglar sus fachadas con gusto estético para presentar un rostro más amable y atractivo; la falta de hoteles de mayor calidad; la falta de inversión para ofrecer algo a turismo de calidad que les sea atractivo, lamento que no se haya hecho a tiempo un bulevar Costero con vista libre hacia la playa y se estén construyendo muchos locales feos.

—Hay muchas sangres mezcladas en esta ciudad. ¿Cuál es la propia de ésta ciudad, si la hay?
Para entender por qué hay muchas sangres mezcladas en esta ciudad tendríamos que remitirnos a su historia. Yo soy un ejemplo vivo de esas mezclas: Peterson (Noruego) Legrand (francés), Gutiérrez (español o mexicano) Moretto (italiano), sin embargo me siento tan mexicano como mi señora que se apellida Rodríguez Romero, y como un cucapá o un kiliwa.
Más que la sangre que corre por nuestras venas, el tener memoria histórica y el sentido de identidad y pertenencia que nos da el ser de esta tierra es lo que cuenta. Además la población crece día a día con personas que llegan de todas las latitudes y cuando deciden echar el ancla para sumarse y luchar junto con los que aquí habitamos por generaciones, bienvenidos. No creo que haya una sangre propia de Ensenada. Me viene a la memoria el recuerdo de mi querido amigo el doctor Katsuo Nishikawa, hijo de padres japoneses. Cuando fue a Japón a estudiar, dijo: “Ahí es cuando me di cuenta de que era mexicano debido al choque cultural con el que me encontré”.

—¿En su opinión cuál es o debería ser la misión de un medio impreso hecho en Ensenada?
Convertirse en un vehículo a través del cual se pueda expresar la sociedad; ser un puente entre sociedad y gobierno. No sólo informar sino también formar, educar; promover los valores y fortalezas de la sociedad; equilibrar dando a conocer lo positivo que se hace en el tejido social y evitar caer en el amarillismo. Cuidar de la buena fama de los habitantes. Señalar constructivamente los desaciertos de ciudadanos e instituciones; sustentar su quehacer en la ética. Contribuir al bien común y la justicia. Mantenerse al margen de afinidades partidistas y no perder la objetividad al dar a conocer lo que sucede día a día en Ensenada.

—En su experiencia como comunicador ¿cuáles valores lo han regido y por qué los eligió?
El reconocimiento a la dignidad de toda persona, el amor, la justicia, la solidaridad, la responsabilidad, entre otros.
La dignidad, porque siempre veré a quien esté frente a mí no como una persona inferior o superior, sino igual en dignidad porque es hijo del mismo Creador, porque es un ser racional que tiene memoria histórica y al igual que yo, busca realizarse como persona.
El amor: Bien decía san Agustín: “Ama y haz lo que quieras”. Quien ama siempre buscará el bien del otro, sabrá darse a los demás y esto hay que cultivarlo.
La justicia: Con ella mi voluntad siempre estará dispuesta a darle a cada quien lo que le pertenece.
La solidaridad: Si la encarno en mi vida estaré dispuesto a unir esfuerzos con los demás para alcanzar metas comunes que nos hagan ser mejores.
La responsabilidad: Sin ella seremos incapaces de construir algo, y por otro lado si soy poseedor de derechos, también debo ser responsable para cumplir con mis deberes.
Los elegí porque los considero fundamentales para orientar mi vida sin olvidar los valores trascendentes.

¿Cuál de sus libros lo ha dejado más satisfecho como escritor y por qué?
—Crónicas Ensenadenses, porque me han permitido profundizar mis raíces, el sentido de pertenencia y la identidad como ensenadense y, porque –estoy seguro– he contribuido con otros muchos para que profundicen en su reflexión en esa búsqueda de identidad y profundizar en el amor a este rincón de nuestra patria.


