Si las posturas nihilistas, esas que niegan que haya principios supremos, sentidos últimos y dogmas ante los que haya que inclinarse, no tuviera su dosis de reflexión, entonces no serian más que meros berrinches adolescentes. Los pocos que veo que siguen esa línea me parecen (desde siempre), gente que le da cierta importancia al mundo de las ideas, gente reflexiva digamos.
El nihilismo suele ser muy irreverente, burlón, irónico, (claro, hay unos que están de acuerdo con esto pero son súper callados). Me agrada ese tipo de gente "inconforme", pero más me agradan los inconformes bien informados y, sobre todo, coherentes.
martes, 30 de septiembre de 2014
jueves, 25 de septiembre de 2014
Lectura en internet contra lectura en papel
En favor de la lectura en papel tengo todos los argumentos menos uno, y tiene que ver con el acceso que da la tecnología.
En diferentes momentos y desde hace más de 11 años me he desempeñado dentro de la edición, ya sea como labor redituada en periódicos y revistas, o por amor al arte en ediciones independientes propias, por lo que he conocido el costo monetario que implica que una publicación salga a la calle.
Nada comparable al papel, pero es a veces duro darse cuenta de que por medio de internet uno puede llegar a un público más amplio y de forma casi gratuita.
El ejemplo más cercano lo tengo con este blog. En el mes de agosto de este 2014 tuvo 4 mil 997 visitas, tres antes de las cinco mil. Actualmente tiene entre 120 a 140 visitas al día. Claro que muchos deben ser robots o lecturas por accidente; de todas maneras, con la mitad de esos lectores efectivos bien podría vivir una publicación en papel, cosa que no sucede.
Si quien esto escribe es un autor prácticamente desconocido, es lógico que los autores más leídos tengan varios miles de lectores en internet, por no hablar sólo de su muro de Facebook.
En conclusión, me parece que la lectura en internet debería servir como "anzuelo" para que el posible lector vaya a buscar más sobre un tema a partir de lo que vio en la red (entrevistas, libros electrónicos, artículos, blogues).
En diferentes momentos y desde hace más de 11 años me he desempeñado dentro de la edición, ya sea como labor redituada en periódicos y revistas, o por amor al arte en ediciones independientes propias, por lo que he conocido el costo monetario que implica que una publicación salga a la calle.
Nada comparable al papel, pero es a veces duro darse cuenta de que por medio de internet uno puede llegar a un público más amplio y de forma casi gratuita.
El ejemplo más cercano lo tengo con este blog. En el mes de agosto de este 2014 tuvo 4 mil 997 visitas, tres antes de las cinco mil. Actualmente tiene entre 120 a 140 visitas al día. Claro que muchos deben ser robots o lecturas por accidente; de todas maneras, con la mitad de esos lectores efectivos bien podría vivir una publicación en papel, cosa que no sucede.
Si quien esto escribe es un autor prácticamente desconocido, es lógico que los autores más leídos tengan varios miles de lectores en internet, por no hablar sólo de su muro de Facebook.
En conclusión, me parece que la lectura en internet debería servir como "anzuelo" para que el posible lector vaya a buscar más sobre un tema a partir de lo que vio en la red (entrevistas, libros electrónicos, artículos, blogues).
miércoles, 24 de septiembre de 2014
Los calcetines
I
Cuando un calcetín se
pierde, siempre hará falta.
Cuando un calcetín se
me pierde, su par lo guardo en un bolsa de Soriana y la meto en un
cajón. A veces aparecen, sobre todo cuando no se les busca. Tengo en
esa bolsa más de 15 ó 20 piezas solas de colores y texturas
diversas. Cada uno de ellos me remite a una época o un hecho o una
persona o simplemente la ocasión en que los elegí. Los calcetines
sin par están en el purgatorio: no me resigno a desecharlos, ni
tampoco les doy un lugar que no les corresponde: la asimetría nos
incomodaría a los tres.
El par que conservo
duerme el sueño de los justos; el extraviado, está donde se merece.
II
Termino de lavar y
comienzo a colgar un bote lleno de calcetines. No me gusta colgar
cada par bajo la misma horquilla, así que voy extendiendo cada
calcetín por separado hasta ir formando una larga línea. Al llegar
a un extremo del tendedero se me cae una horquilla de la mano. Al
agacharme a recogerla, mi frente pega cómo un martillo contra la
esquina del lavadero. Y caigo hacia atrás chingadamadre, el cielo da
vueltas y en ese momento los calcetines se agitan y salen volando
libres, hey, esperen.
