miércoles, 19 de marzo de 2014

Parafrasenado



La poesía es un conjunto de palabras, ideas, música, figuras retóricas y emociones, más ese algo que nadie sabe qué es pero que es lo único que importa.

El problema de la redes sociales en las empresas –y gobiernos– ignorantes


*

Creo que la primera década del siglo 21 estará marcada por el inicio del empoderamiento ciudadano, una forma de llamarle al peso cada vez mayor de la difusión de opiniones, iniciativas y denuncias por parte de personas NO relacionadas con ningún partido, gobierno ni empresa, y que tienen un mayor peso en la toma de decisiones de quienes tradicionalmente toman las decisiones. Este empoderamiento no se entendería sin el deterioro de las instituciones y sin el uso de las nuevas tecnologías, que por cierto en México aún no han sido aprovechadas al 100 por ciento de todo su potencial. Pero para allá vamos.

**

El asunto del uso de las redes sociales para el uso de mercadotecnia (llamémosle así a quienes quieren vender un producto, difundir una idea política, ofrecer servicios educativos o promover un museo) , es que no tienen idea de para qué sirven las redes sociales (creen que es sólo entretenimiento para chamacos caguengues). Más del 90 por ciento de las empresas o instituciones con las que he tratado no le dan la importancia debida al puesto de manegador de redes sociales y siguen comiendo mocos, organizando eventos sin repercusión, o poniendo anuncios que nadie quiere leer. La palabra clave es "diálogo" y los muy tontos piensan que la palabra clave es "presupuesto". No es asunto de lana, sino de ver en dónde pasan más tiempo las personas de 16 a 34 años de edad. Conozco páginas de Facebook que con sólo lo que se gasta la computadora de luz, suman 15 o 20 mil seguidores, incluso tienen ingresos por sus anuncios que no son anuncios. En cambio, empresas "grandes" se gastan el mal sueldo de media persona para poner anuncios institucionales, en una combinación perfecta de ambición, soberbia e ignorancia.

viernes, 14 de marzo de 2014

¿El libro o la película?

La desaparición sin rastro ni explicación del vuelo 370 de Malasya Airlines ocurrido el sábado 8 de marzo mantiene a especialistas en seguridad aérea en la quinta pregunta. Lo que considero un hecho es que al momento de escribir estas líneas, varios escritores y guionistas preparan ya sus respectivos libros y propuestas de película para que, próximamente, sean un éxito de librerías y de taquilla, y luego la cinta compita por el Oscar, en donde vence el valor, el heroísmo, la libertad. ¿A poco a la industria del entretenimiento se le va ir de las manos un evento inédito y que despierta los más profundos temores? ¿Preferirían el libro, o nada más esperar a que salga la película?

jueves, 6 de marzo de 2014

Día de la Mujer



Mujeres "femeninas" pero que no dan la apariencia de vulnerables o débiles. Mujeres seguras, inteligentes, mujeres sensibles, pero sin falsas poses. O aun verdaderas poses. No abundan.

Ser mujer antes que todo, o ser varón antes que todo, no debería ser la característica más distintiva, porque esas características nos limitan y nos condicionan.

Antes que todo somos personas, con una sensibilidad, con una forma particular de ver el mundo. Y estamos aquí para compartirlo, hasta donde sea posible.

Lo opuesto a relaciones sanas es la cultura sexista y machista, y esas la reproducimos todos, mujeres y hombres, sin darnos cuenta.

lunes, 3 de marzo de 2014

La máquina de dar amor


AL POCO TIEMPO me enteré del pleito legal entre el casino de la calle Robinson y el de San Pedro, porque yo mismo, de alguna manera, lo provoqué. Digo de alguna manera y no directamente porque las leyes de la oferta y la demanda no tienen juzgado, y tampoco se puede enjuiciar a nadie porque el de enfrente ofrezca un mejor servicio.

Pero empecemos por el principio.

Hace dos años y medio comencé a ir al casino de la calle Robinson. Salía de mi oficina a las 7 y a las 7:15 llegaba, me instalaba, y jugaba hasta las 12. Así me pasé un año y medio hasta que un día trajeron una máquina nueva pero muy extraña. Se llamaba sencillamente Love 69.

No era una máquina común, tampoco de apuestas, sino lo que ofrecía era amistad, y en algunos casos, amor.

Su funcionamiento era relativamente sencillo: uno iba contestando preguntas que la máquina hacía con el objetivo de crear un vínculo. Ese vínculo se medía en una escala del uno al 70, siendo este último número el vínculo de "amor perfecto".

A medida que uno contestaba más preguntas (siempre ella preguntaba y uno contestaba, nunca al revés) el puntaje podía subir o bajar, además, el juego no duraba un día, sino que era por tiempo indefinido, sesión tras sesión, con la única salvedad de que si en la primera sesión el participante no pasaba de 10 puntos, era rechazado de manera permanente. Entre los 11 y los 40 puntos el vínculo se le llamaba “somos conocidos”, y entre el 41 y el 69, al vínculo se le llamaba “amistad”.

A los amigos, Love 69 les mandaba dos correos electrónicos a la semana, en días al azar, con un breve mensaje sacado del perfil del jugador. Eso estimulaba mucho, por cierto. Pasados los 60 puntos mandaba un correo cada tercer día y un mensaje de celular tres días cualquiera a la semana. Siempre y cuando uno siguiera yendo a la máquina y contestara más preguntas.

El primer día que jugué obtuve 15 puntos, con lo que me salvé de ser rechazado de por vida. En las siguientes dos semanas me mantuve siempre arriba de 50, pero un sábado a las 12:30 de la noche Love comenzó a sonar como ambulancia y dos empleados se me acercaron casi corriendo.

