lunes, 26 de septiembre de 2011
Toros
Los setenta y por poco los ochenta fueron décadas perdidas para mí. Llegué a los artistas masivos hasta el 86 con los Hombres G. Enseguida algo de Bosé de principios de los noventa y se acabó. Un par de veces fui a una discoteca en aquellos años, la primera fue una tardeada el domingo 3 de diciembre de 1989 en el bar Uno, que también se llamó SS Club, en el Centrito del Valle en San Pedro.
Un único espectáculo masivo presencié desde mis cinco o seis años hasta los 12 o 13: La fiesta brava, las corridas de toros. Mi papá me llevaba a la Monumental Monterrey, no muy seguido, pero sí con alguna frecuencia. Al principio, pues no entendía nada, comía mocos.
Es una tradición algo dogmática, como a los pequeños que se les lleva a misa los domingos y de grandes a su vez llevan a sus hijos a misa. Son ese tipo de verdades que no se cuestionan, si te gustan, vas, si no, pues no vas.
Así yo, llevé a mis hijos años más tarde. Algunas corridas recuerdo, como la del sábado 18 de noviembre del 2006 en que se fue la luz al momento en que el matador estaba a punto de matar. Toda la plaza quedó a oscuras. Una luz pequeña pero potente hizo un cono. Era una cámara al parecer de televisión. En ese momento Eloy Cavazos, el maestro, el anfitrión, el papá de los pollitos, el que no iba dejar que nada malo pasara, brinco al ruedo y mató al toro ante la ovación de todos los asistentes.
Eloy mismo, ahora ya retirado, se caracterizaba por algunos hábitos en la plaza. Una de ellas era que cuando la banda de música andaba pescando moscas, tocando otra rola de relleno, él los llamaba desde la arena, muleta en mano, ey, sí, ustedes, y con el índice apuntaba el piso, aquí, el de aquí. Tronaban los primeros acordes del Corrido de Monterrey. Los asistentes decían, ándale, ahora sí, pues que no aprenden (refiriéndose a los músicos).
Los toros son el único espectáculo masivo que adopté. Hoy está muy de moda esto de la protección a los animales. Entiendo que son gente cuyo padre nunca se quiso comunicar con su hijo llevándolo a los toros. Quizá a esas personas que se oponen a las corridas les parezca algo atroz. Seguramente tienen razón. Los toros, como la lucha libre, incluso creo que el futbol, son aficiones que uno más bien las pesca de pequeño o no las pesca nunca.
Dice el periódico que ayer se llevó a cabo la última corrida en la región autónoma de Cataluña antes de que entre en vigor, el 1º de enero del 2012, la prohibición para la fiesta brava en aquella zona de España.
Es probable que en México terminan por prohibirse en los próximos años. Ni pedo. No voy a salir con mis mantas a defender el derecho de los toros, ni tampoco el de los toreros a matar toros. Una le leí o le escuché Fernando Savater decir que los animales no tienen derechos porque no tienen obligaciones. Sí, entiendo el tema de la crueldad, hay países que lo tienen más clarito que otros. Sin embargo creo que hay una relación más estrecha y más compleja que se da entre el toro y el matador y entre éstos y el público.
viernes, 23 de septiembre de 2011
Primerear y segundear
Ensenada se caracteriza por que las calles de su primer cuadro y paralelas a la playa están numeradas. De la Primera a la número 18. La que bordea la costa se llama Bulevard Costero, la que sigue ya es la Primera. Es la mejor cara para que paseen los gringos que bajan del crucero dos o tres veces por semana. Hay cafés, restaurantes, salas de masajes (la mayoría de los gringos son adultos mayores), farmacias (ídem), hoteles.
La calle Primera, en esta cara bonita, tiene nueve cuadras de largo. La calle quiebra un poco, no mucho, dos veces y hace forma de serpiente. Las banquetas a ambos lados son relativamente anchas, unos cuatro metros en promedio, y la calle es de dos carriles, uno en cada sentido. En algunas partes la calle le come unos tramos a la banqueta para que se estacionen lo coches y los dos carriles queden igual de libres. Los fines de semana parece desfile de camionetas y muchachas y jóvenes que salen a primerear.