III
Una recámara. Unas
velas.
Una cena especialmente
preparada por mí.
La nota no es el
alcohol que mi cuerpo no acostumbra,
el vino blanco y muy
dulce, sino que esta es LA noche.
(Ella es como ese vino
blanco que recorre mi cuerpo).
Mi camisa.
su falda
mi pantalón
sus besos
mis zapatos
su lengua.
erizados.
Sus botas lentas:
una,
mucho después,
la otra.
Mi dedo gordo sobresale
de la punta del calcetín.
y todo se derrumba.
Enciendo un cigarro.
martes, 23 de septiembre de 2014
La princesa de Guadalquivir
Para mis hermanos del Clan de Rovers scouts del grupo 14.
En
un país lejano vivía una princesa muy hermosa. Era tan bella que la
gente que la llegó a ver decía que era más hermosa que la misma
reina. Esta princesa vivía encerrada en la torre más alta del
castillo donde sólo había un espejo y miles de libros. Permanecía
ahí un poco por voluntad propia y un poco forzada por sus dos
hermanas menores, que si bien no eran tan bellas como ella, sí
mostraban, ellas sí, mucho interés en su propio futuro.
La
princesa tenía, como no se puede cansar de repetir, una belleza que
incluso superaba a la de su madre en sus mejores años. Pero tenía
otra característica que no se podía tampoco pasar por alto: era
sorda de nacimiento. Por ello, sus hermanas la habían relegado de la
vida social del castillo; por eso y porque siendo la mayor, era la
sucesora natural al trono… cuando llegara el momento de casarse.
El
señor rey había muerto hacía tres años en una batalla defendiendo
el reino, el cual no se deshizo gracias a que gobernaba en conjunto
con un Consejo de Caballeros, formado por 12 hombres virtuosos y
valientes. Estos caballeros tomaban decisiones en conjunto y
discutían, sin jerarquías ni dobleces, los destinos del reino. Ante
una diferencia grave debatían hasta convencer, y si convencer no se
podía, debatían en presencia de la reina, que otorgaba el voto de
calidad a quien tuviera, según su intuición, la posición más
sabia para el reino. Y su palabra era ley.
Un
día la reina citó a los doce caballeros para decirles que su edad
avanzada no le permitiría vivir durante mucho tiempo más, por lo
que consideraba necesario elegir una nueva reina y un nuevo rey para
el trono. Les dijo también que ella ya tenía una opinión al
respecto, pero que quería escucharlos a ellos; por eso les dio tres
días para que pensaran en ese paso tan importante para todos.
Los
caballeros se reunieron en cuatro grupos de tres caballeros durante
dos días, y al tercer día, desde las seis de la mañana hasta las
tres de la tarde, se juntaron los doce para discutir la decisión.
Luego tomaron un descanso para comer, y a las cuatro entraron al
salón donde la reina y doscientos invitados los esperaban.
Le
dijeron que deseaban que de entre ellos saliera el próximo rey, ya
que ninguno había tomado a mujer por esposa, y además, le dijeron,
todos estaban dispuestos a morir por su reino. La reina les contestó
que no se trataba ahora de morir, que ya había padecido suficiente
con la muerte de su esposo, y que pensaba que tendría que ser
alguien no sólo valiente, sino también sano para que pudiera
gobernar el reino por muchos años.
Los
caballeros le dijeron entonces que propondrían de entre ellos a tres
posibles sucesores, pero que el que saliera elegido, si les era
permitido, tomaría por esposa y reina a una de sus hijas. La reina
no aprobó le propuesta, pero tampoco la rechazó. Más bien les dijo
que propusieran y luego ya se vería.
Los
caballeros durante los 12 días siguientes compitieron en diversas
disciplinas, desde lucha cuerpo a cuerpo, hasta torneos de ajedrez,
pasando por una batalla en el campo de la oratoria y amplios
conocimientos sobre agricultura y astronomía.
Los
tres caballeros con la puntuación más alta recibieron honores
públicos así como una cota de malla bordada en oro: uno de ellos
sería el próximo rey.