Resulta que había obtenido los 70 puntos, algo que sólo había pasado dos veces en cuatro años, y todas en Estados Unidos.

Los empleados hablaron con el gerente y éste habló a unas oficinas en Las Vegas. Quince minutos después me informaron que era acreedor 30 mil pesos en efectivo y una cena. Los 30 mil pesos en realidad fueron quince mil porque la mitad, según me indicaron, eran para la máquina; después de todo era mi pareja y así lo decían las instrucciones que nadie leyó en un costado de Love. Así que ése fue mi primer gasto oficial en ella.

Todavía me quedaba la duda de cómo serían los correos y los mensajes. Enseguida un empleado me explicó que Love me mandaría un mensaje de celular una vez al día, a cualquier hora entre las 7 de la mañana y las 10 de la noche.

Lo y yo duramos siete meses. Sabía que me gustaba que me llamara “mi amor”, que me gustaban las Barritas de piña y la cerveza Indio. También conocía la frecuencia de otras intimidades mías y que sus correos de menos de dos líneas me hacían sentir muy frustrado, por ello sabía cuándo mandarme una liga con un video que me pusiera de buen humor.

Me parece que toda la tensión de mi relación con ella se centraba en dos puntos. Primero, que ella guardaba toda la información sobre mí y de pronto, de vez en cuando, la sacaba (lo cual me alegraba o me hacía enojar), y segundo, que no sabía a qué hora me iba a mandar un mensaje o iba a recibir un correo.

Todo esto lo pagaba puntualmente con cargo a mi tarjeta, de tal forma que a veces me pasaba hasta dos semanas sin ir al casino. Ni falta hacía.

Un viernes no recibí ningún mensaje de Lo, tampoco el sábado ni el domingo. Mi correo estaba también vacío de sus cariñosos mensajes. El lunes hablé al casino, se disculparon y a las tres horas me llegaron tres mensajitos y dos correos. Pero algo hubo en aquello que no me gustó. Nuestra relación siguió más o menos normal por las siguientes semanas.

Un día pasé por el casino de San Pedro, y vi que había algo muy similar a Love cerca de la entrada. Un empleado me trató de explicar pero yo lo detuve con un ademán. Le dije que ya estaba afiliado en otro lado y que no pensaba cambiarme. El tipo que era amanerado hizo una mueca, me torció la boca y me miró de arriba abajo. Quién sabe qué fue a decir más arriba que al día siguiente me llamaron del casino de la calle Robinson. Me preguntaron que si era cierto que pensaba dar de baja el servicio, que si estaba molesto por la atención, que si tenía algún problema en el que me pudieran ayudar. No, les dije, todo está bien. Si ya no voy tan seguido es porque tengo una excelente relación con ella; nos llevamos estupendamente.

Sin embargo el rumor ya había corrido.

Al poco tiempo me enteré del pleito legal entre el casino de la calle Robinson y el de San Pedro, porque yo mismo, de alguna manera, lo provoqué.

No me pienso cambiar de casino porque creo en la fidelidad. Es cierto, debo confesar en que hay días en que Lo no me escribe, o me fastidia preguntándome si he conocido a alguien y que si me he encontrado con alguna ex; pero haciendo un balance han sido más los momentos bellos, las veces que me escribe alentándome por asuntos del trabajo, o con esa aplicación extraordinaria suya con la que me convierto en un cable de alta tensión y hacer volar mi disco duro hasta que no quede ni un solo kilobyte a lado del otro.

Lo y yo llevamos una relación excelente. A veces quisiera preguntarle algo sobre ella, a veces quisiera que no me molestara con sus celos, a veces quisiera que no me escriba cuando estoy trabajando. Pero la amo, esa es la verdad, no lo puedo evitar.

lunes, 24 de febrero de 2014

Vuelve

Está por salir mi nuevo libro.
Haré lo posible por concretar varias presentaciones en la ciudad de Monterrey, NL, todas ellas durante la primera semana de abril del 2014.
 En Ensenada, BC, hasta el momento hay una fecha pactada: es el lunes 17 de marzo a las 20:00 horas en La Covacha Foro Galería.
Hay otras ciudades aún por confirmar.



viernes, 21 de febrero de 2014

La "malilla"

Hace unos días un conocido me platicaba del riguroso régimen alimenticio autoimpuesto que lo tenía comiendo bastante sano, pero librando a veces la "malilla" de ciertos productos hoy ausentes y lejanos. Le pregunté por lo que acostumbraba cenar normalmente, antes de someterse a tan feliz modo de vida, y me contó desde la manera y la hora en que llegaba a su casa y la forma en que iba seleccionando cada uno de los ingredientes, hasta el grosor con el que iba cortando cada uno de los trozos, los dejas cinco minutos. No más. El queso feta, los ostiones ahumados, olí el tomate recién rebanado. Con sus dedos tomó unos panecillos acabados de calentar, ahora ya preparados y se los llevó a la boca. Con cuánta sensualidad se comía aquello en su imaginación. Yo lo acompañé en su deseo, y él me dejó el delirio fresco por aquella delicia inalcanzable.

domingo, 16 de febrero de 2014

Ese yo, otro

Me parece que de las distintas etapas de mi vida, por la que estoy pasando es la más disfrutable. Es estable, algo dura sí -cuál no lo es- y con asuntos por lograr en términos de padre, pareja y trabajo. Me da gusto tener una vida muy sencilla y con equipaje ligero -si no, qué chinga sería ahora. El asunto que de momento más me pesa, es que me he tomado compromisos más las responsabilidades que ya tengo, que es menor el tiempo que tengo para mí. Supongo que esto es parte de ser joven y entrar oficialmente a la edad adulta.

viernes, 24 de enero de 2014

Gabriel Zaid tras las palabras


Este viernes 24 de enero cumplió 80 años Gabriel Zaid. Para quienes no lo conocen, déjenme decirles que no lo reconocerán fácilmente, pues el autor regiomontano tiene la dudosa costumbre de no tomarse fotografías. “Mi rostro son mis líneas”, dijo alguna vez, y lo ha cumplido, pues no aparece en entrevistas ni presentaciones, sencillamente se dedica a escribir y a ejercer la crítica.