En otras partes, sobre la banqueta, hay unos recintos de madera con mesas adentro. La mitad de arriba es de vidrio y son como una extensión del restaurante o café que tienen a un lado. En el interior se puede ver familias, amigos, turistas, gringos, tomando cerveza o fumando o comiendo una ensalada. La calle Primera está diseñada para caminarse sin sentir la distancia que ya recorriste. Siempre hay algo que ver y no cansa.
De la calle Primera a la frontera con Estados Unidos hay una distancia no mayor a 115 kilómetros. Esta condición fronteriza hace no sólo que sea común ir de compras o de paseo a San Diego, sino que un volumen de los productos que se consumen en la ciudad provenga de aquel lado de la frontera.
Un automóvil mediano, por ejemlo, modelo 96 puede adquirirse en mil dólares. Son comunes los locales, establecimientos semiinformales, en donde se venden artículos usados en buen estado: lavadoras, ropa, mesas, juguetes, zapatos. Da la impresión de que los armarios gringos terminan aquí.
Segundear se refiere a recorrer y comprar artículos en las “segundas”, que es como llaman aquí a las tiendas de objetos usados.
jueves, 22 de septiembre de 2011
"Enteipar"
Decía que estos romanos, muchos de ellos con más masa muscular para conquistar territorios que interés en crear escuelas de idiomas, entraron a la Península Ibérica en oleadas y por zonas. A donde fueron, latinizaron los pueblos. Se pelearon con muchas tribus que se oponían a esta colonización, pero al final de cuentas se impusieron.
La ciudad de León, por ejemplo, guarda bajo sus sábanas el nombre de aquella legionem romana. La ciudad de César Augusta derivó en Zaragoza. El Montjuic ibérico pasó a llamarse Favia Paterna Barcino y luego, siglos más tarde, ya se llamó Barcelona.
Una promiscuidad de lenguas debió ser aquello: Ibéricos, celtas, carpetovetónicos, mezclándose con el latín de los gandallas romanos.
¿Quién se impuso? El latín, por su puesto. O mejor dicho, el amasiato que tuvo el viril latinazo con las sometidas lenguas, y también la encerrona que se tuvo con el árabe sin límite de tiempo. O por unos cinco siglos que es casi lo mismo. Alabado sea el Señor y los cristianos dándole.
El latín cohabitó con varias parejas, unas aquí y otras allá al mismo tiempo, y también tuvo serios romances. Romance, ahora en el sentido original, significaba “al estilo de Roma”. Los maestros, entre ellos nuestro admirado Antonio Alatorre en sus Los 1,001 y un años de la lengua española, explica cómo el latín se romanceó y se trocó castellano.
El español es el hijo natural de una poderosa lengua con muchas amantes. No podemos meter las manos al fuego para defender su “pureza lingüística”, al contrario, el flujo se enriqueció y alimentó nuestra forma de percibir el mundo pues, como dijo Wittgestein, “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”.
“Encuentran a hombre enteipado”, decía el titular del periódico local hace unas semanas. Me detuve y lo leí de nuevo. Leí bien: “Encuentran a enteipado”. No sabía qué era estar “enteipado”. Investigué, y resulta que el verbo significa amarrar con “teip”, que es como los naturales de este hermoso puerto llaman a la cinta adhesiva.
Escuchar el término “enteipar” a nadie sorprende aquí porque en los trabajos le llaman “teip” a las cintas. Y “teip”, como todo el mundo lo sabe o lo imaginaba menos yo, proviene de “tape”, que en el inglés más elemental significa cinta.
Esta historia se parece a la de los romanos que conquistaron ganaron tierras para el Imperio.
Hoy por hoy, el viril inglés, al mejor estilo de romance ibérico, nos está dando en cuatro patas y nosotros, ni hablar, mordemos la almohada porque de ahí comemos. Del desarrollo tecnológico cuyos manuales vienen en inglés.
Maestro Alatorre, volvamos a empezar.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Dedicar un libro
Algunas otras veces he dedicado poemas. Sobre este punto unos amigos y yo alguna vez discutimos que una vez dedicado el texto, es de mal gusto borrar o cambiar esa dedicatoria, aun y los ojos o corazones retroactivos. Sea como fuere, y más allá del debate minucioso de que si es exactamente lo mismo decir para que decir a, antes del nombre del dedicado, para alguien dedicado a las letras tiene un valor simbólico muy especial el dedicar un artículo, un poema y, especialmente, un libro.