Entonces
la reina mandó llamar a sus dos hijas, porque a la mayor no la
contaba pues estaba encerrada, mitad por voluntad propia, mitad por
la envidia de sus hermanas, aunque la razón oficial fuera su
sordera.
Entre
la hija menor y uno de los 12 caballeros hubo algunas miradas, no
unas miradas que se dan entre dos desconocidos, sino entre dos
personas que ocultan un secreto. La hija menor se mordía el labio y
apretaba nerviosamente los puños.
Cuando
los 12 propusieron a los tres caballeros, la reina ya había elegido
a uno de ellos. Y fue a éste a quien llamó al frente y le preguntó
que a cuál de sus dos hijas deseaba por esposa.
—A la más hermosa
de cuantas mujeres han visto mis ojos, señora mía; a la mujer que
defendería con mi vida su honor y el reino si fuera necesario ahora
mismo; a la mujer por la que mi corazón sueña: a la princesa de la
torre, señora mía— contestó con voz firme el caballero.
En
ese momento la hija menor se desvaneció y la hija de en medio dio un
grito que no se supo si fue de terror o de ira. En toda la sala hubo
murmullos que resonaron como si vinieran de muy lejos.
La
reina al escucharlo, hizo un movimiento alzando muy ligeramente el
rostro, pero sin despegar la mirada del osado caballero, un gesto que
parecía retar la insolencia del hombre crecido que se plantaba ante
ella, ¿o era quizá un gesto de satisfacción?
La
reina aún sin mirar ni siquiera a sus hijas, le preguntó al
caballero:
—¿Y… si yo te
dijera que ella no es la elegida por mí?
—Entonces
obedecería, reina mía…
La
sala se inundó de nuevo de murmullos. La reina movía la cabeza
lentamente en un signo de aprobación.
—…Pero
recuerde, señora —irrumpió el caballero imponiendo un silencio
repentino— que un reino conducido con amor puede más que cien mil
guerreros.
La
reina mandó traer al día siguiente a su hija mayor, y también al
caballero elegido. Los tres ante una mesa en el locutorio decidían
el destino del reino entero. La reina le comunicó a su hija por
medio de señales que el hombre frente a ella era la persona adecuada
para casarse. A la hija se le ensombreció el rostro y su mirada se
hizo triste como un pozo sin fondo. Pidió una pluma y escribió:
—Haré lo que tú me
pidas, madre, pero no estoy preparada para casarme.
El
caballero, al leer el mensaje, se quedó inmóvil como una piedra.
Hizo el ademán de hablar, pero recordó que la princesa no lo
escucharía. Un escalofrío de tristeza le partió la espalda y se le
atoró en la garganta. Había sentido menos tristeza cuando su madre
murió de viruela.
El
caballero se puso de pie y le dijo a la reina:
—Señora mía, reina
de nuestro amado reino: una lanza se puede doblar en el fuego, una
muralla se puede escalar o derribar, pero un corazón como el de la
princesa no es de hierro ni de roca. Cuando ella esté preparada yo
estaré ahí.
Y
el guerrero salió. Antes miró a la princesa con dulzura pero
intensamente, y puso en sus manos la cota de malla que se había
ganado. Se fue con la serenidad de quien está a un paso de una
muerte digna.
El
caballero pasó 39 días con sus noches frente a la torre de la
princesa, quien lo veía con cautela de niña desde su ventana. Los
aldeanos le llevaban comida al guerrero como si fuera un pedigüeño
de los que aún quedaban algunos. En el día 40 cayó en fiebre y
unos vecinos lo retiraron del lugar para lavarlo y tratar de sanarlo.
Pero por la noche el caballero desapareció de su cama y al amanecer
fueron a encontrarlo en el mismo lugar de donde lo habían retirado.
Pero
no se recuperaba. Al contrario, la fiebre lo ponía a imaginar cosas
que podrían haber pasado. En su delirio reía con los ojos cerrados
y reía hasta que se quedaba verdaderamente dormido. Tres días más
tarde, unos niños encontraron vacío el hueco donde permanecía,
entonces uno de ellos dio un salto apuntando hacía la torre y vieron
cómo el hombre trepaba sin más ayuda que sus manos temblorosas y
sus pies entumidos.