Parte de su trayectoria
Cronista de la ciudad de Ensenada.
Director de Educación del municipio de Ensenada.
Presidente del Patronato y fundador del Archivo Histórico de Ensenada.
Director de la Casa de la Cultura, Ensenada, B.C.
Representante del presidente Municipal en el Consejo de Conservación del Patrimonio Cultural de Baja California.
Profesor de las materias de Historia de las ideas políticas, Filosofia del Derecho y Ética en la Universidad Xochicalco campus Ensenada.
Director de Casa Hogar para Varones en Mexicali, B.C.
Capacitador Externo de Cursos, Talleres y Seminarios: Liderazgo, Exito en el Estudio, Comunicación Efectiva,Valores y Actitudes.
Director Administrativo del DIF Estatal
Coordinador Estatal de Comunicación de la Secretaria de Educación y Bienestar Social y del Instituto de Servicios Educativos y Pedagógicos de BC, del Gobierno del Estado de Baja California.
Secretario Particular del secretario de Educación de B.C.
Secretario Técnico del Consejo Estatal de Población del Gobierno del Estado de Baja California.
Director del periódico “El Vigia”, en Ensenada, B.C.


Algunos de sus libros
Incursiones en el periodismo
Oraciones y pensamientos
Conciencia Política
Conciencia Social
Crónicas Ensenadenses (dos tomos)
Crónicas de Viaje


Dentro del periodismo
Articulista del periódico La Crónica, en Mexicali, B.C.
Consejero Editorial durante el año 2000, del periódico La Crónica, en Mexicali, B.C.
Articulista del periódico Zeta por 13 años
Actualmente Consejero editorial del periódico El Vigía de Ensenada, B.C.
Articulista del periódico “El Vigía” de Ensenada, B.C.
Articulista del periódico Frontera de Tijuana, B.C.
Articulista del periódico Presencia de la Diócesis de Tijuana, B.C.
Tiene más de dos mil artículos publicados



miércoles, 6 de agosto de 2014

Los saberes

Los saberes no son una especie de gorras para ir a un evento, no, nuestras ideas no tienen la finalidad de un logotipo en una camiseta ni de un ladrillo para treparnos: son la forma en la que cada uno concibe y entiende el mundo. Y eso no es algo que cambie de un día para otro.

Machistas anónimos


A algunos cuantos lejanamente sospechamos que hay algo de indebido en calificar a las mujeres por su aspecto físico, a otros nos sale del alma. Lo que pasa es que no hemos aprendido a dejar ese aspecto en un segundo plano del todo, especialmente en una cultura que reafirma la parte visible de la mujer en función de su aspecto estético, de su juventud. Esto, en términos muy básicos, corresponde al atavismo de tener acceso a una mujer joven, sana y muy atractiva con el fin de procrear.

No, no hemos aprendido a ver del todo esos otros aspectos; especialmente de aquellas mujeres cuya tarjeta de presentación es un escote pronunciado, sus provocativas nalgas o su expresión de sensualidad.

Lo sabemos todos: cada mujer sabe exactamente sabe cuáles son sus puntos fuertes y débiles, incluso sabe cómo disimular al máximo estos últimos.

He visto cómo, creo que se trata de otro atavismo, que en cuanto son madres su atención deja de centrarse en sí y se convierten en la Virgen María dentro de una pintura del Nacimiento de Jesús. Es decir, en una pieza dentro del entorno familiar del cual ellas son el elemento nutricio y su proyecto de vida es precisamente esa familia, así sea una familia de dos integrantes. La sensualidad queda bastante dismunuida, al menos mientras llegan a mitad de la cuarentena.

martes, 5 de agosto de 2014

Celso Piña, un rebelde en Ensenada





I 
Desde mucho antes de que el boleto para una tocada con Celso Piña costara mil pesos, la música vallenata ha sido un ritmo asociado a la marginación de los barrios más pobres en su ciudad natal, Monterrey.

Desde los años 50, este ritmo llegó de Colombia a través de discos de acetato vía Miami, Houston y el DF a las manos de quienes los reproducían públicamente en tornamesas en las calles de la colonia Independencia y su zona aledaña, el Cerro de la Campana, un sector de migrantes, la mayoría de ellos originarios de San Luis Potosí y asentados en las primeras décadas del siglo 20.