Queda claro, al menos para mí, que el acto de dedicar un trabajo escrito es uno de los regalos más delicados, exquisitos y finos que puede haber entre la gente que se dedica a las letras.
Hace unas semanas recibí por mensajería proveniente de la ciudad de México un libro, Llamadas de silbato. La dedicatoria que me hace su autor, Arturo Reyes Fragoso, casi hace que me caiga de la silla. Ahí estaba, en la página cinco, una dedicatoria, no de puño y letra, sino con la garantía del offset, y con unas palabras dedicadas a mí que presuntamente me describen.
No dejen que me ponga sentimental y que suelte una lágrima de emoción, más bien diré que siempre recordaré este detalle de un periodista que admiro.
martes, 20 de septiembre de 2011
Federico Campbell

¿Los periodistas escribirán para alguien en especial? Supongo que en algunos casos sí, pero, según Federico Campbell, el periodista escribe para ser leído, y además para ser leído con claridad.
Les recomiendo para este tema el libro Periodismo escrito, del autor tijuanense que por cierto acaba de cumplir la tierna edad de 70 años, en donde de manera un tanto didáctica y amena, nos explica géneros literarios, en un paqueño apartado para cada uno, pero también menciona, como si estuviera platicando, casos de periodistas célebres.
Aquí me quedó más clara la diferencia entre columna y artículo de opinión por ejemplo, también da una aproximación al llamado "Nuevo periodismo", cuyos primeros indicios, menciona, se dieron en un temprano 1966.
Esta "nueva"corriente de hacer periodismo deja de lado los convencionalismos de objetividad, y hace uso de otros recursos estilísticos más relacionados con la literatura que con los meros datos que responden al qué, cuándo, cómo, quiénes, etc.
Yo, que no soy periodista pero que tengo mis debilidades, estoy disfrutando la lectura de este novelista y maestro del periodismo. Hay que escribir todos los días, dicen los que saben. Y aquí me tienen.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Ensenadeándose
Todo esto viene a cuento porque llevo meses pensando en la diferencias entre las dos ciudades. Me llaman la atención especialmente las diferencias en el habla, pero también aquellos rasgos en el comportamiento de los habitantes.
Luego de algunas pláticas con personas, algunas de ellas avecindadas desde hace años en la ciudad, pero no nativas de aquí, me he formado la idea de que Ensenada es una ciudad relativamente abierta a recibir a nuevos pobladores; quizá esto no tiene tanto mérito si tomamos en cuenta que posiblemente más de la mitad de los casi 700 mil habitantes que hay no nació en la ciudad.
Pero por otra parte, frente a esa relativa apertura al fuereño, noto que los nacidos y que han vivido aquí toda su vida, tienden a ser un poco más cerrados, más reacios a confrontar, discutir o ya de plano conocer otros puntos de vista.
Sí, seguramente varios de ustedes me dirán que en cualquier lugar pequeño o grande, las personas que no salen, que no viajan, se quedan atrapadas en sus prejuicios, que a la larga es como no salir de tu casa. No voy a contradecir eso ahora, más bien al contrario, yo provengo de Monterrey, un enorme rancho con un dudoso orgullo de ser del norte, que más bien se acerca a un prejuicio enraizado en no conocer ni querer conocer más allá de los centros comerciales de Laredo y vacacionar en la Isla del Padre.
Leo en internet que Ensenada es considerada dentro de las ciudades mexicanas con un más alto nivel de vida. Y sí, lo creo. Aquí las preocupaciones son otras. Pero no son muchas. Hay buen vino, playa, todo está cerca, el clima es muy amable (cuando se sale de la franja de los 17 a 24 grados la gente detiene al que va pasando para contarle que hace mucho frío, o que está haciendo mucho calor). Aquí no llueve caóticamente, pero cuando cae una lluviecita mediana que dure más de media hora, todo mundo lo comenta y me ha tocado que lo publiquen en el periódico.