Se
dio la voz de alarma y el caballero fue ayudado a bajar entre peleas
imaginarias y palabras que la princesa no habría entendido.
Fue
puesto bajo custodia en una celda y atendido de sus fiebres físicas.
Al día siguiente el caballero abrió los ojos con una iluminación
que venía de lo alto para sanar sus otros dolores: era la más
hermosa princesa que sus ojos hubieran visto, que en persona, quería
saber por sí misma el destino de este caballero, que tenía ya dos
meses de hacerle sombra a los perros de la vía.
La
princesa le escribió en un papel que sí estaba dispuesta a casarse
con él, pero que no estaba preparada aún.
Y
el caballero la esperó.
domingo, 21 de septiembre de 2014
Recomendaciones para crear ideas propias
Las ideas propias no significa que sean nuevas del todo, en realidad lo nuevo es cómo se combina lo que ya existe.
Estas son mis recomendaciones:
1. Leer
Recomiendo antes que todo, leer, leer mucho, pues eso oxigena la imaginación y mantiene el cerebro en activo, primer paso para crear ideas.
2. Conocerse a uno mismo
para saber en qué circunstancias se es más creativo. Hay quien escribe de pie, otros tenemos que dar un paseo caminando o en bicicleta y darnos cuenta que se nos ocurrieron unas cuantas cosillas. Otros más no funcionan si no es después de un buen baño, otros su fuerte es en las mañanas temprano, otros mejor de noche y madrugada. En lo dicho: hay que conocerse bien para propiciar esos momentos.
3. Ideas fijas frente a ideas móviles,
o bien, los principios preconcebidos frente a los principios que tienen por válidos otros y de algún modo nos son extraños. El de la gastronomía y el del futbol me son campos algo ajenos en mi vida cotidiana, sin embargo, frecuentemente hablo de los ingredientes que tiene que mezclar un buen editor, o que éste se parece al director técnico de un equipo de futbol.
4. Aprovechar nuestras aficiones.
Me gusta lo relacionado con los aviones, aunque mi chamba es ser editor y eventualmente redactor. Hace poco supe que el papá de una amiga tiene una avioneta con la que se dedica a dar servicios de fumigación. Me enteré, también, que desde hace unos años, debido a su experiencia, él mismo le da mantenimiento a la nave. A sus 68 años, anualmente tiene que renovar su permiso para volar. ¿Qué pasará cuando, por su edad, no le renueven su licencia?¿se atreverá a volar, aunque fuera de vez en cuando, sin permiso?¿ha tenido accidentes que pongan en riesgo su vida?¿por qué le gusta volar, o es que no encontró otro oficio mejor? Estas preguntas que pertenecen al ámbito de mis aficiones, se pueden abordar con las herramientas que tengo del lado de mi profesión. Esto lleva al quinto y último punto.
5. Aprender a hacer preguntas.
Preguntar, al igual que mentir, es un arte, se requiere preparación, necesidad y astucia. Hay quien nace con esas cualidades, pero estoy convencido que se pueden desarrollar. ¿Se puede fabricar una casa hecha con partes de avión?¿Existirá una persona en el mundo a la que nadie la haya hecho preguntas, nunca?¿En qué caso las reglas pueden contradecir a los principios?¿En qué piensan o cómo viven los que están preparados para morir —suponiendo que se puede llegar a estar preparado para morir—?¿Qué consejo es el más importante para darles a mis hijos? —bueno, los tres principales, tampoco hay que ponerse muy exigentes—¿Por qué lo público se considera más importante que lo privado?¿Considero más importante la lealtad que la honestidad?¿O la solidaridad más importante que la justicia? La lista puede seguir.
Pero el objetivo es crear ideas nuevas. En resumen pienso que, al igual que los elementos químicos que son un número finito, las reacciones químicas entre ellos y los objetos que es posible fabricar con ellos no se han agotado. Las necesidades cambian, las nuevas profesiones aparecen, algunas leyes permanecen inmutables, la avaricia y egoísmo sigue su marcha destructora, y muchos intereses abyectos provocan una reacción generosa y leal. Pero las ideas no se acaban, sólo hay que hacer reaccionar los ingredientes en el contexto adecuado.
Estas son mis recomendaciones:
1. Leer
Recomiendo antes que todo, leer, leer mucho, pues eso oxigena la imaginación y mantiene el cerebro en activo, primer paso para crear ideas.