Así se conoció en La Campana la música de los colombianos Aníbal Velásquez, Alfredo Gutiérrez, Lizandro Meza y de Los corraleros del Majagual, cuyos discos se oían a todo volumen los fines de semana en las calles. En una colonia contigua a la Independencia, en la Nuevo Repueblo, nació Celso Piña Arvizu el 6 de abril de 1953, primógenito de nueve hijos.

II
Desde la primera canción que interpretó, Macondo, la mayoría de los aproximadamente 300 asistentes comenzaron a bailar, y no se sentaron en todo el concierto. Muchos vestidos con ropa clara, algunos con sombrero. Estamos en Barón Balché, un viñedo al fondo del poblado El Porvenir, en el Valle de Guadalupe y el reloj marca las 9:41 de la noche de este sábado 2 de agosto. Celso saluda: “Muchas gracias por haber venido, me da mucho gusto estar esta noche con ustedes”.

El público lo ovaciona, disfruta del vino y de una noche tibia que por momentos amenazó con lluvia. El inicio del concierto estaba anunciado para las 8:00 de la noche, pero bastó que el músico regiomontano y su grupo, la Ronda Bogotá, subieran al escenario para que todo mundo le festejara, le aplaudiera.

Natural, sencillo y directo, casi siempre bromista, atendió a los medios de comunicación previo al concierto.  ¿Vino o cerveza? Se le pregunta. Tequila, contesta a botepronto y sonríe. Sus respuestas suenan inocentes. En la charla recuerda su amistad con el desaparecido Gabriel García Márquez. “Muchos escritores me han ofrecido comprarme el libro que mi amigo el Gabo me dedicó, pero no lo pienso vender nunca, así me esté muriendo de hambre, ese libro es invaluable”. Y no es para menos; de su puño y letra, el nobel colombiano se declara  hincha –fan– de Celso.


III

García Márquez dijo una vez de su obra Cien años de soledad que se trataba “de un vallenato de 350 páginas”.  La novela sirvió de inspiración para la canción Macondo, compuesta por el peruano Daniel Camino Diez y popularizada por Oscar Chávez. Celso Piña la grabó en 1999 y años después, en el 2004, conoció en Monterrey al escritor colombiano.

Sobre el vallenato –contracción de natural de Valledupar— en Monterrey, el sociólogo José Antonio Olvera Gudiño afirma: “No he visto en otro lugar esa pasión con la que se defiende el gusto, con la que se vive la música, donde la música juega un papel muy importante en la configuración de la identidad de la gente”.

“En el caso del vallenato”, dice, “hay tres instrumentos fundamentales:  los instrumentos de raspamiento como la guacharaca, que tiene influencia indígena; el acordeón, que se identifica como un instrumento europeo, y la caja, que se le identifica como un instrumento africano”.         


IV

A Celso le habría gustado estudiar Veterinaria, pero desde muy pequeño se vio obligado a trabajar. Fue repartidor de una tortillería, tendero, trabajó en un taller de repujado y con sus tíos dando mantenimiento a casas en colonias acomodadas de Monterrey

En el Hospital Infantil, un nosocomio en la misma colonia Independencia, trabajó como auxiliar de intendencia. En esa época, a mediados de la década de los setenta, se interesó más por la música y con el apoyo de su padre, don Isaac Piña, comenzó a aprender de manera autodidacta a tocar el acordeón.

“Música es música” es uno de sus lemas, y en ese entendido su carrera lo ha llevado a recorrer Polonia, Dinamarca, España, Alemania y constantemente Estados Unidos y Sudamérica. Aunque en muchos hay poco o ningún hispanohablante, a él no le importa. “Porque música es música, compadre”, dice. El sábado en Barón Balché, dijo: “No importa cómo bailen las cumbias colombianas, mientras las bailen como las sientan”. Sí, música es música.

En una entrevista le preguntaron que de qué parte de Colombia era. Él contestó: “Pues no sé de qué parte de Colombia soy, pero nací en Monterrey”. Paradójicamente, conoció aquel país sudamericano de manera tardía. Su llegada a Barranquilla, el 27 de enero del 2010 fue tan simbólica para él, que escribió la canción “El viaje”, publicada en su disco más reciente. 