La ciudad es noble (entre el día en que me bajé del autobús y mi primer día de chamba, pasaron 28 días, cuatro viernes exactamente).
Veo las dos ciudades y definitivamente elijo Ensenada. No sólo por el clima. No sólo por la playa. No sólo por la chamba (que para mí es muy importante, pues soy editor de publicaciones y encima me pagan). No sólo por eso. Sino porque aquí viven mis hijos y porque está conmigo la mujer a la que amo.
jueves, 15 de septiembre de 2011
Los niños
De pronto ella se quedó inmóvil, mirando a nada, girando los ojos en varias posiciones mientras aguzaba el oído. Yo me mantuve quieto a unos centímetros de su nariz, esperando alguna reacción adicional.
C. y yo nos conocimos desde hacía doce o trece años. Debo ser más exacto: yo la conocía a ella, pero ella no sabía de mi existencia. En ese entonces coincidimos en un diplomado de tres días, y C. no podía menos que llamar la atención, no sólo porque era la más hermosa de las asistentes, sino porque a pesar de su corta edad, era de las mejores diseñadoras del grupo de estudiantes.
Durante el receso del tercer día, ella se tuvo que ir y no la volví a ver. Tiempo después alguien dijo que se había casado o que se había ido a otra ciudad, o las dos cosas a la vez, pero no volví a saber de ella.
Se quedó inmóvil mientras aguzaba el oído. Había murmurado: “Los niños”, pero yo no sabía exactamente si se trataba de dos o de tres, que se supone estarían dormidos en el cuarto de junto Ninguno de los dos se movió. Luego fue cerrando los ojos, y entreabrió la boca en algo que se reanuda, en recibir mi beso que se había quedado inconcluso.
Al principio no lo pensé, o mejor dicho no recordé que tenía niños. Teníamos meses saliendo y no le quise decir que ya la conocía.
Había regresado a la ciudad un año atrás y puso un despacho de diseño junto a otra persona, pero no explicó más sobre la identidad de esa otra persona, sólo dijo que las cosas mejoraban mes con mes.
Mi empresa solicitó un trabajo urgente y alguien recomendó el despacho de C. Lo entregaron en dos días, pero nuestro pago por un descuido se retrasó siete. C. pidió hablar conmigo y a mí se me fue la sangre a los talones cuando la vi entrar. Diez minutos después el cheque estaba en mi escritorio y yo intentaba sacarle una cita. Me dijo que no podía por exceso de trabajo, pero a los dos se nos olvidó el mundo durante los 40 minutos que duramos platicando. Así fue mi reencuentro con C.
Era la primera vez que estábamos en su habitación. Esa noche me enamoré de ella. O no, quizá fue al despedirnos, cuando ella afirmó algo que empezaba con las palabras: “Si nos volvemos a ver…”, pero que en el fondo era una pregunta. O quizá fue cuando le llamé al día siguiente a las nueve de la mañana y ella, lo percibí por el teléfono, sonrió al saber que era yo.
lunes, 22 de agosto de 2011
La edad
Obviamente él asumía que el protagonista de esa pequeña historia era yo mismo. No desmentí la acusación implícita, y contesté al vuelo que la última vez que la vi “fue en el año 83 y preferiría no encontrármela”. Dije algo así como que la gente cambia mucho y a veces es mejor quedarse con aquel hermoso recuerdo.
Lo que pasa es que he visto cosas terribles. He visto cómo los años hacen verdaderos seres irreconocibles de aquellas que en su momento nos hacían algo más que suspirar. Es triste ver cómo el tiempo deforma terriblemente el cuerpo y da más pena esa batalla que se va perdiendo, ojalá que con más dignidad.
Ya sé que en este punto algunas tendrán un lindo impulso reflejo de voltear las cosas hacía mí. Y tienen razón: Ahora tengo canas, tengo una panzota de 20 litros, unas arrugas me señalan el entrecejo y la frente y me falla un ojo; la diferencia es que a mí eso de la edad y la apariencia que le da al cuerpo coloquialmente me viene valiendo madre, y a la mayoría de las estimadas compañeras, desgraciadamente no. Lo siento. La belleza no es eterna.