2. Conocerse a uno mismo
para saber en qué circunstancias se es más creativo. Hay quien escribe de pie, otros tenemos que dar un paseo caminando o en bicicleta y darnos cuenta que se nos ocurrieron unas cuantas cosillas. Otros más no funcionan si no es después de un buen baño, otros su fuerte es en las mañanas temprano, otros mejor de noche y madrugada. En lo dicho: hay que conocerse bien para propiciar esos momentos.
3. Ideas fijas frente a ideas móviles,
o bien, los principios preconcebidos frente a los principios que tienen por válidos otros y de algún modo nos son extraños. El de la gastronomía y el del futbol me son campos algo ajenos en mi vida cotidiana, sin embargo, frecuentemente hablo de los ingredientes que tiene que mezclar un buen editor, o que éste se parece al director técnico de un equipo de futbol.
4. Aprovechar nuestras aficiones.
Me gusta lo relacionado con los aviones, aunque mi chamba es ser editor y eventualmente redactor. Hace poco supe que el papá de una amiga tiene una avioneta con la que se dedica a dar servicios de fumigación. Me enteré, también, que desde hace unos años, debido a su experiencia, él mismo le da mantenimiento a la nave. A sus 68 años, anualmente tiene que renovar su permiso para volar. ¿Qué pasará cuando, por su edad, no le renueven su licencia?¿se atreverá a volar, aunque fuera de vez en cuando, sin permiso?¿ha tenido accidentes que pongan en riesgo su vida?¿por qué le gusta volar, o es que no encontró otro oficio mejor? Estas preguntas que pertenecen al ámbito de mis aficiones, se pueden abordar con las herramientas que tengo del lado de mi profesión. Esto lleva al quinto y último punto.
5. Aprender a hacer preguntas.
Preguntar, al igual que mentir, es un arte, se requiere preparación, necesidad y astucia. Hay quien nace con esas cualidades, pero estoy convencido que se pueden desarrollar. ¿Se puede fabricar una casa hecha con partes de avión?¿Existirá una persona en el mundo a la que nadie la haya hecho preguntas, nunca?¿En qué caso las reglas pueden contradecir a los principios?¿En qué piensan o cómo viven los que están preparados para morir —suponiendo que se puede llegar a estar preparado para morir—?¿Qué consejo es el más importante para darles a mis hijos? —bueno, los tres principales, tampoco hay que ponerse muy exigentes—¿Por qué lo público se considera más importante que lo privado?¿Considero más importante la lealtad que la honestidad?¿O la solidaridad más importante que la justicia? La lista puede seguir.
Pero el objetivo es crear ideas nuevas. En resumen pienso que, al igual que los elementos químicos que son un número finito, las reacciones químicas entre ellos y los objetos que es posible fabricar con ellos no se han agotado. Las necesidades cambian, las nuevas profesiones aparecen, algunas leyes permanecen inmutables, la avaricia y egoísmo sigue su marcha destructora, y muchos intereses abyectos provocan una reacción generosa y leal. Pero las ideas no se acaban, sólo hay que hacer reaccionar los ingredientes en el contexto adecuado.
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sábado, 20 de septiembre de 2014
Palabras de más, palabras de menos
Cuando escucho a una mujer que con sus palabras, más que con sus hechos, enaltece su poderío, su independencia, su autonomía y que en palabras más palabras menos dice ser bien cabrona, yo me pongo a pensar en aquellos momentos en que sus palabras serán una bella música, silenciosa, tal vez violenta, en la que las ideas sobre sí misma sean lo que menos importe.
jueves, 18 de septiembre de 2014
Vanidad de vanidades
Vanidad de vanidades, todo es vanidad. No me refiero a la revista Vanidades, sino a que me alegró el día que me incluyeran en un catálogo donde están los autores dizque formalitos para eso de la escribida.
Aunque todo eso es vanidad, no deja de alegrarle a uno el día.
lunes, 15 de septiembre de 2014
Una cosas es una cosa y otra cosa es otra cosa
Hace muchos años me quedó claro que habilidades, destrezas, talento e, incluso, la inteligencia, no tienen por qué ir de la mano con la salud mental de una persona. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Es más, es algo que tengo muy presente en mi vida cotidiana.