V

Al filo de las 11:00 de la noche, Celso Piña se despide del escenario. Y como la ovación del público le pedía la clásica “otra”, regresa. “Con ustedes no me puedo hacer del rogar”, dice con una sonrisa, toma el acordeón e interpreta Alicia Adorada.

No importa cuántos países haya visitado, cuántos reconocimientos haya recibido y cuántos duetos con artistas de renombre haya grabado, Celso Piña sigue siendo el hombre natural y espontáneo que empezó a tocar de oído y que grabó su primer disco en 1983. No queda duda que Celso vive para la música.



En Barón Balché tocó:
Macondo
Cumbia Sampuesana
Reina de Cumbias
Aunque no sea conmigo
Los Gavilanes
Cumbia Arenosa
Cumbia Cienaguera
Cumbia de la Paz

Alicia Adorada

lunes, 28 de julio de 2014

"La belleza femenina"

Nuestra cultura, que exalta el consumo y que refuerza ciertas visiones tradicionales por cómodas y sobre todo rentables, refuerza también las diferencias en roles, lo que clasifica mejor al mercado. Para que esta clasificación sea más visible, nuestra cultura patriarcal, subraya lo que es propio de hombres y lo que es propio de mujeres.

En el caso de ellas, subrayar su ser mujer desde la parte más visible implica un arma de doble filo, encierra jugar con fuego.

¿Por qué? Porque por una parte implica que las mujeres, antes que personas son mujeres, es decir son personas con cuerpo de mujer. Esta corporeidad se presta para dos fines que me parecen si no opuestos, sí paradójicos.

Una, la del punto de vista de la mujer, que si lo pusiéramos en primera persona y en pocas frases, diría lo siguiente: Mi cuerpo es mío, es algo íntimo y yo soy o quiero ser dueña de él tanto como pueda. Tienen que respetarme, empezando por mí cuerpo, al que yo visto como mejor me agrada porque me gusta verme y me gusta agradarme; encuentro placer en ello".

Por la otra parte, el punto de vista dominante –y objetalizador– dice que una persona del sexo femenino antes que todo es mujer, y como tal se le clasifica de acuerdo a su ser para otro, en relación con el otro y no de sí misma, y en función con el lugar que ocupa no en el espacio público, sino en el privado: ¿quién es ella? ¿es hija de familia?¿está casada?¿vive aparte?¿por qué?¿divorciada?¿con novio?¿madre sola?, y se le clasifica también de acuerdo a su "disponibilidad". Comúnmente se cosifica a las mujeres (lo hacen ellas y lo hacen ellos y lo hace el mercado y la cultura en general) como fuente de goce, de disfrute o de provecho. Porque a la mujer se le goza y se le admira, (y seguido se le admira para ver si después se le puede gozar). Se reconoce su belleza que para ella misma es en parte orgullo y en parte poder, para la cultura es es ser para el otro (hijos, pareja, empresa), vivir a través del otro y estar a expensas del otro.

Exaltar el ser mujer en su parte burda y más visible antes que el ser persona es un riesgo que pocos vemos, quizá porque es más placentero hacerse de la vista gorda. Esa es la trampa de la "belleza femenina".

sábado, 26 de julio de 2014

Deseo, amor y especie


El deseo, y su siguiente posible fase el amor, es una trampa de la naturaleza para formar familias con hijos y preservar la especie. Las sociedades más conservadoras enseñan a uno de los dos géneros a que el amor sea su proyecto, y lo cuide porque es el requisito para la sociedad conyugal; y al otro género a reafirmarse a sí mismo con la idea de que procrear con o sin amor es un buen síntoma.