Pero volviendo al tema, si no fuera por el cariño y porque uno en realidad estima, vería con mucha más pena cómo se va perdiendo esa guerra en contra de las supremas leyes del tiempo y la gravedad.
Rescato dos estilos. Aquel tipo de chava que parece no importarle demasiado la agonía estética de su anatomía y curiosamente sus intereses dan señales de vida del cuero cabelludo para dentro, y no para afuera, y aquel tipo de chava que, además de lúcida, es muy hermosa actualmente y que uno llegó a su vida no hace mucho, y por lo tanto no hay la secuencia de filminas en donde uno puede comparar nada. Todo es presente continuado y, con total seguridad, en una versión mejorada. Y yo tengo la fortuna.
A mis compañeros de mesa, los reto a que vuelvan a ver cómo es ahora a aquella chica que hace cinco o diez años pretendieron y luego me cuentan cómo les fue. Se vienen a llorar mientras les pido otra. No, si les digo que estamos pisteando muy a gusto.
martes, 2 de agosto de 2011
El Berlín II
Berlín es una ciudad que escoge su memoria. Como si hubiera algunas cosas que no se deben pasar por alto, por ejemplo el Holcausto y sus víctimas, que nos recuerda a todo el mundo las atrocidades de las que es capaz la mente humana.
Otras deben olvidarse definitivamente. Por ejemplo, en el lugar en donde estuvo el bunker de Hitler no queda nada, sólo un pequeño mapa informativo, turístico. Me dicen que es para evitar que nuevos brotes nazis tengan un lugar de reunión, de peregrinaje, pero de todas formas es algo que decide enterrarse para siempre. Y es que el sitio en donde se refugiaba el líder nacionalsocialista era un complejo subterráneo de salas, cámaras y estancias conectadas por puertas, como celdas cuadriculadas.
Me queda eso. La memoria es selectiva, sí, pero ¿qué cosas debemos enterrar para siempre?¿qué cosas no se nos deben olvidar nunca?¿y qué cosas son parte de nuestro paisaje vital, emocional, que simplemente quedaron ahí como cuerpo inerte luego de años vividos en nuestras páginas?
Elegir la memoria es uno de los trabajos más importantes de los seres humanos, en ello va parte de nuestra identidad y acaso de nuestra salud mental.
Los atroces fantasmas del pasado deben quedar enterrados como en un sótano que ya ni siquiera existe. Como dice el poema: "La palabra recuerdo tiene cuatro patas y un cuerpo espantoso. Por eso la aplasté con una chancla y apagué la luz". Para siempre.
martes, 19 de julio de 2011
Alextimia
Ese es el término técnico para definir la incapacidad de expresar los sentimientos y emociones, más exactamente es un desorden neurológico asociado con no poder identificar las propias emociones y la consecuente imposibilidad para darles una expresión verbal.Y pienso que ese mal es más extendido de lo que parece.
Por fortuna, parece que no presento ese padecimiento, pues una parte de mi trabajo al escribir ha sido justamente lo contrario: nombrar emociones al punto de convertirme en un exhibicionista emocional o, como habría dicho mi abuelita, en un fantoche.
Ejemplos.
Hace unas semanas terminé de releer el Dietario voluble, un libro al mejor estilo blog del buen Enrique Vila-Matas, catalán de 62 años y que en pequeños fragmentos va desgranando sus observaciones, sus pasajes autobiográficos, sus aficiones.
En su libro narra pasajes de su niñez, de sus gustos cinematográficos, sus viajes, su ciudad, sus calles. No menciona a muchas personas, y por varias razones el lector piensa que el autor-protagonista vive solo, pues así se percibe en su departamento; sino voces. Hasta sus pisadas podemos imaginar.
Un sujeto bastante solitario, como suelen ser casi todos los cinéfilos que conozco. Pero mi sorpresa la dejé marcada en la página 119:
"Me caso", esas con las únicas dos palabras que dedica a su matrimonio en las 275 páginas del libro. No menciona el nombre de la cónyuge, ningún pormenor del acto, nada que exprese algún sentimiento o emoción en torno a su cambio de estado civil, nada que la describa a ella. Misterio total.