Lo que celebramos el 15 de septiembre, Día del Grito
Seguramente las festividades tan mexicanas de la noche del Grito tendrán algo de bueno, más allá de ser pretexto para escuchar música alusiva, reunirse en torno a una ceremonia y beber alcohol.
Celebrar México debería ser la parte final de una reflexión optimista. Y si nos ponemos a pensar un poco, creo que hay pocas razones para celebrar.
Para gritar, sí, mucho, de impotencia, de tristeza. México se está partiendo en pedazos, es un país con bajísimo nivel de conciencia, de memoria y formación, no pienso que haya nada para celebrar.
Frivolizar una fecha es una manera de no pensarla realmente, el resto es un pretexto tricolor del que algunos cuantos harán negocio, muy buen negocio.
Celebrar México debería ser la parte final de una reflexión optimista. Y si nos ponemos a pensar un poco, creo que hay pocas razones para celebrar.
Para gritar, sí, mucho, de impotencia, de tristeza. México se está partiendo en pedazos, es un país con bajísimo nivel de conciencia, de memoria y formación, no pienso que haya nada para celebrar.
Frivolizar una fecha es una manera de no pensarla realmente, el resto es un pretexto tricolor del que algunos cuantos harán negocio, muy buen negocio.
domingo, 14 de septiembre de 2014
Internalizar a la Institución
Según yo, eliminar el artículo es síntoma de internalizar la Institución. Sabemos que hay motivos prácticos para usar una metonimia, mas me refiero a tratar a una entidad no como objeto, o lugar, sino como "persona". Ejemplos: "Cicese dijo que", " En lugar de "El Cicese dijo tal cosa" (en sentido estricto las institucionos no hablan, pero señalo la tendendia a eliminar artículos). Otro ejemplo: " Hay que regresar este documento a Municipio para proseguir con el trámite", o bien este otro: "Si Presidencia lo autoriza, lo haremos". Este hábito abunda en los comunicados oficiales, pero una cosa son los comunicados y otra, que la gente que trabaja en ella asuma ese habla. A mi parecer, internalizan la Institución.
jueves, 11 de septiembre de 2014
"Muerto el perro se acabó la rabia"

Es es la frase atribuida a don Eugenio Garza Sada, prócer de la educación y el empresariado en Monterrey, al enterarse de la muerte del presidente chileno, democráticamente electo, Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973.
Eran tiempos de fuerte agitación política no sólo en México, sino en toda Latinoamérica. Según testimonios recabados en Monterrey en días recientes, Garza Sada junto a otros empresarios regiomontanos, apoyaron económicamente al general Augusto Pinochet con miles de dólares en aquel golpe de Estado para derrocar a Allende.
Sea como fuere, y sin relación aparente entre un hecho y otro, don Eugenio Garza Sada, el fundador del Tecnológico de Monterrey, murió en un intento de secuestro en la ciudad de Monterrey, en el cruce de las calles Villagrán y Luis Quintanar.
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martes, 9 de septiembre de 2014
Pido un aplauso para el amor (El síndrome de Aurelio)
![]() |
Janay Palmer está molesta por el trato que ha recibido su marido luego de haberla golpeado. |
Rice fue sancionado con dos partidos por agredir a su entonces prometida en febrero de este año. SIn embargo, en un video difundido de la agresión dentro de un elevador, el jugador le da unos manazos en la cara a la novia y de un puñetazo la deja inconsciente, luego la arrastra hacia afuera.
Pero Palmer está dispuesta contra todo, a demostrar cuál es el amor verdadero (menos mal). La esposa, publicó, según DPA, en su cuenta de Instagram:
"Si sus intenciones son hacernos daño, avergonzarnos, hacer que nos sintamos solos y alejarnos de la felicidad, han tenido éxito en muchos niveles". Hasta aquí las palabras de Janay Plamer, a quien nadie le va enseñar la teoría y práctica del amor apache.
Aquí me pongo de pie, y canto con ella: "Pido un aplauso para el amor que a mí ha llegado..."
SI quieres que te cuente cuál es el Síndrome de Aurelio, da un clic aquí
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El conocimiento no tiene dueño
Como si el conocimiento y el acceso a la "cultura" fuera asunto de algunos elegidos, de algunas mentes selectas tocadas por un talento innato.
