Las amigas se juntaron. Hablaban de Fulano, Mengano, Perengano y de Zutano (cuando estaba joven). No hubo consenso unánime sobre quién era el más guapo. Pero todas concordaron en que Perengano era el más respetuoso de todos.
Las amigas se juntaron. Hablaban de Fulano, Mengano, Perengano y de Zutano (cuando estaba joven). No hubo consenso unánime sobre quién era el más guapo. Pero todas concordaron en que Perengano era el más respetuoso de todos.
La tentación es el impulso de satisfacer un deseo muy fuerte a costa de un precio enorme. Es decir, para que la tentación tome su nombre con toda ley, el precio de satisfacerla debe ser desproporcionadamente alto, pero no necesariamente castigable. Para que exista tentación debe haber riesgo de una posible consecuencia indeseable, pero que no está asegurada.
La tentación es un ataque a nuestro deber ser en su parte más vulnerable, en un área que parece tener a sus guardias semidormidos, con dificultad de permanecer en alerta.
—Hilario, quiero que te lleves este sillón que para mí es muy especial. Lo he conservado como un recuerdo muy hermoso, pero ahora que tengas tu casa seguro que te traerá cosas bonitas, muy bonitas, como a mí me las trajo. Lo que sí te puedo decir es que lo conserves ahora tú con mis mejores deseos en tu matrimonio y que ambos sean muy felices.
“Se me hace tan bonito lo que veo, que me da gusto ver la sala terminada”, dice María Magdalena Ponce, “Nena”, apasionada de la costura, oficio que ha ejercido por los últimos 40 años.
Luego de cuatro años de darle vueltas, mi esposa estaba
decidida a comprar otra sala y al salir me pidió que liberara el espacio para
empezar con la limpieza y que una camioneta la encontrara lista para llevársela.
Al voltear el sofá encontré debajo una hoja doblada que al
parecer tenía mucho tiempo. Era una carta escrita a mano y que daba cuenta de
una confesión de hace quién sabe cuántos años.
Cuando Lorena llegó se la mostré y después de leerla fue a
la cocina. Tomó una coca de vidrio del refrigerador y le dio un traguito. Hay
personas que encienden un cigarro, toman café, toman pastillas. Lorena, cuando
acumula una tensión, va por un refresco y lo bebe despacio y eso le ayuda a calmarse.
La carta decía:
Amor, si alguna vez lees esta carta es que ya no estaremos juntos. La escribí después de que me dijiste que venderías el carro porque la situación se estaba poniendo más difícil. Yo quise decirte que no te preocuparas, que ya saldríamos adelante, pero sólo te abracé fuerte. Luego nos sentamos en el sofá, en el mismo que compramos al casarnos ¿recuerdas que fuimos juntos a Muebles Victoria y yo elegí el color? En ese momento yo me sentía tu reina y tú orgulloso de nuestra nueva casa.
En esta sala pasamos mucho tiempo juntos, me diste las noticias más felices y también las más tristes. Pero hay otra razón: fue nuestra primera compra para la casa; nos faltaba todo lo demás, pero yo sentía que vendría más adelante, como realmente sucedió.
Luego de tu operación, me dijiste que podríamos vender todo menos la sala, que nadie le daría el valor. Siendo honesta, temía por tu vida pues aunque los doctores te daban un 70 por ciento de éxito, su semblante decía otra cosa.
No contaba que lo del sarcoma me iba a poner una dura prueba. Mañana por la mañana me internarán y se prevé que me operen. Tengo mucho miedo, tengo miedo separarme de ti, no volver a verte. Te amo como nunca imaginé, así como se ama la vida y la noche y el día y todos los abrazos y besos juntos de todos estos años.
Te amo, amor mío. Si encuentras esta carta ya no estaré contigo. Si vas a deshacerte de nuestra sala, te pido que se la dejes a tu sobrina Lorena, ella es la persona indicada, sé por qué te lo digo.
Tuya por siempre, tu hermosa.
Lorena estaba en la cocina sollozando en silencio. Tenía la coca
a la mitad. Esta sala es mía, dijo, y apretó los ojos. Yo la abracé y estuvimos
así un largo rato.
Cuando el chofer de la camioneta llegó, encontró la puerta
abierta. Cuando nos vio yo me paré en silencio, saqué la cartera y le di el
dinero del viaje.
Para mí un lector ideal lee sin demasiados prejuicios, con mucha curiosidad. Como los bebés, se lleva a la boca casi de todo. Se conoce a sí mismo y por ello sabe lo que más disfruta, pero no se cierra a nuevos títulos, propuestas, autores.
Yo, en cambio, soy mal lector. Con tantos libros en fila,
pendientes por hincarle el diente, me siento bien ser selectivo. Leo sólo por
referencias, es decir, no me voy con un autor desconocido, salido de la nada.
Leo porque el tema me interesa y tal autor es experto. Leo
porque conozco en persona al autor y quiero saber cómo escribe. Leo porque me
piden una opinión sobre lo que escribieron. Leo porque he escuchado hablar a
varios lectores muy bien del autor y su calidad (y mi expectativa) queda fuera
de toda duda.
Soy, en fin, mal lector porque necesito de tres aduanas para
acercarme a un texto, a un autor.
¿O quizá soy muy flojo?¿Por qué?
Porque busco leer sólo lo
que pienso que me va a gustar, sorprender, hacer gozar. Sí, creo que soy más
bien flojonazo.