He leído entero dos veces ese libro, y ahora me doy cuenta que por su nombre, a la persona que más menciona es a un amigo, Claudio Magris (unas seis veces). De su esposa, ni siquiera la inicial.
¿Estará relegando deliberadamente la mención?¿cómo se explica esta omisión en un escritor tan observador, tan puntual, tan exquisito para describir otras emociones que lo llegan a atrapar?¿será todo mitad mentira, mitad verdad, para crearse un personaje de sí mismo?
Sea como sea, esa especie de autismo emocional es uno de los varios rasgos comunes que veo en nuestro ser masculino.
¿Me dejan hablar de otros?
jueves, 16 de junio de 2011
Puedo probarlo
Si pueden y les interesa, visiten http://www.urbanario.com/. en donde hay partes de este proyecto. Si tienen mayor interés pueden bajar los números de www.issuu.com/urbanario. Y si de plano quieren apoyar materialmente a esta publicación porque les parece que vale mucho la pena difundir literatura hecha por autores regios y bajacalifornianos, entonces dejen un mensaje aquí para ponernos en contacto y enviarles ejemplares a domicilio.
Si se asoman verán la mano de una experta diseñadora (Carmen García Núñez, o de algún invitado), y el trabajo visual de diversos artistas, jóvenes en su mayoría pero con muy buena trayectoria.
Y ya que estamos en el Urbanario, les comento que quien desee publicar, puede enviar sus trabajos como propuesta. Poemas, relatos menores a tres cuartillas, fotos, grabados, ilustraciones, reseñas de libros y quizá algo más que propongan.
La edición de Ensenada cierra el 30 de junio y tendrá como tema "La enfermedad" (amores enfermos, alucinaciones de la enfermedad, la enfermedad como aliciente para escribir, etc.).
La edición de Monterrey cierra el 25 de junio y tendrá como tema "El acto de volar" (aquí van aviones, aeropuertos, pájaros, ganas de volar, gustos que hacen volar, todo lo que tenga que ver con volar, excepto comentarios a la canción "A volar", que el grupo Menudo grabó en el disco Una aventura llamada Menudo en 1982 porque me cae mal.
Urbanario tiene también una página en facebook, por si quieren estar al tanto de lo que sucede con esta publicación de la que se han impreso hasta el momento ocho ediciones.
viernes, 20 de mayo de 2011
A las patadas con el diseño
No conviene. Aprendamos de los principios de esa disciplina paracientífica, y para algunos práctica religiosa, que es el diseño. Aprendamos de los diseñadores y llevemos la fiesta en unidad, balance, ritmo y armonía, que son los principios que rigen esa labor.
Si tienes la fortuna de tener a una diseñadora en tu casa, a quien además amas, debes ser cuidadoso con su diseño. Si en tu chamba te toca convivir con un diseñador, atiende con igual cuidado el detalle y la comunicación que tengas con él o ella.
Sugerencia no. 1. UBRE, la palabra clave es UBRE, no la digas en voz alta, sólo tráela a tu mente cuando veas el trabajo de un diseñador: Unidad, balance, ritmo y énfasis.
Sugerencia no.2. Trata de ser considerado con tu diseñador, dale la información con la anticipación y las buenas maneras de tu educación, y si de antemano sabes que no se va a quedar a trabajar hasta las tres de la mañana, porque no se va a quedar a trabajar hasta las tres de la mañana, no esperes milagros. Hasta Jesús se tomó tres días para resucitar.
Sugerencia no. 3. Si el diseñador es tu empleado, dale todo lo necesario para que haga su labor, buena compu, el CS5 reglamentario, el espacio adecuado. Si es una diseñadora con hijos pregúntale con regularidad cómo están ellos y dale permiso de salir cuando tenga que ir a ver un asunto con su chamaco a la escuela. Si se trata de un vato soltero, exígele en la chamba las perlas de la virgen, pero apenas se salga ofrécele la virgen de las perlas; es decir, trátalo muy bien y ponte guapo con las chelas de vez en cuando. Si está recién casado hazle saber a la esposa que te importa el hecho de que su marido ya esté casado. Está de más decir que el señor diseñador estará teniendo muy pocas horas de sueño, y eso no nos conviene a nadie.