A veces no me libro de personas que piensan así, que no entienden que la gente simplemente hace las cosas que le gustan y que le satisfacen, o en las que cree y punto. No hay nada de selecto en disfrutar la música que nos gusta, la comida para nosotros más sabrosa o el vino, no hay nada de selecto en gozar de ciertos autores o de practicar con placer cualquier deporte o de sentir entender una rama del saber por mero gusto.
Sentirse de una casta elegida es casi tener la convicción de que hay que mostrarle a otros el camino "correcto". La frase del día: "El conocimiento no tiene dueño".
Todo esto me da vueltas a partir de la lectura del libro Genealogía de la soberbia intelectual, de Enrique Serna.
A veces no me libro de personas que piensan así, que no entienden que la gente simplemente hace las cosas que le gustan y que le satisfacen, o en las que cree y punto. No hay nada de selecto en disfrutar la música que nos gusta, la comida para nosotros más sabrosa o el vino, no hay nada de selecto en gozar de ciertos autores o de practicar con placer cualquier deporte o de sentir entender una rama del saber por mero gusto.
Sentirse de una casta elegida es casi tener la convicción de que hay que mostrarle a otros el camino "correcto". La frase del día: "El conocimiento no tiene dueño".
Todo esto me da vueltas a partir de la lectura del libro Genealogía de la soberbia intelectual, de Enrique Serna.
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domingo, 7 de septiembre de 2014
Mujeres y proyecto familia
Algunos cuantos de nosotros
los hombres lejanamente sospechamos que hay algo de indebido en
calificar a las mujeres por su aspecto físico; a otros nos sale del
alma y nada nos detiene. Lo que pasa es que no hemos aprendido a
dejar ese aspecto en un segundo plano del todo, especialmente en una
cultura que reafirma la parte visible de la mujer en función de su
aspecto estético, de su juventud. Esto, en términos muy básicos,
corresponde al atavismo de tener acceso a una mujer joven, sana y muy
atractiva con el fin de procrear.
No, no hemos aprendido a ver
del todo esos otros aspectos; especialmente de aquellas mujeres cuya
tarjeta de presentación es un escote pronunciado, sus provocativas
nalgas o su expresión de sensualidad.
Lo sabemos todos: cada mujer
sabe exactamente sabe cuáles son sus puntos fuertes y débiles,
incluso sabe cómo disimular al máximo estos últimos.
He visto cómo, creo que se
trata de otro atavismo, que en cuanto son madres su atención deja de
centrarse en sí y se convierten en la Virgen María dentro de una
pintura del Nacimiento de Jesús. Es decir, en una pieza dentro del
entorno familiar del cual ellas son el elemento nutricio. La
sensualidad queda de lado, al menos mientras llegan a mitad de la
cuarentena.
El "proyecto familia"
es un circuito integrado incluido en el software cultural femenino,
pero que en las últimas décadas muchos de nosotros los hombres
hemos ido desarrollando, orillados o a regañadientes.
La masculinidad está en
crisis y aún no tenemos repuesta porque nos toca decidir, hacernos
cargo, situación que no viven las personas que ya saben
lo-que-tienen-que-hacer, no porque lo hayan decidido de manera plenamente consiente, sino porque es el rol que se espera de ellas.
El proyecto familia es quizá el más claro. Aún y cuando es sea uno que se deja de lado, pues se está dejando de lado igualmente algo que se tiene claro.
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sábado, 6 de septiembre de 2014
Pregunta ética (y tramposa)
Pregunta ética: ¿Pondrías a discusión el disfrute que te provoca tu restaurante favorito, si te dieras cuenta que ese establecimiento tiene serios problemas legales, por ejemplo ante Hacienda?
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viernes, 5 de septiembre de 2014
Moraleja
Si te gustan las conductas autodestructivas, asegúrate de ser una celebridad para que la prensa use términos apropiados.
"Accidente cardiovascular" es una expresión aceptable.
"Accidente cardiovascular" es una expresión aceptable.
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jueves, 4 de septiembre de 2014
Obituarios intempestivos: Una resistencia moral y vital
Un escritor existencialista, Premio
Nobel de Literatura que muere en un accidente de automóvil; una
periodista rusa que es asesinada presuntamente por el régimen del
presidente Putin, y un cantautor argentino que cae ante la
equivocación de la metralla.