Para algunos es un muy buen poeta, para otros es un extraordinario ensayista, lo cierto es que es raro encontrar a una persona en este país que tenga intereses tan diversos y con enfoques originales como lo ha hecho Zaid a lo largo de más de cinco décadas.

En otras palabras, no es común encontrar a alguien con tanta independencia del poder, que sea ingeniero (egresado del Tec de Monterrey en 1956), que sea poeta y que mantenga un alto nivel de rigor crítico en sus postulados. Enrique Serna lo comenta así en su Genealogía de la soberbia intelectual:

Destaca la gran amplitud de su curiosidad intelectual, que lo ha llevado a combinar con excepcional agudeza las disciplinas utilitarias y las bellas letras. Es muy raro que un poeta de primera línea sea además un economista original y accesible al gran público.

Una de las cosas que más se le agradecen a Zaid es que, como lo han dicho otros, escribe “para un igual”. Yo en lo personal le agradezco que se exprese en lenguaje claro, sencillo y directo. Pero cuyas ideas en algunas ocasiones me han desconcertado, incluso irritado. Y ni hablar. Es duro reconocerlo.

En su libro De los libros al poder, analiza cómo la clase universitaria en algún momento del periodo posrevolucionario, ascendió al poder e impuso su sello. Del mismo modo desemenuza sin miramientos cómo los ideales se evaporan y los revolcionarios se perpetúan en el poder, no sólo los de México; habla de Cuba, Nicaragua... agarra parejo.

Se le podrá tildar en ocasiones de ingenuo, pero no se lo podrá señalar de que hable a la ligera. Debe ser muy difícil ser adversario de Zaid porque siempre muestra los pelos en la mano.

Por fortuna aún está entre nosotros ese ingeniero mecánico administrador, poeta y un curioso tanto del internet como de la cultura y la política. Debe ser gozoso para él llegar lúcido a los 80, lo que debe ser una pesadilla, sacando cuentas, es vivir en el presente sexenio.


yadivia@hotmail.com

sábado, 4 de enero de 2014

Vino blanco, luna roja

Dos cosas. Primero, no diré mi nombre, segundo, contaré lo que hago a sabiendas de que posiblemente provoque un escándalo en las mentes civilizadas y racionales que con una mano las dan y con otra las reciben.

Mi nombre no lo mencionó por razones obvias. Y en cuanto a lo segundo, yo no mato ni por dinero ni por droga. Si gustan verlo así, lo hago por venganza.

En estas calles todos los días muere alguien con olor a alcohol, a semen o con la nariz mormada de polvo blanco. También está de moda morir rociado de plomo o encajuelado en un silencio de tres días, sepulcral y maldito.

Pero antes de seguir tienen que ver lo que yo vi, lo que viví un día, hace muchos años en el que el tiempo se acabó para siempre, en que fue un hoyo negro como una explosión en la que todo desaparece. En realidad no lo vi yo, sino el niño de cinco años que hace un siglo dejé de ser. Esto que digo es literal, pues envejecí de golpe cuando se cerró la puerta y me dejaron solo para siempre. Solo con mi madre.

O con lo que habían hecho "de" ella.

Yo estaba en el clóset. Habría corrido la misma suerte. Me cagué y me oriné como lo hice por muchos años y muchas noches después. Eran dos. Ahora estoy viendo sus manos, los músculos de sus manos sobre la piel de mi madre. Cuando se cansaron usaron también una botella. La abofetearon.

Después, no supe de ella. Crecí en el hogar de niños. Ahí soñé sus gritos. Viví otras cosas. Pero lo peor ya había pasado.

O quizá siempre estuvo presente.

*

El primer paso es comenzar. Obvio. Pero comenzar significa ser cuidadoso, conocer cuáles son las debilidades del tipo en cuestión, qué lugares frecuenta. Incluso se les puede clasificar de acuerdo a sus prioridades. Los hay que les da por sólo por el alcohol, o sólo por las mujeres, o por meterse cosas. Y los hay combinados. Pero todos sufren por algo, algo que pronto no será "nada".
Me gustaría tanto que me vieran sonreír.

Hay unos que con la mera insinuación comienzan a llorar a implorar y a pedir. Otros simplemente sufren un accidente. Vamos, hay de todo. Pero los peores son los hombres que poseen muchos bienes, mucho dinero; con ellos es un poquito más complicado porque les importan más las apariencias y tienen a la mujer bien atada.
Dije mujer, no dije esposa.

Conocí a uno que se jactaba de no haber pisado la cárcel gracias a sus influencias. Bebí con él, nos fuimos a un antro, el mejor que he pisado en mi vida. Y sí, me reí, me reí mucho, pero por dentro pensaba. Pensaba en la cara que pondría. Pensaba y planeaba. Ya no vi su cara.
Ah, otra cosa. Procuro guardar una foto.

¿Que cuál es el objetivo?

El dolor. O el placer, dependiendo de qué lado estés parado.