Sugerencia no. 4 Un buen diseñador editorial es tan valioso como un buen editor. Hagamos lo posible por capacitarnos constantemente en nuestra área tomando cursos e informándonos. El que pinte casas, que vea muchas casas; el que haga revistas, que vea muchas revistas.
Sugerencia no. 5. Diseñadores gráficos hay muchos, y muy buenos, de todos los precios y gustos. Diseñadores editoriales hay muy pocos, y por lo mismo a veces te querrán cobrar como un científico francés contratado por la NASA. Si quieres contratar a un diseñador para que te haga una revista o libro, págale lo que te pida porque su labor es dignísima, pero considera lo siguiente:
Sus estudios no lo son todo. No es lo mismo uno que estudió Diseño y que cursó con 100 una materia de un semestre, que el que empezó cuando el diseño se hacía a mano y ha tenido que actualizarse con su propio método y medios todos estos años. La experiencia no se estudia, pero se paga caro.
Si el diseñador en cuestión ha diseñado carteles, logos y anuncios por años, pero nunca una revista de más de ocho páginas, ojo. Pregúntale si maneja el CS6 (que aún no sale al mercado) y no me reclames por no haberte advertido.
Si en la primera entrevista te habla de Algarabía, efectivamente es un diseñador, pero además un diseñador con entusiasmo por el diseño... pero sólo por el diseño.
Si te habla de tendencias como Bauhaus, Art déco y Expresionismo, estás frente a un conocedor del arte, incluso un artista en pleno y con toda seguridad un amante del cine, pero ¿y el diseño editorial?
Si, en cambio, el interfecto te puede hablar sobre el trabajo de Vicente Rojo y lo que significa para él el diseño editorial, especialmente la tipografía; si te puede decir quién es Alberto Ruy Sánchez y qué pitos toca en el mundo de imprimir papel; si te puede mencionar uno que considere error de diseño editorial (uno solo) que encuentre en Letras libres; si le preguntas por qué se les llama bajas y altas a las mayúsculas y minúsculas, si sabe quién es el editor de Artes de México y si sabe en cuántos puntos se divide un cícero, entonces, entonces, ojo con el dato, seguramente estás frente a un maestro en el trabajo editorial. Si lo ves, dile que se comunique para que nos dé unos cursos por este lado. Porfas.
sábado, 14 de mayo de 2011
Descanso dominical
viernes, 13 de mayo de 2011
jueves, 12 de mayo de 2011
Otredad
lunes, 9 de mayo de 2011
Análisis del discurso por género
Mientras que las mujeres generalmente actúan y se expresan como si tuvieran algo que cuidar, los varones se desenvuelven como si tuvieran algo que demostrar.
Pongo esta idea a su consideración antes de seguir con la otra parte. Me interesa conocer otras opiniones.
miércoles, 4 de mayo de 2011
Tolerancia
Todas las personas son respetables, pero no todas las ideas son respetables. Entonces, cómo decirle a Osama Bin Laden, por citar un ejemplo extremo, que sus opiniones no son en absoluto respetables, pero respetar sus derechos.
Creo que asumimos, confundimos, o fundimos a la persona con sus ideas. Incluso, la crítica que hacen a nuestras ideas está a un milímetro de parecernos una ofensa, cuando no lo es realmente.
Hasta dónde debo tolerar la música del vecino de enfrente cuando interfiere en mi trabajo o en mi sueño.
¿Debo ser tolerante cuando el otro tiene una carnaval cuando estoy trabajando? ¿me debo quedar callado en nombre del respeto y la tolerancia?
¿Si soy herrero, me debo quedar callado cuando el panadero me viene a señalar que mi yunque no es apto para mi trabajo? ¿la tolerancia es para todas las ideas o nada más para las personas? ¿expresar una opinión no implica el riesgo en automático que otro te la rebata?
El asunto es más complejo que esto, pero esto es lo escencial.
martes, 3 de mayo de 2011
Si pasan por Berlín
lunes, 2 de mayo de 2011
Urbanarios

¿Alguna sugerencia para el mes de julio?
Si desean anunciar su asociación, comercio, depósito, museo, hotel o agencia de viajes, pueden escribir a redaccion@urbanario.com