En los tres casos una muerte
violenta y a destiempo; una muerte inoportuna como lo son casi todas.
En eso se parecen. Pero esto es superficial. ¿Qué otro aspecto
tienen en común?
La noción de resistencia.
Una idea que queda insinuada apenas bajo las estampas de los
personajes, gente de carne y hueso que profesan una profunda y
concienzuda rebeldía. Sin embargo, en este libro no se hace un
recuento de sus aportaciones literarias o artísticas, sino que se
hace un homenaje a su solvencia moral a partir de rasgos biográficos.
Hay mucho de resistencia en el ser ético.
En Obituario intempestivos no
se encontrará la cita erudita de Albert Camus sobre el
existencialismo, ni un resumen de las motivaciones históricas de la
periodista Anna Politkóvkaya, ni un recuento discográfico de
Facundo Cabral.
En cambio los tres tienen una
profunda conciencia del peso de las palabras y del pensamiento, pues
ejercen un oficio que impacta en la conciencia pública. En el caso
de Camus, el lector coteje con el presente las palabras del argelino
dedicadas a su profesor de primaria, Louis Germani, y que dijera en
la ceremonia de Estocolmo al ser galardonado:
“Cada
generación, sin duda, se cree destinada a rehacer el mundo. La mía
lo sabe, sin embargo, que no lo rehará. Pero su tarea quizá sea aún
más grande. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de
una historia corrompida, en la que se mezclan las revoluciones
frustradas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las
ideologías extenuadas; cuando poderes mediocres pueden destruirlo
todo, pero ya no saben convencer; cuando la inteligencia se ha
rebajado hasta convertirse en criada del odio y la opresión, esta
generación ha tenido, en sí misma y alrededor de sí misma, que
restaurar, a partir de sus negaciones, un poco de lo que hace digno
el vivir y el morir.”
**
Óbito es una palabra “culta”
para referirse al fallecimiento de alguien; el obituario sería algo
así como una lista de defunciones y en un sentido un poco más
amplio, un resumen de la vida y obra de un personaje célebre.
Reunir en un mismo libro a Albert
Camus, Anna Politkovskaya y a Facundo Cabral queda plenamente
justificado porque en los tres encontramos un espíritu ético que
lucha contra la opresión, la injusticia y la ignorancia. Artistas
los tres de algún modo en cuanto que proponen una ruptura a seguir
viendo el mundo de la misma manera.
A pesar de que en el libro se habla
desde la admiración por estos personajes que de alguna manera
mantuvieron una resistencia moral y existencial ante las ideas
comúnmente aceptadas, dicha admiración queda en un segundo plano.
La lectura corre, ofrece datos
concretos, y en cada sección se crea una atmósfera asociada al
mundo y la respiración de cada uno de los protagonistas. Lo
ideológico está presente, claro, pero no domina y no intenta
adoctrinar, tampoco es estridente sino que es apenas una luz tenue
al fondo de la sala.
Reconozco que mi acercamiento a este
libro tenía la carga de conocer los artículos que Rael Salvador
publica en El Vigía. MI experiencia de Obituarios intempestivos,
sin embargo, fue nueva en cuanto que asistí a un homenaje personal
del también editor hacia los personajes. Es notorio que esa
admiración no es ciega, sino que señala, sólo señala, un camino.
Una de las mayor virtudes de este
volumen es que no es necesario conocer vida, obra y milagros de los
tres protagonistas para adentrarse en su mundo, familia y aspectos
cotidianos. Rael Salvador los pone fuera del escenario de su
escritura o del teatro y los saluda. (Literalmente en el caso de
Facundo Cabral, tuvo oportunidad de convivir con él en varias
ocasiones).
Otro aspecto que se agradece en
Obituarios intempestivos es que no es necesario conocer TODA
la obra, por ejemplo de Albert Camus para hincarle el diente al
libro. Más bien me parece que el título es un trabajo alterno a la
obra, que puede ser desde un comentario biográfico hasta una llamada
para que el lector se acerque al trabajo de los tres autores en
cuestión.
Con un excelente trabajo de portada
de Ana Salgado y una cuidadosa edición de Manuel Quintero, bajo el
concepto editorial de Herandy Rojas, aparece del segundo título de
la colección Palabra que ostenta el respaldo editorial de El Vigía
y del XXI Ayuntamiento de Ensenada.
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