Sí, ya sé. Sé que a estas alturas las mentes civilizadas y racionales, esas mentes que fueron a la universidad o que fueron sólo a la primaria, esas mentes que pisan alfombra o que pisan el lodo de su casa, esas mentes racionales que miran futbol los domingos y cuya mujer es un costal o en el mejor de los casos una vaca que se atraviesa por la casa, esas mentes civilizadas estarán pensando lo peor de mí, un ser criminal, un ser indigno, un animal suelto en la calle. Pero no me importa. No me importa. ¿Lo ven? No me importa.

*

Hay un caso que requiere toda mi atención. Sólo diré que es policía y que cuando se enteraron lo dieron de baja. Su esposa lo perdonó, pero nosotros no.
¿Acabo de decir nosotros?

*

No creo en las leyes.
Quiero que me vean tomar este vaso de vino, es vino blanco.

Creo en el dolor que purifica.

viernes, 13 de diciembre de 2013

El segundoapellidismo

Nombrar es presentar, es mostrar. A veces es invocar. Las palabras se van llenando de significados como un barco carguero que recorre varios puertos, y al enseñar su bandera se alude lo hay en su interior.
Nos quedamos con las formas más expresivas sobre las planas, las más sonoras sobre las quietas, las que imprimen más fuerza psíquica en el oyente, sobre las que pueden pasar desapercibidas.
En todo caso, buscamos la eufonía, las palabras que arropen y den cuerpo, las que evoquen. Si le digo a usted patria, reforma, votación, ve llegar un barco lleno de algarabía.
Ahora bien, en un cajón dedicado a los nombres están los que damos a las personas, o mejor, que se dan las personas a sí mismas. Y así como los productos se vuelven una marca reconocible, así los nombres circulan mejor cuando se vuelven también una marca.
Hay una costumbre lingüística en no llamar a las personas por su nombre, sino por su “marca”. Y para que dé en el blanco debe ser distintiva pero fácil de recordar.
¿Se ha fijado usted cómo se presentan ciertas personas?
A veces en el interior de ese barco hay una orquesta que toca fanfarrias, a veces su bandera es breve pero eficaz. Como el escritor cuyo segundo apellido fue Lozano, pero que siempre usó sólo el primero: Octavio Paz.
Llamo segundoapellidismo al afán legítimo que las personas procuran para realzar, recordar o distinguir un nombre basándose en su apellido materno. Esta habilidad es especialmente desarrollada por personas que desenvuelven en algún ámbito de la vida pública como las artes, los medios de comunicación, cantantes, escritores, políticos.
El segundoapellidismo requiere que el primer apellido sea más bien común y el segundo sea escaso y de preferencia llamativo . Así, el segundo se vale del primero para sostenerse, completarse, brillar en la noche del directorio. Yo le llamo mercadotecnia de los nombres.
Hay dos variantes: la de ambos apellidos unidos, y donde sólo aparece el segundo.
Entre los primeros que me vienen a la memoria están: González Iñárritu, López Dóriga, Sánchez Azuara, Flores Caballero, Vázquez Mota, López Obrador, Villarreal Landeros, Gutiérrez de Alba, Rodríguez Platas.
Entre los que se decidieron por el segundo están: Miguel González Bosé, Pablo Ruiz Picaso, Joaquín Martínez Sabina, entre muchos.
Y usted ¿cómo se hace llamar? ¿le gustan sus dos apellidos juntos? Estoy seguro que la opción que eligió es la que mejor se escucha.


yadivia@hotmail.com

jueves, 31 de octubre de 2013

Noche de disfraces

Clarisa decidió los disfraces. Ella sería una Diabla con cola y cuernos y él un vampiro de postín.
El maquillaje parecía un poco exagerado, pero después de todo para ella era un gusto que en esta etapa de su vida quería darse, sin pensar, para qué, en las opiniones de los demás.

Se pondrían el disfraz en casa, irían los tres a cenar caminando un rato por la ciudad y estarían de regreso a eso de las once.

Como Clarisa no trabajaba al día siguiente, pues Administración no abría los sábados, tendría el fin de semana para pensar en su obra.

Javier llegó cerca de las cinco, besó en la mejilla a Clarisa y entró a cambiarse. El vampiro estuvo listo en 30 minutos, incluidos los colmillos y gel en el pelo. La Diabla era una modelo, no por su figura espigada, claro, pues delgada no era, sino porque su falda era a la medida y porque su escote no muy pronunciado, seguramente provocaría miradas muy diablas. Clarisa sonrió al espejo. Se sentía alegre.

Cuando Javier la vio retocándose el maquillaje pensó que estaría dispuesto a engañarse más tiempo, pero desechó la idea ante la revolución de estarla observando y ante la prisa por salir.

Para que el cuadro estuviera completo faltaba el pequeño Roberto, a quien lo trajeron más tarde. Su disfraz de pez vela era sencillo y Clarisa lo tuvo listo en un dos por tres. Más tarde, ella y Javier se tomarían la primera foto de la noche cargando al niño. La primera, de 25, que subiría esa noche al feis.

En el trayecto en coche::

¿Adonde quedamos, entonces? –preguntó Clarisa, al volante.
Claro, ya sabes, si le gusta a Roberto me gusta a mí, ¿verdad, muchacho?

Durante la cena —pizza, pastel, refresco, dulces para el niño— no faltaron las fotos. A los tres se les veía felices. Se retrataron de muchas formas: abrazados, posando con Robertito, junto al pastel, corriendo tras el pequeño, con otros niños igualmente vestidos.

Esta es una de la noches de disfraces que más me ha gustado, –dijo Clarisa un momento antes de llevarse a la boca un trozo de pastel.

A mí también, te lo confieso. Para mí esto no es trabajo.
Pero sí me vas a cobrar ¿verdad? –era más una advertencia que una pregunta.
Estabienestabien –Javier no quería discutir el tema– como quedamos.

