viernes, 7 de mayo de 2010

Gente que sufre

En el trabajo, cada caso que llega es dramático. Eso suena muy exagerado, pero creo que así es. Llega gente que sufre, pero que además está en situaciones límite.

Hay cosas que le admiro a mi jefa del trabajo (no todo es miel sobre hojuelas, claro), entre ellas su fortaleza. Le atora y todos le atoramos.

Al ver que hay gente que se mantiene de pie a pesar de las injusticias que le cometen, dan ganas de caminar con ellos, de ayudar. Estamos vivos, estamos vivos, me repito.

Por citar uno de los caso más tranquilos: en la plaza frente al trabajo hay algunos lavacoches. Uno de ellos, Zacarías, tiene 28 años trabajando ahí. Pero ahora tiene problemas porque supuestamente está prohibido lavar coches en la vía pública. Y llegan patrullas e intentan levantarlos y a veces intentan bajarles una feria. ¿Cuánto puede ganar un lavacoches? Yo en mi oficina muero de calor, además por estos días se esperan más de 38 grados, y ellos trabajarán bajo el sol. Vendrá una patrulla e intentará quitarles el dinero que le llevan a su familia ¿A poco no es infame esto?

Hablamos por teléfono con el jefe de la policía, y dice que sí, que lavar coches está prohibido. Me dan ganas de agarrar a ese pendejo a chingadazos y decirle que él gana 30 o 40 o 50 mil pesos al mes, que lo menos que le queda es no ser un culero y tener vergüenza...

Nomás del pinche coraje se me olvidan mis broncas, que realmente son muy pequeñas comparadas con las de la gente que viene. Cada caso me haría llorar, chingao.

Pero veo que podemos hacer algo, ayudar un poco. Hay quienes con sólo platicar, ya se va más tranquilos, aunque no se le resuelva en ese momento nada.

Ah, mundo jediondo, como decía Rómulo Lozano.

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