Tal es la idealización del amor.

domingo, 20 de julio de 2014

La poesía, una experiencia significativa


Presentación de la antología Poesía de América Latina para el mundo, compilada por Roberto Arizmendi


Es sabido que más allá de la vida material, los humanos tenemos una vida simbólica muy compleja en la que ponemos sentido. Y esta necesidad de sentido es algo necesario para la sobrevivencia, como bien concluyó Víctor Frankl.
De tal modo que los humanos elaboramos una intrincada red de significados, símbolos y valoraciones que nos salvan del caos, nos prometen una convivencia más civil y nos otorgan ciertos satisfactores que hacen de nuestra existencia algo que mira hacia lo que se conoce como plenitud, aunque bien sabemos que se aleja varios pasos de nosotros en la medida que avanzamos, como lo expresó Benedetti en uno de sus poemas.
Y en este caminar la vida se compone de experiencias, y como son tantas —decenas de estímulos al día— solamente las que nos son significativas tienen cabida en la bitácora de nuestra vida, y acaso algunas moldeen, nos enriquezcan y nos marquen.
Salvadas nuestras necesidades básicas, nos damos a la tarea de hablar del entorno, de recrear nuestras vivencias, de expresar nuestros anhelos y reinventar el mundo, lo cual nos da la posibilidad de remover el entendimiento y proponer constantemente lo que entendemos por bondad, verdad o belleza, conceptos supremos pero siempre tamizados por el aire de la cultura que respiramos.
Entre las actividades más altamente simbólicas para la vida en sociedad, como lo han dicho algunos pensadores, están la ciencia, la religión, la filosofía y el arte, que además de condicionar la forma de entender nuestros conceptos de verdad, bondad y belleza, determinan el resto de los valores con los que palpita una sociedad. A la economía, eje de primera importancia en el mundo occidental, la incluyo dentro del campo de la filosofía porque implica ya un forma de entender al ser humano.
La ciencia nos ofrece explicaciones, la religión también, aunque por otros medios. La filosofía nos pone enfrente preguntas, problemas y se solaza en esa exploración.
El arte, en cambio, toma prestados algunos tornillos de estos tres campos, pero celoso de su independencia trata de situarse en un sitio bastante aparte. El arte explora métodos de conocimiento y no es rígido como la ciencia. Hace preguntas como la filosofía, pero le preocupa mucho las formas, los vehículos, que también son parte de su naturaleza.
El arte también suele creer que hay un más allá inasible, algo más profundo que se puede, y yo agregaría, que se necesita desentrañar o al tratar de nombrar. El arte suele referirse a asuntos como si de temas sagrados se tratara, aunque rara vez lo son.
En términos generales, el arte nos permite apreciar una experiencia significativa, que puede ser un cuestionamiento, una idea, una perspectiva, nos permite acercarnos y presenciar tratando de involucrarnos, y al mismo tiempo dejándonos a salvo para seguir con nuestra vida cotidiana.
Aquí voy a dar un brinco y espero no cometer eso que llaman petición de principio con mi aseveración. Considero que en el ámbito del arte, la poesía es aquella que, tomando algunos manteles los salones de la filosofía, la ciencia y la religión, trata encapsular experiencias significativas para hacerlas revivir a través del entendimiento, el goce, los sentidos.
En esto toma lo que necesita de otras artes, que alguna vez la cargaron de chiquita, como su tía la música, su madrina la arquitectura, su bisabuela la retórica o su prima la pintura.
II
La antología que el día de hoy nos reúne es una recopilación de obras artísticas. Esta reunión de 49 voces forma a su vez otra obra no pensada así originalmente, sino planeada por su compilador Roberto Arizmendi.
En ella hay poemas de autores de 19 países de América Latina, entre los que abundan hay nueve mexicanos y siete argentinos.
Una experiencia significativa es por ejemplo que en la vida hayamos visto y tratando en persona con unas 8 mil, o 30 mil o 80 mil personas, pero sólo un puñado pequeño, uno realmente muy pequeño están en nuestro catálogo (excepto Roberto Arizmendi, que como él tiene muchos y muy buenos amigos, pues evidentemente su catálogo de personas significativas es considerablemente más amplio).
Decía que de las muchas personas que hemos conocido, sólo algunas se quedan permanentemente o por largos periodos.
El argentino Horacio Salas nos habla, sin mencionarlo por su nombre, de la herencia de un padre físicamente ausente, pero visitante ocasional del yo lírico quien en él poema “Génetica” desentraña un poco ese vínculo.
Otra experiencia es el tierno amor que Gloria Gabuardi siente por su patria, Nicaragua, en su poema “Confesión de amor”.
En poesía, es común que no sea preponderante el objeto del que se habla, sino el significado que hay detrás, el sentido y lo que es capaz de contagiar en esa atmósfera que se crea. En el poema “El árbol” el boliviano Eduardo Mitre comienza:

Hoy derribaron el árbol
que nos acompañó tantos años
Sin más venda que una nube
La herida azul del espacio
Palabra a palabra
hoja por hoja
vuelvo a plantarlo en el huerto de la memoria (…)

En otro tipo de experiencia, en uno de los poemas más limpios, certeros y profundos de este volumen, el mexicano Eduardo Langange menciona refiere el límite y alcance que suele tener la poesía. Su poema “El Oficio”, como al pan, pan, y al vino, vino, habla de ese pozo oscuro que es la carencia del ser humano, o si e quiere ver así la permanente construcción. (ver como administra su material)

Tengo una mesa.
Puedo escribir tengo una mesa
Tengo una silla.
Puedo escribir tengo una silla.
Aún más:
Tengo papel y tinta.
Puedo escribir sobre el papel y con la tinta.

Pero la poesía me dice
que ella no está en lo que ya tengo.
La poesía me dice
que está en lo que me falta

Experiencia significativa es también lo que comparte Roberto Arizmendi en los poemas que se incluyen en este volumen. En sus textos, sobre la apariencia de la vida cotidiana, el acto de compartir aparece como el mantel sobre el que se pone la alegría, la música, la amistad, el amor y a veces también el dolor.
Es un poeta del detalle y de la ternura, también sus poemas reflejan que la vida es fluida, diáfana, no se detiene, y que nosotros la bailamos al son que nos toque, pero siempre asumida de la mejor manera posible.
Todo esto se puede ver desde sus poemas “Cotidianidades” y en “No me quites mi tristeza”.
Dejé al último deliberadamente a Waldo Leyva, para decir que la sensualidad de sus poemas viene no de la superficie, sino del fondo de la respiración. Este elemento y el tema del tiempo son elementos desde donde construye, definitivamente el tiempo.

Me da mucho gusto compartir la palabra con ustedes, con Roberto y con Waldo, e invitarlos que conozcan estas experiencias significativas que se componen a través del arte de la palabra y que están dirigidas a decirle al mundo lo que los poetas de nuestra Latinoamérica les preocupa o los anima.

Gracias a que es una edición bilingüe, este libro tendrá unas fronteras más pequeñas, aunque de todos modos, por el sólo hecho de tratarse de poesía, este libro está destinado a instalarse sin fronteras muy cerca de otra experiencia significativa. Muchas gracias.


Poesía de América Latina para el mundo.
Roberto Arizmendi, (Compilador). Poesía.
Ed. Universidad Juárez Autónoma de Tabasco / Ediciones Fósforo.
México, 2013, 300 pp,









La duda y la frivolidad

No cuestionarse nada, no dudar de nada y tener certezas sobre todo, se parece tanto a la frivolidad, que parecen la misma cosa.

jueves, 17 de julio de 2014

Cae avión con 295 personas, acusan ataque

Cuando se roban tres manzanas al patrón, todos los peones son culpables hasta que se demuestre lo contrario, pero mientras se aclara, no se hablará de otra cosa. En cambio, si pierden la vida en un acto atroz personas lejanas, eso no tendrá la mayor relevancia porque no afecta a los intereses de quien realmente importan.

Las agencias de noticias dan cuenta el día de hoy que un avión Boeing 777 con 295 personas a bordó cayó en Ucrania sin sobrevivientes.

El avión volaba entre Ámsterdam, Holanda, y Kuala Lumpur y fuentes estadunidenses afirman que el vuelo MH 15 de la aerolínea Malayisian Airlines fue derribado por un misil.

Autoridades ucranianas en Kiev e independentistas en Donetsk intercambian acusaciones sobre la responsabilidad del ataque.

Mientras tanto, la responsabilidad es de nadie. Es probable que la nota quede sepultada en 12 horas entre la columna informativa.