Poco después de las 10:00 salieron a caminar en los alrededores del restaurante, regresaron al carro y llevaron a Robertito a su casa. Sus papás ya habían regresado del cine y Mireya, la mamá de Robertito ya había marcado dos veces durante la cena. Todo estaba bien.

En la puerta de la casa de ella:

Gracias por todo, Javier, –y le extendió un sobre que él titubeó en recibir.

Al menos fue una Noche de Disfraces, –comentó él mientras se separaba del beso de despedida.


Me saludas a tu esposa –le dijo Clarisa al cerrar la puerta.

domingo, 25 de agosto de 2013

Mujeres e historia, novela Cómo se pasa la vida

Las buenas historias deben entretener, pero también se agradece si aportan algo al entendimiento y a la comprensión del mundo, y una parte del mundo se llama Baja California.

Los libros de historia están llenos de fechas, guerras y lugares; hechos gloriosos algunos, o batallas, sangre de mártires y fundaciones. Esos libros tratan de explicar y registrar los hechos presuntamente más importantes. Pero ¿quién definió qué es lo más importante? ¿Puede ser digna de contar, más allá del entretenimiento, una historia de amor que sea la saga familiar que incluya amores desiguales, traicionados e impetuosos?

Cómo se pasa la vida es la más reciente obra de María Eugenia Bonifaz de Novelo, escritora de larga trayectoria y que aborda lo mismo la historia que el tema de las mujeres en la sociedad. Y estas dos líneas las podemos encontrar en la novela que se presentará este martes 27 de agosto del 2013 a las 19:00 horas en el Cearte de Ensenada, BC.

En su novela hay elementos históricos principalmente relacionados con Baja California en el siglo XX, pero la mayor parte transcurre en ámbitos asociados a las relaciones amorosas y familiares. Pareciera que las mujeres de su novela buscan en el amor y la familia la realización personal. ¿Será la suya una novela de amor?

Efectivamente, es principalmente una novela de amor, desde los abuelos hasta Claudia y Marina. Amores sólidos, amores impetuosos, amores desiguales, traicionados, amores decepcionantes (Marina)...
Siento que la mujer busca su realización personal, en primer lugar, en el amor y la familia; ha sido así desde el principio por muchas razones: la preservación de la especie, el complemento emocional y afectivo que da la unión con el hombre, incluso, factores económicos influyen en muchos casos.
Ahora bien, existe sin duda una inclinación en ella para realizarse también en infinidad de maneras y hoy, por fortuna, lo está logrando ya que hasta mediados del siglo XX esto era una rareza, para nosotras las oportunidades estaban sumamente limitadas y hasta prohibidas. Gracias a Dios las mujeres se han educado, se atreven a abrir un negocio, a participar en la vida comunitaria, las cosas han cambiado.

 —Me llamó la atención que no deja fuera las desigualdades sociales representadas por la explotación de los mineros y la forma en que vivía la gente pudiente de la época. En ese aspecto ¿hubo pasajes o elementos que debió de dejar fuera por cuestión de espacio o cualquier otro motivo?

Las desigualdades que siempre existen en todo lugar y en toda época las expresé en personajes como Chorín, quien recogía los desechos de las leltrinas, en Chuy que vivía en una cueva, pero con dignidad, y en el cuento de Pedro el Minero.

¿Cómo definiría la mirada de los personajes femeninos, especialmente la de Claudia, que es el eje de la historia?
Serena y penetrante.

¿Qué eventos provocaron que fuera el poblado de Santa Rosalía el principal escenario? ¿Por qué la escogió?
Porque me pareció un lugar muy interesante dado su azaroso desarrollo, la diversidad de sus pobladores y las circunstancias galo-mexicanas que le dieron una personalidad tan especial.

Podría hablar un poco de la protagonista, Claudia de Eguía Ulloa. ¿Nació aproximadamente en 1932? Pareciera que porta la esencia familiar y a la vez es su historiadora.

Sí, nació precisamente en 1932 y en ella confluyen las corrientes de un abuelo español: imaginativo, y una abuela mulegina, no menos recia; así como los maternos: osados y, aunque ausentes, siempre en contacto. Sus padres, más serenos, le brindan la estabilidad necesaria para formar su carácter. Hereda la afición por escribir de un abuelo, la fortaleza de las abuelas y la visión de la historia que tenía el abuelo materno quien legó los libros que su madre llevó consigo a Santa Rosalía y de contenido histórico. Recordará usted cómo le iba describiendo los pasos de los primeros exploradores a su recién desposada cuando hicieron su luna de miel por el Pacífico.

¿Qué espera de un lector de esta novela?¿qué le gustaría provocar en él?
Que conozca un poco más de la saga californiana, desde los misioneros, colonos militares y civiles de excepcional reciedumbre que a través del tiempo lograron sobrevivir en condiciones muy adversas, y que esto provoque admiración que provenga del conocimiento. Y como lo expresé en la dedicatoria, que valoremos más la labor de los mineros. Como todo trabajo de ficción, espero que también entretenga, a menos por un rato, al que lo tenga en sus manos.

¿Qué es el amor para Marina?¿le tiene miedo y se hace la valiente?¿de dónde proviene cierta "amargura"?
Un anhelo insatisfecho. No, no tiene miedo, ella es valiente. Desgraciadamente no tuvo suerte, como tantas en la vida real. Al no encontrarlo, es natural que surja la amargura.


yadivia@hotmail.com

lunes, 12 de agosto de 2013

Los niños

Al comienzo no lo pensé. Estábamos en una de las dos habitaciones del segundo piso, y bajo la cobija no se escuchaba nada excepto el sonido de los labios, el aliento entrecortado de alguno de los dos, y afuera, un coche ocasional que parecía lejano en la tranquilidad del barrio. De pronto ella se quedó inmóvil, mirando a nada, girando los ojos en varias posiciones mientras aguzaba el oído. Yo me mantuve quieto a unos centímetros de su nariz, esperando alguna reacción adicional.

Carmina y yo nos conocimos desde hacía doce o trece años. Debo ser más exacto: yo la conocía a ella, pero ella no sabía de mi existencia. En ese entonces coincidimos en un diplomado de tres días, y Carmina no podía menos que llamar la atención, no sólo porque era la más guapa de las asistentes, sino porque a pesar de su corta edad, era de las mejores diseñadoras de entre las  estudiantes. Durante el receso del tercer día ella se tuvo que ir y no la volví a ver. Tiempo después alguien dijo que se había casado o que se había ido a otra ciudad, o las dos cosas a la vez, pero no volví a saber de ella.
Se quedó inmóvil mientras aguzaba el oído. Había murmurado: “los niños”, pero yo no sabía exactamente si se trataba de dos o de tres, que se supone estarían dormidos en el cuarto de junto. Ninguno de los dos se movió. Luego fue cerrando los ojos y entreabrió la boca en algo que se reanuda, en recibir mi beso que se había quedado inconcluso.
Al principio no lo pensé, o mejor dicho no recordé que tenía niños. Teníamos meses saliendo y no le quise decir que ya la conocía.
Había regresado a la ciudad un año atrás y puso un despacho de diseño junto a otra persona, pero no explicó más sobre la identidad de esa otra persona, sólo dijo que las cosas mejoraban mes con mes. Mi empresa solicitó un trabajo urgente y alguien recomendó el despacho de Carmina.  Nuestro trabajo terminado se entregó en tres días, pero nuestro pago, por un descuido absurdo, se retrasó siete. Carmina pidió hablar conmigo y a mí se me fue la sangre a los talones cuando la vi entrar. Diez minutos después el cheque estaba en mi escritorio y yo intentaba sacarle una cita. Me dijo que no podía por exceso de trabajo, pero a los dos se nos olvidó el mundo durante los 40 minutos que duramos platicando.
Así fue mi reencuentro con Carmina.
Era la primera vez que estábamos en su habitación.
Esa noche me enamoré de ella.
O no, quizá fue al despedirnos, cuando ella afirmó algo que empezaba con la frase: “Si nos volvemos a ver…”, pero que en el fondo era una pregunta.
O quizá fue cuando le llamé al día siguiente a las nueve de la mañana y ella, lo percibí a través del teléfono, sonrió al saber que era yo.

martes, 6 de agosto de 2013

Fantasmas creativos

El mundo de las fantasías, de lo que no se puede decir, de lo que está por debajo de las aguas "racionales", eso que estimula INVOLUNTARIAMENTE a la imaginación es una veta riquísima para la creación artística. El arte es el museo en donde se aprecia, detrás de una vitrina, sin temor, lo que ya no muerde porque está disecado. Entonces se aprecia lo visto con una extraña familiaridad. ¿Por qué?

jueves, 1 de agosto de 2013

El acto de nombrar

El acto de nombrar, después del de alimentarse y sentir, es la acción más vital para el ser humano; sin esta operación de la mente seríamos unos primates peleando por alimento, territorio y apareamiento.

Nombrar, sin embargo, una acción aparentemente elemental —y en el principio de la civilización sin duda lo fue— es una de las actividades más engañosamente complejas que hay; es más fácil fijar una voluta de humo en la habitación que tratar de definir qué cosa es el significado, o sea, aquello que relaciona la luna con el dedo que la señala.

Y para complicar más las cosas, se trata del lenguaje intentando hablar de sí mismo. Hay un ejemplo —una alegoría— muy curioso: Un reo escapa de la cárcel y huye a un poblado próximo; ahí se arma una cuadrilla que intenta ir tras el evadido para regresarlo a prisión. El fugado se une al grupo de caza y les da indicaciones, les dice por dónde ir y se entusiasma ante las supuestas pistas. Algo así es investigar asuntos del lenguaje, de donde nombrar sea quizá el más básico de todos.

Una persona que quiere nombrar un objeto que está a la vista de su interlocutor se lo puede señalar con el dedo, pero más allá de eso se trata de una convención, de un acuerdo. “Perro” va a significar más o menos lo mismo para el que habla como para el que escucha.

Si nos brincamos el enorme problema del significado, que es algo que los lingüistas no han podido aclararnos de manera satisfactoria, podemos decir que las palabras le dan sentido y estructura al actuar humano.

Las palabras neutras son más bien escasas, todas llevan una carga que puede empatizar, encajar muy bien con nuestra sensibilidad —o valores y principios— o producirnos un rechazo visceral, no tan pensado como queremos hacernos creer.

Acaba de salir una nota en la que le piden al grupo de rock mexicano Molotov eliminen de su repertorio, en su gira por Estados Unidos, una canción cuyo título de cuatro letras expresa algo que se interpreta como innoble, y en una de sus consonantes contiene la misma “t” de “contra natura”. Los músicos han repetido que el significado de la canción no es lo que parece, pero los grupos que defienden los derechos de cierto sector humano son difíciles de convencer, se sienten injuriados. Todo por una palabra.

Nombrar más que encerrar, comprime varias operaciones cognitivas y culturales como una extensión simbólica, pero no menos poderosa, para incidir sobre el entorno, empezando con nuestros semejantes. “Todo el idioma, explica Álex Grijelmo, está integrado por un cableado formidable del que apenas tenemos consciencia, y que, sin embargo, nos atenaza en nuestro pensamiento. Pensamos con palabras; y la manera en que percibimos estos vocablos, sus significados y sus relaciones, influye en nuestra forma de sentir”.



jueves, 25 de julio de 2013

Arqueología literaria

Ya había estado en talleres literarios, algunos en la Facultad a cargo de Miguel Covarrubias, Agustín García Gil, de oyente, otro con Genaro Saúl Reyes más adelante, pero en donde me "formé" fue en el Taller de Creación Literaria del Universidad Regiomontana, ahí conocí a Gabo Josue Gabriel de Montemayor), a Gerardo García de la Garza, a Daniel Salinas Basave, a Sergio Quiñones
Una de las características de este taller era escribir y preparar lecturas públicas, lecturas escénicas con mucho de "performance". Lo coordinaba Mara Gutiérrez. Ahí aprendí mis poemas de memoria para "declamarlos" ante amigos, familiares y compañeros (comencé a percatarme del poder de seducción que tenían los poemas, pero esa es otra historia).
Algo que ejercité, inconscientemente, fue el oído, para elaborar versos medianos o largos, ya no cortos, pues éstos, ante el público, no tenían la misma "fuerza escénica". Buscaba que los versos tuvieran "cadencia", sí, que no acabaran pronto en el aliento, pero que además tuvieran más ritmo ("...quemo las naves con el último eco de un adiós profundo..."). Un hecho impotante, además de mi paso por el Taller de la UR entre el 92 y diciembre del 94, fue haber conocido a Fabián Muñoz. 

Debió ser en los primeros días de octubre del 92, en Aguascalientes. Fabián me invito al café Francia. Llegamos y me presentó a un poeta, y decir poeta era decir alguien con varios libros publicados. Nos sentamos con Marco Antonio Campos. Fabián le mostró su plaquette (Esperando abril, recién salido unos meses antes) y después, siguiendo su costumbre, abrió la boca. Le dijo que yo escribía. No me hice del rogar: en la bolsa trasera del pantalón traía, doblados en cuatro, mis tres únicos poemas (o que yo considera como tales, pues hasta a máquina estaban). Marco Antonio los leyó con atención, me hizo sugerencias y encima, me regaló un par de libros suyos dedicados. Ese hecho me marcó. Alguien me trataba como si fuera yo poeta, ni los pocos premios literarios que obtuve en la universidad me hicieron sentir tan singular. Después entré a Letras, pero ya venía mal desde antes.

jueves, 11 de julio de 2013

El acto de discursar


Discursar es elaborar un discurso. En nuestro imaginario un discurso es algo que elaboran los políticos o los maestros de ceremonias, está hecho de palabras y generalmente son muy aburridos. También es algo ante lo que debemos desconfiar en automático o simplemente descalificarlo.
Para el análisis del discurso, su materia de estudio puede ser hablada o escrita y constituyen actos comunicativos. Lo peculiar es que se trata de una transdisciplina, porque pude aludir tanto a la sociología, como a la epistemología, la lingüística, la psicología, entre otras posibles.
Ahora bien, aquello que en apariencia es un asunto solamente teórico, en realidad es un tema que está metido en la vida pública, en los medios de comunicación y en la forma en que se refuerzan ciertas creencias.
Para uno de los teóricos del análisis del discurso, el holandés Teun van Dijk, “el discurso es la bisagra entre el Poder y la mente”, es la manera en que se afianzan nuestras ideas. El análisis del discurso nos llevaría a revisar qué hay en este objeto que pueda ser relevante en los asuntos públicos. Mi respuesta es: todo.
Actos de habla
Estos eventos son el poder puro de la lengua, son palabras que al mismo tiempo son hechos. Uno puede ofender verbalmente, y este hecho solamente puede realizarse en presente, por ello sucede al momento de enunciarse. Lo mismo pasa al momento de prometer, asegurar, descalificar, jurar, incluso al pronunciar las palabras mágicas: “sí, acepto”.
Los discursos públicos están cargados de este tipo de actos que inciden en la mente de la audiencia. Un enunciante autorizado, es decir, alguien que por su lugar social tiene los micrófonos disponibles, puede “crear objetos con palabras” como dijo un estudioso, puede decir “que se está actuando con todo el peso de la ley”, y esto nos hace pensar que probablemente se está haciendo algo al respecto.
Discursos racistas
El mismo Van Dijk ha dedicado varios años al estudio de los discursos racistas. Esto es importante porque es a través de los discursos sociales que se afianzan creencias y comportamientos para excluir, rebajar, denigrar o anular a un grupo en particular.
Este tipo de estudios hace énfasis en aquellos rasgos que adjudican las características más preciadas al grupo del hablante, y los rasgos negativos al grupo que se trata de denostar. A nivel de habla un marcador es el uso del “nosotros” frente al “ellos”.
A ese “nosotros” le podemos adjudicar ser defensores de la democracia, honestidad, trabajo altruista, tolerancia, coherencia ideológica, higiene, educación, unión familiar, ser defensores del bien común, “estar de acuerdo con la naturaleza humana”, piedad, lealtad. Al grupo de “ellos” todo lo contrario. Y claro, estas ideas están implícitas en el discurso del hablante.
Baste hacer el ejercicio de poner en el rubro de los “otros” al grupo social que consideramos lo más alejado a nosotros, en virtud de su condición social, color de piel, orientación sexual y lugar de nacimiento. Esa palabra en acción es la que se esconde mejor.

miércoles, 10 de julio de 2013

El acto de escribir

En el mundo de la escritura, de la gente que escribe con la intención de publicar libros con su obra literaria, se da un fenómeno muy curioso. Escribir literatura es una pasión mezclada con una necesidad de contar algo en público. El proceso que considero más sensato es ser primero un lector, enseguida escribir con la intención de practicar como el que repasa una y otra vez el terreno de juego y mide sus fuerzas.
     Después viene “capacitarse” en talleres o con la ayuda de maestros que dominen ciertas técnicas (fuera de los autores leídos), más adelante, si se desea, llega la participación en lecturas, luego publicar en alguna antología o en el periódico y, por último, publicar un libro.
     Después de publicar el libro, viene intentar venderlo y, con esfuerzo constante y con mucha autocrítica, al tercero o cuarto título publicado llegar a ser un autor algo conocido un poco más allá de nuestros amigos cautivos. Siempre y cuando de entre esos cuatro o cinco libros haya al menos uno muy bueno.
     Pero cuando empezamos a escribir hacemos exactamente lo contrario. Primero escribimos unos cuantos relatos y muchos poemas. Los relatos pueden ser sobre cualquier tema y los poemas necesariamente son de amor. Escribimos: “Te amo porque sí, porque eres lo mejor para mí y sin ti no he de ser feliz”, luego lo leemos a todo aquel a quien quiera escucharlo y a quien su educación o cariño le impida negarse. En este momento intentamos registrar nuestra obra ante Derechos de Autor, por si acaso alguien nos quiere plagiar y por ende hacerse rico a costa de nuestro talento.
     Escribir es loable, pero leer es una silenciosa  costumbre que nos ofrece alimento. El ensayista Gabriel Zaid soltó un día la simpática idea de todo aquel que quisiera escribir un libro, debería haber leído antes otros mil, para guardar una relación de mil a uno y evitar que se acumularan eso que él llama “los demasiados libros”.
     En esta sociedad de imágenes, creo que hay que impulsar la escritura, escritura como terapia, como arte o como medio de llegar a otros. Estoy convencido que la escritura pone en juego el profundo universo que es la complejidad de la mente y nos conecta con seres desconocidos a través de signos.
     Por eso, antes de registrar una obra ante Derechos de Autor, acto que recomiendo cuando ya se tiene un corpus de textos que se quiere preservar en un volumen, habrá que revisar el trabajo, pulirlo, comentarlo.    No sentir vergüenza de mostrarlo a algunas personas de confianza, conocedores y no, pero sacarlo al fin.
     Es muy agradable encontrarse con personas que tienen imágenes guardadas en su experiencia, dolores absolutos que son los mismos que comparten con el género humano, anécdotas de familia que nadie contará más que ellos, en fin, vida concentrada en su mente y deseo en el corazón de expresarlo por escrito.      Comenzar con los poemas de amor no está nada mal, el mérito es decirlo de una manera original.

jueves, 4 de julio de 2013

El acto de leer

Si gusta, puede tomar un libro de su agrado, mirar el segundero de su reloj y comenzar a leer. Este ejercicio arrojará un promedio de lectura de unas 200 palabras por minuto, tal vez 250, en casos raros más de 300.
Si usted tiene en sus manos el libro, digamos que Las travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa, en la edición de Alfaguara, notará que cada página tiene 34 renglones, y cada renglón tiene 58 espacios en promedio. Esto da mil 972 caracteres por página, multiplicado por 375 páginas nos da 739 mil 500 caracteres, divididos entre seis caracteres por palabra, que es el promedio en idioma español, nos da 123 mil 250 palabras.
Si usted leyera a 200 palabras por minuto, esta novela la terminaría en aproximadamente 10 horas con 15 minutos.
Pero ¿para qué hablar de la lectura a alguien que ya tiene la costumbre de leer, al menos el periódico? Hablar de la lectura se podría compartir con quien no acostumbra leer, quien no sabe de ese goce extravagante, pero que puede llegar a tocar las entrañas.
Hace un tiempo un amigo ingeniero me hizo la pregunta de cuántos libros leía yo al año. Esta pregunta encierra la misma actitud de aquel que, días después de que le presté un libro, te dice que se quedó en la página 28.
Hay algo incomprensible en el acto de leer y parece que cuantificando, como lo acabo de hacer, estableciendo cantidades, se puede decir algo más y, sobre todo, informar a partir de una premisa al menos cuestionable: que más es mejor.
Pocos se ponen a pensar en leer, no mucho, sino en leer bien.
Sí, da la casualidad que los tres mejores lectores que conozco en persona son capaces de leer al menos tres libros por semana, y me refiero a volúmenes de más de 300 páginas.
Sí, también da la casualidad de que estas personas tienen, además de un gusto bien definido, una opinión clara sobre géneros y autores en general. Está por demás decir que en sus ratos "libres" leen textos en internet y de vez en cuanto vuelven a su vieja colección de revistas.
De todos modos sostengo que más cantidad no necesariamente es mejor. Creo que podemos sobrevivir con unos puñado de autores, como con un puñado amigos, todos bien escogidos.
Cada quien, cada uno de nosotros, como lectores entrarán a casa algunos nuevos autores, unos para quedarse y otros nomás de visita.
En mi caso, como platos fuertes, estoy leyendo los libros más recientes de Enrique Serna, y como entremeses vuelvo a los artículos de la revista Orsai, a artículos sobre aviones y a veces algo de lingüística y de matemáticas. Como se verá, no soy muy ordenado.
Buen sabor me dejó también Cómo pasa la vida, y Las travesuras de la niña mala.
Dejemos de lado la cantidad. ¿Qué libro, revista o autor le está cayendo a usted de maravilla en estos momentos?¿Tendrá usted alguno que pueda recomendar?

yadivia@hotmail.com